Verdades absolutas (IV)

El sadismo como justificación de la vida.

En qué consiste el placer que proporciona el poder.

¿Cómo y por qué se disfruta del poder?

Hoy es, sin duda, el día más triste de mi vida, tanto que podría muy bien justificar mi suicidio.

Porque he descubierto, creo, qué es esto que hemos dado en llamar “vida”.

Tengo una fuerte anemia, además de mi bradicardia de siempre, estoy recientemente operado de un cáncer grado 4 y me siento fatal constantemente, desfallecido, no tengo fuerzas para nada y me he desmayado ya 6 veces.

Entonces, tengo que echarme en la cama continuamente y quedarme allí, quieto, hasta que me repongo un poco, lo suficiente para seguir viviendo de alguna manera.

Y aprovecho estos momentos para hablar con mi hija Aurora que sufre desde hace mucho una depresión maior crónica.

Decía la pobre de mi madre, que Dios la tenga en su gloria, que yo era muy docilico, seguramente quería decir que soy irremediablemente una buena persona.

El caso es que pienso muy bien de los demás y los alabo continuamente, lo que disgusta sobremanera a mi hija Aurora, Llolly,  familiarmente.

De modo que cuando yo comencé a decir que mi hermano Jesús es el mejor de todos nosotros, ella protestó airadamente diciendo “¿pero cómo puedes decir eso si la última vez que hablé con él me dijo que tú eras un canalla, que habías intentado robarle a tu otro hermano, Rafael, que murió en una asilo el pasado 10 de diciembre, lo último que al pobre le quedaba, su piso?”.

¿Por qué mi hermano Jesús, que siguió paso a paso todo el proceso por el que yo evité que le subastara el piso la caja de ahorros por su hipoteca, que me vio llorar de rabia porque me veía obligado a invertir todos los ahorros de mi vida, quedandome indefenso prácticamente, que contempló la bronca que le eché a mi hermana porque me obligó a ello contándome lo que pasaba a Rafael, era capaz de olvidar todo esto que vivió tan en 1ª persona como yo y se cebaba a mis espaldas conmigo criticándome lo más duramente que podía sólo porque me había visto obligado a invertir mis ahorros en impedir que mi otro hermano perdiera todo lo que había en su piso?

Se puede ser una buena persona como yo lo soy, en realidad un perfecto imbécil, un ingenuo, que no sólo no se esconde cuando lo buscan para que le resuelva un problema terrible a un hermano, cuando el otro hermano está en mejor situación que yo y hace como que no se entera de nada y, luego, cuando ve que el hipotecado muere y el piso acaba siendo mío contra mi voluntad, se dedica a ir por todo el pueblo diciendo que qué canalla que soy, que engañé a mi hermano pagándole a su banco el importe íntegro de la hipoteca que no es sino el importe total del piso.

O sea que el de Aquino tenía, tiene razón, que el asqueroso ser humano no es más que un canallesco animal que él, que no en balde es llamado el Doctor Angélico, llama benévolamente “desfalleciente”, pero que el otro genio filosófico no tan seráfico, Hobbes, en lugar de desfalleciente lo denomina mucho más justamente “lobo para el otro hombre” y que ese tío tan cojonudo que, cuando le dieron el jodido premio Nobel, tuvo los santos cojones de rechazarlo, Jean Paul Sartre, padre de toda la filosofía moderna, dijo ni más ni menos que todos nosotros, los canallescos hombres no somo sino el mismo y puñetero, puto infierno, para los demás, en esa maravilla que es “Huis Closs”, La alcantarilla.

Entonces, ¿qué coño es lo que pasa aquí?

Que el jodido Sartre tiene toda la razón del mundo, que le sobra, que nosotros, todos, no somos sino los demonios entripaos que le hacemos la vida imposible a todos los demás, que mi hermano Jesús, al que he dedicado toda mi vida a ensalzarlo continuamente, diciendo de él que no sólo es el más inteligente del mundo, sino la mejor persona que he conocido, mientras que él se dedica a sacarme la piel diciendo a los 4 vientos que yo le he robado su piso a mi otro hermano, algo que él, qué jodido también pudo hacer pero no hizo, porque el negocio fue, es y ha sido absolutamente calamitoso ya que he perdido no sólo mi buena fama como persona sino el dinero, o sea que sigo con mi cantinela de siempre, no somos más que una puñetera mierda seca pinchada en un palo, el jodido y puñetero fango o barro aunque nos llamemos miguel, y que el odio y la envidia a los demás es lo único que, a nuestro juicio, justifica nuestras canallescas vidas por eso vamos como locos detrás del poder que no es sino la única manera de joder pero bien a los demás a los que odiamos y envidiamos a muerte.

Porque ¿en qué consiste el placer que proporciona el poder?

En destrozar con nuestras propias manos a los otros, coño.

Es el puto sadismo lo que justifica nuestras vidas, porque el hombre carece de la capacidad positiva de gozar de nada pero sí que disfruta y cómo, negativamente de todo el dolor que inflige.

Qué otra explicación tiene si no, el formidable placer que Blatter obtiene del calvario a que ha sometido a Luis Suárez y el todavía más orgiástico que el presidente del Real Madrid ha obtenido arruinando y matando consecuentemente del disgusto a ese hombre que decía adorar, Di Stefano, según testifica la enamorada de éste.

 

Sobre las manifestaciones de ayer

 

 

 Éste es un país que me entristece de una manera insuperable, quiero decir que no me puede entristecer más.

 Porque es tristísimo comprobar la certeza de mi teoría sobre el hombre que, como nunca he salido de España, es mi teoría sobre los españoles.

 Repito. Decía Hobbes que el hombre es un lobo para el hombre y Santo Tomás que es simplemente desfalleciente, que no sirve para nada porque, al final, le fallan las fuerzas.

 Mi teoría parece menor pero no lo es. El hombre es una puñetera mierda, mierda canallesca, Rajoy, mierda asquerosa, Rubalcaba, mierda canallesca, los policías de cualquier clase, mierda asquerosa los que sufrimos persecución por ella porque no merecemos el reino de los cielos, sino seguir hocicando en el fango porque eso lo hacemos muy bien. “Me llamo barro aunque miguel me llame, barro es mi vocación y mi destino, que mancha con su lengua cuanto lame”. Creo que no se puede decir mejor porque así lo ha dicho el que yo considero, de sobra, el mejor de todos nuestros poetas.

 Ayer, confluyeron en Madrid una serie de heroicas marchas iniciadas en los extremos de esta denigrante piel de toro, “la muerte, toda llena de agujeros, y cuernos de su mismo desenlace, sobre una piel de toro pisa y pace, un luminoso prado de toreros”.

 La muerte no es más que el vacío. Y el vacío es la ausencia de contenido y el contenido es lo que cada de uno de nosotros lleva dentro y ¿qué coño es lo que los españoles llevamos dentro?

 Nada. Ninguno de nosotros lleva dentro nada. Ni esos prodigiosos arquetipos que hemos creado para justificar de alguna manera nuestra existencia como seres únicos.

 La malas lenguas dicen que Jesucristo convivía maritalmente con la Magdalena y que Marx le engendró un hijo a su criada. Yo tengo ya casi 85 años e intentado meterle mano a dos de las cuidadoras de mi mujer. Con resultado negativo, por cierto, a estas mujeres debe de darles asco un viejo libidinoso como yo, y yo no sólo lo sé sino que lo comprendo. Y, sin embargo….

 “Homo sum et nihil humanum mihi alienum puto”, soy hombre y nada humano considero que me es ajeno, dijo hace cientos de años Terencio. Y ahí está la sentencia, sólo que él le daba un sentido meliorativo y yo peyorativo.

 No hay, pues, hombres perfectos pero todos debemos intentar ser mejores continuamente. Ya he contado algunas veces que yo, consciente de mi falibilidad, intenté entrar por aquí bajo el sinónimo de “hijo de puta” y que fue una de las mejores personas que he encontrado el que me lo quitó de la cabeza, pero yo, en todo lo que hago, parto de ese principio de mi miserabilidad.

 Tal vez sea por eso que yo siempre exijo mucho, quizá demasiado a la gente, por eso pienso que las manifestaciones de ayer fueron absolutamente insuficientes sea cual fuere el número total de los que asistieron, porque ayer deberíamos de habernos manifestado ni más ni menos que 20 millones de españoles, o sea, la mitad, porque cada uno de nosotros lleva a la grupa a otro hijoputa cabrón que lo parasita.

 En cambio, éstos, los hijoputas cabrones, sí que cumplieron todos con su asqueroso trabajo, los cipayos, los esbirros, esos cobardes matones, que además cobran por apalear a los suyos, si serán gentuza, coño, machacando a tipos que se les ponían delante con las manos abiertas apuntando al cielo, y los infames periodistas, la que yo no me cansaré nunca de llamar la prensa canallesca, cumpliendo a rajatabla con su infame tarea de falsificar la realidad diciendo, escribiendo, imponiendo en las tertulias la canallesca mentira de que esta pobre gente desesperada que ha venido de las provincias del Reino a su capital para que así sepa todo el mundo lo que está ocurriendo en este asqueroso país de mierda, lo hace no porque ya no puede más y le da lo mismo 8 que 80, y prefiere que uno de estos asquerosos cipayos le abra la cabeza con su porra a morirse de hambre allí, callado, quieto, escondido en su rincón, sino porque los ha movido Willy Toledo, el tío con más atributos de todos los que pisamos esta piel de toro, ese anarquista cabrón que se ha ido a vivir a sudamérica porque su estómago no le permite ya hacerlo aquí.