La cuestión catalana (I)

 Vaya por delante que a mí, particularmente, aún me parece más repugnante Mas que Rajoy, si es que eso es metafísicamente posible.
Rajoy es el tipo más rastrero que yo he conocido. Pero me parece mucho más astuto que el otro y hace como que no hace lo que, en realidad, está haciendo.
 Porque, en el fondo, no es ya sólo que ambos quieren, pretenden lo mismo sino que son lo mismo, la misma cosa repugnante y canallesca, el ansia avariciosa de hacerse, sólo para ellos, con toda la riqueza del mundo.
 Es una simple cuestión de egotismos. De los más bajos de los bajísimos instintos del hombre, se trata de robar a los desheredados de la fortuna, de cualquier clase de fortuna, no el dinero, que no lo tienen, que nunca lo han tenido, que nunca lo tendrán, sino hasta la última posibilidad de vivir con alguna dignidad.
 Ahora, lo están viendo claro hasta los más profundos de los ciegos, aquellos imbéciles, esos degenerados idiotas que se niegan a ver lo que sucede en los mismos orificios de sus puñeteras narices.
 Ahora, viene un jodido tipo y le dice al periodista: “Me siento estafado porque yo voté al PP”.
 Joder, pero ¿cómo se puede votar al PP, aunque estés ciego del todo, aunque no sepas dónde tienes cada una de tus manos, aunque no sepas leer, aunque seas tonto de nacimiento, aunque no te hayan, ellos precisamente, permitido ir a una escuela y aprender a leer y a escribir, aunque tengas dentro de tu alma, clavado para siempre, el puñal de la más canallesca de las envidias, aunque odies a muerte a esos otros desheredados de la fortuna como tú, pero que no se sabe cómo ni por qué han llegado a comprender a golpe de canalladas quiénes son y por qué tus enemigos naturales sempiternos, hagas lo que hagas y votes a quien votes, porque, por muy tonto que sea uno, por muy poco que se haya instruido, aunque sus posibilidades de formación e instrucción hayan sido abiertamente pisoteadas por los  innumerables Werts de turno, uno no ha tenido más remedio que vivir y sufrir, en cada momento de su puñetera vida, todas y cada una de esas putadas que ellos nos hacen cada día, a cada minuto,todas esas injurias, todas esas ofensas que nos infieren a cada instante todos esos hijos de puta que se consideran con derecho a ello por decreto divino.
 Pero las siglas PP son absolutamente equivalentes a las CDC tal como Rajoy lo es a Artur Mas, no es que sean los mismos perros con diferentes collares, son los mismos perros con los mismos collares que, ahora, parece como que se pelean sólo por ver quién se sienta en el más alto de esa serie de sillones que ocupan los estrados de la injusticia, la infamia y la canallería.
 Si acaso, Artur Mas es peor porque tiene menos dinero, menos poder, en fin, que el otro, porque no es el registrador vitalicio de la propiedad de Santapola, o sea, porque no saca sin dar un jodido palo al agua 2 o 3 millones de las antiguas pesetas al mes, porque su banda de ladrones, su gang,  no es tan grande ni está tan bien organizada, porque su territorio mafioso no es tan extenso como el del otro y, en fin, porque el capo de capi gran mafioso se empeña en que, de todo lo que el jodido mafioso catalán gana, le dé su tributo.
 De modo que el mafioso menor se apresuró a establecer sus abusivos  estipendios antes que el capo de capi impusiera los suyos, o sea, que ha sido Mas el primero que cerró centros médicos y hospitales, el primero que impuso el copago por receta, el primero que inició todos esos abusos que ya casi han acabado con el maldito Estado del bienestar que se oponía a que sus centros médicos, sus hospitales, sus compañías famacéuticas, sus médicos y enfermeros particulares, privados, sus colegios privados, todas esas empresas de cualquier clase que, al fin y a la postre, constituyen el primer capítulo que comprende su inmensa riqueza pero que, como todo lo que divisa la avaricia humana, es susceptible de aumentar y se puso a ello antes que el mafioso centralista, perezoso de por sí, se le adelantara, pero las cosas de palacio van despacio pero, quieras que no, llegan, y ahora se trata de repartir una tarta que se les antoja escasa porque la coyuntura económica no da más de sí y los ladrones han comenzado  a pelearse, como siempre, por el reparto del botín.
 Y el abusivo ladrón catalán lo quiere todo para sí y los suyos y para embarcar a todos esos estúpidos de que hablábamos antes en un barco construido para los incautos se ha aferrado con el más repugnante de los oportunismos a la bandera de la independencia, pero  independencia ¿de quién, coño?, si los Lara, Godó, Asensio “et alteri” preferirán siempre a la metrópoli que a la colonia porque allí hay muchas más posibilidades de mercado y éste es el paraíso de los mercaderes. 
 Es por eso que Mas me parece mucho más repugnante aún que Rajoy, porque ha echado mano a un sentimiento no sólo legítimo sino también honrado, el sentimiento de constituirse, al fin, como un país independiente que deja de ser no sólo sojuzgado sino también insultado, injuriado, menospreciado, agredido, esquilmado, al propio tiempo que se le exige que sea su particular locomotora.
 Pero no sólo en el fondo sino también en la forma Rajoy es igual a Mas, como éste lo es al infinito y canallesco propósito de esquilmar a sus pueblos.