Castrados

 Iba a escribir, si seré ingenuo, el nazismo que viene pero, coño, si está aquí, si nunca se ha ido, si nunca se irá porque para ello necesitaríamos todos los españoles unos atributos que no tenemos.
 El Valle de los Caídos se construyó con el trabajo forzado de muchos de los prisioneros del franquismo, ahora, el nazifascista éste de Rajoy, el supremo defensor de la desigualdad, “los sueldos de jefe del PP y del Gobierno y la mitad de los honorarios del Registro de la Propiedad de Santapola, para mí, por ser yo quien soy, hijo de mi padre, presidente de la Audiencia de Pontevedra, y de mi madre que por algo se llamaba Brey, por haber tenido el dinero y el tiempo suficiente para estudiar Derecho y hacer una oposición, gracias al imperio precisamente de la desigualdad”, y la miseria de los 400 euros provisionales del paro para todos vosotros, jodidos envidiosos, que no otra cosa es el comunismo igualitario, joder, de modo que joderos, como decía la hija de mi amigo Fabra e iros a picar, digo apagar fuegos, o a la puñetera calle, a la mierda gandules, que eso es lo que, en realidad, sois todos vosotros, escoria de la humanidad.
 Éste es el pensamiento real del supermultimillonario Rajoy y los suyos y esta condena a trabajos forzados como apagafuegos de todos los parados mientras el ministro del ramo se escaquea, no es sino la forzosa consecuencia, la inevitable consecuencia de tal pensamiento nazifascista.
 Que su Dios y el de su ilustre paisano, Rouco, nos coja confesados porque acabarán poniendo a los parados a limpiar las calles, e incluso el culo de todos ellos, cuando vayan al wáter, pero, como decía antes: esto se debe a que nos han privado ya, totalmente, de todos nuestros atributos.
 ¿Cuántos afiliados tiene el SAT? ¿Son éstos los únicos sensatos que hay en España? ¿O son los únicos que tienen realmente sus atributos bien puestos?
 Estos interrogantes son absolutamente decisivos para que pueda resolverse adecuadamente el problema esencial de nuestro país: un reparto de la renta nacional más justo.
 Si los únicos tíos que en este país tienen los atributos suficientes para echarse a la calle en busca de una adecuada justicia social son éstos del SAT, apaga y vámonos de una puñetera vez porque no hay nada que hacer.
 Pero es triste, muy triste comprobar que los que planearon la castración colectiva de 24 millones de varones españoles lo hicieron todo tan bien. 
 Porque no es sólo la descoordinación lo que nos mantiene inactivos ni siquiera tampoco la falta de una efectiva solidaridad que supere el ámbito meramente familiar sino la ausencia total del coraje suficiente para decir “basta” en cualquiera de  los ámbitos en los que estemos insertados.
 Como decía hace muy poco un egregio comentarista, es la falta de huevos, es triste, muy triste reconocerlo pero entra la Iglesia, las escuelas y las universidades del régimen nos han castrado a todos pero bien.