Mercenarios de la pluma

el país
LA GACETA
eddie
enero 6, 2013 en 10:47 pm
“RESISTENTES . Manuel Vicent
Ser un resistente, he aquí la última forma romántica de vivir. Año 1942. Estación de ferrocarril en un pueblo de Francia, un individuo en un paso a nivel está apoyado en una bicicleta con un cigarrillo en los labios, pasa el tren con un silbido desolado, el individuo realiza con el brazo una contraseña y poco después en un puente cercano suena la explosión. El convoy ha saltado por los aires. Llevaba armas para el ejército nazi. El individuo monta en la bicicleta y se aleja canturreando la canción de los partisanos Oh, bella, ciao. Misión cumplida. La Resistencia Francesa estaba envuelta en un aura muy literaria. Había una guerra. Había un invasor. Eran tipos duros que se jugaban el pellejo. La literatura con que fueron adornados por la historia se ha extinguido, pero en cualquier tiempo, en cualquier lugar, los resistentes permanecen siempre con la misma actitud heroica frente a cualquier otra invasión que trate de doblegarlos. Aunque nadie los conozca por sus nombres, hay que considerarlos como los nuevos partisanos imbatibles. El invasor está ahora en todas partes; el convoy que lleva armas al enemigo pasa todos los días por delante de nuestra puerta bajo diversas formas: se trata, tal vez, de la crispación agresiva de la derecha cerril o de la izquierda corrupta y sin ideales, del fanatismo religioso que se ha apoderado de la calle, de los vestigios de la caverna y de la España negra, de la basura que emite la televisión, del cacareo gallináceo de algunas tertulias, de los rebuznos digitales que asolan el espacio. En el fondo es un solo enemigo que ataca desde flancos distintos, el mismo que, a veces, se alía con alguna caída personal, con la angustia de vivir sin aceptarse. Existen tipos admirables que no están dispuestos a claudicar frente a la adversidad. Ningún político conseguirá que se traguen una rueda de molino, ningún obispo les obligará a arrodillarse, ningún vendedor de peines intelectual les hará perder el tiempo y si la vida se les tuerce con una mala racha, con la crisis, la depresión y el paro, tratarán de soportar la dificultad sin romperse nunca por dentro. Son los últimos románticos de la resistencia que, desde la clandestinidad, se enfrentan cada día a la miseria moral que intenta anularlos. Oh, bella, ciao”.
Mi querido eddie: Qué cosas tiene la vida. Llevo mucho tiempo envidiando todos esos blogs que hay por internet, en los que sus autores sostienen arduas discusiones con sus comentaristas, porque considero que eso les da una extraordinaria vitalidad a tales foros, y, ahora, cuando gracias a ti, tengo la ocasión de polemizar un poco, una chispa de nada, me entristezco porque me molesta extraordinariamente hacer la más mínima crítica a unos artículos que tú has aportado a mis blogs para enriquecerlos considerablemente.
 Hace unos días era uno de Enzensberger, autor al que yo considero muchísimo, y hoy es otro de Manuel Vicent, al que no lo hago tanto.
 En el artículo de Enzensberger me chirrió el optimismo que, a pesar de todo, rezumaba su artículo porque ser optimista ahora mismo, en estas precisas circunstancias, se me antoja un gravísimo pecado contra la realidad y en éste de hoy, de Vicent, me topo de nuevo con ese mismo optimismo unido a una crítica tópica de la izquierda cuando equipara “la crispación agresiva de la derecha cerril o de la izquierda corrupta y sin ideales”.
 A mí, que me considero miembro de la más extrema de todas las izquierdas que puedan existir, efectivamente, me crispa hasta la exasperación y me pone agresivo hasta no poder más que estos sedicentes izquierdistas, porque realmente no lo son por el mero hecho de escribir en un periódico que dice que se debe, sobre todo, a sus accionistas, joder, ¿por qué? ¿porque les pagan un sueldo? Esto no sería sino una nueva forma del mercenariado, que vende sus lanzas y sus espadas al mejor postor.
 Yo pienso todo lo contrario: las armas que uno tiene, más grandes o  pequeñas, debe de ponerlas al servicio general de la sociedad en la que está inserto, le pague quien le pague, porque todos tenemos el mismo derecho a comer de la fruta que pende de los árboles sea cual fuere el tipo que abona el huerto y lo cava.
 A mí me paga ahora mi pensión, después de casi 70 años de soportar que me extrajeran de mis nóminas los seguros sociales, un canallesco Estado neoliberal capitalista que, si lo hace, es porque no tiene más remedio si no quiere que todo este corruptísimo sistema, en el que tan mal nos morimos, salte por los jodidos aires como debería de saltar si todos los hombres que en él habitamos tuviéramos lo que, por ser tales, deberíamos de tener.
 ¿Eso supone que yo no pueda escribir todo esto porque la transferencia de fondos con la que se me paga mi pensión la firma, como ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, ése ministro títere que nombrara Rajoy?
 La autoconfiguración histórica de la actual sociedad nos ha atribuido a cada uno de nosotros nuestros respectivos roles pero eso no significa que seamos esclavos de los que, por circunstancias absolutamente detestables, ahora nos mandan.
 De vez en cuando, yo voy también por El País y mi condición de visitante aún hace más provisional mi permanencia allí, de hecho, no será ya nunca la primera vez que me censuran o simplemente me excluyen de sus preciadas páginas, da igual, yo sigo, por lo menos, intentando combatir lo que allí se dice cuando creo que debo de hacerlo.
 Por eso, me parece absolutamente deleznable que el tal Vicent mezcle abusivamente las churras con las merinas, la canallesca ultraderecha,  a la que, si se descuida un poco, puede acabar por pertenecer, al continuar anteponiendo la consideración de quien le paga a la de lo que éticamente debe de decir, equiparando indiscriminadamente a la más acérrima de las derechas con una izquierda que él llama “corrupta y sin ideales”, haciendo como que no sabe, que sí que lo sabe, que la izquierda nunca puede ser corrupta porque en el momento en que se corrompa ya no será izquierda como tampoco lo será si pierde esos sus ideales esenciales de proclamar la verdad y defender hasta la muerte la justicia.
 Ya sé que ahora el 15M y la DRY han puesto de moda eso de “ni quito ni pongo rey, sólo ayudo a mi señor”, entendiendo por éste la neutralidad, la imparcialidad y la equidistancia, jodido y canallesco señor, porque en un mundo en el que una parte infinitesimal del mismo está asesinando premeditada y alevosamente al resto, mantenerse neutral, imparcial y equidistante no es sino la peor manera de participar en ese infame asesinato en concepto de autor, no en el de cómplices ni encubridores.
 Allá cada cual con su conciencia, escriba en donde escriba, hágalo donde lo haga. Yo, aquí, no voy a dejar pasar ni una, lo diga quien lo diga y lo haga donde lo haga, en El País o en La Gaceta.