Contestando a mi amigo Antoni Torres:

De vez en cuando, muy de vez en cuando, casi nunca, recibo un comentario como el que transcribo a continuación. Y lo hago, porque en él, se da cumplida respuesta a varios de los interrogantes que me he planteado algunas veces.
Tengo instalados 3 o 4 contadores de visitas y por ellos compruebo que casi nunca bajan de 100 mis visitantes y, como vdes. saben son  muy pocos los comentaristas.
Alguna vez, he expuesto ya por aquí, mi idea de por qué sucede esto.
Y lo que dice literalmente mi amable comentarista de hoy lo corrobora. Mi trabajo diario es un considerable esfuerzo, por la ingente cantidad de energía que consume, por la escrupulosa exactitud que trato de imprimirle, por las horas de estudio que dedico a su preparación. Trato de que el texto no supere los 2 folios, pero pocas veces lo consigo porque mi método es analítico, no descriptivo. En realidad, lo planteo como una especie de demostración matemática, todo lo exigente que yo puedo conseguir.
Entonces, no es fácil penetrar en ese mundo de un razonamiento silogístico puro, porque un discurso así agota realmente la materia, si uno escribe 2+2=4, ¿qué más se puede decir? 
Nuestro buen amigo, porque lo es de verdad, ya que piensa exactamente igual que nosotros, el 99’99 % según él, nos lo dice casi literalmente: “Hace meses que le leo e incluso diría que espero con verdadera ansiedad sus puntuales post, he de decirle que coincido en lo que usted dice en un 99,99 % de lo que dice, quizás por esta razón hasta hoy ni siquiera he tenido necesidad de comentar o debatir alguno de ellos. Mas bien los uso para mejorar mi argumentación en los inevitables debates a que me veo sometido por no aceptar este canalla y miserable, como diría usted, pais en que nací”.
Pero mi post de hoy sobre Guardiola le ha hecho romper su aquiescente silencio. Él, como Guardiola, no se ha sentido capaz de aguantar más este terrible ambiente que nos rodea y ha aprovechado su matrimonio con una colombiana, para emigrar a allí e intentar rehacer su vida, lo que no parece fácil, pero sí que ese intento va a producirse en unas mejores condiciones ambientales desde el punto de vista político.
No quisiera parecer ventajista porque creo que no lo soy. Pero les diría a mis entrañables Futbolín y Joan Martí que este hombre, nuestro Antoni Torres, es un paradigma de uno de los términos de una correcta relación marxista, puesto que se siente portador de una mala conciencia, piensa, y dice, y ha sido mi texto el que le ha hecho sentirse aludido, que él se ha portado tan cobardemente como Guardiola por haberse ido de aquí, en donde se libra la batalla sobre el destino de todos los españoles.
Y es verdad absolutamente. Hace ya algún tiempo, Arturo González, con el que tengo tan poco en común que no le leo, se despidió de su actual blog en Público por, dijo, desavenencias con sus comentaristas y porque se aburría con ellos. Yo le escribí una carta abierta diciéndole que no me parecía de recibo una actitud así en un tío que se declaraba de izquierdas porque lo que hacía era realmente una deserción en medio de la batalla. Un tío de izquierdas tiene que luchar hasta el último aliento por aquello en lo que cree y, si no lo hace, es simplemente porque no es de izquierdas.
No voy a ser tan presuntuoso para pensar que el tal Arturo no lo dejó por mi carta. Pero a todos a quienes me dirigí en el mismo sentido, siendo todos ellos esencialmente diferentes entre sí, no menciono sus datos por si les molesta, no se fueron de aquí, del debate abierto en internet, sino que continuaron aquí, dando el callo, con mayor o menor  efectividad, con mayor o menor audiencia, es igual, porque la obligación se cumple viniendo por aquí, a escribir, a debatir, todos los días, se tenga o no eco.
Lo que no se pude hacer es marcharse a Nueva York o a Colombia. Si se puede materialmente, si la situación familiar no se ha hecho absolutamente insostenible, uno debe de seguir aquí, luchando con uñas y dientes porque todo aquello en lo que uno cree y por lo que tanto lucharon aquellos que nos precedieron hasta la sangre y la propia muerte, no se hunda por falta de defensores.
Así es, al menos, como yo lo veo. Y lo digo con sinceridad y sin el menor atisbo de reproche porque cada uno de nosotros sólo debe de hacer aquello que su propia consciencia le dicte.
Pero considero una obligación esencial mía exponer mi pensamiento al respecto, sin que ello suponga ninguna clase de descalificación a los que no comulguen con mis ideas.

Guardiola

 Los hombres se miden por la cantidad de soledad que pueden soportar, ¿Goethe?.

 Un barcelonista se mide por la cantidad de miedo que puede soportar.

 Llevo años, por aquí, escribiendo que la lucha entre la izquierda y la derecha es una lucha por sobrevivir o sea que es una puñetera lucha a muerte.

 Y una lucha de estas características es realmente insuperable, es una lucha integral, sin ninguna clase de cuartel. Iba a escribir que es una lucha sobrehumana pero es mucho más ún, es una lucha deontológica, moral, ética.

 Una vez que el hombre nace, que le meten aquí, que lo arrojan a aquí, han dicho otros, no tiene otra misión que la de justificarse, otros lo llaman hacerse a sí mismo. Y esta función, de la que muy pocos llegan a ser conscientes, es la que los empuja a encontrar formas de justificación espurias, falsas, que le traicionan a él mismo, una de ellas que resulta bastante representativa es el fútbol.

 Realizarse, justificarse a sí mismo es una heroicidad porque, en un mundo tan materializado como éste en el que vivimos, tratar siquiera de asimilar nuestra propia vida, nuestra existencia es una tarea de titanes porque tienes que luchar absolutamente contra todo, principalmente contra ti mismo.

 Pero es posible, absolutamente, y no sólo porque nos lo dijera el que seguramente sea el mejor poeta de todos los tiempos: toda vida es vivida, toda existencia tiene su secreto, sino porque si uno es realmente sincero y sabe mirarse a sí mismo hasta lo más profundo, encuentra allí una tarea verdaderamente titánica cuyo cumplimiento justificaría realmente su vida.

 Pero muy pocos lo hacemos, casi ninguno, sólo en muy contadas excepciones, el hombre se mira por dentro y averigua realmente lo que quiere ser y tiene, además, los arrestos suficientes para intentarlo.

 Ya lo he dicho, es una tarea titánica, casi imposible que seguramente la inmensa mayoría de las veces resulte totalmente irrealizable pero que si la intentamos con todas nuestras fuerzas nos justificará.

 Y todo este jodido exordio a propósito de Guardiola, en adelante G.

 Guardiola es el hombre de moda, para algunos, muchos, el mejor entrenador de la historia, el tipo que ha sido capaz de transformar un deporte con más de cien años de existencia, convirtiéndolo realmente en un deporte nuevo, en el que la fuerza bruta, el gigantismo, las facultades físicas sólo son necesarias hasta cierto punto, en el que, como en toda actividad humana, lo verdaderamente decisivo es la cabeza, la mente. 

 Pero Guardiola es mucho más que esto aún. Para las mujeres, por ejemplo, es el hombre perfecto, aquel con el que la mayoría de ellas pasarían una noche loca,  lo que ha dado al traste decisivamente con esa leyenda urbana de sus más encarnizados y malévolos enemigos que lo hacían homosexual. Para los catalanes es un auténtico dios porque ha conseguido que lo único que ellos consideran realmente representativo, el Barça, se haya convertido taumatúrgicamente no ya tan sólo en el mejor del mundo sino también de la historia. Al fin, el mundo catalán, tan amante de su cultura, de su idiosincrasia, de su historia, de su exclusiva personalidad, ha conseguido imponer universalmente algo que lo justifica históricamente: ser el mejor en algo.

 Pero los mitos son sólo eso, ejemplo arquetípicos absolutamente ideales, que, si se contemplan lo suficientemente cercanos, descubrimos que sólo están hechos con nuestro mismo y puñetero barro, sí, coño, sí, me llamo barro, aunque miguel me llame, barro es 
mi profesión y mi destino que mancha con su lengua cuanto lame.

 Otra vez, un poeta, he dicho muchas veces que no creo en los sabios, ni en los científicos, ni en los sacerdotes, ni en los médicos ni mucho menos en los jueces, que sólo creo en los poetas, porque ellos razonan con el jodido corazón, mi corazón, carnivoro cuchillo, como siempre, estoy citando de memoria, por lo que, seguramente, yerro totalmente en las citas, pero sólo hacia afuera, no en mi interior, quiero decir que cito no lo que dijo el puñetero poeta sino lo que yo leí y entendí que, para mí, es realmente lo que importa.

 Pero se trataba de Guardiola. Es duro escribir contra un dios porque te expones a que te odien para siempre precisamente aquellos cuya religión compartes. Futbolísticamente hablando, para mí, Guardiola no es ni más ni menos que Dios, lo que sucede es que, para mí, los dioses no son algo absoluto sino esencialmente relativo, quiero decir que G es, como he dicho, mi dios futbolístico pero, al propio, tiempo es un hombre con todas sus miserias que no son mayores, por cierto, que las mías.

 Lo he dicho ya una vez, por lo menos, y he concitado las iras de 2 de mis mejores amigos, Futbolín y Joan Martí, 2 tipos con los que no sólo coincido la mayor parte de las veces sino que, además, quiero, con quien tanto quiero, escribe, otra vez el condenado y sublime poeta.

 Para mí, Guardiola hubiera sido definitivamente Dios si no hubiera sido esencialmente cobarde. Vayamos al DRAL: “cobardía.(De cobarde).1. f. Falta de ánimo y valor”.

Coño, casi me dan tentaciones de acabar aquí, aunque sea tan abruptamente este post. “Falta de ánimo y valor”. Punto, coño, ya está, esto es lo que ha hecho Guardiola y no ahora, que se va, que ya se ha ido, sino todo ese tiempo que ha estado, sin estar realmente, con todos nosotros.

 Le ha faltado el ánimo, el espíritu, el impulso, para luchar íntegramente, a fondo, hasta el último límite, por su Barça, por nuestro Barça.

 Si algo no es G. es tonto. Tiene una inteligencia poco común, absolutamente extraordinaria. Sabe muy bien de qué va todo. Sabe, pues, que la lucha con el Real Madrid, RM, es a muerte, integral. Una lucha por la propia supervivencia. De tal manera que la presencia, la sola presencia de uno de los 2, Barça o RM, excluye para siempre al otro.

 Pero, G es lo que en mi puñetera tierra, en mi jodido pueblo llaman un flojo, le faltan auténticos cojones, para decirlo bien y pronto.

G, según uno de los tíos que más presume de conocerlo, el inefable Evarist Murtra, no haría nunca nada que perjudicara al Barça. Veamos.

 El RM ha declarado una guerra a muerte al Barça, sí, lo he escrito muy bien: guerra a muerte. No es una manera de hablar, o mejor, de escribir, trata de ser la mejor expresión de la realidad. El RM ha iniciado con el mayor de los éxitos una lucha que tiene como objetivo final la destrucción, la desaparición total del Barça y no se toma la menor molestia para disimularlo:

 A) ha montado un gabinete teórico dirigido a justificar esta táctica que, siguiendo la doctrina de Goebbels, lo 1º que ha hecho es adjudicarle a su enemigo las que son sus propias intenciones;

 B) pero han hecho más, mucho más: sabiendo como saben que en un campo de fútbol dominado exhaustivamente por los árbitros es absolutamente imposible que gane o pierda un partido quien ellos no quieran, planearon y ejecutaron con todo el cinismo del mundo una ferocísima campaña de amedrentamiento de dicho colectivo, situándolo de tal modo bajo su mortífero juego que sus componentes, que no son héroes ni mucho menos, han tenido que plegarse incondicionalmente a sus exigencias.

 Así las cosas, G que, como ya hemos dicho, es extraordinariamente inteligente, ha comprendido que el ciclo de victorias del B ha concluido  irremisiblemente, incluso, superando su excesiva prudencia así lo ha insinuado al decir que este año han pasado muchas cosas raras, toleradas por su silencio, más o menos, el silencio de los borregos, el silencio de los cobardes, y se va, como se ha ido siempre, como siempre se irá, cuando las cosas pinten bastos realmente, porque sabe que ni él ni el B ni nadie le puede ganar la partida a los que son sus propios jueces, a los que tienen el poder exclusivo e inapelable de decir quién gana los encuentros.

La pregunta que yo formulo a todos los barcelonistas del mundo es:¿qué debemos hacer, irnos todos corriendo como acaba de hacer G?

Yo estoy aún más convencido que él de que la lucha contra el RM es una batalla tan perdida como la de todos los ciudadanos de bien contra esa horda interminable de gentuza fascista franquista que nos gobierna, pero ante ello ¿qué debemos de hacer, salir corriendo a los Usa, como antes lo hizo a Italia, para aprender inglés y el año que viene ir a entrenar a un país civilizado como Inglaterra, en el que no son posible cacicadas mafioso fascistas como aquí?

 G. ha presumido mucho de ser de izquierdas, yo aprovecho la ocasión para afirmar rotundamente que no lo es. Ser de izquierdas, lo repetiré otra vez, es buscar la verdad y dejarse los cojones e incluso la puñetera vida tratando de defenderla hasta conseguir que se imponga la puñetera justicia.

 Y G. sólo ha intentando ganar dónde era muy fácil, teniendo como tenia, todo el mundo lo dice, el mejor equipo del mundo, ahora, la superderecha fascista mafiosa y franquista ha hecho lo de siempre, ha creado las circunstancias necesarias para que el triunfo de la verdad y de la justicia, en el jodido fútbol, no vuelva a producirse.

 Y, entonces, ¿qué es lo que hace el faro, el norte, la brújula del barcelonismo, aquella persona a la que todos los catalanes y demás barcelonistas van a seguir?, salir huyendo por pies en lugar de quedarse aquí y dar la cara todos los días, como ha hecho el jodido canalla de Mourinho, hasta que ha coneguido el triundo de sus ideas e intereses: salir todos los días a la palestra de los diarios y proclamar su verdad punto por punto, si es preciso haciendo como el portugúés una lista pormenorizada de todos los “errores” voluntarios de los árbitros; pero eso no lo hace él porque es un tío muy fino, que mea colonia, un jodido aristócrata del comportamiento que nunca, nunca, nunca se ensuciará ni las manos ni la legua cantando las verdades del barquero.

 Cobarde, más que cobarde, y cobardes también todos esos tipos que le rodeaban aquiescentes, el Rosell de los cojones, que ahora ya sabemos todos que era o es socio de muchos de los negocios de Florentino y, sobre todo, esa prensa más que canallesca, absolutamente cobarde de Cataluña, que no sólo se está dejando avasallar por la madrileña sino que incluso acude presurosa a sus foros para justificar con su asquerosa presencia todo lo que allí se dice contra el Barça.

 Hatajo de jodidos cobardes, iros todos de una vez a la puñetera mierda.

Bielsa y Guardiola, el arte de ganar, o de perder, todos los partidos

De Quincey escribió su obra más famosa bajo el título “Del asesinato como una de las bellas artes”, yo no me he atrevido a tanto.

 El fútbol ha devenido en un deporte canallesco porque ha acabado premiando la sordidez, la canallería, sí, por qué no decirlo: el asesinato.

 Personalicemos, para explicarnos mejor, un poco la cuestión. Tomemos como sujetos de este brevísimo trabajo sobre el fútbol a 3 personajes paradigmáticos: Bielsa, Guardiola y Mourinho.

 Los 2 primeros juegan siempre al ataque, porque desean ardientemente, sobre todo, jugar, el 3º, juega siempre a defenderse porque quiere, sobre todo, por encima de cualquier otra cosa, ganar, aunque sea a costa de cometer un auténtico asesinato.

 Si uno quiere construir buen fútbol, es muy difícil, en realidad, es imposible. Si uno pretende destruir el fútbol, es demasiado fácil: se buscan  jugadores muy rápidos con facilidad para el gol, Drogbá y Cristiano, y se coloca el autobús del equipo delante de la propia portería y ya sólo es cuestión de tiempo que les llegue a los palomeros, a “los asesinos”, una oportunidad, que es seguro que la van a tener, para matar el partido. Pero esto no es, dígase lo que quiera, un lance del juego sino un auténtico asesinato.

 ¿Cómo se construye un equipo de fútbol, cómo se organiza una banda mafiosa?

 La diferencia entre el bien y el mal, entre el cielo y el infierno no radica sólo en la intención sino también en el método.

 Los equipos de fútbol se construyen para ganar pero se diferencian no sólo por su constitución material sino, sobre todo, por sus métodos.

 El Atletic Club de Bilbao se fundó con la intención de ganar pero sobre todo con la de hacerlo sólo con gente de la tierra. Una tierra en sentido amplio que comprende casi todo el norte de la piel de toro. Se dice que esta idea corresponde a una filosofía: si uno se va a enorgullecer del equipo que lleva el nombre de su tierra, éste debe de ser realmente constituido por gente de su tierra, si no iríamos a lo que el director de La Codorniz renombró con su inteligencia característica: el Madrid, que tanto enorgullece a sus seguidores, no es más que un club antimadridista que bien pudiera llamarse “el Madrileñín club de forasteros”.

 Este club, el Bilbao, si el mundo fuera un sitio decente, sería el club más celebrado pero casi es absolutamente desconocido lo que habla muy bien de la inmoralidad radical del mundo de hoy.

 La gente, la gente humilde, la hermosa gente, ésa que pasa hambre todos los días, aunque ustedes no lo crean, es seguidora del Real Madrid, RM, como se le cae la baba con Belén Esteban, porque Orwell ya está pasado de moda.

 No sé muy bien quién coño dijo eso, si es que lo ha dicho alguien y no es que yo me lo imagino, de que todo es luz. Todo no es más que puñetero dinero y esto sí que sé muy bien quien lo dijo, mi admirado don Carlos, Marx, él, que era muy científico, lo llamo capital y lo tradujo diciendo que todo no era sino puñetera economía.

 El caso es que fútbol que en un principio no eran sino 22 tíos, en calzoncillos, corriendo todos como locos detrás de una jodida pelota, ahora, es uno de los mayores negocios del mundo y se ha echado, como es lógico, irremisiblemente a perder.

 Porque Roman Abramovich, Florentino y los jeques árabes han llegado hasta él. Ahora el fútbol no es un deporte, ni siquiera un juego, se ha convertido en el arte del asesinato y lo dominan absolutamente las mafias.

 Creo que todo el mundo, gracias al cine, sabe lo que es una mafia, pero si no lo recuerda, yo se lo explico otra vez. Una mafia es una organización criminal que tiene por objeto hacerse dueña total de una actividad comercial. Y el fútbol, desgraciadamente ha devenido en eso, en una actividad comercial en la que triunfan aquellos que se organizan mafiosamente.

 Así, los mejores clubes del mundo han devenido, todos, en organizaciones criminales absolutamente mafiosas, pagando, para ello, el mayor de los precios: han perdido sus señas de identidad, ninguno de sus partidarios, hablo claro está de los grandes, puede enorgullecerse lógicamente de ser seguidor del club de su tierra, excepto, ya lo hemos dicho, el Bilbao, los otros como dijo el genial director de La Codorniz sólo son club de forasteros.

 Lo 1º que hace una mafia es contratar a los mejores asesinos del mundo, gente realmente implacable que además es perfecta en la ejecución de sus crímenes, porque se trata principalmente de obtener el éxito por encima de cualquier otra cosa.

 No es por casualidad que Abramovich, Florentino y Moratti, sean, en último extremo, absolutamente iguales. Ninguno de los 3 ha ganado el dinero de que disponen trabajando desde la madrugada a la medianoche. Pero los 3 han contratado siempre a los mejores futbolistas existentes en el mercado sea cual fuere su nacionalidad porque ninguno de ellos, aunque Florentino sí que lo diga, busca en modo alguno hacer patria, sólo quieren ganar.

Ganar, cuando se tiene el dinero por castigo, es fácil, demasiado fácil, resulta incluso aburrido porque no hay que inventar nada, está todo ahí, debidamente programado. Una vez que se han contratado, a precio de oro, a los mejores jugadores del mundo, sólo hay que encontrar un buen capataz y el mejor de todos ellos, indudablemente es un tal Mourinho.
Mou, como se le llama, es un capataz perfecto. Ha hecho un verdadero arte de su profesión: para empezar exige que se le fichen, si el club ya no los tiene, a los mejores jugadores del mundo y, después, pone en práctica una estrategia que le asegura los mejores resultados, comprar, sobornar, someter con cualquier medio a aquellos que tienen como función exclusiva decidir quién y cómo ganan los partidos.

Por supuesto que han habido diferencias entre los resultados de la presión sobre los árbitros en los 3 países en los que este expeditivo capataz ha actuado. No es lo mismo Italia que Inglaterra y mucho menos aún que España. España es, en todos los órdenes, un país de mafiosos, es la legítima herencia de un dictador al que no siguieron después en la administración del poder ninguna clase de libertarios.

Aquí no es que sea fácil ser mafioso, es que no tienes nada que hacer si no lo eres.

De modo que el capataz se hizo, convenientemente arropado por toda una prensa que es mafiosa por naturaleza, con el dominio absoluto de los jueces. Pero no se detuvo ahí, en su camino hacia el mayor de los triunfos posibles.

Efectivamente, tenía ya los mejores jugadores del mundo y a los árbitros absolutamente sometidos, en estas condiciones era casi seguro que iba a ganar todas las competiciones, al menos, las nacionales, pero tuvo la mala fortuna de tropezar con otro capataz que, por azares del destino, tenía bajo sus órdenes al que dicen los técnicos mundiales que es el mejor equipo de todos los tiempos.

 Pero Mou, por algo se le llama “the special one”, tiene infinidad de recursos, son realmente inagotables.

Dice la aporía de Aquiles y la tortuga que si el espacio y el tiempo son divisibles hasta el infinito, Aquiles no alcanzará nunca a la tortuga, y yo me atrevo a proponer otra aporía, Bolt no ganaría sus 100 metros lisos nunca si no fuera el mejor, si no ganara todas y cada una de sus zancadas.

O sea que Bielsa y Guardiola, ganan en realidad todos los partidos, si atendemos a todas y cada una de las jugadas, lo que ocurre es que, al final, pueden perder los partidos íntegros porque en el fútbol gana el que mete más goles no el que mejor juega, pero estos 2 capataces plantean sus encuentros para ganar todos y cada uno de los lances del juego o, por lo menos, la mayoría, por eso lo hacen  siempre al ataque, porque, para ellos, quien realmente gana es el que ha dominado el mayor tiempo del encuentro, como si el triunfo se computara a los puntos, como a veces sucede en el boxeo.

Ah, se me olvidaba, Bielsa  y Guardiola son esencialmente unos caballeros, tan educados son o están, que hacen como que piensan realmente que ganar partidos como sea es absolutamente lícito, aunque se consiga mediante un asesinato.

Karanka

El fascismo se basa en el odio, en un odio incoercible, irreprimible, que lo invade, que lo pudre todo y que no sólo impulsa a un máximo dirigente de publicaciones del Real Madrid a propugnar que se acuchille a los sindicalistas, y que se envíe a ese precoz aprendiz de artificiero que es el tal Froilán, el nieto del Rey, con una buena bomba a la sede de los sindicatos para que no quede de ellos ni siquiera el rastro, sino que induce a su portavoz, en este caso al infame Karanka, a comentar la caballerosa despedida de Guardiola diciendo textualmente que “ha habido liga, hay liga y habrá liga sin Guardiola”, al propio tiempo que toda la prensa mundial, sin excepción, y todo el mundo del fútbol, también sin ella, lo despedía con las mayores alabanzas que yo, que soy tan viejo, recuerdo.

 Y es que lo que no pueden tolerar estos recalcitrantes fascistas es que haya nadie que les supere en nada ni siquiera en educación y buenas maneras que, por cierto, es algo que ellos aborrecen, véase, si no, lo que le dijo Uli Hoeness, presidente del Bayern de Munich, a Jupp Heinkes, su entrenador: “Tenéis que ganarles a estos jodidos arrogantes porque nos han menospreciado en la comida de directivas”.

Y así lo hicieron.

 El problema es que el que se denomina a sí mismo, “the special one” se ha visto sobrepasado en todo por un aprendiz que sólo tiene en su curriculum, antes de hacerse cargo del primer equipo del Barça, haber entrenado SOLO UN AÑO, a un insignificante equipo de 3ª división, mientras que el Dios de dioses de todos los entrenadores del mundo, venía de entrenar y de ganar con todos ellos a los mejores equipos de Inglaterra y de Italia.

 ¿Cómo es posible, entonces, que este jodido advenedizo se haya atrevido no sólo a plantar cara al mejor entrenador del  mundo sino a ser declarado por todo el universo futbolístico no ya sólo el mejor entrenador sino un innovador radical del fútbol  a la altura de Rinus Michel, Helenio Herrera, Arrigo Sacchi, Fergurson, Bill Sandkly, “et altri”, sino incluso superándolos a todos ellos, ya que ha revolucionado no sólo la táctica sino también la estrategia para siempre, marcando su impronta en este popular deporte?

 Hay que asomarse un poco al alma de este repugnante personaje que es Mourinho para comprender el odio infinito que este acontecimiento futbolístico mundial le ha producido, que él, que degustaba la exquisitas mieles de ser considerado no ya sólo el número uno sino además especial, se vea desplazado para siempre de todas las portadas de los diarios deportivos para que se entronice en ellas  un tipo que no sólo lo barre para siempre de tal puesto sino que le da la lección de retirarse en la cúspide de la fama, desechando las insuperables ofertas de los mejores clubes del mundo y de las mejores selecciones nacionales.

 O sea que él, Mourinho, ha sido apeado para siempre de un trono que, en realidad, nunca le perteneció pero que  usurpaba alevosamente ya que él nunca fue otra cosa que un arrivista que utilizó para auparse donde estaba todas la malas artes del mundo, presionando, coaccionando, intrigando, calumniando a compañeros de profesión y a los árbitros, además de a todas las autoridades balompédicas, o sea que él, en realidad no fue, no es, no será sino un condenado ventajista y que, por contraposión, este jodido advenedizo de marras lo ha desenmascarado para siempre.

 O sea que el odio, por mucho, por insuperable que sea, está plenamente justificado porque, a partir de ahora, el “number one”, el “special”, ya no podrá volver a ser él, mientras ande por este mundo de los vivos un tipo que ha merecido en todas las publicaciones específicas larguísimos estudios y ensayos de los mejores especialistas que lo han situado en la cima de la pirámide.

 Es por eso que, ciego de rabia y despecho, ha enviado a su infame marioneta a decir eso de que antes de Guardiola, con Guardiola y sin Guardiola, la liga española de fútbol ha 
existido y seguirá haciéndolo, sólo que, decimos nosotros, fluyendo por la senda que este genio irrepetible del fútbol, Guardiola, ha marcado ya para siempre.

 Tiene que ser muy duro, insoportablemente duro, haber vendido tu alma al diablo millones de veces para ser el mejor y ver cómo llega de la nada, de un equipillo de 3ª división, una especie de jodido mequetrefe y te expulsa definitivamente del reino de los elegidos sin insultar a nadie, felicitando a todo el mundo, cuando pierde o gana, sonriendo sinceramente, sin una mala cara, sin un mal gesto, como deben de jugar, ganar y perder los que son por naturaleza unos caballeros. Tiene que ser insoportablemente duro. Tanto como para enviar a ese tío que yo creo que es todavía más ruin aún, el tal Karanka.