Freud versus Marx, Habermas versus Freud (II)

Jurgen Habermas
 Dicen los clásicos que el hombre no es sino un microcosmos, o sea, un mundo pequeño y a mí no me cabe la menor duda de que esto es cierto, de tal manera que todo lo que puede predicarse del hombre puede decirse también del mundo.

 El hombre enferma con tanta frecuencia que puede afirmarse que lo  que llamamos salud es un estado esencialmente transitorio, lo que ocurre es que nos hemos acostumbrado a esta situación de enfermedad de tal modo que ya nos parece natural. Y la peores enfermedades son las psíquicas porque, al afectar, a los órganos de conocimiento, nos hacen perder, a veces, totalmente, la posibilidad de alcanzar la realidad.

 Lo queramos admitir o no vivimos completamente alienados, es decir fuera de lo que realmente somos nosotros y esta situación ha adquirido hasta tal punto carta de naturaleza que dicha alienación nos parece ya nuestro estado natural. Pero no lo es. Y por eso vivimos completamente fuera del mundo real, creyendo que lo hacemos de la mejor manera posible por lo que la alienación se convierte en nuestro estado natural.

 Dicho de otro modo, no sólo estamos profundamente enfermos sino que creemos que la enfermedad es nuestro estado natural, o sea que no somos sino unos puñeteros psicópatas. Y lo que es peor, que lo somos todos, es una especie de enfermedad psíquica universal a la que hemos sido inducidos por todos estos condicionamientos sociopolíticos en los que nos vemos envueltos desde que nacemos.

Ya sé que todo esto, expuesto así, parece una locura pero no lo es.

Que yo estoy alienado, por lo menos para mí, es una evidencia puesto que:

 A) creo que todo este mundo que me rodea es natural, o sea, que no sólo es tal como yo lo veo sino que además no puede ser de otra manera, o sea que es natural, es decir que es como es debido que: a)yo sea deudor a una sociedad que se ha constituido de tal modo que yo se lo deba todo a ella y ella no me deba nada a mí, siendo así que debería de ser completamente al revés: puesto que yo no he hecho voluntariamente nada para merecer mi existencia y, sin embargo, existo, porque dos personas me engendraron, no se me puede hacer responsable a mí de algo que me fue absolutamente involuntario; de manera que yo no puedo ser deudor de nada sino precisamente acreedor de todo y es en esta absoluta inversión de responsabilidades en la que probablemente reside la clave de todo: me están obligando a vivir como deudor siendo como soy esencialmente acreedor, es por esto, precisamente, por lo que me considero absolutamente justificado para ser como soy: injusto, innoble, asquerosamente interesado, esencialmente cobarde, porque soy una víctima absolutamente inocente de este complot que es la sociedad en la que se me está obligando a vivir.

 B) esto, a nivel individual, porque, a nivel social, todavía es mucho peor; la sociedad es el más grande de los fraudes que puede concebirse; ya desde Aristóteles, se comenzó a engañarnos y de qué manera: el hombre es un “zoom politikon”, si esto es así, todo lo que yo haga que pueda considerarse antisocial, antipolítico, no sólo es antinatural sino pecaminoso, delictivo; pero nuestra jodida existencia no es más que una lucha a muerte entre yo y los otros; y se nos exige de la manera más coactiva posible que nos sometamos enteramente a los otros, de los que, desde el punto de vista epistemológico, incluso tendríamos derecho a dudar; o sea que se nos obliga a vivir de un modo que a nosotros no nos apetece, sometiéndonos en todo momento a un conjunto de normas sociales que lógicamente nos alienan; de modo que nuestra vida no sólo no es real sino que es horrible; ¿puede criticarse entonces que hagamos todo lo posible por escaparnos de ella?; o sea que la alienación no sólo se nos impone sino que la buscamos nosotros desesperadamente como la única posibilidad real de sobrevivir, de ahí la raíz etimológica del verbo divertirse, salir de uno mismo, verterse en algo que nos sea totalmente ajeno, alienación, coño, todo deviene al mismo sitio, la jodida alienación;

 C) y el problema, el jodido problema es que los mercachifles de esta puñetera historia se han percatado de ello, “estos gilipollas de ciudadanos lo que realmente ansían es alienarse, escapar como sea de su miserable condición, démosles, por tanto, alienación a manos llenas” y nuestra vida se ha llenado de pasajes ficticios que, a la larga, nos han hecho olvidarnos de nuestra verdadera condición y yo, ahora, cuando me contemplo, lo que veo es una especie de canalla que sólo se preocupa de aquello que más y mejor me ayuda a escaparme de un mundo en el que me siente esencialmente incómodo, de manera que falsifico inconscientemente todo lo que vivo y así, todos.

 Por eso le falló el invento a Marx, porque aunque supo y pudo percibir perfectamente el estado de alienación del hombre, creyó que esto se solucionaría sólo con proporcionarle mejores circunstancias económicas cuando el mal, el mal real, el verdadero infierno, anida en el fondo de nuestro propio corazón: estamos esencialmente enfermos porque nos consideramos acreedores esenciales de todos y un enfermo así necesita el más difícil de todos los tratamientos, el jodido psicoanálisis, algo en lo que Marx no podía pensar porque Freud todavía no lo había descubierto.

 Al hombre había que decirle, que gritarle, “eh, pequeño loco, que todo eso que sientes no es sino el más jodido de los resentimientos, o sea una puñetera neurosis, admite esta verdad y entrarás en el camino de tu curación”, pero quién le pone el cascabel al gato, qué coño es la verdad y el jodido Marx vino y nos dijo aquello de que todo no es más que puñetera economía y los liberales nos dijeron “claro que sí, por eso no tenemos otra cosa que hacer que favorecer el funcionamiento de los puñeteros mercados porque ellos son la segura mano de Dios, de modo que todos, si trabajamos lo suficiente y en donde debemos, acabaremos siendo todos ricos”, sí, coño, el becerro de oro, otra vez, y así acabó de joderse el invento porque ya todos no somos capaces de otra cosa que de correr tras el dinero y no sólo la moral sino la ética se han ido a hacer leches, mucho más allá del horizonte, de modo que la alienación se ha hecho no ya total sino realmente insuperable de manera que creo que ya no hay vuelta atrás, porque, como dice Habermas, ni el propio Freud se dio cuenta de que él también se alienaba, cuando creyó, o hizo como que creía, que con un buen psicoanálisis se solucionaba todo.