El hombre que tenía 5 padres

 
El cerco de Jericó
En un principio era el Verbo y,luego, se hizo carne y habitó entre nosotros, el problema, para mí irresoluble, es que todo estos tipos son cristianos, furibundamente cristianos y sin embargo son eminentemente caníbales, es decir antropófagos, comen carne pero carne humana de la peor, o mejor, especie, de la más débil, de la más humana,  la de los niños.
 De modo que al hombre al que le cabía todo el Estado en la cabeza concibió el mejor de los planes.
 El marxismo había sitiado victoriosamente el bastión judío de Jerícó seguramente por eso de que no hay peor cuña que la de la misma madera y si el “amaos los unos a los otros como yo os amé a vosotros” es grande, todavía mayor aún es “dale a los demás todo lo que tienes, incluso lo mejor de ti mismo, y sólo recibe de ellos lo que te sea imprescindible para sobrevivir”, y, ahora que lo escribo así, por primera vez, yuxtapuestos, coño, que casi me parece lo mismo, y entonces, qué, el jodido marxismo no es sino una variante más de cristianismo, obsérvese que no me he atrevido a escribir jodido cristianimo o algo semejante no sea que que los radicales cristianos, entre los cuales yo mismo me cuento, vengan a por mí.
 De modo que el jodido Marx había situado su bandera un poco más allá, muy poco, a lo que parece, del cristianismo, sólo que mientras el cristianismo basaba su exigencia en la caridad, aquél lo hacía en la más puñetera de todas las virtudes, la justicia.
 La justicia, desde Ulpiano lo sabemos, no es sino dar a cada uno lo que es suyo, entonces, ¿dónde coño está la generosidad, dónde la caridad, dónde el amor? Ya sólo nos queda el jodido deber, una obligación inexcusable.
 De modo que la exigencia de igualdad se había transformado en el derecho de los débiles frente a la tiranía de los fuertes, qué escándalo, y, sin embargo, estos jodidos zarrapastrosos, desde el punto de vista de la lógica aristotélica tenían toda la razón y había que quitársela como fuera.
 Y fue desde la paz y el silencio de las jodidas bibliotecas. Es por eso por lo que no tiene razón el puñetero futbolín cuando se burla de las universidades, en todas las cuales, lo juro, lo 1º que te encuentras es una puñetera biblioteca con un guardián tan viejo como malencarado.
 Dicen que el canallesco Lampedusa tenía una de las mayores bibliotecas del mundo, casi tan grande como la que se nos mostró en El Gatopardo, y así le fue muy fácil alumbrar la única sentencia filosófica capaz de luchar con cierto éxito contra el axioma marxista: todo es economía.
 Y esta especie esencialmente maligna de obispo seglar dio con la puñetera clave: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.
 Que todo siga igual por los siglos de los siglos. Amén, dijeron todos, dicen todos, seguirán diciendo todos por los siglos de los siglos los canallescos conservadores que no otra cosa significa esa terrible sentencia, el más perverso de todos los deseos.
 Desde que nace hasta que muere, el hombre no quiere otra cosa que dominar a los demás, von Misses, Hayek, Popper, Friedman, hicieron todo lo posible por santificar el paradigma de Adam Smith: la avaricia insaciable del hombre produce riqueza teórica para todos cuando busca su repugnante y egoísta beneficio mediante la larga mano del mercado. Repugnante.
 Pero ahí está, dominando al mundo tiránicamente, tanto que le está dando la vuelta a esa pírrica victoria que supuso el fenecido Estado del bienestar porque a ello se han aplicado ferozmente los mayores talentos que han alumbrado las fementidas universidades.
 No es cierto, dicen estos canallas, que haya dinero para todos, el capital está limitado por su misma naturaleza, tanto más cuanto que nosotros somos realmente insaciables y todo nos parece poco, de manera que hay que desposeer a los demás como sea.
 Y, para demostrarlo, ahí tenemos al hijo de los 5 padres. El 1º de sus padres fue Franco, Franco era como le hubiera gustado a él ser, absolutamente tiránico. Un tirano es lo más parecido a Dios que existe. Pero el tirano está demasiado ocupado masacrando a su pueblo y no tiene tiempo para pensar, precisa de otros que lo hagan por el, Fraga. A Fraga, según un genio que todavía anda suelto por ahí, frecuentando al hombre más rico del mundo, le cabía todo el Estado en la cabeza. Iba a decir que Fraga se puso a pensar y no lo he hecho porque no hubiera sido verdad, Fraga no tuvo siquiera que pensar, sólo miró a su alrededor y vio que todos los países del entorno tenían su puñetera coartada, su Constitución, de modo que reunió a un puñado de retrógrados, lo peor, lo juro, de cada casa, y pergeñó un asqueroso libelo que es la más pesada de las lápidas que jamás se puso sobre una sepultura: “España se constituye como un Estado social y de Derecho”, hay que ser cínicos, insuperablemente cínicos, para escribir esto pensando todo lo que pretendían hacer, porque el fundamento, la piedra angular del sistema era su estructuración para que sólo pudieran gobernar al país los mismos, sí, claro, era la concreción formal, legal de la jodida máxima de Lampedusa, es preciso que todo cambie para que todo siga igual, de modo que España ya era un país tan democrático como cualquier otro puesto que no sólo tenía una constitución de esta naturaleza sino que en ella se establecía un sistema electoral para que todos los partidos pudieran acceder al poder y ahí, precisamente, estaba la trampa que todo lo pudriría para siempre: en este asqueroso y detestable país con esa puñetera Constitución que tenemos, no gobernará nunca nadie que no sea de derechas, pero de derechas de toda la vida. O sea, Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Demos, pueblo, ¿dónde está tu victoria?
 Y, ahora, sólo unas líneas para intentar retratar al hijo de los 5 padres, Gallardón, que, como todos, tiene su padre fisiológico, y era  algo así, como el lugarteniente de Fraga; ya hemos hablado de Franco, el ídolo de todos estos tipejos, cuyo último ministro vivo no es ni más ni menos que el suegro de Gallardón y que no sé si vive con él, bajo el mismo techo; y, por último, Rajoy, a Gallardón le hubiera gustado ser él el propio presidente de gobierno y ha estado trabajando toda su vida para eso pero no ha podido ser. De cualquier forma está cumpliendo a rajatabla con el proyecto de sus 5 padres: acabar con cualquier atisbo de libertad en un país como éste en el que todos somos unos empecinados libertarios; terminar también con cualquier asomo de justicia cumpliendo a rajatabla lo que le propusieron los propios jueces, hacerla tan cara que sólo puedan tener acceso a ella los ricos; acabando así con ese asqueroso fantasma de la revolución francesa que terminó consagrando como la mayor conquista humana el principio de la división de poderes: ahora ya sólo hay ejecutivo y, si no, que me lo digan a mí, que la juez que lleva mi pleito contra el Ayuntamiento por haberme cascado 16 multas por tener el coche aparcado en la puerta de mi casa, en mi zona de residentes, sin moverlo un milímetro, le está dando la razón a éste porque dice la sra. que las 16 multas son 16 actos distintos no acumulables, recayendo como lo hacen sobre el mismo sujeto pasivo, con la misma razón jurídica, o sea, la misma causa, e impuestas por el mismo sujeto activo, o sea que concurren en ellas todos los requisitos que todas las leyes del mundo exigen para que se admita la acumulación objetiva de acciones a fin de ahorrar gastos y actuaciones y evitar la terrible posibilidad de que recaigan sobre un asunto, que es en realidad el mismo, distintas resoluciones contradictorias.
 Sé que esto es algo difícil de entender para quien no tenga nociones específicas en la materia pero les aseguro que pueden pronunciarse pocas resoluciones más antijurídicas que ésta, que además me ha impuesto la pérdida de la fianza que me exigió para poder recurrir.
 O sea, como se ve, un ejemplo perfecto de la justicia que tenemos y no quiero pensar y, por lo tanto, no lo pienso que la juez que me ha condenado de esta manera es lo mismo que era la Alcaldesa de Cartagena antes de acceder a la suprema magistratura municipal, juez precisamente sutituta.