Brevísimo discurso sobre la historia

 Que la Historia se repite cíclicamente no lo voy yo a descubrir ahora.
 Eminentes historiadores lo han demostrado suficientemente.
 Lo que yo no sé ciertamente es si estos grandes historiógrafos han desentrañado el motivo, el fin, el impulso que determina el curso de la misma.
Yo sólo soy el más pequeño de los aprendices, lo único que sé con cierta certeza es que no se nada y ni siquiera en este proposición soy original, pero voy a intentar pergeñar una pequeña teoría que trate de explicar de alguna manera todo lo que está sucediendo.
Hay, hubo, y seguramente habrá gente muy estudiosa que se preocupe de este mismo tema: ¿por qué sucede todo lo que está ocurriendo?
 En mi opinión no es sino como consecuencia de la lucha de dos principios que algunos han llamado el bien y el mal, Ormuz y Arhiman, el ying y el yang, Dios y el Diablo, cartagineses y romanos, alemanes y japoneses contra los aliados, Usa y Urss, y ahora se inicia una Usa  y China.
 Dos ratones de biblioteca, dos estudiosos de la Historia hasta la saciedad, nos han dejado sintéticamente dos frases que por sí solas explican todo lo que está sucediendo: Marx: proletarios de todos los países, uníos; y Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.
 Desde Marx, una corriente incontenible de liberación laboral recorre el mundo. 
 Él se encargó de demostrar de una manera irrefutable no sólo que todo es economía sino que ésta es la que dirige los destinos del mundo.
 Si dejamos, la inmensa multitud de los trabajadores, que el capital, o sea, los empresarios campen a su antojo, el mundo se configurará como actualmente es: un inmenso, universal, campo de concentración y de trabajo, en el que los trabajadores no pintamos absolutamente nada, de manera que la revolución, cualquiera que sea su forma, es absolutamente no ya necesaria sino imprescindible.
 Y esta idea cuajó en una serie de instituciones como los sindicatos, las comunas, las cooperativas, etc., pero, sobre todo, en el ideario que movía a pensadores políticos, filosóficos, científicos y artistas, lo que produjo, de una manera que parecía irreversible, su propagación.
 Esto preocupó y mucho a los pensadores reaccionarios que encontraron al fin la formula de contrarrestar el formidable alegato marxista: un oscuro hombrecillo, un ratón de biblioteca italiano la formuló concretamente en diez palabras: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.
 Es absolutamente genial: ante el empuje arrollador producido por la autoconsciencia de las clases trabajadoras de la criminal explotación que sufrían el mejor de los diques que podría oponérsele es la más radical de las hipocresías: “hagamos”, dice el italiano, “como que cedemos a este empuje, construyamos una teoría científica que propugne la liberación de las masas trabajadoras, digamosles de mil maneras que tienen razón, montemos aparatos del Estado que parezca que atienden todas sus exigencias, hagamos que se conciba como la tarea fundamental de dicho Estado la redistribución de la riqueza nacional de mil maneras y, luego, nos apoderaremos del mismo, mediante aparatos que afirmaremos rotundamente que son esencialmente democráticos, Cortes, Parlamentos y Senados, a los que se accederá mediante elecciones generales universales, directas y secretas, con un pequeño e imperceptible truco que ya nos encargaremos nosotros de que parezca oculto siempre: mantener a las masas electoras en la total ignorancia, en la más profunda de las inculturas de manera que siempre nos elegirán a nosotros que seremos dueños absolutos de los medios de información y creación de la opinión pública, para ello haremos de la instrucción pública una auténtica falacia y les someteremos a las más altas dosis de lo que se ha dado en llamar opios del pueblo, fútbol y otros deportes en los que se encarne un nacionalismo absolutamente embrutecedor”.
 Y así estamos, en manos de los discípulos de Lampedusa, que han aprendido perfectamente la lección, mientras que los de Marx pierden la mayor parte de sus energías en luchas fratricidas.

Hacia una nueva teología de la liberación

 Después de escribir el post que sigue, cuando he ido al WordPress, en el que paso a limpio el borrador, he comprobado que, en la lista de spam, se hallaba este comentario que reproduzco para inyectar un poco de moral, que creo que andaba algo baja últimamente.
 Dice así:
 Diseño web reus en agosto 7, 2013 a las 11:31 am dijo: Editar
Canalladas | jlpalazon2 , es genial, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y me alegra cuando recibo uno más, sois lo mejor en español, me encata vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y un abrazo, nos alegrais la vida.
 Probablemente, en la historia de la humanidad, los dos hombre más influyentes fueron un par de tipos judios que, sin pretenderlo, fundaron las dos más grandes ideologías humanas, Jesucristo y Carlos Marx.
 Los dos actuaron bajo el impulso más altruista posible: la redención del género humano pero planteándola desde ámbitos no sólo distintos sino antagónicos.
 En un ensayo tan breve como el que en este acto realizo, he de ser forzosamente ultrasintético:
 -Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. (Versículo 3) Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra. (Versículo 4) -Bienaventurados los pobres porque ellos poseerán la Tierra.
 -Proletarios de todos los países, uníos.
 En cuanto a las frases evangélicas, ¿qué decir?
 Ni el propio Aznar, ni siquiera Rajoy hubieran podido mejorar este mensaje:
 -Jodidos y hambrientos pordioseros, ¿qué coño más queréis, si el propio Dios, que se hizo hombre para redimiros, se refirió expresamente a vosotros en su mensaje fundacional de las Bienaventuranzas? ¿Qué más queréis, jodidos pedigüeños, no pretenderéis que, además del Cielo, se os concediera la Tierra, qué coño más queréis si vais a tener el reino de los cielos para siempre, aguantad entonces estos 4 días mal contados, coño?
 Frente a un mensaje así, casi no me atrevo a analizar el mensaje marxista:
 -Proletarios de todos los países, uníos.
 “Proletarios”, radl, (Del lat. proletarius).
1. adj. Perteneciente o relativo a la clase obrera.
2. adj. Se decía de quien carecía de bienes y solamente estaba comprendido en las listas vecinales por su persona y prole. Era u. t. c. s. m.
3. m. y f. Persona de la clase obrera.
4. m. En la antigua Roma, ciudadano pobre que únicamente con su prole podía servir al Estado”.
 Lo primero que acude a mis dedos es la abismal diferencia entre un lenguaje neutro y amorfo, ayuno de toda clase de significación política, como es el de la religión cristiana, y ese otro de honda raigambre sociopolítica como es el jodido marxista.
 La palabra “proletarios”, como hemos visto en el Diccionario de la Real Academia viene designando secularmente a una clase social cuya única misión, de ella y de su “prole”, era servir al Estado.
 Y qué bien que ha entendido esto, a lo largo de toda la Historia, esa otra clase criminal que se sirve del Estado para un más fácil manejo del proletariado.
 Por eso el grito de rebelión de Marx y Engels, filosóficamente, es muy superior a las bienaventuranzas cristianas, porque es un grito desesperado ante la opresión de la clase capitalista contra la clase obrera, algo que supera no sólo al mensaje cristiano que, como se ve es el de la más profunda resignación, es decir, todo lo contrario a ese grito exhortando a la rebelión de la clase explotada secularmente, que se expandió como un reguero de pólvora por todo el mundo como una auténtica buena nueva y que, aún hoy, es el mejor mensaje esperanzador, porque la ética que en él se funda supera incluso al famoso imperativo categórico kantiano, ya que es muy superior al hecho de obrar de tal manera que nuestra conducta pueda concretarse como un mandato universal, ése otro de dar a la sociedad todo lo que tengamos exigiéndole a ella únicamente aquello que nos es imprescindible para nuestra propia supervivencia, mandato en el que resuena explícitamente la vieja idea estoica.

BÁRCENAS y Rajoy, una magnífica fábula para demostrar la veracidad de las tesis de Marx.

 Tesis 1: Todo es economía.
 Tesis 2: El verdadero poder es el económico.
Decía Rajoy, ayer, ante los prebostes de la Unión Europea, intentando desesperadamente luchar contra esa marea de corrupción que a otro individuo con un átomo de dignidad ya lo hubiera expulsado de su peana: “lo importante realmente, lo verdaderamente democrático es haber llegado al poder mediante unas elecciones generales”.
 Decía Lara, creo, líder de IU: “pero ¿qué dice este hombre?, él no ha llegado al poder mediante unas elecciones generales libres sino esencialmente falseadas por la más absoluta de las corrupciones económicas”.
 Filosóficamente, ¿cuál de las 2 proposiciones es cierta?
 Que Rajoy ha engañado a la inmensa mayoría de su electorado, es una evidencia tal que no necesita ninguna clase de demostración.
 ¿Cómo? Utilizando a su favor todo ese inmenso poder que le otorgaba ser el más poderoso de los agentes políticos en liza en las pasadas elecciones generales.
 En cualquier país, la publicidad electoral no es que sea importante,  es absolutamente decisiva.
 Si desde todas las atalayas de la información real, ésa que efectivamente llega al pueblo, a la masa indiscriminada de analfabetos políticos, se sostiene el falso mensaje de que el partido preparado desde siempre para resolver todos los problemas económicos que lo arrasan  es el partido que detenta desde siempre también el poder económico, indefectiblemente este canallesco partido ganará inexorablemente las elecciones.
 Y, ahí, están los hechos indubitables para demostrarlo.
 Pero la realidad real, la realidad también indiscutible es que era ese apestoso partido, precisamente, a nivel mundial, el partido liberal capitalista, el que había llevado al mundo a una quiebra de proporciones universales, de la que tanto nos va a costar salir si es que salimos sin deslegitimar para siempre el paradigma liberal capitalista que afirma, desde Adam Smith, seguido por sus epígonos intelectuales Von Misses, Hayek, Popper, Friedman “et alteri”, que es la libertad más absoluta, ésa que comprende, como no, la absoluta libertad de mercados, la panacea capaz de resolver, y no de crear, como en la realidad ha resultado, todos los problemas del mundo mundial.
 Soy perfectamente consciente de que hay una aparente contradicción entre lo que ahora escribo y aquellas iniciales tesis del marxismo con las que comenzaba este trabajo.
 Si todo no es más que puñetera economía, si el verdadero poder es realmente el económico, no hay científicamente otra solución para que las cosas funcionen bien que dejar actuar el libre juego de las fuerzas económicas.
 Falso, de toda falsedad. También soy plenamente consciente de que soy un marxista especial. La vida humana no es sino una más de las que pueblan, de las que actúan sobre el mundo material. Y este mundo material dejado a funcionar a su antojo provocaría ineluctables tragedias que quizá hubieran ya acabado con esta era, como parece que acabaron hace millones de años, con las sucesivas eras de las que se tienen noticia.
 Lo que hace a este mundo material humano es precisamente la capacidad que tiene el hombre de modificar absolutamente su entorno.
 Está absolutamente comprobado que abandonado el mundo económico a su absoluta libertad, dicho liberalismo económico produce inevitablemente crisis que lo colocan, que pueden colocarlo a punto de su propia desaparición.
 Es, por lo tanto, forzosa la intervención decisiva humana para que los ciclos económicos no sean  ineluctables, o sea, es absolutamente obligado un intervencionismo político para evitar que crisis como la que actualmente padecemos se produzcan inevitablemente.
 Y ésta parece que es la técnica que están aplicando algunos países como China no ya para salir de la crisis, que no la han sufrido, sino para evitarla decisivamente.
 Regresando de Úbeda, Bárcenas le está ganando la partida a Rajoy, se la hubiera ganado ya si éste fuera un país medianamente decente, porque ha sido el dueño del verdadero poder económico del partido, el dueño de sus finanzas.
 A las asquerosas manos de Bárcenas, han tenido que ir a comer todos, absolutamente todos de los grandes jerarcas del Partido Podrido, y este mequetrefe, que ha actuado, a niveles contables, como el tendero de la esquina, los ha puesto a todos a parir de mala manera, de tal modo que la comunidad internacional ya ha desechado en masa a todos los políticos españoles por dejarse corromper de tal modo por  un tipo que ni siquiera alcanza la categoría de aprendiz de brujo.
 O sea que Bárcenas era, es, el auténtico poder en el PP, sólo porque el jodido tenía la llave de los cuartos, de la cochina economía, como  era “ad demostrandum”.

Carta abierta a mis grandes amigos Futbolín y Patrick Bateman:

 Ante todo reiterar mi más profunda convicción de que sois 2 auténticos genios.

 El genio no es sino un tipo que ve cosas que a los otros se les esconden y vosotros venís por aquí todos los días a mostrarnos cosas que sin vuestro dedo indicador nosotros no hubiéramos visto nunca.

 Y toda las gracias que os demos por ello serán insuficientes.

 Pero los genios no lo son en todo momento, sobre todo si se olvidan de los clásicos.

 Un clásico es un genio que, además, tuvo la fortuna de acertar con un concepto axiomático. Y el más clásico de todos es un tipo que nació en Estagira hace ya un montón de años y que se llamaba Aristóteles.

 Aristóteles, como Marx, es autor de una máxima absolutamente indiscutible: el hombre es un zoon politikon y todo hombre que no es politico o es un dios o es una bestia. Y el judío alemán nos dijo que todo es economía de manera que cualquier manifestación humana, en el fondo, no es sino una superestructura económica.

 Yo os aconsejo, humildemente, mis queridos amigos, que siempre que os enfrentéis con cualquier problema enfoquéis la cuestión contemplándola desde estos parámetros, sea la que sea.

 Y todo esto a propósito de unas afirmaciones vuestras sobre un tal Carlos de Zaragoza que escribe profusamente sobre el Barça y que políticamente parece que es de extrema derecha.

 Como yo creo que el hombre no es como los submarinos, es decir, que no tiene compartimentos estancos, os digo que este señor o no es culé o no es de extrema derecha porque el principio de contradicción prohíbe ser y no ser al propio tiempo y sobre la misma cosa.

 Miles, millones de personas, piensan, como este señor, que el fútbol y la política no tienen nada que ver. Craso error, ellos también han hecho caso omiso de los clásicos Aristóteles y Marx.

 Quizá el más famoso de todos los que opinan, u opinaban porque el jodido tipo ya está muerto, g.s.d. a D., es o era Franco, el tío, cuando nombró un día ministro a uno de aquellos canallas que colaboraron activamente a la tarea de machacar durante 40 años a nuestro sufrido pueblo, le aconsejó: “y Fulanito, v. haga como yo, no se meta nunca en política”.

 Es lo más paradigmático que he leído en mi vida y debería de explicarse en la 1ª de las clases en todas las cátedras de ciencia política: el tío que por motivos políticos, dijo él, se sublevó contra el régimen político democrática y legitimamente establecido en su país causándole ni más ni menos que un millón de muertos y exprimiéndole políticamente hasta la saciedad durante 40 terribles e interminables años, el tío jodido decía que él nunca había hecho política. 

 Ojo, amigos, todo aquel que diga lo mismo que dijo este abominable individuo está cometiendo el mismo pecado ya que como afirmó Aristóteles ningún puñetero hombre, por más que lo intente, puede dejar de ser político porque contraría su propia naturaleza y se convierte en un dios o una bestia.

 De modo que todos esos que dicen “oiga, a mí no me hable v. de eso que yo no soy político ni quiero” no es más que un jodido hipócrita que está parodiando a Franco y con los mismos motivos: hacer la peor de todas las políticas, aquélla que trata de cegar al ser humano el camino de su propia redención, hacer política, claro, pero de la buena.

 Y esta como dirían los Marx, los famosos hermanos, no es sino la parte contratante de la 1ª parte porque la 2ª es aquella de los que dicen que el deporte no tiene nada que ver con la política.

 Qué hipócritas, que asquerosos, qué repugnantes hipócritas porque los que dicen esto son precisamente unos políticos lo suficientemente rastreros para tratar de sustraer a la política uno de sus más claros instrumentos. Y, después de todo esto que hemos escrito, comenzamos realmente a entrar en el tema: ¿cómo se puede afirmar seriamente que los espectáculos que más masas arrastran hoy día deben de quedar fuera de la actividad y el pensamiento políticos cuando lo 1º que hacen tipos tan distintos como Merkel y el Baboso es abandonar su cotidiana actividad al frente de sus respectivos gobiernos para irse a la tribuna presidencial de los partidos en los que intervienen sus respectivas selecciones nacionales?

 Que tíos tan repugnantemente cínicos como el tal Lisavestky, creo que así se llama, o el Rubalcaba digan que son al propio tiempo socialistas y madridistas no es de recibo sino en un país tan risible como éste nuestro.

 Y aquí es cuando recurrimos definitivamente a Marx:

 Todo no es más que puñetera economía, política, por supuesto. Desde Nerón, nada menos, sabemos que el pueblo, esa masa informe que gusta sobre todo de lo más infame, vive para satisfacer sus peores instintos, ésos que le impulsan a hacer punto mientras espera que funcione la guillotina en París, o que el Real Madrid, RM, humille a esos canallescos independentistas catalanes que están cometiendo el imperdonable crimen de querer excluirse del sagrado privilegio de ser españoles, “anatema sit”, abajo con ellos, muerte y oprobio a todos los catalanes, lo que quiere es pan y circo para olvidar las penas que debería de producirle vivir en perpetuo estado de opresión, de política esclavitud.

 ¿Es o no es político hacer que uno de los equipos que intervienen en la Liga española represente a los españolitos buenos, subordinados, conformes con el “statuo quo” imperante, frente a ese otro aborrecible y asqueroso que entraña la rebeldía ante los más sagrados deberes de la madre patria, con el noble propósito, entre otros nada desdeñables, de embaucarlos para que no piensen ni por un instante en todas las canalladas políticas que se están haciendo con todos ellos, incluso, claro está, con los propios supermadridistas?

 Me ahorro a mí mismo el trabajo de demostrar que el RM es el equipo del Régimen sea éste el que sea porque es tan evidente que, como toda evidencia no necesita demostración, de modo que es metafísicamente imposible que un tipo sea al propio tiempo madridista y demócrata, o, al revés, ultraderechista y culé porque ser del Barça, parodiando a José Antonio, es una de las pocas cosas democráticas auténticas que se puede ser en el mundo, porque siempre ha sido el refugio de todos los perseguidos por el centralismo excluyente superfascista de la capital de las Españas, tal como tan bien expuso el añorado Vázquez Montalbán.

  Y vista la extensión de lo escrito, tenemos que dejarlo aquí. Un abrazo,

Liberalismo, capitalismo, su fracaso

Decía el jodido Adam Smith que si dejábamos que el hombre buscara libremente su propio interés, la larga mano del mercado lo arreglaría todo y el mundo entero se convertiría en la Arcadia más feliz.

 Y en eso estamos, como fácilmente se comprueba.

 Decía el no menos jodido Marx que hay que obtener de cada uno según su capacidad y darle a cada uno según su necesidad, y en eso estamos también.

 ¿Qué ocurre entonces, que tanto el liberalismo como el marxismo, son unas grandes falacias?

 Que un emprendedor que quiere montar una empresa para hacerse, si puede, millonario, crea puestos de trabajo que contribuyen a  resolver el problema vital de aquellos a los que coloca, es evidente.

 Que cegado por su natural avaricia tratará de pagar a sus asalariados mucho menos de lo que producen, las famosas plus valías, también es evidente, por desgracia, de manera que aquella Arcadia que preveía Adam Smith se convierte poco a poco en este desastre económico que tenemos ahora.

 De modo que resulta evidente también la necesaria intervención del Estado que trate de cumplir aquella máxima marxiana de dar a cada uno según su necesidad, habiendo logrado extraer de cada uno según su capacidad.

 Si ambas máximas se hubieran aplicado siempre a lo largo y lo ancho de la historia, el mundo hoy yo no sé si sería esa Arcadia feliz a la que todos aspiramos, pero algo mucho mejor que esta mierda de sociedades absolutamente podridas que tenemos seguro que era.

 El problema es que, desde el principio de los tiempos, el egoísmo humano se ha impuesto a la solidaridad y la tendencia general ha sido incrementar el egoísmo y combatir a muerte toda tendencia a esa solidaridad sin cuyo imperio el porvenir del hombre cada día aparece más negro.

 Los hombres más preclaros de la historia, teóricamente, se han esforzado bravamente, yo no sé si con plena consciencia de ello, en que el egoísmo prevaleciera claramente sobre el impulso solidario, con el resultado que ahora estamos disfrutando.

 Tipos de la categoría intelectual de Hayek, Popper, Friedman, lucharon con todas sus fuerzas por dejar libres los instintos más primarios del hombre sin tener en cuenta aquella pequeña verdad que afloraron tipos tan ingenuos y tan distintos entre sí como Hobbes y Tomás de Aquino: El hombre es un ser desfalleciente nos dijo el Doctor Angélico y el autor de Leviatán fue mucho más duro: el hombre es un lobo para el hombre y la vida una guerra de todos contra todos.

 Y parece que la vida se ha encargado de poner a cada uno en su sitio.

Que el de Aquino no era sino un ángel quedó demostrado cuando aquel puñetero ser desfalleciente que era el hombre se convirtió en lo que yo y otros millones hemos dado en decir que es una puñetera mierda seca pinchada en un palo ya que no sólo no se preocupa de aliviar las penas, miserias y necesidades de los otros hombres sino todo lo contrario, se esfuerza bravamente, como un Rajoy cualquiera, en agravar hasta el máximo límite la miseria de sus semejantes, o sea que quien de verdad tenía razón era el jodido Hobbes, el hombre no hace sino devorar hasta dejarlo en los puros huesos a los otros hombres en una fratricida lucha de todos contra todos, como si en vez de un ser humano fuera realmente un lobo.

 Y el canallesco Popper escribiendo  La sociedad abierta y sus enemigos y demonizando a tipos como Platon, Hegel y Marx, y los siniestros Reagan y Thatcher llevando sus doctrinas hasta el máximo extremo: El Estado no es la solución sino precisamente el problema, y no se les cae la cara de vergüenza a ninguno de ellos, que todavía siguen ahí, los jodidos, los canallescos, lo puñeteros, Merkel, Lagarde y toda esa jodida patrulla que los corifea, cuando tienen que recurrir urgente y plenamente a ese demonizado Estado para que les resuelva los problemas que ellos con sus insensatas políticas liberal capitalistas han desatado como un tsunami gigantesco que amenaza con barrerlo todo.

 Y plenos de cinismo y descaro no sólo no se avergüenzan sino que gritan a los 4 vientos que son ellos los que nos han llevado adonde estamos los que tienen precisamente la solución, y no sólo eso sino que persisten en su loca idea de imponérnosla.

Foucault y el poder (II)

El otro día concluía yo mi post diciendo más de lo que quería pero menos de lo absolutamente necesario. Y Patrick Bateman, con un conciso comentario, exponía, daba nombres a los que detentaban el poder que trajo a España, desde Canarias a aquel terrible carnicero que nos martirizó durante 40 años, Juan March, el contabandista balear y sus hijos, los March, pero ¿eran éstos los auténticos constituyentes del poder entonces, lo son ahora, dado que indiscutiblemente son ellos los que se hallan detrás del asqueroso Florentino?

Si así fuera, si nuestro buen Patrick tuviera razón, fallaría aquella máxima principal de Foucault de que el auténtico poder nadie sabe quién es ni dónde está. O sea que, detrás de los March, tenía que haber entonces, tiene que haber hoy alguien más, sí, pero ¿quién?

No lo sé, no lo sabe nadie, no lo sabremos nunca si se cumple el axioma foucaultiano. Juan March y Franco, entonces, los March, ahora, y Florentino, no son más que epígonos de ese auténtico poder que siempre permanecerá en la sombra, como tampoco sabemos quién está detrás de Obama, que no fue quien financió su campña electoral,ni quien sostiene son su poderoso esfuerzo a la Merkel.

 Precisamente el papel, la función, de los epígonos es ésa.

 Yo, que tengo muchísimo más valor que el famoso Guerra, el torero, me atrevo a intentar concretar un poco la cuestión, en última instancia, ese poder que podríamos denominar primario, frente a todos esos otros que no son sino secundarios, no es otro que el famoso Capital que tan bien denunciara el maestro de todos nosotros, Marx, y estaría constituido por ese inmenso acervo de riqueza que se acumula en las manos de los poderosos si bien éstos sólo son sus canallescos detentadores circunstanciales, que aparecen y desaparecen en el panorama de la riqueza universal como falsos guadianas, según conviene a sus criminales estrategias.

 Entonces, ¿el poder sería la Reserva Federal de los Usa, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, los Bancos Nacionales de los distintos Estados?, no y sí, ellos forman parte indisoluble de lo que se articula como el poder financiero del mundo, pero de ningún modo son ese poder supremo que se halla ignoto pero efectivo por encima de ellos.

 De modo que Bernanke no es el PODER, como tampoco lo es Draghi, ni la Lagarde, a ellos los han puesto ahí para que den la cara, pero ellos no son, ni mucho menos, el poder, recuérdese lo que le acaba de suceder a Dominique Strauss Kahm, que se creía el ombligo del mundo  porque lo habían puesto al frente del Fondo Monetario Internacional, y, apenas se declaró partidario de un función socializante del mismo, duró  apenas un instante y fue sacado de allí con deshonra y oprobio.

 No se sabe, no, no se sabe dónde está, dónde reside el verdadero poder porque, si se supiera, es posible que entonces perdiera ésa su auténtica naturaleza de poder supremo ya que sería asequible como lo ha sido este pequeño homúnculo que es o ha sido DSK.

 Pero los epígonos sí que se tiene que saber quiénes son porque es a través de ellos como actúa el poder. Y los March podrían ser en España uno de esos epígonos que, a su vez, delegan la epigonía en otros autores de 2ª clase: Florentino.

 Un March trajo a Franco y éste asoló íntegramente al país ni más ni menos que durante 40 interminables años. De modo que los jodidos March estaban lógicamente obligados a promover su reconstrucción, pero ellos no podían enfangarse directamente en esta detestable tarea, en la que había que mancharse las manos a fondo y encontraron a un ingeniero de caminos que parecía dispuesto a todo. Y que ávido de riqueza se puso a la tarea con el mayor de los empeños.

 ACS fue el instrumento originario, hoy, fijense ustedes bien, no hay en España una sola empresa que no se halle en manos de los March y de su jodido epígono. Y,acaparada toda la estructura empresarial española, ACS ha comenzado la conquista del mundo, comenzando por Hoftiech, la mayor empesa de construcción alemana, o sea la empresa constructora madre de todas la construcción alemana, la locomotora no ya de Europa sino del mundo.

 Pero el dominio de un país, España, y del mundo necesita un banderín de enganche, una empresa histórica que parezca que sólo pretende hazañas deportivas esencialmente altruistas, por ejemplo, un equipo de fútbol.

 ¿Quién se atrevería a decir que un equipo de fútbol es esencialmente  el más perfecto de los instrumentos de opresión?

 Ayer uno de esos 6 millones de parados decía en un diario deportivo que menos mal que cuando llegaba a su casa, ésa de la que están a punto de desahuciarle por falta de pago, y se ponía delante del televisor y veía ganar a España su partido de la Eurocopa, se sentía plenamente reconfortado.

 Esto se llama alienación que representa situar a un individuo fuera de su propio contexto, fuera de su propia vida, haciéndole perder la noción de las cosas, de tal manera que ya no pueda pensar con asidero en la puñetera realidad, por lo que es capaz y para eso le han trabajado convenientemente el cerebro, de olvidarse de los culpables de su terrible situación, y acudir en masa a las urnas para elegirlos como sus gobernantes de modo que ahonden aún más en el abismo en el que ahora mismo se encuentra.

 Bueno, como ya hemos alcanzado los 3 folios, nos detenemos, pero, si Dios quiere, continuaremos mañana.


El factor humano


Dedicado a Fernando Mora.
 El problema de Marx es que era demasiado filósofo, demasiado economista, le faltaba el factor artístico, el jodido factor humano, el de la maravillosa novela de Graham Greene.

 Tú puedes tener el mejor escalpelo del mejor de los cirujanos y abrir y cortar hasta llegar al fondo mismo de la puñetera materia, sí, pero ¿y  el jodido espíritu?

 Ah, ya, no me acordaba, que el jodido espíritu ni siquiera existe, pues va a ser que sí, que sí que existe esa inconsútil sustancia inmaterial que rige verdaderamente nuestra asquerosa vida, porque no es ya que tiren más 2 tetas que 2 carretas, es que, cuando las tetas se vuelven flácidas y ya no sirven para nada como tu jodido pene de mierda, queda algo allá, en el fondo de nuestros ojos que tira de nosotros mucho más irresistiblemente que nunca, sí, coño, y han dado en llamarlo amor.

 Yo no sé, ni quiero, saber cómo se llama, sólo sé que existe y que yo lo siento y que, por ello, todos los días de mi vida, 1º, lo sirvo a él porque ha sido, es y será lo más maravilloso que ha sucedido en mi vida, y, después, si puedo, atenderé lo que venga, por ejemplo, esto que tanto me gusta de pasarme un rato por aquí, a charlar con vosotros de todo lo divino y de lo humano.

 Y esto, coño, es lo que le falló a Marx, si no hubiera sido tan condenadamente materialista, si hubiera sido capaz de ver que en el ser humano hay algo más que puñetera economía, que puñetera materia, quizá ahora estaríamos hablando de otra cosa, en otras circunstancias y de otra manera.

 Porque ha sido el jodido espíritu el que se ha cargado a la omnipotente materia y de qué modo.

 Y aquí es donde entra con una fuerza no sólo incontenible sino absolutamente destructiva ese otro genio maniático, el Segismundo Freud de los sacrosantos cojones.
A lo mejor, si pudiera leerme, el tal Segismundo, daría saltos de indignación en su tumba porque él, seguramente, tampoco creía en el  jodido espíritu, como no lo hacen todos esos millones de discípulos/as que el muy cabrón tiene.

Para este grupo de selectisimos individuos/as lo que yo llamo “espíritu” no es más que el producto de una serie de reacciones químicas en mi puñetero cerebro, y una mierda, les digo yo.

Estoy de acuerdo en que mi puñetero cerebro no es más que una máquina y en que funciona por esas substancias químicas que hasta él llegan pero lo que no admito ni siquiera por un instante es que cuando termina la reacción química se acaba todo porque ahí están para demostrarlo esos puñeteros cerebros que se alojaron en las cabezas de Rilke y Miguel Hernández que, a lo peor, se pondrían los muy jodidos de parte de los antiespiritualistas, y que gracias a sus respectivos corazones lograron ir más allá, mucho más allá, joer, de la química y de la física hasta un espacio en el que no hay nada material ya que no sea más que el papel, la pluma y la tinta para escribir las 2 famosas elegías, la dedicada a Ramón Sijé y a Duino.

De modo que a Marx se le jodió el invento porque no tuvo en cuenta el jodido espíritu del canallesco animal humano que no tiene ni el más mínimo atisbo de solidaridad, de compasión, de modo que si trabaja colectivamente, siempre, siempre, siempre, actuará de manera que estafe a sus compañeros de trabajo, lo que hace que el jodido comunismo, por las buenas, sea realmente imposible.

 De modo que el jodido comunismo no tiene más remedio, para funcionar, que utilizar la fuerza, Cuba y China, porque si al canallesco animal humano lo dejas elegir preferirá la ruina y el hambre antes que la solidaridad y la compasión porque a este asqueroso bicho Dios o la naturaleza lo han hecho así. Que lo jodan.