La aporía del comunista

 No sé lo que me aterra más de esta gente, su incompetencia profesional o su radical inmoralidad, su falta absoluta de ética.

 Quizá el más potente de todos los filósofos de la historia, el hombre que fue capaz de escribir la crítica de la razón pura y la crítica de la razón práctica, estableció lo que se denomina el imperativo categórico: obra de tal manera que puedas aspirar a que tu conducta sea universal, ese maravilloso acervo de sabiduría popular que es el refranero español lo condensa de esta manera: no quieras para otro lo que no quieras para ti.

 La profunda desintegración moral que se ha apoderado del género humano es lo que nos ha llevado adonde estamos, hemos permitido impertérritos que se hayan adueñado de la moralidad pública principios tales como que el egoísmo y la avaricia son impulsos legítimos en el desempeño de la actividad humana.

 No sólo hemos desoído el precepto kantiano que él expresó como absolutamente categórico sino que hemos hecho caso omiso de ese otro mucho más exigente aún: hay que dar a la sociedad según nuestras capacidades y obtener de ella según nuestra necesidad.

 Si hubiera que resumir en una sola palabra el espíritu que anima este último precepto, yo lo expresaría con el término solidaridad., que hace referencia al impulso de hacerse uno solo con el resto de la humanidad.

 Fue la suprema generosidad de este impulso el que hizo exclamar a  dos de los más señeros representantes de nuestro género aquello de proletarios de todos los países, uníos, quizá la frase mas ambiciosa que nunca se haya pronunciado y que, hoy, uno de esos descerebrados que por una inadmisible aberración de nuestra sociedad se dedica a la más noble de todas las actividades humanas, la política, ha dicho:

“Esta ley permite a todos los ciudadanos disfrutar de una vivienda digna. Y le pido a la señora Villares que retire eso de que el PP roba… ¡Lo que es un insulto es ser comunista hoy en día!”: JOSÉ MARCOS Madrid 25 JUL 2012 – 21:38 CET. El País, 25 de julio de 2012.

 Se discutía en la Asamblea de Madrid la aprobación de una ley que permite construir viviendas de 900 metros cuadrados en suelo privilegiado mientras se desahucia a miles de españoles por no poder pagar sus hipotecas y alquileres.

 Esta frase del diputado pepero Alvaro González es la que motiva mi comentario de hoy porque ya no es que me asuste, es que me aterra que haya una sola persona capaz de pensar que todos esos imperativos morales que antes transcribíamos no existen para él porque seguramente nunca los ha leído y esa es precisamente la tragedia de este pueblo mártir nuestro: que tengan la posibilidad de legislar en este país gentes a los que una ciudadanía engañada por la prensa más canallesca de la historia ha dado ese poder.

 Y este incidente me ha llevado a recordar lo que me sucedió hace aproximadamente un año cuando llevé a mi mujer a que le hicieran un  pet al único hospital que lo realiza por estas latitudes que se halla en Alicante.  En la sala de espera, dicha prueba médica tarda muchísimo en realizarse, yo me puse a leer Qué es la literatura, de Sartre, y una señora, muy distinguida, me dijo: “Así que leyendo a Sartre aquí. Es muy curioso, un comunista en un hospital sólo para millonarios”. El dichoso pet, que no ha servido para nada, me costó 150.000 pesetas.

 Lo que me indujo a formular la que llamo “aporía del comunista”, a imitación de la famosa de Aquiles y la tortuga que, ya saben, dice que, si el tiempo y el espacio son divisibles hasta el infinito, Aquiles no alcanzará nunca a la tortuga porque siempre habrá entre ellos un espacio infinitesimal que rebasar.

 Para la inmensa mayoría de la gente, un comunista está obligado por su credo a la absoluta pobreza porque siempre habrá de entregar a los demás hasta el último céntimo que pueda tener. Los no comunistas, por supuesto, pueden almacenar dinero hasta el infinito.

 Es esta cínica exigencia de los políticos no comunistas lo que pone de manifiesto su absoluta incapacidad no sólo profesional sino también ética.