El hombre que no sabe absolutamente nada

 Lo confieso paladinamente: a pesar de los buenos esfuerzos de ese ángel que ha entrado en mi vida, el jodido Futbolín, hoy estoy más atemorizado que ayer pero menos que mañana, ya que he descubierto que he pasado de ser el hombre que sabía demasiado al tipo que no sabe absolutamente nada y todo ello porque ese maldito fútbol me indujo a recordar en mi debate contra ese 99’99 por ciento que afirman no sólo que el Barça es el mejor equipo del mundo, que yo también lo creo, sino también, de lo que discrepo rotundamente, que Guardiola es igualmente el mejor entrenador de la historia, dado que ha traído un nuevo concepto a este deporte consistente en marear y marear la jugada hasta que el propio balón se aburre de dar tanta vuelta y para acabar con este insoportable tormento se decide y, al fin, entra, todo aquello que leí hace ya algunos años de que el pensamiento no sólo está absolutamente derrotado, Finkielkraut, sino que, como consecuencia de esta derrota, se ha quedado definitivamente débil, Vattimo, Rovatti, Eco y otros.

 Pero no fue esto realmente lo que me asustó sino que leí que un tal Pedro Duarte, director de no sé que centro de publicaciones del Real Madrid, RM, había comenzado a publicar en Twitter una serie de mensajes para los seguidores de este equipo que, como todo el mundo sabe, son millones, incitándoles a que, como heroicos hamlets, echaran mano de las armas y acabaran con todos esos jodidos tipos tan peligrosos como los sindicalistas, ni más ni menos que acuchillándolos y, para que no quedara rastro de su estirpe, propugnaba también que se proveyera al tal Froilán, ese nieto de nuestro monarca tan aficionado al uso de las armas que se ha pegado un tiro en su propio pie, a que fuera con una bomba del tamaño necesario a las sede de los sindicatos y la volara.

 La cosa puede parecer de risa pero les aseguro, dados los antecedentes, que no lo es. Estamos hablando del RM, en cuyo palco de su estadio concurren, los días de partido, gentes tales como alguien de la familia real, ese genocida que no tuvo reparo alguno en falsificar datos para que murieran ni más ni menos que un millón largo de personas en Irak, Rajoy, la Botella, el apoderado general de los tipos que trajeron de Canarias al Caudillo para que nos machacara durante 40 años, y casi todos los ministros de esta pandilla de fascistas que nos gobierna, entre los cuales destaca ese tal Wert, que aseguran que escribe cartas con faltas de ortografía, que odia a muerte a todo lo que signifique promover la cultura y que precisamente por eso Rajoy lo ha hecho ministro de educación, porque él, Rajoy, también la aborrece sólo que mucho más, ya que sabe de la buena mano de aquel tipo que fue ni más ni menos que el mentor de Franco, Gonzalo Fernández de la Mora, que todo lo que signifique cultura y su promoción pondrá en grave riesgo su propia ideología ya que favorecerá que el pueblo español sea capaz de distinguir entre perfectos canallas convencidos de que ellos, por el mero hecho de ser hijos de sus padres tienen derecho a todo y los demás, hijos de vaya usted a saber quién, no tienen otro derecho que el de servirlos a ellos hasta la muerte.

 Aquel Fernández de la Mora, el ideólogo de Franco y de Rajoy, escribió sus obras cumbres El crepúsculo de las ideologías y El Estado en obras, casi al dictado del  Caudillo, lo que anticipa lo que en ellas se compendia, que no es sino la idea fundamental franquista de que las ideologías políticas son el cáncer de la vida natural de las naciones, “Fulanito, haga v. como yo, no se meta nunca en política”, principal recomendación del genocida a sus ministros, pasando así a consagrarse como la Biblia del franquismo.

 Para una completa comprensión de lo que significa este individuo consignaremos que él, junto con el inefable Aznar, cuentan entre los más fervorosos anticonstitucionalistas, habiendo afirmado rotundamente este enemigo esencial de cualquier ideología que abandonaba la estela de Fraga porque no estaba de acuerdo en dotar a España de una constitución ya que nuestro país estaba muy bien constituido tal como lo había configurado la obra de su ídolo, Franco.

 El caso es que a mí me había acometido el miedo por mor de un comentario insultante de un tío que se firmaba Orbe novo, trasunto fidelísimo de aquel Ordine nuovo, italiano tan canallesco y criminal, y pensé escribir algo sobre el inminente advenimiento del fascismo y pergeñé lo que sigue, antes de darme cuenta de que podía tener la ayuda de una de las cabezas mejor amuebladas que he conocido que, además, es historiador:

 “Estos neo nazi, fascistas, franquistas del PP están siguiendo al pie de la letra los pasos iniciales de  aquellas ideologías fascistas que acabaron con Hitler, Mussolini y Franco en el poder.

 Ya el viejo Aristóteles nos habló de la evolución imparable de las formas de gobierno y desde entonces han sido muchos los pensadores que, de una u otra forma, han planteado una especie de retorno o repetición de las mismas, Vico, Nietzsche, Marx, Spengler y es que la evolución histórica de dichas formas tiene una íntima relación con la especial constitución de la naturaleza humana que se mantiene esencialmente idéntica y la similitud de las formas en que se produce su adaptación a los diversos estadios políticos de las sociedades.

 No es, pues, extraño que los grupos sociales copien unos a otros sus posturas y enfoques cuando se enfrentan a similares circunstancias político sociales:”.

 Y, aquí, afortunadamente, me detuve y recurrí a Javier Traité con una carta abierta en la que le preguntaba si él creía, como yo, que el fascismo viene inevitablemente. He aquí su maravillosa respuesta: