El dinero que está perdiendo Rajoy (II)

 APENAS había colgado yo mi post sobre el dinero que pierde Rajoy en mis blogs, cuando ese  águila de mil cabezas que responde por futbolín, ya me había puesto como comentario en ellos ni más ni menos que una serie de artículos de un blog que creo que se llama Atlántico, como otro del presidente a la    Asociación europea de periodistas, Miguel Angel Aguilar.
Leídas que fueron ambas misivas, al principio, casi me acomete un complejo de inferioridad porque yo no soy, no he sido nunca y es muy difícil que sea nunca periodista, sólo soy un mal escritor que comenta como buenamente puede aquello del acontecer diario que suscita mi atención, y hoy había sido ese comentario de Margallo, que estoy seguro que ha sentado como un tiro al presidente, en el que afirmaba que éste está perdiendo mucho dinero con la política que podía estar ganando a espuertas con su honorable profesión de registrador.
 Después, como suele ocurrirme casi siempre, no sólo superé el complejo de inferioridad sino que lo cambié de signo y lo transformé en de superioridad.
 Yo no tengo más medios que usar para mis posts que la poca jodida memoria que me queda después de lo que mi neurólogo llama proceso degenerativo tipo alzheimer, y, por si fuera poco, no puedo echar mano a colegas y compañeros que me aclaren las dudas, de modo que si bien creo que el artículo de Aguilar no sólo es más sistemático sino también mejor informado, no sé, a mi me gusta más el mío no sólo ya por su espontaneidad sino precisamente por su carácter cuasi artesanal. Me explico.
 Yo utilizo para la confección de mis trabajos lo que algunos llaman la escritura automática. Escribo, sobre la marcha, todo lo que se me ocurre y corrijo muy poco, casi nada. 
 Y creo que es ésa no forzada espontaneidad lo que hace que mi trabajo, a mi, me plazca más que el de Aguilar, es más dúctil, más asequible, menos oficialista, más campechano.
 Y, al final, los dos trabajos vienen a decir lo mismo.
 Y, como no podía ser de otra forma, dado el egotismo ínsito en nuestra naturaleza, a mi me gusta más mi trabajo no sólo porque es mío, sino porque está mucho más de acuerdo con mi manera de ser, de escribir y de pensar.
 Y es que, como dijo aquel: “ca” uno es “ca” uno.

Mercenarios de la pluma

el país
LA GACETA
eddie
enero 6, 2013 en 10:47 pm
“RESISTENTES . Manuel Vicent
Ser un resistente, he aquí la última forma romántica de vivir. Año 1942. Estación de ferrocarril en un pueblo de Francia, un individuo en un paso a nivel está apoyado en una bicicleta con un cigarrillo en los labios, pasa el tren con un silbido desolado, el individuo realiza con el brazo una contraseña y poco después en un puente cercano suena la explosión. El convoy ha saltado por los aires. Llevaba armas para el ejército nazi. El individuo monta en la bicicleta y se aleja canturreando la canción de los partisanos Oh, bella, ciao. Misión cumplida. La Resistencia Francesa estaba envuelta en un aura muy literaria. Había una guerra. Había un invasor. Eran tipos duros que se jugaban el pellejo. La literatura con que fueron adornados por la historia se ha extinguido, pero en cualquier tiempo, en cualquier lugar, los resistentes permanecen siempre con la misma actitud heroica frente a cualquier otra invasión que trate de doblegarlos. Aunque nadie los conozca por sus nombres, hay que considerarlos como los nuevos partisanos imbatibles. El invasor está ahora en todas partes; el convoy que lleva armas al enemigo pasa todos los días por delante de nuestra puerta bajo diversas formas: se trata, tal vez, de la crispación agresiva de la derecha cerril o de la izquierda corrupta y sin ideales, del fanatismo religioso que se ha apoderado de la calle, de los vestigios de la caverna y de la España negra, de la basura que emite la televisión, del cacareo gallináceo de algunas tertulias, de los rebuznos digitales que asolan el espacio. En el fondo es un solo enemigo que ataca desde flancos distintos, el mismo que, a veces, se alía con alguna caída personal, con la angustia de vivir sin aceptarse. Existen tipos admirables que no están dispuestos a claudicar frente a la adversidad. Ningún político conseguirá que se traguen una rueda de molino, ningún obispo les obligará a arrodillarse, ningún vendedor de peines intelectual les hará perder el tiempo y si la vida se les tuerce con una mala racha, con la crisis, la depresión y el paro, tratarán de soportar la dificultad sin romperse nunca por dentro. Son los últimos románticos de la resistencia que, desde la clandestinidad, se enfrentan cada día a la miseria moral que intenta anularlos. Oh, bella, ciao”.
Mi querido eddie: Qué cosas tiene la vida. Llevo mucho tiempo envidiando todos esos blogs que hay por internet, en los que sus autores sostienen arduas discusiones con sus comentaristas, porque considero que eso les da una extraordinaria vitalidad a tales foros, y, ahora, cuando gracias a ti, tengo la ocasión de polemizar un poco, una chispa de nada, me entristezco porque me molesta extraordinariamente hacer la más mínima crítica a unos artículos que tú has aportado a mis blogs para enriquecerlos considerablemente.
 Hace unos días era uno de Enzensberger, autor al que yo considero muchísimo, y hoy es otro de Manuel Vicent, al que no lo hago tanto.
 En el artículo de Enzensberger me chirrió el optimismo que, a pesar de todo, rezumaba su artículo porque ser optimista ahora mismo, en estas precisas circunstancias, se me antoja un gravísimo pecado contra la realidad y en éste de hoy, de Vicent, me topo de nuevo con ese mismo optimismo unido a una crítica tópica de la izquierda cuando equipara “la crispación agresiva de la derecha cerril o de la izquierda corrupta y sin ideales”.
 A mí, que me considero miembro de la más extrema de todas las izquierdas que puedan existir, efectivamente, me crispa hasta la exasperación y me pone agresivo hasta no poder más que estos sedicentes izquierdistas, porque realmente no lo son por el mero hecho de escribir en un periódico que dice que se debe, sobre todo, a sus accionistas, joder, ¿por qué? ¿porque les pagan un sueldo? Esto no sería sino una nueva forma del mercenariado, que vende sus lanzas y sus espadas al mejor postor.
 Yo pienso todo lo contrario: las armas que uno tiene, más grandes o  pequeñas, debe de ponerlas al servicio general de la sociedad en la que está inserto, le pague quien le pague, porque todos tenemos el mismo derecho a comer de la fruta que pende de los árboles sea cual fuere el tipo que abona el huerto y lo cava.
 A mí me paga ahora mi pensión, después de casi 70 años de soportar que me extrajeran de mis nóminas los seguros sociales, un canallesco Estado neoliberal capitalista que, si lo hace, es porque no tiene más remedio si no quiere que todo este corruptísimo sistema, en el que tan mal nos morimos, salte por los jodidos aires como debería de saltar si todos los hombres que en él habitamos tuviéramos lo que, por ser tales, deberíamos de tener.
 ¿Eso supone que yo no pueda escribir todo esto porque la transferencia de fondos con la que se me paga mi pensión la firma, como ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, ése ministro títere que nombrara Rajoy?
 La autoconfiguración histórica de la actual sociedad nos ha atribuido a cada uno de nosotros nuestros respectivos roles pero eso no significa que seamos esclavos de los que, por circunstancias absolutamente detestables, ahora nos mandan.
 De vez en cuando, yo voy también por El País y mi condición de visitante aún hace más provisional mi permanencia allí, de hecho, no será ya nunca la primera vez que me censuran o simplemente me excluyen de sus preciadas páginas, da igual, yo sigo, por lo menos, intentando combatir lo que allí se dice cuando creo que debo de hacerlo.
 Por eso, me parece absolutamente deleznable que el tal Vicent mezcle abusivamente las churras con las merinas, la canallesca ultraderecha,  a la que, si se descuida un poco, puede acabar por pertenecer, al continuar anteponiendo la consideración de quien le paga a la de lo que éticamente debe de decir, equiparando indiscriminadamente a la más acérrima de las derechas con una izquierda que él llama “corrupta y sin ideales”, haciendo como que no sabe, que sí que lo sabe, que la izquierda nunca puede ser corrupta porque en el momento en que se corrompa ya no será izquierda como tampoco lo será si pierde esos sus ideales esenciales de proclamar la verdad y defender hasta la muerte la justicia.
 Ya sé que ahora el 15M y la DRY han puesto de moda eso de “ni quito ni pongo rey, sólo ayudo a mi señor”, entendiendo por éste la neutralidad, la imparcialidad y la equidistancia, jodido y canallesco señor, porque en un mundo en el que una parte infinitesimal del mismo está asesinando premeditada y alevosamente al resto, mantenerse neutral, imparcial y equidistante no es sino la peor manera de participar en ese infame asesinato en concepto de autor, no en el de cómplices ni encubridores.
 Allá cada cual con su conciencia, escriba en donde escriba, hágalo donde lo haga. Yo, aquí, no voy a dejar pasar ni una, lo diga quien lo diga y lo haga donde lo haga, en El País o en La Gaceta.

No es fútbol, estúpidos, es política

Esta escena se desarrolla en Barcelona, en su propio campo de fútbol y el agresor, que mira con los ojos entornados al cielo, cuando se cantan los himnos, es falangista de pura cepa, y, por ende, cree que España, Catalunya incluída, es suya,  y uno en su cortijo, “Los santos inocentes”, hace lo que le sale del pijo y los demás, catalanes, coño, a callar y aguantar en su propia casa, patadas alevosas por detrás y  puñetazos a porrillo en la misma trompa, creo que los llaman “trompazos”. Y es que, para un falangista, según el fundador,  “no hay más dialéctica que la de los puños y las pistolas”
 Vaya por delante que John Carlin se confiesa madridista y que ya ha entonado su acto de constricción, pero también que es un magnífico escritor, autor, entre otros, del libro que dio origen a la cinta de Eastwood “Invictus”.
 “Juro por Dios que, hasta este momento, 21’16 del 21-10-12, no había leído el artículo de John Carlin del que me separan demasiadas cosas, pero parece que hay una que nos integra plenamente: nuestra idea de que el fútbol no es una pasión, no ya inútil, como diría Sartre, sino tampoco inocua. El fútbol, hoy, cuando todos andamos sofocados en nuestras ideologías políticas porque los medios, todos de derechas, no nos dejan opinar libremente, es el campo en el que realizamos la mejor opción personal, resumiendo: llevo siglos diciendo que no se puede ser del Madrid y de izquierdas, ni del Barça y de derechas, porque el fútbol, además de una cuestión estética, es, fundamentalmente, una opción ética: http://cort.as/2eYy http://cort.as/2eYz“.
 Ayer, a la hora que se indica en el comentario, lo colgué en El País, bajo el artículo de John Carlin titulado “En defensa del futbolero”, http://deportes.elpais.com/deportes/2012/10/20/actualidad/1350753198_426733.html.
 De vez en cuando, uno de estos escritores de éxito, de mucho éxito,  tiene la desgracia de coincidir conmigo, o yo con él.
 En el artículo de Carlin se dice:
 “Existe un grupo reducido de gente en el mundo que no solo no entiende que seamos tantos los que nos pasamos gran parte de nuestras vidas hablando de fútbol, sino que nos desprecia. Qué ridículo, dicen, obsesionarse con un juego en el que 22 personas corren detrás de una pelotita cuando la crisis nos mata, cuando el futuro de Europa está en juego, cuando tenemos la alternativa de conversar sobre literatura, o cine, o música, o el cambio climático, o la primavera árabe, o la religión, o el tigre siberiano, en peligro de extinción”.
 En mi último post del día de hoy, 21-10-12, bajo el título “Nerón reanuda la caza”, yo escribía que : “Hace unos días, hablaba yo por aquí de lo que Vázquez Montalbán llamó el ejército desarmado de Catalunya, o sea, del puñetero Barça, y es porque me he negado siempre a admitir la jodida teoría, básica para los descarados intereses de la super ultra derecha, de que los hombres de auténtico progreso no podemos hablar, o escribir, de fútbol”.
 Dice Carlin: “A través del fútbol definimos nuestra identidad moral, igual que cuando nos asociamos con un partido político, o con una causa, o una religión.
Segundo, hablar de fútbol no solo es hablar de fútbol. En la superficie el tema es si Messi es mejor que Ronaldo, o si el planteamiento táctico fue el correcto, o si el entrenador debería haber puesto de lateral a fulano en vez de a mengano, o si el árbitro se equivocó, y tal y cual. Pero existe también un proceso mental paralelo en el que participamos los futboleros, sin necesariamente darnos cuenta de ello. A través del fútbol definimos nuestra identidad moral, igual que cuando nos asociamos con un partido político, o con una causa, o una religión.
 Por un lado está nuestra afiliación tribal, que suele ser heredada. Somos del Madrid —como somos del PP o de Esquerra Republicana o católicos o musulmanes o ateos— porque nuestros padres nos indicaron el camino. Más interesante, porque revela más sobre el carácter de las personas, es con qué jugador o entrenador de su propio equipo nos asociamos más. Éste es el proceso mental oculto al que nos referimos. Obligados a elegir, por ejemplo, entre Iker Casillas o Cristiano Ronaldo, entre José Mourinho o Vicente del Bosque, uno delata claramente sus valores, cuáles son sus prioridades, qué es lo que más importancia tiene en su relación con el mundo exterior.
 Especialmente reveladora es la opinión de los futboleros sobre personajes que no son de su equipo, ni de otro por el que sienten particular rivalidad. Hace nueve días en un bar neoyorquino un albanokosovar que había huido de la guerra en su país a los 13 años contaba que su jugador favorito en el mundo era Pedro, del Barcelona. Mientras festejaba los tres goles que había marcado Pedro ese mismo día para la selección española, el albanokosovar reconoció que había jugadores mejores, pero para él el canario representaba una actitud frente a la vida a la que le daba un singular valor. Su visión de Pedro era la de un luchador incansable, un obrero noble, un hombre optimista que exprime siempre lo mejor de sí y mantiene la sonrisa en el triunfo y en la adversidad.
 Para otros los referentes serán Obama, el Papa, Castro, Mandela, Merkel, Paul Krugman, Vargas Llosa, Philip Roth, Clint Eastwood, Pavarotti, Bill Gates o el presidente de la Asociación para la Defensa de la Naturaleza. Para este albanokosovar, que tras una infancia dura acabó triunfando en Estados Unidos, Pedro es el modelo a seguir, el personaje en el que ve reflejada la imagen que aspira a tener de sí mismo. El contexto es el fútbol. Cosa seria”.
 Es verdaderamente refrescante comprobar que hay gente de la talla de Carlin que piensa exactamente como yo aunque se quede un poco corto en el arranque. O es que, como periodista oficial que además escribe en El País, con gente como Vargas Llosa, no puede ir realmente más allá. Pero yo, sí, y además lo hago. Veamos, si no, lo que escribía yo ni más ni menos que hace ya más de un año:
 “No es fútbol, estúpidos, es política.
  Lo que más me llama la atención de todo lo que ocurre a mi alrededor es que mentes de una lucidez absoluta, me digan, indirectamente, que yo escribo aquí de fútbol, cuando ni siquiera lo hago en mi otro blog, mundosportjlp, que creé porque las fieras del chat de Saco protestaban con auténticos alaridos siempre que me atrevía a mencionar al Franco Madrid, a fin de tener un sitio donde referirme a uno de los grandes trampantojos-los otros pueden ser Gran Hermano y Belén Estaban et alteri- con los que el establishment se apodera de las mentes del pueblo para que no piensen en quiénes y cómo nos están engañando todos los días.
 Ya no sé cómo decirlo para que se me entienda. Escribir de fútbol es hacerlo sobre los elementos específicos que constituyen el juego en sí. De como Messi regatea, cómo utiliza la mente para, en milésimas de segundo, despistar a los que tratan de cerrarle el paso o de como Cristiano prepara los lanzamientos de falta como si se tratara del  lanzamiento de un misil contra una fortificación enemiga; lo de las tácticas de cerrojazo de Mourinho o de las de apertura por las bandas de Guardiola.
 De ninguna de estas últimas cosas he hablado nunca hasta ahora y me gustaría terminar mi carrera de analista sin hacerlo jamás. Porque ni siquiera a mí, que me gusta el fútbol porque lo jugué mucho de joven,  me interesa este aspecto de la cuestión.
 Lo que no es que me interese, es que me apasiona, es comprobar, todos los días, cuando me asomo a los diarios, deportivos o generalistas, cómo hay una conspiración universal para que todo gire o alrededor de la selección nacional o del Franco Madrid.
 Que esto es política pura y dura es tan evidente, salta de tal modo a los ojos, que, repito, no comprendo cómo no sólo no se le atribuye la decisiva importancia que el asunto tiene sino que ni siquiera se percibe.
        El sistema, no voy a hablar sólo del régimen porque el fenómeno lo supera ampliamente, se basa precisamente en desinformar a la gente y esta función se puede realizar de varias  maneras:
 1) escribiendo claramente sobre unos fenómenos sociopolíticos que atraen la atención del pueblo directamente por su relevancia político social  intrínseca: paro, nacionalización de empresas públicas, función de los sindicatos, medidas para salir de la crisis, etc.; y la función mistificadora e intoxicadora  se realiza estableciendo como causas de los fenómenos que se tratan un estado de cosas que no sólo no es el existente sino precisamente el contrario, es decir, que la culpa de la crisis la tienen las prácticas políticoeconómicas inspiradas en los principio marxistas comunistas.
 Para que ustedes se hagan una idea de lo que realmente significa que el Madrid se queje de los árbitros y diga con el mayor de los descaros posibles que éstos favorecen al Barça: es exactamente lo mismo que hace el PP con la corrupción y los poderes pùblicos y a lo peor el teórico que imparte las instrucciones precisas es el mismo;
 1) para el PP, los poderes públicos, jueces y policías, no es que les persigan a ellos es que, además, favorecen al PSOE, o sea, que los que colman los cursos de la Escuela Judicial todos los años, extraídos directamente de las familias de los jueces en ejercicio y de sus parientes, amigos y cómplices de negocios, se odian a sí mismos de tal manera que se persiguen a sí mismos también encarnizadamente, o sea que cuando un fiscal, que no es sino un opositor a la judicatura que obtuvo la mayor puntuación en su ingreso a la carrera judicial, recibe el expediente de la policía en el que consta indubitablemene la comisión de un delito cualquiera, en el que uno de los del PP ha sido pillado con las manos en la masa, no es ni mucho menos que el tal pepero haya sido cogido “in fraganti”, o sea, cometiendo el delito ostensiblemente, no, ni mucho menos, es A) que la policía, que es una rojaza de mucho cuidado dada su extracción social históricamente comprobada en este país, ha hecho las trampas necesarias para que el inocente peperino parezca que estaba cometiendo tal delito, pero no es verdad, sino un montaje de la puñetera policía, y no os digo nada los jueces que reciben en atestado policial, como aborrecen a muerte a todos sus hermanos de la derecha, inician actuaciones penales contra éstos, llevados por su odio africano, su envidia cochina y su interés en que sus padres, hijos, hermanos, cuñados o amigos, acaben en la puta cárcel que es donde, a su juicio, deberían de estar, ¿o no?
 Pues exactamente lo mismo ocurre con el Madrid:
 1º) sí, efectivamente, es igual que Franco fuera el madridista más cerrado de todos los tiempos, que el Rey sea madridista hasta las cencerretas, que toda la carcundia y algunos que se dicen de izquierdas, Rubalcaba y Lizavestky, y todos los empresarios plenipotenciarios sean madridistas, que en la Federación Madridista de Fútbol, que, naturalmente tiene su sede en Madrid y que admite, en todas sus categorías, estamentos, órganos y comisiones, a madridistas declarados, que incluye formando parte del organigrama madridistas a los propios árbitros, no tiene nada que ver con la realidad de lo que sucede todos los días de partido, que toda esta gente, madridista hasta las cachas, traiciona a fondo sus sentimientos más profundos y actúa en contra de su Madrid;
 Todos estos jueces del fútbol, los árbitros, son furiosa, rabiosamente madridistas: un árbitro de fútbol es un animal muy especial, yo creo que aparte de la de verdugo, es la profesión más dura que existe.
  Un árbitro de fútbol es un tipo al que le gusta tanto el fútbol, lo adora de tal manera, que ha dado por servirle mucho más de lo que realmente puede darse, más aún que la vida. Desde su temprana juventud ha ido por todos esos campos de fútbol de tierra de todos los pueblos de España, pitando partidos en los que lo menos malo que les pasaba es que una masa enfurecida los llamara continuamente hijos de puta. A menudo, las palabras duras, muy duras dejan paso a la acción y son salvajemente agredidos, pero lo hacen, cumplen su cometido soñando con que, alguna vez, podrán acaso pitar en esos majestuosos estadios: Bernabeu y Camp Nou, para ellos algo mucho más hermoso que cualquier paraíso.
 Y el summum del fútbol es el Real Madrid, según la institución encargada de la historia y estadística de este deporte, el Madrid es el mejor club de fútbol de la historia, o sea que para todos ellos, los árb itros, representa algo semejante a lo que Jesucriso para los cristianos, el summun, el punto culminante de toda su vida.
 O sea que es absolutamente natural que los árbitros piten siempre a favor del Madrid como es también completamente natural que todos nosotros respiremos, es su manera de vivir, para ellos, todo lo que  los jugadores madridistas hacen está bien hecho como todo lo que hacen los santos cristianos no es sino una emanación directa de la bondad.
 Pues, bien, en esta conspiración judeo masónica que representa el fútbol en España, el objetivo señalado por esos inaprensibles individuos en los que reside el poder es aca bar con cualquier atisbo de marxismocomunismo, de la natural rebelión que espontáneamente tiene que producirse en el corazón humano cuando contempla cualquier clase de injusticia y tal vez la peor de todas las injusticias es la que se comete contra un pueblo en sí, como es el catalán, tanto más cuando de allí han venido siempre los vientos de libertad en cualquier sentido.
 Para el resto de los españoles, los catalanes no forman parte de España porque no quieren serlo y este rechazo hiere a los habitantes de esta península en lo más profundo de sus entrañas, pero esto con ser tanto no es ni mucho menos todo, lo peor de esta gente es que, en casi su mayoría son de izquierdas, no se sabe bien por qué, quizá por la inmediata vecindad con el país inventor de las libertades, esta gente siente un inmoderado afán por la libertad, quieren ser libres para hablar y escribir en su propia lengua, para practicar sin ninguna clase de cortapisas sus viejas costumbres, en fin, no quieren ser españoles y no lo ocultan.
  Entonces, el catalán es un pueblo odiado, aborrecido, que debe de ser perseguido a muerte, entre otras cosas para que otros pueblos de la península, como el vaco y el gallego, no se contaminen y lo es y de qué manera, no sólo se les llama”polacos” despectivamente sino que se exige a lo demás, a todos los españoles, que boicoteen los productos de dicha nacionalidad y se combate a muerte su estatuto, su carta de nacionalidad, recorriendo  toda España Rajoy y los suyos, o sea, los españoles por antonomasia, todos los pueblos con mesas petitorias para que los españoles firmen y expongan con toda claridad su odio a esta degenerada gente y se recurre sañudamente ante el Tribunal Constitucional, una norma aprobada por las Cortes españolas, por las Catalanas y por referendum de todos los catalanes.
  ¿Entonces?  Si el Barça es más que un club porque representa el espíritu de todos los catalanes, hay que hundir, masacrar, destruir al Barça porque haciéndolo así se destruye, se masacra, se hunde para siempre el espíritu de libertad e independencia de todos los catalanes.
 Así de simple es la cuestión, por eso, cuando todos los árbitros españoles cumplen a rajatabla con ese precepto no escrito de favorecer más allá de los límites, incluso de la decencia, no hablemos de la justicia, al Madrid, en la misma medida en que se persigue al B arça, los dos grandes jerarcas de la prensa deportiva española, ayer, no más, exigían a dicho colectivo que dejaran ya de una puñetera vez de pitar en contra del Madrid y a favor del Barça.
 Lo que más me ha costado desentrañar es la actitud de la prensa catalana al respecto y es que yo pensaba, cuando reflexionaba en ésa que me parece conducta absolutamente suicida de los diarios catalanes de no denunciar al límite la actitud de sus colegas de la capital de las Españas, hacia ese equipo que, para ellos, es incluso más que un club de fútbol, que eran unos idiotas o unos pusilánimes incapaces de comprender lo que estaba sucediendo o tan cobardes como, para comprendiéndolo, no rebelarse contra ello, de tal manera que su conducta me parecía aún más abyecta que la de los diarios de la capital porque representaba la suprema cobardía o la insuperable idiotez.
 Hasta que, después de años y años estudiando el asunto, la luz, al fin, se hizo en mi cerebro: los diarios catalanes eran tan pacíficos, tan poco rebeldes ante los desaforados ataques de la prensa madrileña, simplemente porque, a su manera, eran cómplices de esa misma caza de brujas que los mccarthys madridistas habían organizado, eran no ya los cómplices necesarios sino imprescindibles, la coartada perfecta para que los medios madrileños pudieran decir: “ todo lo que contamos, todo lo que decimos es tan verdad que ni siquiera lo discuten los periódicos catalanes”, sí, claro que sí, eran y son lobos de la misma camada, pero ¿por qué, qué les hacía tragarse casi de buen grado todas esas canalladas que la prensa madrileña escribe todos los días?
  Hoy se ha exacerbado mi complejo de inferioridad porque la razón es la misma que ha dado todo el sentido a mi vida, el marxismo, el internacionalismo marxista, el interclasismo de la lucha marxista, la prensa catalana será todo lo catalana que queramos pero, antes de todo, o de nada, es prensa, coño, y, por lo tanto forma parte del entramado ultraliberal capitalista neocons que tanto nos aflige, de modo, que sus sentimientos catalanes, en este asunto, quedan allá, abajo, totalmente enterrados bajo la losa monumental de la lucha de clases.
  La prensa catalana será todo lo catalana que vosotros queráis, pero antes de nada es prensa, y sus amos son los mismos señores que publican la prensa en todo el mundo, los Godó y los Asensio, Sport y Mundo Deportivo, antes que catalanes son hermanos, son la misma gente que los Murdoch y los Berlusconi, para ellos, la cuestión nacional o regional es una gilipollez inconmensurable al lado de lo que realmente se discute en este caso, la supremacía de los intereses del capital sobre cualesquiera otros.
 En fin, esto es lo que pasa y así os lo he contado, perdón por la desmesurada extensión de este escrito pero el tema había que tratarlo a fondo”.