Justicia inmanente o en el pecado llevan la penitencia.

 Corrupción, corrupción, corrupción hasta en el Palacio del Tribunal Supremo: donde su presidente se escapaba en larguísimos fines de semana con un amigo demasiado íntimo.

 De modo que Europa nos interviene, al fin,  por lo que no debe.

 Apenas si se han extinguido los gritos de “Rajoy for president!!”.

 La mujer el César no sólo debe ser honesta sino parecerlo, y el César no digamos…

 La justicia oficial, la justicia pública es el quicio sobre el que gira la ética de una nación

 En un mundo dominado por el liberalismo=”laisez faire, laissez paser”, dejar hacer, dejar pasar, ¿qué moralidad se puede exigir a sus gobernantes? 

 Si la codicia y la avaricia se santifican ¿qué clase de ética se puede exigir a los que mandan?, en todo caso, sólo será la “virtud” de la hipocresía, o sea, que roben tan bien que nadie pueda dejarlos luego en evidencia.

 Tenemos los gobernantes que nos merecemos: ¿si hemos primado para que nos gobiernen a los que organizaron el caso Naseiro, el tamayazo, el Gürtel, y así hemos llegado hasta Bankia, qué  resultados podemos exigir ahora?

 Y nadie absolutamente nadie, en este desvergonzado país, se puede llamar a engaño.

 Nuestro presidente es un tipo que, como todos ellos, lo 1º que hizo es apalancarse muy bien: se hizo registrador de la propiedad, o sea, un tipo que gana varios millones de las antiguas pesetas al mes por prácticamente no hacer nada, y se dijo, “bueno, ya está, ahora, a mí, ahí me las den todas. ¿Qué es lo que me falta?, la política, leche, la política, las alfombras rojas para que yo las pise, los honores para que me los rindan los militares, el poder legislativo para que yo, como un Berlusconi cualquiera, fabrique leyes que me hagan impune a todas las tropelías que se me ocurran, por ejemplo, la de seguir siendo registrador de uno de los mejores registros de España por la cara, cobrando la mitad de los honorarios del mismo, mientras me lo gestiona uno de mis mejores amigos que, qué casualidad, es el registrador de Elche, que linda por todas partes con el mío, he dicho muy bien, “el mío”, porque es de mi jodida propiedad y a quien le pique, como a ese cabrón de abogado murciano, el tal Mazón, que se rasque si es que puede el muy cabronazo, que le ha salido el tiro por la culata cuando ha intentado deshacer esa obra de arte que yo he pergeñado legislando desde el poder, otorgado por todos esos mamones a los que yo y mis amigos explotamos inicuamente, guiados por la segura mano de Berlusconi o de uno de sus mejores amigos, Aznar, de tal manera que la LEY, “dura lex, sed lex”, la ley podrá ser todo lo dura que al tal abogaducho le parezca, pero qué jodidos somos nosotros, da la casualidad que es le puñetera LEY, de modo, mi queridísimo picapleitos, ajo y agua, pero ¿qué se creía v. so infeliz, que íbamos a dejar ese cabo mal atado incumpliendo al pie de la letra la máxima señera de nuestro eximio maestro que lo dejó todo atado pero que muy bien atado?

 Y todo esto quedó muy bien expuesto en lo único que este jodido tipo que sólo ha leído el Marca en toda su puñetera vida ha escrito con gran esfuerzo y muy mal estilo en 2 señeros artículos en El Faro de Vigo: el hombre no sólo es desigual sino que así debe de serlo, toma del frasco, Carrasco, y, entonces, va este canallesco pueblo de borregos y lo vota, en masa, coño, en masa, con mayoría absoluta.

Como lleva haciéndolo con la Cólera de Dios, la simpar Esperancita Aguirre, creo que la llamaba su padre, al lado de la cual, el registrador autoregistrado no es más que una mierda de aprendiz de tirano.

Esperancita llegó al poder mediante lo que mejor sabe hacer, trampas. Pero, en honor a la verdad, desde entonces, ha ganado siempre con una inmensa mayoría absoluta, no en balde estamos hablando de Madrid, supongamos que hablo de Madrid, la capital de nuestro imperio, donde reside el equipo de fútbol en cuyos dominios nunca se pone el sol, por eso, por cumplir con esa excelsa misión representativa pagamos todos sus exorbitantes gastos todos los españoles a escote, como sabe mejor que nadie la excelsa Esperancita. Punto y aparte.

Esperanza es la presidenta de la Comunidad autónoma en la que se halla Bankia, antes Caja Madrid. ¿Qué es, que era Caja Madrid, hoy, y ya para todo el mundo mundial Bankia?

Al fin, ha saltado a la luz la nómina, la interminable nómina de los mil, dos mil, tres mil, empleados, superempleados, con sus fabulosos sueldos pagados por todos nosotros, el resto de los españoles, que los miembros del PP, no lo olviden, Partido Popular, Partido del Pueblo, están todos ellos, o alguno de sus familiares, para que nadie, absolutamente nadie de dicho partido pueda protestar.

Y esto, lo saben muy bien todos esos millones de borregos que los votaron en masa, no es sino el mismo esquema que se repite en todas la grandes empresas españolas, en todos los ministerios, en todas las comunidades autónomas, en todas las diputaciones, en todos los ayuntamientos, sus listas, sus interminables listas están ocupadas no ya por la crema y nata del PP sino por los últimos eslabones de la cadena.

De modo que el PP es la España oficial, por eso gritan con tanto fervor a la menor oportunidad ¡Viva España!, pero parece que va a ser que no.

A pesar de haber puesto al frente de la Economía española a uno de los hombres mejor preparados el mundo, un ilustre miembro del equipo de mando que llevó a la quiebra ni más ni menos que a Lehman Brothers, la espita que inició el desastre económico mundial actual, que parece que no tiene arreglo de ninguna manera, estoy hablando, claro, de De Guindos, ayudado en la tarea por gentes tan preparadas también como ese ministro de Defensa que hasta hace un momento fabricaba bombas de racimo y que, por lo tanto, no puede tener interés alguno en que hayan guerras, muchas guerras, para vender más bombas, etc.

Y, por último, el pueblo, de Madrid, principalmente, pero también de Valencia y de Murcia, de La Coruña y de Valladolid, gente toda que ha visto cómo las gastan sus ídolos, porque los conoce mejor que nadie.

Así que, ahora, más responsables aún que los actores principales, los citados ya y otros muchos, Rato, Arenas, Cospedal, Sáez de Santamaría, Montoro, etc., son las tropas, la gente de a pie que prefiere, a lo que parece, morir, pero morir matando, porque si bien se busca, siempre se encontrará en su progenie un buen militar.

De modo que nos hemos ganado a pulso que nos intervengan, que nos quiten de las manos lo menos que puede tener un pueblo decente, su propia soberanía, de manera que una vez más se cumple aquello de la justicia inmanente, o dicho de otra manera mucho más vulgar: en el pecado llevan la penitencia.