Guardiola

 Los hombres se miden por la cantidad de soledad que pueden soportar, ¿Goethe?.

 Un barcelonista se mide por la cantidad de miedo que puede soportar.

 Llevo años, por aquí, escribiendo que la lucha entre la izquierda y la derecha es una lucha por sobrevivir o sea que es una puñetera lucha a muerte.

 Y una lucha de estas características es realmente insuperable, es una lucha integral, sin ninguna clase de cuartel. Iba a escribir que es una lucha sobrehumana pero es mucho más ún, es una lucha deontológica, moral, ética.

 Una vez que el hombre nace, que le meten aquí, que lo arrojan a aquí, han dicho otros, no tiene otra misión que la de justificarse, otros lo llaman hacerse a sí mismo. Y esta función, de la que muy pocos llegan a ser conscientes, es la que los empuja a encontrar formas de justificación espurias, falsas, que le traicionan a él mismo, una de ellas que resulta bastante representativa es el fútbol.

 Realizarse, justificarse a sí mismo es una heroicidad porque, en un mundo tan materializado como éste en el que vivimos, tratar siquiera de asimilar nuestra propia vida, nuestra existencia es una tarea de titanes porque tienes que luchar absolutamente contra todo, principalmente contra ti mismo.

 Pero es posible, absolutamente, y no sólo porque nos lo dijera el que seguramente sea el mejor poeta de todos los tiempos: toda vida es vivida, toda existencia tiene su secreto, sino porque si uno es realmente sincero y sabe mirarse a sí mismo hasta lo más profundo, encuentra allí una tarea verdaderamente titánica cuyo cumplimiento justificaría realmente su vida.

 Pero muy pocos lo hacemos, casi ninguno, sólo en muy contadas excepciones, el hombre se mira por dentro y averigua realmente lo que quiere ser y tiene, además, los arrestos suficientes para intentarlo.

 Ya lo he dicho, es una tarea titánica, casi imposible que seguramente la inmensa mayoría de las veces resulte totalmente irrealizable pero que si la intentamos con todas nuestras fuerzas nos justificará.

 Y todo este jodido exordio a propósito de Guardiola, en adelante G.

 Guardiola es el hombre de moda, para algunos, muchos, el mejor entrenador de la historia, el tipo que ha sido capaz de transformar un deporte con más de cien años de existencia, convirtiéndolo realmente en un deporte nuevo, en el que la fuerza bruta, el gigantismo, las facultades físicas sólo son necesarias hasta cierto punto, en el que, como en toda actividad humana, lo verdaderamente decisivo es la cabeza, la mente. 

 Pero Guardiola es mucho más que esto aún. Para las mujeres, por ejemplo, es el hombre perfecto, aquel con el que la mayoría de ellas pasarían una noche loca,  lo que ha dado al traste decisivamente con esa leyenda urbana de sus más encarnizados y malévolos enemigos que lo hacían homosexual. Para los catalanes es un auténtico dios porque ha conseguido que lo único que ellos consideran realmente representativo, el Barça, se haya convertido taumatúrgicamente no ya tan sólo en el mejor del mundo sino también de la historia. Al fin, el mundo catalán, tan amante de su cultura, de su idiosincrasia, de su historia, de su exclusiva personalidad, ha conseguido imponer universalmente algo que lo justifica históricamente: ser el mejor en algo.

 Pero los mitos son sólo eso, ejemplo arquetípicos absolutamente ideales, que, si se contemplan lo suficientemente cercanos, descubrimos que sólo están hechos con nuestro mismo y puñetero barro, sí, coño, sí, me llamo barro, aunque miguel me llame, barro es 
mi profesión y mi destino que mancha con su lengua cuanto lame.

 Otra vez, un poeta, he dicho muchas veces que no creo en los sabios, ni en los científicos, ni en los sacerdotes, ni en los médicos ni mucho menos en los jueces, que sólo creo en los poetas, porque ellos razonan con el jodido corazón, mi corazón, carnivoro cuchillo, como siempre, estoy citando de memoria, por lo que, seguramente, yerro totalmente en las citas, pero sólo hacia afuera, no en mi interior, quiero decir que cito no lo que dijo el puñetero poeta sino lo que yo leí y entendí que, para mí, es realmente lo que importa.

 Pero se trataba de Guardiola. Es duro escribir contra un dios porque te expones a que te odien para siempre precisamente aquellos cuya religión compartes. Futbolísticamente hablando, para mí, Guardiola no es ni más ni menos que Dios, lo que sucede es que, para mí, los dioses no son algo absoluto sino esencialmente relativo, quiero decir que G es, como he dicho, mi dios futbolístico pero, al propio, tiempo es un hombre con todas sus miserias que no son mayores, por cierto, que las mías.

 Lo he dicho ya una vez, por lo menos, y he concitado las iras de 2 de mis mejores amigos, Futbolín y Joan Martí, 2 tipos con los que no sólo coincido la mayor parte de las veces sino que, además, quiero, con quien tanto quiero, escribe, otra vez el condenado y sublime poeta.

 Para mí, Guardiola hubiera sido definitivamente Dios si no hubiera sido esencialmente cobarde. Vayamos al DRAL: “cobardía.(De cobarde).1. f. Falta de ánimo y valor”.

Coño, casi me dan tentaciones de acabar aquí, aunque sea tan abruptamente este post. “Falta de ánimo y valor”. Punto, coño, ya está, esto es lo que ha hecho Guardiola y no ahora, que se va, que ya se ha ido, sino todo ese tiempo que ha estado, sin estar realmente, con todos nosotros.

 Le ha faltado el ánimo, el espíritu, el impulso, para luchar íntegramente, a fondo, hasta el último límite, por su Barça, por nuestro Barça.

 Si algo no es G. es tonto. Tiene una inteligencia poco común, absolutamente extraordinaria. Sabe muy bien de qué va todo. Sabe, pues, que la lucha con el Real Madrid, RM, es a muerte, integral. Una lucha por la propia supervivencia. De tal manera que la presencia, la sola presencia de uno de los 2, Barça o RM, excluye para siempre al otro.

 Pero, G es lo que en mi puñetera tierra, en mi jodido pueblo llaman un flojo, le faltan auténticos cojones, para decirlo bien y pronto.

G, según uno de los tíos que más presume de conocerlo, el inefable Evarist Murtra, no haría nunca nada que perjudicara al Barça. Veamos.

 El RM ha declarado una guerra a muerte al Barça, sí, lo he escrito muy bien: guerra a muerte. No es una manera de hablar, o mejor, de escribir, trata de ser la mejor expresión de la realidad. El RM ha iniciado con el mayor de los éxitos una lucha que tiene como objetivo final la destrucción, la desaparición total del Barça y no se toma la menor molestia para disimularlo:

 A) ha montado un gabinete teórico dirigido a justificar esta táctica que, siguiendo la doctrina de Goebbels, lo 1º que ha hecho es adjudicarle a su enemigo las que son sus propias intenciones;

 B) pero han hecho más, mucho más: sabiendo como saben que en un campo de fútbol dominado exhaustivamente por los árbitros es absolutamente imposible que gane o pierda un partido quien ellos no quieran, planearon y ejecutaron con todo el cinismo del mundo una ferocísima campaña de amedrentamiento de dicho colectivo, situándolo de tal modo bajo su mortífero juego que sus componentes, que no son héroes ni mucho menos, han tenido que plegarse incondicionalmente a sus exigencias.

 Así las cosas, G que, como ya hemos dicho, es extraordinariamente inteligente, ha comprendido que el ciclo de victorias del B ha concluido  irremisiblemente, incluso, superando su excesiva prudencia así lo ha insinuado al decir que este año han pasado muchas cosas raras, toleradas por su silencio, más o menos, el silencio de los borregos, el silencio de los cobardes, y se va, como se ha ido siempre, como siempre se irá, cuando las cosas pinten bastos realmente, porque sabe que ni él ni el B ni nadie le puede ganar la partida a los que son sus propios jueces, a los que tienen el poder exclusivo e inapelable de decir quién gana los encuentros.

La pregunta que yo formulo a todos los barcelonistas del mundo es:¿qué debemos hacer, irnos todos corriendo como acaba de hacer G?

Yo estoy aún más convencido que él de que la lucha contra el RM es una batalla tan perdida como la de todos los ciudadanos de bien contra esa horda interminable de gentuza fascista franquista que nos gobierna, pero ante ello ¿qué debemos de hacer, salir corriendo a los Usa, como antes lo hizo a Italia, para aprender inglés y el año que viene ir a entrenar a un país civilizado como Inglaterra, en el que no son posible cacicadas mafioso fascistas como aquí?

 G. ha presumido mucho de ser de izquierdas, yo aprovecho la ocasión para afirmar rotundamente que no lo es. Ser de izquierdas, lo repetiré otra vez, es buscar la verdad y dejarse los cojones e incluso la puñetera vida tratando de defenderla hasta conseguir que se imponga la puñetera justicia.

 Y G. sólo ha intentando ganar dónde era muy fácil, teniendo como tenia, todo el mundo lo dice, el mejor equipo del mundo, ahora, la superderecha fascista mafiosa y franquista ha hecho lo de siempre, ha creado las circunstancias necesarias para que el triunfo de la verdad y de la justicia, en el jodido fútbol, no vuelva a producirse.

 Y, entonces, ¿qué es lo que hace el faro, el norte, la brújula del barcelonismo, aquella persona a la que todos los catalanes y demás barcelonistas van a seguir?, salir huyendo por pies en lugar de quedarse aquí y dar la cara todos los días, como ha hecho el jodido canalla de Mourinho, hasta que ha coneguido el triundo de sus ideas e intereses: salir todos los días a la palestra de los diarios y proclamar su verdad punto por punto, si es preciso haciendo como el portugúés una lista pormenorizada de todos los “errores” voluntarios de los árbitros; pero eso no lo hace él porque es un tío muy fino, que mea colonia, un jodido aristócrata del comportamiento que nunca, nunca, nunca se ensuciará ni las manos ni la legua cantando las verdades del barquero.

 Cobarde, más que cobarde, y cobardes también todos esos tipos que le rodeaban aquiescentes, el Rosell de los cojones, que ahora ya sabemos todos que era o es socio de muchos de los negocios de Florentino y, sobre todo, esa prensa más que canallesca, absolutamente cobarde de Cataluña, que no sólo se está dejando avasallar por la madrileña sino que incluso acude presurosa a sus foros para justificar con su asquerosa presencia todo lo que allí se dice contra el Barça.

 Hatajo de jodidos cobardes, iros todos de una vez a la puñetera mierda.