Karanka

El fascismo se basa en el odio, en un odio incoercible, irreprimible, que lo invade, que lo pudre todo y que no sólo impulsa a un máximo dirigente de publicaciones del Real Madrid a propugnar que se acuchille a los sindicalistas, y que se envíe a ese precoz aprendiz de artificiero que es el tal Froilán, el nieto del Rey, con una buena bomba a la sede de los sindicatos para que no quede de ellos ni siquiera el rastro, sino que induce a su portavoz, en este caso al infame Karanka, a comentar la caballerosa despedida de Guardiola diciendo textualmente que “ha habido liga, hay liga y habrá liga sin Guardiola”, al propio tiempo que toda la prensa mundial, sin excepción, y todo el mundo del fútbol, también sin ella, lo despedía con las mayores alabanzas que yo, que soy tan viejo, recuerdo.

 Y es que lo que no pueden tolerar estos recalcitrantes fascistas es que haya nadie que les supere en nada ni siquiera en educación y buenas maneras que, por cierto, es algo que ellos aborrecen, véase, si no, lo que le dijo Uli Hoeness, presidente del Bayern de Munich, a Jupp Heinkes, su entrenador: “Tenéis que ganarles a estos jodidos arrogantes porque nos han menospreciado en la comida de directivas”.

Y así lo hicieron.

 El problema es que el que se denomina a sí mismo, “the special one” se ha visto sobrepasado en todo por un aprendiz que sólo tiene en su curriculum, antes de hacerse cargo del primer equipo del Barça, haber entrenado SOLO UN AÑO, a un insignificante equipo de 3ª división, mientras que el Dios de dioses de todos los entrenadores del mundo, venía de entrenar y de ganar con todos ellos a los mejores equipos de Inglaterra y de Italia.

 ¿Cómo es posible, entonces, que este jodido advenedizo se haya atrevido no sólo a plantar cara al mejor entrenador del  mundo sino a ser declarado por todo el universo futbolístico no ya sólo el mejor entrenador sino un innovador radical del fútbol  a la altura de Rinus Michel, Helenio Herrera, Arrigo Sacchi, Fergurson, Bill Sandkly, “et altri”, sino incluso superándolos a todos ellos, ya que ha revolucionado no sólo la táctica sino también la estrategia para siempre, marcando su impronta en este popular deporte?

 Hay que asomarse un poco al alma de este repugnante personaje que es Mourinho para comprender el odio infinito que este acontecimiento futbolístico mundial le ha producido, que él, que degustaba la exquisitas mieles de ser considerado no ya sólo el número uno sino además especial, se vea desplazado para siempre de todas las portadas de los diarios deportivos para que se entronice en ellas  un tipo que no sólo lo barre para siempre de tal puesto sino que le da la lección de retirarse en la cúspide de la fama, desechando las insuperables ofertas de los mejores clubes del mundo y de las mejores selecciones nacionales.

 O sea que él, Mourinho, ha sido apeado para siempre de un trono que, en realidad, nunca le perteneció pero que  usurpaba alevosamente ya que él nunca fue otra cosa que un arrivista que utilizó para auparse donde estaba todas la malas artes del mundo, presionando, coaccionando, intrigando, calumniando a compañeros de profesión y a los árbitros, además de a todas las autoridades balompédicas, o sea que él, en realidad no fue, no es, no será sino un condenado ventajista y que, por contraposión, este jodido advenedizo de marras lo ha desenmascarado para siempre.

 O sea que el odio, por mucho, por insuperable que sea, está plenamente justificado porque, a partir de ahora, el “number one”, el “special”, ya no podrá volver a ser él, mientras ande por este mundo de los vivos un tipo que ha merecido en todas las publicaciones específicas larguísimos estudios y ensayos de los mejores especialistas que lo han situado en la cima de la pirámide.

 Es por eso que, ciego de rabia y despecho, ha enviado a su infame marioneta a decir eso de que antes de Guardiola, con Guardiola y sin Guardiola, la liga española de fútbol ha 
existido y seguirá haciéndolo, sólo que, decimos nosotros, fluyendo por la senda que este genio irrepetible del fútbol, Guardiola, ha marcado ya para siempre.

 Tiene que ser muy duro, insoportablemente duro, haber vendido tu alma al diablo millones de veces para ser el mejor y ver cómo llega de la nada, de un equipillo de 3ª división, una especie de jodido mequetrefe y te expulsa definitivamente del reino de los elegidos sin insultar a nadie, felicitando a todo el mundo, cuando pierde o gana, sonriendo sinceramente, sin una mala cara, sin un mal gesto, como deben de jugar, ganar y perder los que son por naturaleza unos caballeros. Tiene que ser insoportablemente duro. Tanto como para enviar a ese tío que yo creo que es todavía más ruin aún, el tal Karanka.