Una nueva rebelión de las masas, muy poco orteguiana, por cierto.

 El verdadero problema es el pueblo, no los jodidos políticos.
 Es el mismo caso del cabrón, del puñetero cornudo, que va lamentándose por las esquinas porque la muy puta de su mujer le pone los cuernos, siendo como sería tan fácil, mandarla a hacer leches y no volver a verla en toda su puñetera vida.
 Es lo mismo que nos está pasando con los políticos, de derechas, de izquierdas y de centro.
 Se han metido en nuestras camas con nuestras propias mujeres, eso que llamamos Estado del bienestar, y están haciendo con ellas, lo que les sale a los tíos de los mismos cojones y nosotros acudimos a las urnas, cada vez que ellos nos convocan, y los volvemos a votar.
 Con lo sencillo que sería no sólo no votarlos sino ponerse en la puerta de los colegios electorales e insultar y agredir, a todos aquellos que vayan a hacerlo, diciéndoles en su propia cara lo que son, unos auténticos cabrones.
 ¿Que esto no es democrático? ¿Cómo que no? ¿Es democrático hacer aquello que diseñó el cabrón de Fraga, ayudado por un hatajo de cabritos, para cumplir el encargo que le diera Franco, a fin de hacer que todo quedara tan bien atado como ahora está?
 ¿Es democrático hacer el buey y participar cada 4 años en una pantomima en la que sólo puede ganar la extrema derecha, o sea, el PP, o una derecha un poco menos extrema, el Psoe, porque así está escrito en la jodida Constitución, tan bien fraguada por el más canallesco de todos los cipayos de Franco, y en la que los otros partidos lo que hacen es firmarles a éstos 2, la mejor de las coartadas?
 Ya sé que todos esos millones de chupópteros que viven a expensas de participar en el espectáculo periódicamente, y que son casi todos los funcionarios públicos o los empleados de las grandes empresas que pertenecen a los jodidos plutócratas, curas, monjes y monjas e incluso los propio militares de baja graduación, irán puntualmente a votar y, desde su punto de vista, hacen bien porque eso es lo que les asegura las puñeteras habichuelas, pero por eso mismo, nosotros, los que no tenemos, los que cada vez tendremos menos aseguradas las jodidas habichuelas, tenemos que hacer algo, ¿no?, para no comportarnos como esos asquerosos cabrones que contemplan cómo se follan a sus mujeres en sus mismos morros y, además, pagan la cama?
 Tal vez ésta sea ya la única manera que nos queda de hacer la revolución porque no nos pueden obligar a votar.
 Esto y romperle el alma al vecino de al lado, si es que él sí que ha ido. 
 Porque ha participado, en concepto de autor, en el asqueroso crimen que ellos, los políticos, están cometiendo con todos nuestros hijos.
 Si no lo hacemos, si no hacemos pronto algo que sea efectivo, nos mereceremos todos esos cuernos que todos los días nos ponen no sólo los políticos sino también nuestros asquerosos y repugnantes vecinos.