El color de la verdad

Alguien filosóficamente muy capaz definió la verdad como “adequatio rei et intellectus” , o sea como la adecuación de la inteligencia a la cosa, de tal modo que podemos afirmar, sin temor alguno a error, que toda persona inteligente es capaz por sí misma de alcanzar la verdad, el problema, el verdadero problema es no sólo alcanzar la verdad sino atreverse a decirla. Porque la verdad tiene casi siempre un color que la hace muy difícil de exponer.

 O sea, dicho de otro modo, es mucho más difícil encontrar a alguien con el valor suficiente para decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad porque existen los que se ha dado en llamar macarras intelectuales que son capaces de demandarte ante los tribunales por un quítame allá esas pajas del derecho a la propia imagen.

 O sea que hay tipos con el talento suficiente para enjuiciar debidamente lo que ha ocurrido con Florentino, Mou, el Real Madrid, RM, el Barça, Guardiola y Rosell pero que les ha faltado, les falta y les faltará el valor suficiente para decir de qué color era el caballo blanco de Santiago.

 Pero hay otros que sí que lo han tenido y de esos es precisamente de los que yo quiero hablar aquí y ahora, bajo este título que puede parecer tan chocante del color de la verdad.

 Zeman y Michel Robinson son 2 tipos especiales porque han puesto por encina de cualquier otra cosa la aspiración a ser ellos mismos.

 Zeman es seguramente el entrenador más atípico del mundo, le importa un carajo la fama, la falsa notoriedad y lo que es mucho más asombroso, el dinero, él es lo que es y eso es todo lo que quiere ser.

No ha ganado dinero, ni probablemente lo ganará nunca porque va por este jodido mundo con la verdad por delante y así dinero, lo que se dice dinero no vas a ganar nunca mucho.

 Como se dedica a esto de entrenar equipos de fútbol era absolutamente inevitable que al encargarle dirigir a la Roma, los periodistas le preguntaran qué opinaba de Mourinho y el tío jodido va y les dice precisamente lo mismo que pienso yo: mourinho es un tío tan inteligente que ha conseguido esconder, camuflar, disimular que es un muy mediocre entrenador de fútbol.

 Coño, la respuesta vale un tesoro porque estamos hablando del que se ha hecho acreedor ni más ni menos que a su definición como “the special one”, que yo, que no sé inglés, traduzco como “el uno especial”, o sea que el mundo del fútbol piensa seriamente que Mou no sólo es el número uno sino que, además, es especial.

 No se puede decir más, ¿o sí?  Porque Zeman lo ha dicho, mereciendo la fulminante reacción de Mou, que ha preguntado lo que inquiere siempre: ¿cuántos títulos ha ganado ese Zeman?, porque éste ha dicho la más grande de las verdades sobre él: futbolisticamente hablando, Mou es un mediocre, no ha aportado nada, no aportará nunca nada al fútbol en sí mismo, porque no sabe, porque no puede, porque no quiere.

 Y en esa interrogante está precisamente el meollo de la cuestión, para Mou, el quid de todo está en lo que se gana, o sea, es un jodido resultadista, un puñetero materialista, pero, además, es un asqueroso macarra, si entendemos por esto el clásico matón de barra de bar, que vive a expensas de una profesión “non sancta”, que no recula siquiera ante la probable muerte de los que se le enfrentan, porque para él lo importante, lo absolutamente decisivo es el resultado.

 De los 3, de Zeman, Robinson y él, Mou, porbablemente el más inteligente sea él porque ha comprendido y aceptado una de las verdades absolutas del momento, se trata de utilizar a fondo, eso que se ha dado en llamar la inteligencia emocional, que comprende el manejo  de las emociones sin atenerse para nada a la moral, a eso que, a veces, llamamos ética, eso que dicen que todas las profesiones la tienen pero que la mayor parte de las veces brilla por su ausencia.

 Mou es seguramente un más que mediocre entrenador de fútbol pero es probablemente el mejor de todos los psicólogos del mundo en el manejo de las masas.

 Hay que serlo, y a fondo, para lograr que una enorme masa de personas que cotidianamente se comportan como normales adoren a un tipo que no sólo es un macarra sino que se porta al límite como tal, que va por ahí, por todos los campos de fútbol del mundo, chantajeando, agrediendo, coaccionando a todo el mundo, interpretando en cada momento el papel más asqueroso pero a la vez el que más conviene a sus intereses que son bastante bastardos, o sea, que es el más eficaz.

 Cuando Mou le mete el dedo en el ojo a Vilanova, ante más de 400 millones de espectadores, sabe perfectamente lo que está haciendo: le está diciendo a todos los árbitros españoles: “cuidado conmigo, eh, que yo no me paro en barras, que si tengo que desafiar al mundo entero para lograr mis propósitos, lo hago, y en paz, mucho cuidado conmigo porque yo soy muy peligroso, si tengo que cargarme no ya ese jodido tipo el tal Tito o Pito,”(él sabía perfectamente como se llamaba el otro porque incluso trabajó con el cuando Mou estaba de recojepelotas en el Barça, esquivando el hambre gracias a la generosidad de un loco como Gaspart),”como a todo ese jodido estamento arbitral, me lo cargo”,  porque ése, precisamente ése, era el mensaje, la obra maestra de un genio indudable de la comunicación: acojonar a los árbitros, porque él, Mou, sabe, como lo sabe cualquier persona que haya ido al fútbol más de 3 veces que ni el mejor equipo del mundo, de la historia, del Cielo o del Infierno, ganaría nunca un partido si el árbitro no quiere, como ningún pleito se gana si no quiere el juez, porque es éste, precisamente, el que pone las sentencias.

 Aquí, reside la suprema sabiduría del “the special one”: haber comprendido que, en el fútbol, los auténticos protagonistas no son los jugadores sino los puñeteros, los jodidos árbitros, ésos, que han transmitido al mundo también su gran mensaje: “ojo, con nosotros, que vdes. pueden ser el mejor equipo del mundo, incluso el mejor, como se dice, de la historia, pero que, si nosotros no queremos, no volverán ustedes a ganar NADA”.

 Y en esta tan evidente verdad se basa el método mourinho: “si yo, si nosotros, todo el conjunto de eso que se llama “el madridismo”, prensa goebbelsiana, AS, Marca, etc., conseguimos aterrorizar a los árbitros, que éstos comprendan que fuera del terreno que nosotros les marcamos no hay ninguna posibilidad de vida, en el sentido más estricto, si hacemos penetrar en sus locas cabecitas que si no pitan siempre, siempre, siempre no sólo en los partidos del RM sino también en los del Barça a favor de aquél están absolutamente perdidos: no sólo perderán la honra, el honor, la buena fama o como coño quieran ustedes llamarle, es que pueden ustedes, e incluso sus familiares más queridos, perder la vida, coño, mucho cuidado con nosotros porque les estamos echando encima a toda la afición incontrolable de un país”.  A ver quién coño es el jodido árbitro que se atreve a desafiar este inmenso poder.

Y los árbitros, que no tienen pelo de tontos, han captado el mensaje a la perfección: un año, 365 días, seguidos, no le han pitado un sólo penalti a tipos como ese asesino potencial que es Pepe, ese macarra sevillano, ultrafascista de Sergio Ramos, que cree, ¿o sabe?, que por ser falangista en España tiene derecho a todo, a Marcelo, ese niño bonito brasileiro que tan bien le ha caído al Bernabeu, Albeloa, Alonso, Carvalho, Kedira, etc. y, EN CAMBIO, SÍ que le han pitado todos los que han podido y más a favor, de modo que ellos, los jugadores madridistas han comprendido la gran verdad de la liga española que ellos tienen libertad absoluta para matar, y matan.

 Pero el que más mata es, lógicamente, el padre de la idea. Su guerra es tan integral que no se limita ni mucho menos a los árbitros, con ser éstos no ya importantes sino decisivos, sino que se realiza también sobre todos los estamentos del fútbol español, entre ellos, como no, los otros entrenadores, a los que les echa encima, o les echaba, porque y a no lo necesita puesto que ha obtenido la plena victoria, toda la presión del mundo diciendo que ante el Barça, ellos se dejaban ganar, alineando a los reservas, o sea, que se vendían como viejas prostitutas, esto, para un tipo tan honrado como Manuel Preciado ha podido ser mortal, su cabreo fue tal cuando se enteró de que Mou le acusaba de haberse vendido así al Barça que no dudó un momento en llamarle canalla, pero este desahogo no le libró de llevarse seguramente el que fue peor y mayor disgusto de su vida que pudo ser el principio de ese fin que lo ha mandado al otro mundo a través de un infarto.

 Es por eso que Robinson, en una entrevista genial, dice de Mou que es un francotirador y que no se atreve a llamarle asesino a sueldo, yo, tampoco, pero a lo mejor Florentino, sí que puede creer que lo es y precisamente por eso, a lo peor, lo contrató porque pensaba que Mou, es un tipo capaz de hacerlo todo, absolutamente todo , por ganar un partido, no digamos por ganar una liga de fútbol.