Verdades absolutas (II)

Los artistas son otra gente, quiero decir que no piensan como nosotros, en realidad ni siquiera piensan, sólo sienten.

A no ser que, realmente, no sean artistas.

No debería de extrañarnos, pues, que una serie de artistas que sí que lo son de verdad, hayan hecho ahora con motivo de Podemos rancho  aparte y se hayan dedicado a criticar al jodido Pablo Iglesias et alteri.

Porque ellos, realmente, después de tantos años de llorar encima de los escenarios, ahora, no entienden nada, coño, pues no dice el jodido Pablo éste que va a aceptar en parte las reglas del juego y va a participar en la pantomima por muchas trampas que le estén preparando estos hijosdeputas de siempre.

Pablo Iglesias no es tonto, además creo que se ha pasado toda su puñetera vida estudiando y aunque no sea un genio que parece evidente que no lo es algunas cosas no ha tenido más remedio que aprenderlas por ejemplo, ésa de que el jodido, el muy jodido, el supercanallesco Tío Sam no les va a permitir que monten un chiringuito decididamente comunista aquí, en la misma puerta del Mediterráneo.

Ésta, por lo menos, sí que parece una de esas verdades absolutas de las que hablábamos ayer.

Pero, para que ellos mismos no incurran en lo que filosóficamente se ha llamado siempre contradictio in terminis, en ese eterno simulacro que son siempre lo que llamamos elecciones libres, que no son claro está elecciones puesto que no se elige a nadie nunca que no haya sido designado antes por el gran dedo ni mucho menos libres porque está todo tan decidido que los votantes se aburren porque saben ya previamente quiénes son los que van a ganar.

Pero para que todo no parezca ya tan amañado los tíos jodidos van e incluyen un poco de posibilidades de sorpresa.

Es por eso que Pablo Iglesias, o sea, Podemos puede incluso ganar.

Como hace tanto tiempo ya que ganaron aquellos primeros comunistas, la Comuna francesa, a los que les sonó la flauta más por sorpresa que por cualquier otra causa.

Es casi lo mismo que puede ocurrir ahora a pesar de que los directores de escena llevan ya no sé cuánto tiempo estudiando la cosa para que la historia, la puñetera, la jodida, la puta historia no vuelva a repetirse nunca más.

Pero la vida, coño, la perra vida, no puede, por mucho que se intente, petrificarse o sea que siempre cabe un margen, por muy pequeño que sea, de improvisación.

DE modo que este puñetero tío que a mí, a veces, me recuerda a aquel otro genial aventurero cristiano, puede dar el gran golpe filtrándose  por entre los dedos de los que se creen que todo lo controlan.

Porque el muy jodido no es que tenga el puñetero el suficiente glamour, es que le sobra y en unas elecciones para que no se les vyan realmente d elas manos y se conviertan aún más en una asquerosa pantomima tiene que haber un margen por muy pequeño que sea de improvisación.

O sea que cualesquiera elecciones puede ganarlas un Chávez cualquiera y de esto los jodidos de Podemos creo que saben algo, por su propia experiencia.

De modo que todos esos desgraciados seres humanos que todos los días, sin excepción, mueren o se suicidan a lo mejor no lo hacen tan inútilmente como se espera y la canallesca hija de puta y de Fabra a lo peor tiene de alguna manera que comerse su propio vómito, aquél en el que deseaba que los ofendidos y humillados del gran Dostoiewski, se jodieran, coño, se jodieran de una puñetera vez.

Y es que esto de joderse, como esa gran prostituta que es la Historia nos enseña, va por tiempos y por barrios y, si no, que se lo pregunten a la Zarina o a Maria Antonieta.

 

El espejo de la madrastra

Este gráfico es propiedad de El Mundo

Se atribuye al maestro de maestros la definición de que la política es el arte de lo posible.

Pero actualmente esta definición que, como todas las suyas, se basa en el estudio más profundo de la realidad, es acerbamente criticada por los falsos revolucionarios que hacen como que no saben que la única manera de hacer realmente algo es aceptar las limitaciones que en cada momento histórico imponen las circunstancia políticas.

Y todo esto a propósito de Pablo Iglesias y su Podemos.

Creo que no soy, en modo alguno, sospechoso de acomodaticio.

Todo lo que pienso es absolutamente revolucionario tanto que he sobrepasado por la izquierda todas las posiciones políticas españolas de los últimos años. Todas. Y no voy a exponerlas nominativamente porque no quiero recibir la visita de la policía.

Pero una cosa es eso y otra muy distinta creer que lo que yo propugno, una revolución integral que no dejara títere con cabeza, sea posible en este momento histórico.

¿Qué es lo posible hoy?

También he dicho ya muchas veces por aquí que soy un relativista radical.

El Ché Guevara, uno de los pocos hombres que admito más revolucionarios que yo, murió de mala manera intentando llevar adonde no era posible una revolución como la cubana.

Y si ésta no fue posible en las montañas bolivianas tal como él la intentó, ahora se está imponiendo a la manera chavista con el inefable Evo Morales, un tipo tan grande que duerme en un jergón en el que no nos atreveríamos a acostarnos ninguno de nosotros y que va jugar en el fútbol profesional encuadrado en un equipo de aquella nación.

O sea que sí, coño, sí, la definición de Aristóteles sigue siendo válida veintitantos siglos después de que él la formulara: dónde no fue posible una revolución clásica, con fusiles y machetes, sí que ha sido posible a través de las urnas como esa otra, también bolivariana, que llevó a cabo Chávez en esa mártir nación venezolana.

Y todo esto a propósito del nuevo Pablo Iglesias y su Podemos.

Decía mi mujer, cuando todavía podía decir cosas con sentido, que yo no era sincero sino simplemente grosero. Y seguramente tenía razón, no en balde casi siempre he sido un proscrito al que se perseguía con el ostracismo u otorgándole el premio limón todos los años en las comidas de Navidad en todos los juzgado de Cartagena.

He de confesar paladinamente que a mí, al principio, no me gustaba nada este nuevo Pablo Iglesias porque me recordaba demasiado a aquellos jesuitas que practicaban a rajatabla el proverbio “suaviter in modo, fortiter in re”, suave en la forma, duro en el fondo, pero, después de consultarlo 4 o 5 noches con la almohada no tengo más remedio que darle la razón: si quiere realmente, como él afirma continuamente, que ha creado su grupo con vocación de gobierno, llegar al poder por las urnas, tal como lo hizo su admirado, nuestro admirado, porque a mi me parece que yo lo admiro más que él, Hugo Chávez,  no tiene más remedio que seguir la jesuítica fórmula antes citada porque, si no, no tiene la más mínima probabilidad, porque el suyo va a ser mucho más duro que el trabajo de Sísifo, llegando incluso a no descartar por mi parte, que, un día de estos, alguno de esos jóvenes airados y tan consentidos de la extrema derecha vaya a por él y se lo cargue.

Ojalá me equivoque, pero no sé, tengo una corazonada, como aquélla otra que me impulsó a pronosticar el ataque suicida a las torres gemelas de Manhattan.