El laberinto del Minotauro

Teseo, o sea, Messi, luchando contra el Minotauro
Hasta ayer mismo, siempre creí que Florentino era un tío muy inteligente.
 Pero ahora tengo mis dudas, muchas.
 Es ingeniero de caminos lo que implica un hábito de razonar matemáticamente.
 El problema es que todo lo humano escapa con facilidad al razonamiento lógico.
 Es por eso que al Ser Superior, Butragueño dixit, le está ocurriendo lo que la sabiduría popular dice que sólo le ocurre a los imbéciles, está tropezando otra vez en la misma piedra.
 No se si ha sido precisamente su gran inteligencia lo que lo ha llevado a la cima de esa hipocresía en la que siempre descansa.
 Florentino no cree en nada que no sea el dinero. He estado tentado de escribir “poder”, pero, al final, instintivamente, me he decantado por lo crematístico que no es exactamente lo mismo.
 Por supuesto que el dinero es una de las fuentes del poder pero no siempre todo el poder es meramente económico.
 El poder político, ahora lo estamos viendo muy claro, puede ir acompañado de la más absoluta de las ruinas económicas.
 Y resulta especialmente significativo que en nuestro país, que ha perdido, en favor de la UE, la facultad de emitir moneda, todo ese inmenso aparato de poder que está empujando a las clases menos favorecidas de la sociedad a hundirse en la desesperación al propio tiempo que en la miseria, el poder político que ostenta en exclusiva  la legitimidad en el ejercicio coercitivo de la pura fuerza no tenga un puto euro que llevarse al bolsillo e incluso esté mendigando por las esquinas económicas una miserable limosna para tener algo que llevarse a la boca.
 Se llama indigencia y es el estado de pobreza absoluta en el que se hallan los que que ya no tienen siquiera donde caerse muertos.
 El Real Madrid, RM, parece que lo tiene pero no es verdad. Dicen sus panegiristas que es la marca comercial más importante del mundo.
 Si es así no se comprende bien por qué siempre que adquiere uno de esos astros futbolísiticos con los que de vez en cuando nos sorprende, siempre lo hace con nuestro dinero.
 Recuerdo que no hace tanto, la caja del Bernabeu estaba tan vacía que cuando se juntaban allí para jugar al póker Lorenzo Sanz, su tesorero y Jesús Gil, tenían que utilizar los vales porque entre los tres no tenían un puñetero céntimo. Las crónicas de la época cuentan que la deuda del RM era de 60 mil millones de pesetas, una cifra tan astronómica entonces que todo el mundo daba ya por quebrado al club y se propugnaba que se convirtiera de una puñetera vez en SA.
 Fue entonces cuando apareció por allí por 1ª vez Florentino. A éste lo llaman por buen nombre El Conseguidor, no se sabe cómo ni por qué acaba consiguiendo lo que se propone siempre que no se trate de títulos en el mundo del fútbol, parece que éste sea el terreno en donde cíclicamente se reproduce su Sanmartín.
 Y es que, ya se sabe, la felicidad no existe en este jodido y puñetero mundo. Florentino lo ha conseguido todo, bueno, para ser exactos, casi todo. De humildísimo origen socioeconómico, ahora dicen que es una de las mayores fortunas de España. Y, como él seguramente dirá, no le debe nada a nadie, todo se lo ha ganado a pulso. Es El Conseguidor, coño, El Conseguidor.
 Si se trata de pergeñar la constructora más importante de España, se hace y ya está y, si, después, se trata de pergeñar la más grande de Europa, se pone a la faena y ahí, está, Hoochtiet, la mayor de todas la constructoras alemanas, la nación que, con toda justicia, es considerada la locomotora de Europa.
 ¿Hay quién dé más? Pero Florentino, como un vulgar Sigfrido, también tiene su talón de Aquiles. El puñetero RM.
 Flo es madridista desde niño, nadie es perfecto y todos tenemos, algunos más escondida que otros nuestra pequeña o gran debilidad.
 Dicen que a sus jefes, los March,  que recogieron a aquel ingeniero de la rúe, lo colocaron en su incipiente empresa constructora y le ayudaron a hacerse el amo del mundo de la construcción, no les ha gustado nunca que Flo invirtiera e invierta tanto tiempo y esfuerzo en el RM, lo consideran una perdida no sólo de tiempo sino, lo que es mucho peor, de prestigio, para estos oscuros adoradores del dinero que salgan a la luz, con motivo de la concentración de focos provocada por el RM, parte de sus secretos no les hace gracia alguna, todo lo contrario, pero es que ahora, Flo es tan importante o más en el grupo de empresas que los propios March, los mentores de Franco, que se lo trajeron de las Canarias para que nos arreglara a todos.
 Flo ha comprobado ya por lo menos una vez que el mundo del fútbol no se somete a la leyes de la lógica. El equipo de fútbol con la mayor y mejor financiación no siempre es el mejor y ahí están los aplastantes ejemplos de los clubs financiados por los reyes del petróleo.
 Pero es que Flo además tiene otro handicap: liberalcapitalista hasta el punto de militar en el más extremo de los fascismos, cree que con una buena trama mafiosa, bien organizada, no hay campo de experimentación del poder que se resista.
 De modo que se puso a la faena y reclutó para su proyecto a todo lo que de nazifascismo hay, que es mucho, demasiado, en la sociedad española. “El RM”- les dijo a todos los capos mafiosos-“es desde siempre  el santo y seña de este país, gozará, por tanto, aunque no lo quisiera, de la incondicional protección de todo el poder, de toda la fuerza bruta”. Y así es, así fue y así será siempre por los siglos de los siglos en este país mitad de sinvergüenzas y cínicos, mitad de imbéciles e idiotas. No hay redención posible, porque los tontos no saldrán nunca de su estado de suprema idiotez porque eso es sencillamente imposible y los cínicos sinvergüenzas llevan en la masa de su sangre y de su carne el instinto sempiterno del abuso, la estafa y la depredación.
 Pero, afortunadamente, siempre habrá en esta corriente tumultuosa que es la vida, campos en los que la lujuria del despotismo y el abuso no podrán penetrar nunca, uno de ellos es el del arte.
 El fútbol, como la danza en general y el ballet en especial, forma parte del arte y como tal no se somete a las reglas mecánicas de la explotación industrial. 
 Tú puedes dominar económicamente todos los clubs de fútbol de un país mediante la explotación industrializada, mercantilizada, de toda su estructura, apoyándote para ello en las propias organizaciones sociopolíticas del mismo, pero sucede que en un puñetero y lejano país del otro mundo, salvaje y anárquico, en una ciudad casi perdida en la geografía, en una de sus calles, un crío enfermo de raquitismo crónico ha nacido con un don especial que sólo se produce cada 50 años, él y el balón tienen una relación simpática especial absolutamente indestructible, hagan lo que hagan todos los que juegan contra él, la jodida pelota sigue sus pies como si estuviera imantada por ellos y el diminuto cerebro de dichas criatura se ha penetrado de tal manera de la esencia del puñetero juego que ve las cosas que suceden en la cancha como si estuviera unos 20 o   40 metros por encima de la misma.
 Y el tipo éste que, además está enfermo de fútbol, que no quiere, que no sabe, que no puede vivir de otra manera, se enrola por esos azares de la vida en el odiado equipo rival para siempre de modo  que son 15 años seguidos en la vida del fútbol de un cochino país los que se han ido a la mierda de una manera absolutamente irremediable lo que induce a El Conseguidor a perder la cabeza, su fría cabeza matemática y a confundir sus deseos con la realidad, sueña que hay por el mundo un tipo, una especie de mago maléfico, capaz de neutralizar con sus conjuros el arte innato de ese prodigio de la naturaleza, porque una vez, mediante el falseamiento radical de las reglas del juego, dejó fuera de competición al equipo del genio y pensó que esto podría industrializarse, ¿por qué no? Y apostó por ello, le ofreció al taimado taumaturgo todo lo que tenía, todo lo que era, uniendo así su propio destino al de este encantador de serpientes que ahora le está explotando a fondo situándole en la disyuntiva de mantenerle al frente de la nave hasta que ésta se hunda con ellos dos en el jodido puente de mando, o hacerle tan rico como ya lo hizo otro furibundo y soberbio individuo que, poseedor de los inmensos recursos del petróleo y el gas rusos, se encaprichó de este apasionante juego que mezcla lo mejor del ballet con lo del deporte, y vendió también su alma al diablo portugués que le abandonó también a él, como ahora hará con este nuevo loco poseso, sin cumplir su decisiva promesa de conseguirle el ansiado juguete: la Champión.
 De modo que el destino ya está escrito para todo el que de verdad quiera leerlo: Mourinho se irá a otros sitio para engañar a otro magnate y a otra afición y el loco gigantesco que todo lo apostó a su estrella se hundirá en el más proceloso de los mares de fango.