"Ars politica" o el desastre del Prestige

 Si la política es el arte de lo posible, parece que lo políticamente correcto hubiera sido alejar todo lo posible al PP del gobierno porque nos hubiéramos evitado una gran parte de todo esto que ahora tanto nos aflige, porque si bien es cierto que el jodido, el maldito, el asqueroso Psoe hubiera seguido haciendo lo que ya hacía o sea lo que le dictara Bruselas, siempre lo hubiera hecho de otra manera porque eso no era lo que a él le nacía del alma, tal como dicen en mi puñetero pueblo, que sabe mucho de esto, se lo aseguro.
Y, a propósito, ¿quién escribe la historia, los pueblos o sus gobernantes? ¿Es este asqueroso Rajoy que, además de todo, babea, o es este jodido pueblo español el que, ocupado sólo en divertirse de muy mala manera con la increíble Belén Esteban y el narcisista Ronaldo, olvidó la 1ª de sus obligaciones: ocuparse de guardar la viña?
 Si lo hubiera hecho, como era su deber, ahora la Fabra, hija, no hubiera podido decirnos a todos los españoles eso de “que se jodan, coño, que se joden porque sólo han nacido para eso, coño”, otra vez, porque la chica es muy bien hablada.
 Ya sé que la solución fácil es decir que la culpa de todo la tienen los políticos, pero yo discrepo con toda la energía de mi viejo corazón.
 Si bien lo miras, todos los políticos son iguales, uno arribistas del “carallo” que han elegido dicha profesión porque se trabaja muy poco, si quieres, nada, y se gana mucho, también si quieres, todo, dejándote sobornar por los plutócratas sólo un poquito.
 Vean, si no, lo que ha ocurrido en Francia, allí gobernaba un pinturas que además intentaba aumentar su sucia popularidad liándose con una de las cantantes mas sexis, pero le ha salido el tiro por la culata porque el pueblo francés, después de más de mil auténticas revoluciones, sabe muy bien donde le aprieta el zapato y no se deja embaucar por zarrapastrosas putillas de 3 al cuarto y por un tío que lo único que medio sabe hacer bien es dar patadas a una maldita pelota.
 De modo que mandaron al Rasputín de vía estrecha a hacer puñetas  entre otras cosas porque, siendo un jodido inmigrante, hijo de inmigrantes, hizo la política más segregadora de la historia y, teniendo sus orígenes más o menos lejanos en el lumpen, ahora se comportaba como un jodido plutócrata, de modo que una buena patada en el culo y a la puta calle.
 Pero aquí, no, aquí, a un pusilánime bambi, que nunca supo bien cómo ni por qué había ganado unas elecciones, este maravilloso pueblo que nos rodea, seguramente para ahogarnos como una jodida boa constrictor, eligió a un tío que es el ejemplo vivo de todo lo contrario de lo que debe ser un buen gobernante.
  Aparte de su pecado original de ser hijo de un juez, o sea, de un tío que se considera a sí mismo una especie de dios con capacidad legítima para juzgar a otros hombres, reunía, además, otras maravillosas cualidades que, en modo alguno, se había preocupado de ocultar: 1) es un contumaz embustero, miente incluso cuando no habla, los célebres “hilillos de plastilina”, ante una marea negra que todavía hoy, 10 años después de la catástrofe, no han desaparecido de Galicia; 2) es un avaricioso tenaz, se metió en política para proteger a una de esas profesiones canallescas, que son fuentes de un furioso enriquecimiento sin ninguna clase de justificación porque el trabajo por el que cobran cantidades inverosímiles no lo realizan ellos sino los auxiliares administrativos de su puñetera oficina; 3) así fue promoviendo, desde la sombra, con sus influencias, una legislación absolutamente increíble que hace de los registradores de la propiedad el cuerpo más protegido del mundo; 4) en política ha hecho de todo, pero nada bueno y todo lo que ha hecho es de dominio público de modo que es absolutamente incomprensible cómo y por qué el pueblo de las belenes y de los ronaldos le ha votado para que nos gobierne de modo que, ahora, así nos van las cosas que todavía, seguro, van a ir a peor.
 Pero de que esto sea así él no tiene más que una parte ínfima de culpa, el culpable fetén es el jodido pueblo que le ha votado sabiendo como sabe que no es sino un puñetero y falaz plutócrata que gobernará para conservar, como buen registrador, las propiedades de los poderosos a fin de que no sufran ninguna clase de menoscabo, de ahí que se oponga con todas sus fuerzas a una modificación de la ley hipotecaría, la base de los registros de la propiedad, que debilite la posición prevalente de los bancos en los procesos de ejecuciones de esta clase que ya han comenzado a producir las inevitables consecuencias de una legislación criminal que permite incluso la usura, una cadena de suicidios que no son tales sino verdaderos asesinatos perpetrados además públicamente y con el auxilio de la fuerza pública.