Foucault y el poder (II)

El otro día concluía yo mi post diciendo más de lo que quería pero menos de lo absolutamente necesario. Y Patrick Bateman, con un conciso comentario, exponía, daba nombres a los que detentaban el poder que trajo a España, desde Canarias a aquel terrible carnicero que nos martirizó durante 40 años, Juan March, el contabandista balear y sus hijos, los March, pero ¿eran éstos los auténticos constituyentes del poder entonces, lo son ahora, dado que indiscutiblemente son ellos los que se hallan detrás del asqueroso Florentino?

Si así fuera, si nuestro buen Patrick tuviera razón, fallaría aquella máxima principal de Foucault de que el auténtico poder nadie sabe quién es ni dónde está. O sea que, detrás de los March, tenía que haber entonces, tiene que haber hoy alguien más, sí, pero ¿quién?

No lo sé, no lo sabe nadie, no lo sabremos nunca si se cumple el axioma foucaultiano. Juan March y Franco, entonces, los March, ahora, y Florentino, no son más que epígonos de ese auténtico poder que siempre permanecerá en la sombra, como tampoco sabemos quién está detrás de Obama, que no fue quien financió su campña electoral,ni quien sostiene son su poderoso esfuerzo a la Merkel.

 Precisamente el papel, la función, de los epígonos es ésa.

 Yo, que tengo muchísimo más valor que el famoso Guerra, el torero, me atrevo a intentar concretar un poco la cuestión, en última instancia, ese poder que podríamos denominar primario, frente a todos esos otros que no son sino secundarios, no es otro que el famoso Capital que tan bien denunciara el maestro de todos nosotros, Marx, y estaría constituido por ese inmenso acervo de riqueza que se acumula en las manos de los poderosos si bien éstos sólo son sus canallescos detentadores circunstanciales, que aparecen y desaparecen en el panorama de la riqueza universal como falsos guadianas, según conviene a sus criminales estrategias.

 Entonces, ¿el poder sería la Reserva Federal de los Usa, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, los Bancos Nacionales de los distintos Estados?, no y sí, ellos forman parte indisoluble de lo que se articula como el poder financiero del mundo, pero de ningún modo son ese poder supremo que se halla ignoto pero efectivo por encima de ellos.

 De modo que Bernanke no es el PODER, como tampoco lo es Draghi, ni la Lagarde, a ellos los han puesto ahí para que den la cara, pero ellos no son, ni mucho menos, el poder, recuérdese lo que le acaba de suceder a Dominique Strauss Kahm, que se creía el ombligo del mundo  porque lo habían puesto al frente del Fondo Monetario Internacional, y, apenas se declaró partidario de un función socializante del mismo, duró  apenas un instante y fue sacado de allí con deshonra y oprobio.

 No se sabe, no, no se sabe dónde está, dónde reside el verdadero poder porque, si se supiera, es posible que entonces perdiera ésa su auténtica naturaleza de poder supremo ya que sería asequible como lo ha sido este pequeño homúnculo que es o ha sido DSK.

 Pero los epígonos sí que se tiene que saber quiénes son porque es a través de ellos como actúa el poder. Y los March podrían ser en España uno de esos epígonos que, a su vez, delegan la epigonía en otros autores de 2ª clase: Florentino.

 Un March trajo a Franco y éste asoló íntegramente al país ni más ni menos que durante 40 interminables años. De modo que los jodidos March estaban lógicamente obligados a promover su reconstrucción, pero ellos no podían enfangarse directamente en esta detestable tarea, en la que había que mancharse las manos a fondo y encontraron a un ingeniero de caminos que parecía dispuesto a todo. Y que ávido de riqueza se puso a la tarea con el mayor de los empeños.

 ACS fue el instrumento originario, hoy, fijense ustedes bien, no hay en España una sola empresa que no se halle en manos de los March y de su jodido epígono. Y,acaparada toda la estructura empresarial española, ACS ha comenzado la conquista del mundo, comenzando por Hoftiech, la mayor empesa de construcción alemana, o sea la empresa constructora madre de todas la construcción alemana, la locomotora no ya de Europa sino del mundo.

 Pero el dominio de un país, España, y del mundo necesita un banderín de enganche, una empresa histórica que parezca que sólo pretende hazañas deportivas esencialmente altruistas, por ejemplo, un equipo de fútbol.

 ¿Quién se atrevería a decir que un equipo de fútbol es esencialmente  el más perfecto de los instrumentos de opresión?

 Ayer uno de esos 6 millones de parados decía en un diario deportivo que menos mal que cuando llegaba a su casa, ésa de la que están a punto de desahuciarle por falta de pago, y se ponía delante del televisor y veía ganar a España su partido de la Eurocopa, se sentía plenamente reconfortado.

 Esto se llama alienación que representa situar a un individuo fuera de su propio contexto, fuera de su propia vida, haciéndole perder la noción de las cosas, de tal manera que ya no pueda pensar con asidero en la puñetera realidad, por lo que es capaz y para eso le han trabajado convenientemente el cerebro, de olvidarse de los culpables de su terrible situación, y acudir en masa a las urnas para elegirlos como sus gobernantes de modo que ahonden aún más en el abismo en el que ahora mismo se encuentra.

 Bueno, como ya hemos alcanzado los 3 folios, nos detenemos, pero, si Dios quiere, continuaremos mañana.