Del asesinato como una de las bellas artes o de como es absolutamente legítimo matar a los tiranos.

 Sé que voy a escribir hoy varias blasfemias y que algunos pedirán por ello mi cabeza clavada en una punta de sus lanzas y no protesto porque de eso es precisamente de lo que se trata esta vez, de una auténtica guerra, de una lucha a muerte por sobrevivir y lo he escrito apenas sin ningún trabajo.

 Lo he dicho ya varias veces por aquí, mi pensión es de 1.485 euros, por ahora, y toco madera, y ayer, en la farmacia, me dieron 2 perversas noticias: una que el tanakene ya no lo paga la seguridad social y otra: que de las que sí incluye en su vademecum como fármacos cuasi gratuitos para los anciano y crónicos, nosotros, mi mujer y yo, ambos enfermos crónicos, ella de suma gravedad, un alzheimer avanzado y yo, hipertensión y falta de masa muscular en las piernas lo que me mantiene casi inválido, hemos de pagar el 10% de todas las medicinas y como el Exelon que ella consume diariamente cuesta 200 euros, sólo por esta medicina, de las 15 o 20 que consumimos diariamente, nosotros hemos de sufrir una pérdida de 20 euros mensuales en nuestro poder adquisitivo mientra que Ana “Jaguar” Mato, la autora de esta fechoría, percibirá sólo 1.800 euros diarios, s. e. u o., en concepto de dieta indemnizatoria por prestar su servicio al Estado “fuera de su residencia”, siendo así que ella vive y tiene casa en Madrid y de tal naturaleza que ni siquiera es capaz de saber el número y la marca de los coches que cada día pernoctarn en su poblado garaje, mientras ella se somete a su cotidiana sesión de rayos Uva para estar incluso en pleno invierno tan morena por lo menos como su amigo Javier Arenas. No sé por qué me ha venido a la cabeza la frase de María Antonieta cuando le dijeron que el pueblo de París ya ni siquiera podía comer pan: “Pues que coman pasteles”.

 Pero yo no quería hablar de todas estas jilipolleces canallescas sino de la verdad absoluta, que muchos niegan que la haya, de ahí que antes hablara de blasfemia, pero que  claro que la hay, cuando Adam Smith decía que la riqueza de las naciones se fundamenta en la avaricia del hombre que, al perseguir inicuamente su enriquecimiento personal, provoca al propio tiempo el de todos aquellos a los que explota exprimiéndoles sus plusvalías, no hace con esta falsedad sino establecer una de las verdades más claras de este cochino mundo: cuando el avaricioso empresario esquilma a sus trabajadores la plusvalía que éstos aportan al producto de la empresa con su fructífero trabajo no está enriqueciendo de ninguna manera a éstos sino empobreciéndolos definitivamente: Karl Marx y ésta sí que es una verdad absoluta, la más absoluta de todas, demostrada hasta la saciedad.

 Porque, a partir de ese preciso momento y por mor de la  Ley de bronce del salario, el trabajador siempre percibirá un salario no sólo fijo sino también limitado, mientras el empresario se enrlquece exponencialmente, al propio tiempo sino que aquél se irá empobreciendo proporcionalmente con cada hijo que tiene, hasta llegar a su ruina total que se producirá cuando los cipayos de este canallesco régimen le desahucien de su legítima vivienda por no haber podido pagar la hipoteca o el alquiler y tenga que irse a vivir a la puñetera calle.

 Y, llegados a este punto, entra en acción lo que ayer apuntaba en mi blog de blogger un anónimo comentarista que citaba al egregio Locke, compañero de Berkeley y de Hume, que ya entonces exponían en su filosofía política el derecho a la guerra que asiste a los ciudadanos frente a sus gobernantes, cuando aquéllos son oprimidos de la peor manera por éstos, siguiendo consciente o inconscientemente la senda de nuestros sabios, los padres Vitoria y Suarez, cuando pergeñaron sus doctrinas que permitían incluso la muerte del tirano.

 Y esto no es un simple juego de palabras escrito una tarde de domingo del caluroso estío sino el más firme de los deseos de un ciudadano desesperado que contempla, con la sangre revuelta y encendida, como la tal Ana “Jaguar” Mato me ha condenado a la indigencia, a mí y a mi familia mientras ella se sube al jaguar de su marido y emprende el camino a su residencia veraniega

 Y esta no es sino la canallesca verdad la diga yo, el porquero, o ese jodido Agamenón que ahora es el Babas, o el Baboso, que en esto no hemos podido todavía ponernos de acuerdo mi mujer y yo.

Desvergüenza, desfachatez, canallería


 Dice la sinvergüenza mayor de Reino que hay que acabar con las mamandurrias y lo dice después de que se sepa que uno de sus hijos acaba de ser enchufado en la Administración Central del Estado por ser vos quien sois, hijo de conde o de marqués y de presidenta de la Comuinidad madrileña, de plantar ni más ni menos que una estación del Ave en una finca de su esposo y de haber sobornado a 2 diputados del Psoe para obtener dicha presidencia.

 Y lo dice cuando todos los periódicos decentes de la nación que son apenas 3, Público, El País y El Plural no se cansan de publicar todos los días que desde Rajoy, ignominioso presidente del Gobierno hasta el último de sus detestables ministros, cobran 1.800 euros como dietas por el ejercicio de su actividad fuera de su residencia habitual, siendo así que todos ellos no sólo viven en Madrid sino que tienen vivienda propia en la capital de estas asquerosas españas.

 Dietas, dice el DRAL, son 2. f. Honorarios que un juez u otro funcionario devengan cada día mientras dura la comisión que se le confía fuera de su residencia oficial. U. m. en pl.

 Dicho de otro modo, cada uno de todos estos señores, por llamarlos de alguna manera, encargados por los idiotas del pueblo de que les guarden sus dineros, estafa alevosamente a la comunidad ni más ni menos que 1.800 euros por dicho concepto, que sólo Dios sabe las mamandurrias que sacarán por otros muchos.

 He escrito “estafa” pero podría muy bien haber concurso con otros delitos: malversación de caudales públicos y qué sé yo, que mi cabeza desgraciadamente no está ya para muchas disquisiciones jurídicas.

 Es por eso que yo titulaba el otro día mi post haciendo referencia a que estos señores (¿), que dicen que nos gobiernan pero que hasta ahora sólo parece que nos estafan, no eran sino unos perfectos delincuentes.

 Pero no es esto lo que más me preocupa a mí en estos momentos, lo que verdaderamente me tiene aterrado es constatar la existencia de un pueblo tan lerdo, tan idiota, tan imbécil que es capaz de entregarle mansamente el supremo poder legislativo para que puedan legitimar sus fechorías promulgando, con su mayoría absoluta, las leyes que consideren necesarias, a unos individuos que tan acreditado tienen sus magnificas facultades para robar porque no de otro modo se pueden conseguir esas gigantescas fortunas que todos ellos tienen.

 O sea que estamos gobernados, dicen, por una inacabable serie de berlusconis, y así tenemos, como ministra vicepresidenta del gobierno a una tipa que, además de no tener reparo alguno en salir en la portada de El Mundo casi desnuda, en actitudes absolutamente provocativas como si se tratara de una vulgar prostituta, no sólo mete la mano en la caja de todos cobrando los referidos 1.800 euros de dietas, residiendo como lo hace en Madrid, sino que encima enchufa a su marido, abogado del Estado, como ella, en la Telefónica, empresa que, por 1ª vez en su larga vida ha suprimido el pago de dividendos a sus accionistas porque el parné se lo llevan crudo todos esos honrados personajes que se llaman Undargarín, Eduardo Zaplana y miles señores más de este misma ralea.

 Pero todavía es más llamativo aún el nombramiento que ese genio de la política que es el Babas hizo para ministro de Defensa: no se le ocurrió otra cosa, pero ¿es posible realmente?, que elegir al que era, y seguramente sigue siendo bajo capa, presidente de una compañía que se dedica a fabricar bombas de racimo, o sea, algo así como nombrar jefe de los bomberos al peor de los incendiarios que se conoce.

Y, así, sucesivamente: ministra de Sanidad, ¿a que no saben ustedes a quíén? La Sanidad es quizá el más grande de todos los problemas que tiene planteado este país, después del paro, que se lo ha encargado el Babas a una señora que para resolverlo no se le ha ocurrido otra cosa que irse de romería con una virgen y pedírselo por las buenas.

Pero hablábamos de la Sanidad, tal vez el ministerio que más dinero mueve en España, ¿quién podría administrarlo mejor que una señora cuya única preocupación real, como la de su amigo Arenas, es someterse intensamente a su diaria sesión de rayos Uva para estar siempre lo suficientemente morena y atractiva, o acaso no se trata de eso en Sanidad?

Pues bien, la ministra a la que algunos mal intencionados malhablados llaman Ana “Jaguar” Mato, es tan cuidadosa de los asuntos económicos que ni siquiera sabe el número y la marca de los numerosos automóviles que se encierran, cada día, en su propio garaje, tiene tantos, casi tantos como el de Agricultura, uno de los hombres, dicen, más ricos de España, muy preocupado porque los camareros sepan servir manteca roja cuando un buen gourmet como él se la pida.

 Como ya he superado los 2 folios, tengo que dejarlo pero este pequeño muestrario creo que es suficiente no sólo para saber el nivel moral y mental de la gente que nos gobierna sino para, lo que es mucho peor aún, el de la gente que los ha elegido ni más ni menos que con mayoría absoluta: “qué país, Miquelarena, qué país”, volvería exclamar el bueno de Unamuno y seguramente por eso lo volverían a desterrar a un sitio al que también me desterraron a mí, por cierto, y que él llamó “el culo del mundo”.