Hacia una nueva teología de la liberación

 Después de escribir el post que sigue, cuando he ido al WordPress, en el que paso a limpio el borrador, he comprobado que, en la lista de spam, se hallaba este comentario que reproduzco para inyectar un poco de moral, que creo que andaba algo baja últimamente.
 Dice así:
 Diseño web reus en agosto 7, 2013 a las 11:31 am dijo: Editar
Canalladas | jlpalazon2 , es genial, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y me alegra cuando recibo uno más, sois lo mejor en español, me encata vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y un abrazo, nos alegrais la vida.
 Probablemente, en la historia de la humanidad, los dos hombre más influyentes fueron un par de tipos judios que, sin pretenderlo, fundaron las dos más grandes ideologías humanas, Jesucristo y Carlos Marx.
 Los dos actuaron bajo el impulso más altruista posible: la redención del género humano pero planteándola desde ámbitos no sólo distintos sino antagónicos.
 En un ensayo tan breve como el que en este acto realizo, he de ser forzosamente ultrasintético:
 -Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. (Versículo 3) Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra. (Versículo 4) -Bienaventurados los pobres porque ellos poseerán la Tierra.
 -Proletarios de todos los países, uníos.
 En cuanto a las frases evangélicas, ¿qué decir?
 Ni el propio Aznar, ni siquiera Rajoy hubieran podido mejorar este mensaje:
 -Jodidos y hambrientos pordioseros, ¿qué coño más queréis, si el propio Dios, que se hizo hombre para redimiros, se refirió expresamente a vosotros en su mensaje fundacional de las Bienaventuranzas? ¿Qué más queréis, jodidos pedigüeños, no pretenderéis que, además del Cielo, se os concediera la Tierra, qué coño más queréis si vais a tener el reino de los cielos para siempre, aguantad entonces estos 4 días mal contados, coño?
 Frente a un mensaje así, casi no me atrevo a analizar el mensaje marxista:
 -Proletarios de todos los países, uníos.
 “Proletarios”, radl, (Del lat. proletarius).
1. adj. Perteneciente o relativo a la clase obrera.
2. adj. Se decía de quien carecía de bienes y solamente estaba comprendido en las listas vecinales por su persona y prole. Era u. t. c. s. m.
3. m. y f. Persona de la clase obrera.
4. m. En la antigua Roma, ciudadano pobre que únicamente con su prole podía servir al Estado”.
 Lo primero que acude a mis dedos es la abismal diferencia entre un lenguaje neutro y amorfo, ayuno de toda clase de significación política, como es el de la religión cristiana, y ese otro de honda raigambre sociopolítica como es el jodido marxista.
 La palabra “proletarios”, como hemos visto en el Diccionario de la Real Academia viene designando secularmente a una clase social cuya única misión, de ella y de su “prole”, era servir al Estado.
 Y qué bien que ha entendido esto, a lo largo de toda la Historia, esa otra clase criminal que se sirve del Estado para un más fácil manejo del proletariado.
 Por eso el grito de rebelión de Marx y Engels, filosóficamente, es muy superior a las bienaventuranzas cristianas, porque es un grito desesperado ante la opresión de la clase capitalista contra la clase obrera, algo que supera no sólo al mensaje cristiano que, como se ve es el de la más profunda resignación, es decir, todo lo contrario a ese grito exhortando a la rebelión de la clase explotada secularmente, que se expandió como un reguero de pólvora por todo el mundo como una auténtica buena nueva y que, aún hoy, es el mejor mensaje esperanzador, porque la ética que en él se funda supera incluso al famoso imperativo categórico kantiano, ya que es muy superior al hecho de obrar de tal manera que nuestra conducta pueda concretarse como un mandato universal, ése otro de dar a la sociedad todo lo que tengamos exigiéndole a ella únicamente aquello que nos es imprescindible para nuestra propia supervivencia, mandato en el que resuena explícitamente la vieja idea estoica.