Historia de un pueblo que eligió a un registrador de la propiedad para que le gobernara

 Este pueblo tiene que haber perdido la cabeza para tolerar que le gobierne un tío que declara haber ganado en este año 600.000 euros más que el anterior, porque 600.000 jodidos euros son nada más y nada menos que 100 jodidos millones de las antiguas pesetas, mientra que medio millón de sus gobernados han sido echados a la puta calle de sus casas por sus asquerosos esbirros.
 Y el tío dice que espera que no se le suicide un desgraciado más por causa de esos desahucios que él ha propiciado con su política descarada a favor de la Banca, que es quien da la orden de que se eche a la calle a todos aquellos tipos a los que engatusó para que se compraran una casa que de ninguna manera podrían pagar nunca, a pesar de lo que dijera ese asqueroso tipo que fue ministro de Fomento en lo más álgido del boom de la vivienda.
 Pero a este jodido y asqueroso pueblo le da igual que se suicide media España, en todo caso se alegra porque le jode mucho que los demás tengan una casa tan buena casi como la de él.
 Por eso dice, como la hija de Fabra, “que se jodan, pero estos muertos de hambre ¿qué pensaban, que todo el monte es orégano y que todos somos iguales, es que no han leído, los muy hijos de puta, a Rajoy, que, en aquellos 2 famosos artículos de El faro de Vigo, lo dejó bien claro, los hombres no sólo no somos de ninguna manera iguales sino que no debemos de serlo?
 Y el condenado tiene razón porque si todos fuéramos iguales, 50 millones de jodidos españoles por los 100 millones de pesetas que dice que ha ganado el año pasado Rajoy, arrojan la nada desdeñable cifra de 50.000.000.000.000.000, que yo no me atrevo a leer porque estoy seguro de que me equivocaría y entonces vendría un tío como el de ayer y me diría, con razón, que ¿cómo me atrevo a hablar de estas cosas sin tener los conocimientos y fundamentos suficientes para hacerlo?
 De modo que, siguiendo el razonamiento de esa cuasi inmensa mayoría que votó a Rajoy, que 500 mil padres de familia hayan sido puestos en la puta calle, junto con su hijos y con sus padres, con mayor o menor salud, enfermos y muertos de hambre y de frío, no es sino la lógica consecuencia de no haber sabido lo que  hacían cuando consintieron que el jodido advenedizo ése de Zapatero llegara al poder y se empeñara en proclamar, si será estúpido el tío, que todos no sólo somos iguales sino que incluso también tenemos los mismos derechos porque nuestra carne es como la suya, y nuestra sangre también, una mierda para ti, jodido hijo de la gran puta, ¿cómo voy a ser yo igual que ese asqueroso tipo que, a la puerta de la iglesia, esta mañana pedía limosna, el jodido sinvergüenza, que se ponga a trabajar en lugar de pedir, o es que quiere comer a la sopa boba como esos jodidos 6 millones de parados que hacen como que no encuentran donde trabajar, si tendrán la cara dura, los sinvergüenzas, a mí no me ha faltado trabajo ni un sólo día, ni siquiera he tenido que ir a buscarlo, me lo traían a aquí, a las mismas puertas de mi despacho, pero para eso tuve que joderme y estudiar una carrera mientras ellos perdían el tiempo jugando al fútbol en la calle con sus jodidas pelotas de trapo, serán caraduras?
 Y el tal Rajoy, sonríe silenciosamente detrás del pelo cano de su barba, él no tiene siquiera que hablar, ya lo hacen ellos, todos esos millones a los que él protege con su buen gobierno, que saben que él no hará nada no ya que los perjudique lo más mínimo sino que tan siquiera rebaje en un sólo céntimo todos esos millones que los millonarios tiene que ganar, porque “la vida es así”, nos dirá,“siempre ha sido así y siempre lo será”, mirándonos sólo de reojo porque a la cara, a pesar de sus absoluta desvergüenza ya no se atreve a hacerlo, como pronto, muy pronto, a lo mejor, tampoco se atreve a salir a la calle porque temerá, con todo el fundamento del mundo, que le agredan todos esos a los que él tan decisivamente ha contribuido a que echen a la calle.
 Pero éste es el sueño de una dura tarde de invierno. Todo esto que escribo sólo es pensado, sentido, por un escaso tanto por ciento de los habitantes de este país, el resto cree o quiere creer que es verdad todo eso que le cuentan los grandes mentirosos, sus periodistas de cámara, de modo que todos esos desgraciados que se suicidan avergonzados y en silencio lo tienen absolutamente merecido, algo habrán hecho mal aunque ni ellos ni nosotros ni nadie conseguirá nunca averiguar qué fue.