El laberinto jurisdiccional

Nos hallamos en presencia de la lucha a muerte entre dos veteranos preceptos: “Dura lex, sed lex”, la ley es dura pero es la ley y «iuris praecepta sunt HAEC: honeste vivere alterum no laedere, iustitia et est constans perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi”: los preceptos del derecho son estos: vivir honestamente, no dañar a otro y la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo (Ulpiano).

Ulpiano es un jurisconsulto romano que nació en Tiro, en 170 y murió en Roma, en 228, asesinado, como es lógico en un defensor a ultranza del buen derecho. Hoy, Garzón, ha sido jurídicamente eliminado por hacer algo parecido. Nihil novum sub sole: nada nuevo bajo el sol.

Regresando de Übeda, en la España de Rajoy y sus compinches, que, ojo, somos todos los demás que lo consentimos, se producen todos los días hábiles del año el lanzamiento a la puta calle de cientos de miles de ciudadanos españoles, como tú y yo, por ejemplo, por el mero hecho de haber tenido la mala suerte de nacer y de morir, porque es seguro que lo harán así, pobres, tan pobres o más que las ratas. Y repito tú y yo y algunos millones más de jodidos ¿seres humanos? lo consentimos.

A ti ¿no te da vergüenza consentirlo? A mí, sí, y tanta que me dan ganas de pegarme un tiro y, si no lo hago, es porque soy una mierda de hombre, un auténtico hijo de puta y que conste que mi madre era una santa.

Porque vivo en sociedad, ¿de veras?, con todos esos hombres, mujeres, ancianos y niños que hoy a la hora decretada por un juez van a ser puestos en la puta calle por unos insensibles cipayos.

No sé si yo soy especialmente sensible a un desahucio porque yo he sido también desahuciado y sé la ira y la vergüenza que se siente cuando uno es objeto de un trato semejante. Ira porque uno estaría dispuesto a hacer lo que fuera por evitar verse en plena calle, totalmente indefenso, contemplado con lástima o desprecio por unos curiosos, pero comprueba que no puede hacer nada ni siquiera pedirle al juez un poco de piedad porque tu madre enferma lo sufre más que nadie en una silla de ruedas, enferma ya de muerte.

Y el juez lo dijo con una cierta tristeza pero inexorable: “Dura lex, sed lex”: la ley es dura, pero es la ley y a mi me pagan por hacerla cumplir.

Y se fue a su hermosa vivienda después de recoger a sus hijos en un espléndido colegio.

A Ulpiano, seguramente, lo mataron por mantener a toda costa todo lo contrario: “vivir honestamente, no dañar a otro y la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo”, si los jueces que decretan los desahucios y que ofician a la policía para que acompañe a la comisión judicial a cumplir su execrable mandato fueran realmente honestos, no dañarían a los desahuciados de tan cruelísima manera, y le darían al demandado por los Bancos lo que es realmente suyo porque compraron porque tenían que comprar, porque era mucho más caro y a fondo perdido vivir en régimen de alquiler, porque han pagado hasta el último céntimo que tenían para satisfacer una deuda que no es enteramente suya sino de todos nosotros, sus conciudadanos, porque hasta ese panfleto de Constitución que tenemos, si hasta el mismo Fraga y sus compinches lo tuvieron que escribir allí: todos los españoles tenemos derecho a una vivienda digna, ¿dónde coño está la dignidad si el juez nos manda a sus esbirros para que nos echen a uno de nosotros, con su mujer, con sus hijos, con su madre enferma de muerte a la puñetera calle? Si el que lo ha pedido, además, es una sociedad anónima, un ente sin alma, joer, que no puede sufrir tanto dolor, tanta ignominia. 

¿Dónde está la justicia, eso de dar a cada uno lo suyo, si yo he pagado quitándomelo incluso de comer, quitándoselo a mi mujer, a mi madre y a mis hijos, el último céntimo que tenía, cómo puede nadie decirme ahora que esta casa no es mía sólo porque no tengo trabajo y ya no puedo seguir pagando los plazos, qué es más justo, dónde coño está la justicia, en que a mí me echen de una casa gran parte de cuyo coste ya he pagado para que mi prestamista usurero se haga con ella y la pueda volver a vender otra vez?

La injusticia es tan grande que los jueces, esa especie de dioses que viven enfundados en sus severas togas, en los altos escaños de la parte noble de los tribunales, no han tenido más remedio que tomar consciencia de la injusticia radical de la situación y comprender que su misión está siendo estafada, falseada, ultrajada, ellos no pueden contribuir a ayudar al injusto que, por otra parte, está recibiendo del Estado que somos todos los ciudadanos, unas ayudas ingentes para salvarlos de los resultados de su mala gestión, a que masacre a la víctima, de modo que una parte de ellos, ciertamente ridícula, está intentando, vanamente porque las altas instancias de la magistratura, desde el Tribunal Supremo al de Estrasburgo, pasando por nuestro Constitucional, les van a dar la razón legal a los Bancos, porque la Ley, dirán, es dura, muy dura, insoportablemente dura, pero es la Ley, y, si no la cumplimos, todo se irá a hacer leches.

Y en esas estamos, en medio de un laberinto jurisdiccional, con unos jueces, pocos y muy débiles, luchando por hacer auténtica justicia, frente a sus hermanos mayores, que no lo duden, darán la razón a los banqueros, porque ellos, los culpables de todo lo que está sucediendo,  incluso de que el pobre miserable desahuciado no pueda pagarles, están amparados por la Ley, una Ley votada en unas Cortes que, según dice la Constitución, nos representan a todos nosotros, incluso a esos cientos de miles de españoles que en este preciso momento están echando a la calle en la mayoría de todos los juzgados españoles, mientra la sra. Botella, Alcaldesa de Madrid, dice que las leyes hay que cumplirlas, y yo pregunto: ¿todas, incluso las del Derecho penal internacional, que condenan a aquellos que han emprendido guerras injustas para que unas compañías usanianas ganen más dinero vendiendo petróleo, tal como nos dijeron el hermano del presidente Bush, “todos vamos a ganar mucho dinero con esto” y la ministra de Palacio del gobierno de Aznar, “la gasolina va a bajar”, tratando de justificar lo que nunca tendrá perdón?