La prensa canallesca

 Si aceptamos como válida mi definición de la izquierda: la búsqueda siempre a fondo de la verdad y la defensa a muerte de la justicia, no cabe la menor duda de que Pedro J. Ramírez es todo lo contrario, y todo lo contrario es no la derecha sino la ultraderecha.
Y el test paradigmático es su actitud ante el atentado terrorista del 11M.
Desde el mismo momento de su producción, y yendo más allá incluso que Aznar y Acebes, su diario mantuvo con una ferocidad inaudita que los autores del atentado eran los de Eta y no sirvió de nada el cúmulo de pruebas que de un día para otro se amontonaron sobre su propia mesa, todo lo contrario inició, una tarea de falsificación de todas ellas, no importándole en absoluto los terribles efectos que sus mentiras provocaban en sus lectores.
 Acabo de leer comentarios laudatorios de este hombre porque dicen que era un buen periodista, es más, ¡afirman que podría haber sido el mejor periodista de España!
 Pero ¿qué concepto del periodismo tienen esta gente?
 La principal, si no única, misión del periodista es informar, lo de crear  opinión es cosa de los demás y en el momento que un periodista adoctrina a sus lectores los está traicionando a fondo, no digamos si lo que hace es adoctrinar a la gente falseando los hechos, entonces, coño, ¿dónde está la excelente calidad del periodismo que estos panegiristas le otorgan?
 Otra cosa es la enorme influencia que este nuevo De Maistre, al que Cioran puso como ejemplo del pensamiento reaccionario, ha obtenido porque supo muy bien hacer de su diario el mejor de los medios de difusión de una infame propaganda política.
 El mundo periodístico hoy está dividido entre una pequeña, ínfima parte que ejerce su profesión con honestidad, sacrificando incluso su posibilidad de lucimiento, a la honradez profesional, sirviendo incluso heroicamente a la verdad, y otra inmensa que se ha prostituido evidentemente dejándose sobornar por el becerro de oro.
 Y es que, como nos enseñó magistralmente Marx, todo es puñetera, jodida, asquerosa economía. Y este degradado animal que es el hombre se ha dicho “si se trata de producir, entendiendo esta palabra como el hecho de confeccionar bienes para el consumo de la gente, ‘si lo quiere el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto’”. 
Pero yo estoy con el inefable Kapuscinski que afirmaba que lo primero que debe de ser un periodista es una buena persona, cosa que han dejado de ser la inmensa mayoría de los periodistas de hoy, algo que vio con inmensa clarividencia Julien Benda cuando hace ya tanto tiempo escribió La traición de los intelectuales.
Es por eso por lo que ahora las cosas nos van tan mal, porque el que yo no me canso de llamar primer poder está traicionado a fondo su función y se dedica a embrutecer y a engañar a las masas de mala manera.