El pueblo unido nunca SERIA vencido

 A lo mejor es que he acabado de volverme loco. No está mal aunque me haya costado ni más ni menos que 83 años, que cumplo el próximo día 24, pero lo cierto es que siempre lo he intentado con todas mis fuerzas. Y no sólo porque Erasmo de Rotterdam elogiara la locura sino porque estoy convencido de que la demencia total, en cuanto ausencia absoluta del sentido de la realidad, es una auténtica bendición de Dios o de la naturaleza.

 Y digo esto porque de todas las noticias que hoy llenan las 1ªs de todos los periódicos, a mí, particularmente, la más importante y también la más hermosa de todas es ésa de que el pueblo, el hondo pueblo, el pueblo profundo, la hermosa gente, al fin, ha hecho lo que yo tanto deseaba que hiciera, de modo que ayer, no más, la insultaba yo, en un arranque de ciega ira, de mala manera titulando mi post así: “son unos asquerosos cobardes o unos repugnantes embusteros”.

 Invoco aquí como eximente plena, en mi favor, esa enajenación mental de la que escribía hace un momento: estoy completamente loco, a un demente de tal entidad debe de perdonársele todo.

 Pero el pueblo hondo, profundo, ése que parece que no está pero que sí que está, aquel mismo que le dio a Aznar con las elecciones en sus puñeteras narices cuando intentó engañarle diciéndole, a través de todos los periódicos del país, a cuyos directores fue el muy canalla llamándoles individualmente para que falsearan la verdad, que los autores del 11 M eran los asesinos de Eta, cuando él sabía mejor que nadie porque tenía ya todas las pruebas en sus manos, que habían sido un grupo de terroristas árabes, ese mismo pueblo, ayer, anoche, se echó a la calle, para acompañar a una parte entrañable de él que se había hecho con su representación para andar 400 kms., con sangre, sudor y ampollas para gritarle al infame baboso que hace como que nos gobierna, en la misma puerta de esa casa, que usurpa, “Esto nos pasa por un Gobierno facha” y la multitud les acompañaba con el eslogan “Estos son nuestros verdaderos campeones”, en clarísima alusión a toda esa faramalla encaminada directamente a alienar a todas esas pobres gentes que no piensan más que en Casillas y el Cristiano Ronaldo, el jodido, el puñetero, el asqueroso opio del pueblo, maldito sea, mil veces malditos, hijos de puta de la prensa que estáis colaborando tan activamente en engañar a este pueblo.

 Y en las 1ªs también andaba eso de la puñetera intervención de España, que ya era hora de que se produjera, a ver si bajo la dictadura de la Merkel y cía. esto fuera capaz de mejorar algo.

 No lo creo porque, para ello, había que empujar, perseguir y meter en lo más profundo del mar  a todos esos hijos de puta que hacen como que nos gobiernen pero que, en realidad, lo único que hacen es todo aquello que sólo sirve para protegerse ellos, para que Rajoy siga cobrando 3 clases por lo menos de emolumentos: sueldo de presidente del PP, sueldo de presidente del gobierno de España, y lo que haya convenido con el que le administra su registro de la propiedad de Santapola, 3 ó 4 millones de las antiguas pesetas mensuales.

 Esto es lo que verdaderamente están haciendo ellos, todo lo posible para que no sufran la menor alteración sus privilegios, gangas, prebendas y sinecuras, ni tan siquiera su prestigio, para eso mantienen con uñas y dientes el control de eso que llaman poder judicial y que no es sino el instrumento de legalizar sus desafueros.

 De modo que, para mí, fue seguramente la mayor alegría de mi vida, anoche, cuando oí, en Hora 25 de la Ser, que la marcha de los mineros hacia Sol, en media hora, apenas si había podido avanzar unos metros porque se lo impedía la inmensa congregación de sus hermanos de sangre, sudor y lágrimas, del pueblo que vive en Madrid y que había acudido a recibirlos para fundirse con ellos en un abrazo que será eterno.

 Benditos sean estos hermosos mineros, héroes auténticos de nuestro tiempo y no eso jodidos atletas que han decidido vender sus almas al poder que los utiliza como señuelos para con su gloria de lentejuelas y pacotilla engañar decisivamente a toda ese inmensa legión de mentecatos que son felices porque España gana no sé qué campeonato la misma noche, el mismo día que ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos pasan las peores dificultades y certifican, quizá para siempre, que nunca tendrán otra gloria y otro estatus que no sea ése de ser la plebe que ahora llena esos asquerosos estadios que son aún más vergonzosos que aquellos malditos circos romanos.