El factor humano


Dedicado a Fernando Mora.
 El problema de Marx es que era demasiado filósofo, demasiado economista, le faltaba el factor artístico, el jodido factor humano, el de la maravillosa novela de Graham Greene.

 Tú puedes tener el mejor escalpelo del mejor de los cirujanos y abrir y cortar hasta llegar al fondo mismo de la puñetera materia, sí, pero ¿y  el jodido espíritu?

 Ah, ya, no me acordaba, que el jodido espíritu ni siquiera existe, pues va a ser que sí, que sí que existe esa inconsútil sustancia inmaterial que rige verdaderamente nuestra asquerosa vida, porque no es ya que tiren más 2 tetas que 2 carretas, es que, cuando las tetas se vuelven flácidas y ya no sirven para nada como tu jodido pene de mierda, queda algo allá, en el fondo de nuestros ojos que tira de nosotros mucho más irresistiblemente que nunca, sí, coño, y han dado en llamarlo amor.

 Yo no sé, ni quiero, saber cómo se llama, sólo sé que existe y que yo lo siento y que, por ello, todos los días de mi vida, 1º, lo sirvo a él porque ha sido, es y será lo más maravilloso que ha sucedido en mi vida, y, después, si puedo, atenderé lo que venga, por ejemplo, esto que tanto me gusta de pasarme un rato por aquí, a charlar con vosotros de todo lo divino y de lo humano.

 Y esto, coño, es lo que le falló a Marx, si no hubiera sido tan condenadamente materialista, si hubiera sido capaz de ver que en el ser humano hay algo más que puñetera economía, que puñetera materia, quizá ahora estaríamos hablando de otra cosa, en otras circunstancias y de otra manera.

 Porque ha sido el jodido espíritu el que se ha cargado a la omnipotente materia y de qué modo.

 Y aquí es donde entra con una fuerza no sólo incontenible sino absolutamente destructiva ese otro genio maniático, el Segismundo Freud de los sacrosantos cojones.
A lo mejor, si pudiera leerme, el tal Segismundo, daría saltos de indignación en su tumba porque él, seguramente, tampoco creía en el  jodido espíritu, como no lo hacen todos esos millones de discípulos/as que el muy cabrón tiene.

Para este grupo de selectisimos individuos/as lo que yo llamo “espíritu” no es más que el producto de una serie de reacciones químicas en mi puñetero cerebro, y una mierda, les digo yo.

Estoy de acuerdo en que mi puñetero cerebro no es más que una máquina y en que funciona por esas substancias químicas que hasta él llegan pero lo que no admito ni siquiera por un instante es que cuando termina la reacción química se acaba todo porque ahí están para demostrarlo esos puñeteros cerebros que se alojaron en las cabezas de Rilke y Miguel Hernández que, a lo peor, se pondrían los muy jodidos de parte de los antiespiritualistas, y que gracias a sus respectivos corazones lograron ir más allá, mucho más allá, joer, de la química y de la física hasta un espacio en el que no hay nada material ya que no sea más que el papel, la pluma y la tinta para escribir las 2 famosas elegías, la dedicada a Ramón Sijé y a Duino.

De modo que a Marx se le jodió el invento porque no tuvo en cuenta el jodido espíritu del canallesco animal humano que no tiene ni el más mínimo atisbo de solidaridad, de compasión, de modo que si trabaja colectivamente, siempre, siempre, siempre, actuará de manera que estafe a sus compañeros de trabajo, lo que hace que el jodido comunismo, por las buenas, sea realmente imposible.

 De modo que el jodido comunismo no tiene más remedio, para funcionar, que utilizar la fuerza, Cuba y China, porque si al canallesco animal humano lo dejas elegir preferirá la ruina y el hambre antes que la solidaridad y la compasión porque a este asqueroso bicho Dios o la naturaleza lo han hecho así. Que lo jodan.