Y esta gente se va de fin de semana, dejando al país al borde del abismo.

 Lo que no acabo de entender es como esto no salta de una puñetera vez por los aires.

 Se nos ha estado diciendo hasta la saciedad que la prima de riesgo no podía superar, 1º, los 400, 2º, los 500 y, por último, los 600 puntos, pero la jodida prima está ya en los 612 y pagamos por el bono a 10 años más del 7%, entonces, ¿qué, era, es todo mentira y de lo que se trata es de asustarnos continuamente para que vivamos totalmente acojonados y ni siquiera nos atrevamos a respirar por si la cosa acaba ya de joderse de una puñetera vez?

 Pero, otra pregunta, ¿es que realmente la cosa puede joderse aún más?

 Creo que es el principio de Peter el que dice que todo lo que puede empeorar, empeora, pero lo que nos está pasando, a todos menos a ellos, naturalmente, ¿puede empeorar aún?

 Sí, sí, yo que tengo 83 años, los cumplo el próximo 24 de este mes, aunque lo celebré ayer, aprovechando la visita de Futbolín, afirmo que se puede vivir mucho peor aún materialmente, yo lo he hecho durante muchos, muchísimos años, pero moralmente, no.

 Yo no quiero imaginar siquiera lo que pasaría, moralmente, si yo tuviera que decirles, a mis hijos y a mi mujer, que no hay dinero para hacer la compra, es ahora, que todos los días, se come, se bebe, agua mineral por supuesto, se guarece uno del frío o del calor según la época, y se duerme en una buena cama cada uno y me machacan continuamente de la peor de las maneras, ¿qué harían conmigo esta buena gente que me rodea y que dice que es mi propia familia?

 A lo peor, ustedes, que me leen dicen: “pero este tío ¿de qué coño habla?, el muy jodido, pues no va ahora y se preocupa por problemas morales, será canalla el tío, que venga a aquí, ahora, y se enfrente a ver a mi mujer o a mi hija, muriéndose de cáncer en medio de los peores dolores y no pueda, como no puedo yo, hacer absolutamente nada, comer, dormir, joder, pero ¿de qué coño, repito, habla este jodido tío de mierda, qué haría, qué diría si viera a alguien a quien quisiera mucho más que a su propia vida, mordiéndose los dedos hasta hacerse sangre, tratando de combatir un dolor con otro dolor más fuerte e inmediato?”.

 Como dice hoy, en un comentario, Futbolín, yo no tengo motivos para quejarme que no sean los de las penosas enfermedades de mi mujer y mis 2 hijos mayores que son graves, muy difíciles de sobrellevar e incurables, que exigen una continua entrega para atenderlos aunque nunca puedo hacerlo como se merecen, y éstos, creo yo que no son problemas sólo morales, pero que se hacen aún más graves e insoportables cuando ellos, los 3, se me quejan de falta de atención no sólo médica sino también mía.

 Todo esto seria menos grave, o menos difícil de sobrellevar, si se le aplicaran medidas que estaban previstas hasta hace muy poco: mi mujer acababa de recibir la declaración de incapacidad suficiente para que el Issorm, Instituto de servicios sociales de la Región de Murcia, le aplicara la Ley de Dependencia, lo que supondría no sólo una subvención de 400 euros mensuales para un asistente, sino también la posibilidad de su internamiento, durante casi 12 horas diarias en el llamado Centro de Dia para enfermos de alzheimer, pero el tiempo pasa desde la notificación de aquella declaración, noviembre último, y no sucede nada, todo lo contrario, mucho me temo que si se están cargando servicios sociales plenamente establecidos, consolidados ya por su puesta en acción, todo éstos, que estaban en fase de establecimiento, sean suprimidos de un plumazo por uno de esos canallescos especímenes que ahora dicen ellos que nos gobiernan, lo que es la más grosera de las mentiras, si gobernar es algo distinto a suprimir los servicios más esenciales para una llevadera supervivencia.

 Y esto me conduce de la mano a una idea que ya ha sido expresada, por otros, muchas veces: todo esto que de tan grave manera nos aflige no son sino las últimas consecuencias de aquel siniestro plan que pergeñaron el jodido canalla exhoollywoodense Reagan y la siniestra marimacho de la Thatcher, cuando se atrevieron a afirmar categóricamente que el Estado, aquel Estado del bienestar que nos defendía de sus furibundos ataques, no sólo no era la solución sino precisamente el problema.

 Aunque parezca increíble, este hatajo de castrados en que nos hemos convertido todos, después del más adecuado de los tratamientos “ad hoc”, hemos consentido que, sin prisa pero sin pausa, esta gentuza neoliberal que atenta contra todo lo que huele a beneficio social, haya ido suprimiendo, una a una todas, esas conquistas sociales que tanto sudor, sangre y lágrimas, costaron conseguir y ahora estemos absolutamente desnudos antes sus criminales ataques, de manera que o tienes el dinero suficiente para pagar por la atención médica privada que ellos detentan, lo que supone tu ruina y su enriquecimiento, como siempre ha sucedido en la puñetera metrópoli del imperio, o te mueres de asco en el más puñetero de los rincones de la historia, que diría el siniestro y canallesco Aznar.