Los vasos comunicantes de la España irredenta

 Cuando se oculta tan maliciosamente la verdad es porque ésta no puede saberse sin provocar una irresistible reacción.
 Corre el rumor de que el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid, RM, lo pagó Caja Madrid, hoy, Bankia.
 Hoy, Bankia, o sea, Cajamadrid, la estamos pagando todos los españoles a escote, o sea que Cristiano Ronaldo se lo hemos pagado al RM todos los españoles, incluso sus acérrimos enemigos, los socios del Barça y lo que es mucho peor aún, todos esos equipitos de Valladolid, Vigo, Málaga e incluso el Sevilla, cuyo presidente tanto protesta, a los que el equipo capitalilno visita y hunde en la miseria con la insuperable ayuda de los árbitros, que ésa es otra.
 Como antes, las 4 torres que se pueden contemplar desde un despacho, y que alguien identifica con Figo, Zidane, Beckham y Ronaldo, las pagó porque el Ayuntamiento de la capitalísima otorgó las licencias urbanísticas para que se construyeran en zonas no urbanizables de Madrid, 4 torres que son la mayor de las ofensas no sólo a ese sentido común del que tanto habla el ínclito Rajoy, furibundo madridista, sino también a todas las leyes no sólo humanas sino también divinas.
 Como insistiría reiteradamente su manager, ¿por qué, por qué, por qué todos los jodidos españoles tenemos que sufragar desde nuestra desolación, nuestro desamparo y nuestro hambre que el canallesco Nerón de turno erija y perfeccione su gigantesco Coliseum en la más céntrica e importante de las lujosas avenidas de nuestra metrópoli? 
 Porque la tiranía invertebrada ha dicho ya que va ampliar y cubrir ese inmenso circo romano que deshonra a todo el país puesto que representa la humillación de todos a mayor gloria de los pretorianos del poder.
 Y aunque ha buscado ya la nueva y falsa excusa de que lo va a hacer emitiendo 250 millones de euros en bonos no debe caber duda alguna de que esos bonos los vamos a pagar también todos nosotros. ¿Cómo? Yo todavía no lo sé pero estoy seguro de que será así.
 Hay una figura jurídicomercantil por ahí que se llama competencia ilícita e incurren en ella todos aquellos desaprensivos, por llamarlos de alguna manera, que hacen todo lo posible para evitar que los que concurren con ellos en una actividad puedan defenderse de sus briosos ataques en igualdad de condiciones en el mercado, coño, la divina palabra para los nazifascistas franquistas neoliberal capitalistas.
 Yo tenía un amigo, digo “tenía” porque dejó de serlo inmediatamente, que se dedica a eso de la construcción, los materiales, que vino un día y me dijo: “Venga, coño, te invito a comer en Larvi, he comprado un millón de grifos a 25 pesetas y los he vendido a 1.000 o sea que he ganado 975.000.0000 de pesetas”. 
 España entera está llena de tipos como éste. De gente que gana todos los días millones sin hacer realmente en absoluto nada productivo, todo lo contrario, abusando del pobre currito que trata de ganarse la vida construyendo en una calle perdida del barrio de Vallecas un edificio de 4 pisos, piso por planta, y que le paga a esta especie de vampiros que le suministran los materiales, probablemente a crédito,  mil veces su puñetero valor, de manera que, al final de la obra, lo más probable es que no sólo no haya ganado un sólo euro sino que haya trabajado fieramente de balde para enriquecer al tío que celebra las ventas que le hace en los mejores resataurantes.
 Son los que yo llamo vasos comunicantes: el valor, el rendimiento del trabajo de los más humildes, se produce por su jodido trabajo en jornadas interminables que tratan de arañarle una mierda de euro a un presupuesto ajustado al céntimo, pasa a las manos manchadas de sangre de ese canallesco tipo que compra a 25′- y vende a 1.000′- y que seguramente es socio de esos grandes clubes cuyos bonos para ampliar sus estadios van a suscribir alegremente.
 Vasos comunicantes, coño, que unen los nuevos graderíos del formidable estadio con las venas sangrantes de esta pobre gente que trabaja en los suburbios de la agreste capital del imperio, y a la que no le salen las cuentas porque no les pueden salir.