Para Urko

 Y el tío sigue riéndose, con el mayor de los desprecios, de todos nosotros.
 Respondiendo a mi querido contertulio Urko, al que, por cierto, creo que debo la ocasión de que lea uno de mis libros, que hoy me decía, en mis blogs, que no era que Público censurara políticamente mis comentarios sino que una especie de comisario automático los echaba fuera por mor de haber incluido en ellos alguna palabra malsonante.

 Yo comentaba su comentario dándole las gracias por sus explicaciones y asegurándole que iba a tenerlas en cuenta en lo sucesivo.

 Y así lo he hecho.

 Pero resulta que no era tal como nosotros pensábamos puesto que, siguiendo al pie de la letra, sus indicaciones he intentado colgar allí, en Público, un comentario en el que he cuidado muy mucho de que no apareciera una sola de las palabras malsonantes a que él, Urko, hacía plausible referencia, y nada, mi comentario, que inserto a continuación, me ha sido rechazado un montón de veces.

 De modo, Urko, que deben de haber otras normas distintas a las que tú apuntas que, seguramente, también rigen allí:

 Comentario que se cita:

 “Los que no pertenezcan o hayan pertenecido al mundo de la justicia no pueden alcanzar a comprender la importancia de lo que está ocurriendo.

 La organización judicial, después del madridismo, es, o era, el elemento más retrógrado de la sociedad española. Son siglos y siglos del conservadurismo más extremo, no hay más que pensar en lo que es y significa un juez, y esto, unido al corporativismo más fuerte que yo haya presenciado nunca, hacía de la jurisdicción española algo tan reaccionario que motivó su exaltación por el sumo pontífice del reaccionarismo, analizado magistralmente por Ciorán en su “Ensayo sobre el pensamiento reaccionario”, Joseph de Maistre, que decía algo más o menos así: “no hay nada en el mundo más recto que un juez español y si a ello unimos la figura del sacerdote católico, obtenemos una de las mejores y más nobles instituciones de la Historia, el Tribunal de la Inquisición”.

 Pues, bien, o es el paso demoledor del tiempo, capaz de acabar con todo, por muy permanente que parezca, o es la sangre joven que está aportando su impulso a nuestra judicatura, provenga de donde provenga, sea cual fuere su extracción, el caso es que se está produciendo lo impensable: que uno de los elementos más conservadores de cualquier sociedad, la judicatura, se está revolviendo contra  lo más reaccionario de la sociedad española que es precisamente lo que nos gobierna.

 Yo casi no me lo creo, que alguien como Gallardón, que pertenece profesionalmente a la carrera fiscal, esté intentando retrotraer a la judicatura al estado en el que se hallaba cuando su padre era abogado en Madrid, en pleno franquismo, bajo los auspicios de Fraga, su dios, y él, Alberto, sacó las oposiciones: lo jurisdiccional era un coto cerrado para una oligarquía impresentable que esquilmaba a todo el que tenía la desgracia de caer en sus garras, la famosa maldición del gitano: “pleitos tengas y los ganes”.

 A mí me subyuga la curiosidad: ¿quién va a ganar el pulso, el que presumía de ser el verso suelto en el PP y que ahora, cuando toca por fin el poder político general y se cree el probable sucesor de Rajoy si éste tiene que dejarlo, muestra su verdadero rostro, quizá el más conservador de todos, no olvidemos que este hombre convive todos los días con el único ministro de Franco que sigue vivo, su suegro?: