Manolo Preciado, "in memoriam"


“Un soneto me manda hacer Violante,
y en mi vida me he visto en tal aprieto,
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante….”.

Hoy, una de las personas que más estimo en esta arrastrada y puñetera vida que llevo me ha pedido que escriba algo en la muerte de Manolo Preciado.

Joan Martí es una de los pocos tíos con los que me identifico plenamente, si quieren, lo digo de otra manera: no encuentro nada que nos oponga en la vida, ni siquiera nuestra diferente opinión sobre la peripecia vital de Garzón, él es un jurista activo, muy activo y yo sólo soy un puñetero viejo que ya está a punto de comenzar a criar malvas.

No sé cómo el jodido tío éste del Joan Martí ha conseguido saber que, para mí, Manolo Preciado era un héroe mucho mayor que todos esos de que hace tan poco tiempo hablábamos, el William Munny, de Sin perdón,  y el jodido antagonista del Blade Runner, ése maravilloso antihéroe que, al final, salva la vida del hombre que había hecho objeto de su vida matarlo a él.

Manolo Preciado era un héroe mucho mayor que ellos porque su peripecia vital transcurrió, ha transcurrido íntegra en ese otro mundo cinematográfico mucho más real y tangible que el de aquellos otros héroes, en el difícil mundo de Ladrón de bicicletas, en el que el hecho de que a uno le roben la bicicleta es mucho más duro aún que este cúmulo de tragedias, y heroicidades, de la propia Odisea.

Manolo Preciado era un modestísimo entrenador de fútbol que, como Mourinho le anunció a Pelegrini, a lo máximo que podía aspirar sería, en el colmo de su posible fortuna, a entrenar al Villareal, equipo precisamente en el que hace poco trabajaba el hoy entrenador del Málaga. Nunca hubiera podido, como su cruelísimo antagonista Molurinho, entrenar al Real Madrid, RM, al que ahora entrena éste, ni siquiera al Barça, cuya dirección técnica le arrebató al portugués en el último minuto el inefable Guardiola.

Muy modesto, sí, pero todavía mucho más honrado. Un hombre honrado, hoy, es tan “rara avis”, que se puede afirmar sin temor a error, que verdaderamente no existe, porque un 
hombre así, hoy día, no puede sobrevivir en un mundo como éste.

Y estamos entrando ya en materia. Manolo Preciado ha muerto como mueren los héroes de hoy, de un infarto, que no es, como todo el mundo supone una enfermedad coronaria, o sea, física, sino precisamente todo lo contrario, una enfermedad moral.

Manolo Preciado ha muerto de su propia mortalidad. Si él hubiera sido como precisamente es uno de sus virtuales asesinos no habría muerto, ahora precisamente que estaba casi llegando a un casi grande, realmente no hubiera muerto nunca porque los canallas asesinos no mueren nunca realmente.

Pero él era un tipo humano, demasiado humano, por eso ha muerto a los 54 años, cuando su corazón no ha podido soportar el último ataque de alegría que, a veces, es mucho más mortal que la tristeza, aunque ha sido esa larga carrera de desgracias que ha sufrido en los últimos tiempos la que ha preparado tan eficazmente un desenlace que seguramente el Gabo hubiera podido anunciar también de haber conocido plenamente su andadura.

Todas las desventuras matan un poco, pero lo hacen mucho más los ataques alevosos a un hombre que no ha tenido nunca otra cosa que su acrisolada honradez, por eso le hirió mortalmente cuando un cínico guerrero de las más sucias batallas predicó de él lo que él, el sucio marrullero estaba precisamente haciendo, adulterando una competición con el único propósito de acabar ganándola, el mercenario de los banquillo acusó a este homrado trabjador del fútbol de estar adulterando la liga alineando frente al Barcça un equipo de reservas.

Ésta no era sino una parte infinitesimal de un plan amplísimo, ya plenamente ensayado en otros países, que comprendía la actividad tendiente a que todos aquellos estamentos que de una u otra forma intervienen en la actividad futbolística se aterrorizaran de tal modo que no dudaran ni por un instante de hacer todo lo necesario para que los intereses del Real  Madrid se vieran favorecidos siempre y  que sólo ha fracasado precisamente con  Preciado.

 Un hombre honrado,si en realidad lo es,notiene no puede tener más patrimonio que precisamente ése de su honradez. Y un hombre tan pobre tiene que defender con uñas y dientes,a bocado limpio,si es preciso, lo único que posee si quiere realmente evitar ésa que Camus decía que era la unica salidadigna para un hombre, el suicidio.

Pero ni defendiéndose de esa desesperada manera Preciado ha conseguido evitar ese suicidio involuntario que ha supuesto su muerte.

Preciado dijo de su agresor lo que era realmente, un auténtico canalla.

Pero detrás de él, del agresor, se alineaban todas las fuerza vivas de estepaís que, como todo el mundo sabe, son fuerzas de muerte. Sus amigos se apresuraron a demostrarle su error, un error tan grave que más temprano que tarde acabaría por matarle, como así ha sido.

Es la misma conspiración urdida por toda esa prensa metropolitana tan canallesca o más con la que el nefasto taumaturgo  ha conseguido poner a todo un pueblo, una nación de rodillas, aprovechando una de nuestras más famosas virtudes, la envidia.

El Barça, un equipo de la odiada periferia, un jodido equipo de extranjeros, que a veces se cubre con una extraña bandera que llaman la senyera, por uno de esos increíbles golpes de la suerte había conseguido pergeñar un equipo que parecía imbatible porque a la inclusión en él de 8 o 9 de los mejores jugadores del mundo, había unido la presencia de un entrenador que había sabido interpretar la esencia de su juego, un juego tan espléndido que había conseguido enamorar a todo el mundo.

Hay diversas teorías sobre cuál es el auténtico motor del mundo.

Yo me uno decididamente a los que piensan que es el odio, el jodido odio, el canallesco odio, no el amor al dinero propio, sino el odio al dinero ajeno, no el amor al puñetero poder sino el esencial aborrecimiento al poder ajeno, no el amor al propio juego, a la propia capacidad de hacer el fútbol en el que realmente hemos creído toda nuestra puñetera y asquerosa vida, sino ese odio inconmensurable, obsesivo, implacable, invasivo, que lo llena y lo posee todo, a esa especie de fútbol divino que parece inventado por el propio Dios y jugado por auténticos ángeles, un odio tan irresistible que ha transformado su propia vida en un infierno, un infierno que quema, que abrasa hasta lo más profundo de sus almas de modo que toda su conducta se polariza a ese intento frenético de apagar sus llamas.

Para ello, se habla con todos los directores de periódicos nacionales, deportivos y generalistas y se les hace ver sibilinamente que estamos en un estado de emergencia nacional: o frenamos a este Barça o el jodido Barça acabará con todos nosotros, dice el Ser Superior, no se trata ya de sólo fútbol, ojalá, se trata de que la idea superdemocrática que el equipo catalán representa no prenda en toda la realidad española, y la gente, la estúpida gente comience a pensar que otro mundo, noble, leal, en el que las cosas sean todas como deben der ser, es posible, eso, dice el capo, sería el puñetero fin de todos nosotros.

La situación e incluso los protagonistas son los mismos de cuando el llamado sindicato del crimen se unió para evitar la reelección de Felipe González, este asqueroso pueblo nuestro no tolera una democraacia real porque lleva siglos y siglos asimilando eso que llamamos tiranía de modo que no podemos soportar el menor atisbo de libertad, de ahí eso de “vivan las caenas”.

De modo que Preciado, con motivos más que sobrados, se asustó e hizo como que se arrepentía de haber gritado a los 4 vientos cosas que entidades de mucho peso como el propio Barça apenas si se atreven a susurrar: vivimos en una inmensa conspiración antipopular, antidemocrática, que pretende ahogar como sea, cueste lo que cueste, ese intento de pequeñísima libertad que supone que un equipo de fútbol distinto al Madrid le gane a este los trofeos nacionales, de modo que Relaño Goebbels y todos esos otros Dulles del canallesco mundo se han unido para convencer a todos los españoles, fuera de aquí no convencen absolutamente a nadie, de dos infamias rutilantes que la Federeación de Fútbol protege al Barça y que los árbitros le favorecen.

Y esta ingente conspiración canallesca es, entre otras muchas cosas, la que se ha llevado por delante a este hombre honrado que en este país de canallescos miserables se atrevió un día a defenderse llamando por su nombre de auténticos canallas a los que le acusaron falsamente de vender su honradez profesional.

Descanse en paz, uno de los pocos hombres honrados que no ha podido sobrevivir, su corazón no se lo h a permitido, a esta ingente montaña de canlladas que nos aplastan todos los días.