El palo y la zanahoria

 

Ayer, leí en la prensa que Pablo Iglesias había ido a Grecia a entrevistarse con el líder de Syriza, Alexis Tsipras, lo que demuestra que además de un gran teórico, es profesor universitario de Ciencia política, sabe que una cosa es la teoría y otra, totalmente distinta, es  la práctica, sobre todo si se trata de la puta política que, como dijo el estagirita, no es sino el arte de lo posible.

Hace ya algunos días, leí también en la prensa que el 2º de a bordo de Podemos había tenido serios problemas en las asambleas que se realizaron para determinar el rumbo inmediato de la formación después de su triunfo casi arrollador en las elecciones europeas.

Se trataba, sobre todo, de elegir una especie de comité central, o algo así, que llevara las riendas reales del movimiento en cuestión. Y la asamblea fue tan dura que no sólo se llegó a los insultos sino también a las amenazas de dimisión y expulsión.

Esto, seguramente, encendió todas las alarmas en las mentes de Iglesias y Monedero, que es el que asistió a la asamblea porque el otro estaba no sé dónde.

El caso es que ahora Iglesias va a Grecia a que Alexis Tsipras, que lleva ya lidiando un montón de años con estos mismos problemas iniciales, les ilumine. No es mala solución porque lo que ahora le espera a Podemos es lo más duro del que ha de ser su camino.

Durante 30 años yo fui elegido por votación universal, directa y secreta Decano Presidente del Colegio de Procuradores de los Tribunales de Cartagena. O sea que, a un nivel ínfimo, tuve que luchar cada 4 años con una durísima oposición dentro del grupo a la mayoría del cual no les agradaba en absoluto mi manera de actuar democrática, independiente de los poderes judiciales y, sobre todo, justa, tan justa y democrática era mi actuación ante los propios órganos judiciales que, todos los años, en la comida de navidad yo era agraciado con el premio limón de tanto como me querían los funcionarios judiciales, pequeños sátrapas donde los haya, que exigían a los procuradores para hacer lo que éstos les solicitaban lo que se llamaba entonces “las astillas”, o sea, los sobornos.

Todo grupo social, en el que no se impone un orden sea el que sea y como sea, es una especie de gallinero en el que los que mandan realmente son los gallos que tienen el kikirikí más potente y desprejuiciado, quiero decir que en todo grupo que comienza su andadura de esa manera superdemocrática que son las asambleas decisorias, a poco que se descuiden sus componentes acaba como dicen que acababa el rosario de la aurora, cada uno por su puñetero sitio.

Este es el puto cáncer que sufren inevitablemente todos los procesos que quieren ser rigurosamente democráticos SIEMPRE, desde la base.

Las masas, ahora lo hemos podido comprobar en el jodido balompié, no se pueden poner de acuerdo sobre quién es el mejor jugador de ese canallesco deporte, teniendo como elementos esenciales para establecerlo infinidad de datos estadísticos que lo demuestran, porque no hay peor ciego, ni peor sordo que aquel que no quiere ver ni oír.

De modo que el viaje a Grecia para Iglesias no es sino su imprescindible viaje a Ítaca, en el que tiene que aprender todo lo aprendible, porque, si no, su andadura está destinada a un fracaso como el de los 15M y DRY.

O sea que tendrá que renunciar a tener las manos limpias y la mente pura porque eso es absolutamente imposible en la batalla política, tendrá muchas veces que bajar a los infiernos y pactar cosas que le repugnarán profundamente pero que serán absolutamente inevitables para llegar al triunfo político, eso que él llama gobernar, porque es imposible, totalmente imposible encaramarse a la cúspide de la pirámide si no no se utiliza simultáneamente el palo y la zanahoria, porque no hay, desgraciadamente, otra manera de manejar a esa basura podrida e infecta que hemos dado en llamar “el hombre”.

He escrito por aquí ya, muchas veces, que no creo en los sacerdotes, ni en los médicos, ni en los jueces, ni en los militares, ni siquiera en los científicos, que sólo creo en los poetas, y uno de ellos dijo con esa maravillosa poesía que sólo él supo usar: “me llamo barro aunque miguel me llame, barro es mi vocación y mi destino que mancha con su lengua cuanto lame”.