BÁRCENAS y Rajoy, una magnífica fábula para demostrar la veracidad de las tesis de Marx.

 Tesis 1: Todo es economía.
 Tesis 2: El verdadero poder es el económico.
Decía Rajoy, ayer, ante los prebostes de la Unión Europea, intentando desesperadamente luchar contra esa marea de corrupción que a otro individuo con un átomo de dignidad ya lo hubiera expulsado de su peana: “lo importante realmente, lo verdaderamente democrático es haber llegado al poder mediante unas elecciones generales”.
 Decía Lara, creo, líder de IU: “pero ¿qué dice este hombre?, él no ha llegado al poder mediante unas elecciones generales libres sino esencialmente falseadas por la más absoluta de las corrupciones económicas”.
 Filosóficamente, ¿cuál de las 2 proposiciones es cierta?
 Que Rajoy ha engañado a la inmensa mayoría de su electorado, es una evidencia tal que no necesita ninguna clase de demostración.
 ¿Cómo? Utilizando a su favor todo ese inmenso poder que le otorgaba ser el más poderoso de los agentes políticos en liza en las pasadas elecciones generales.
 En cualquier país, la publicidad electoral no es que sea importante,  es absolutamente decisiva.
 Si desde todas las atalayas de la información real, ésa que efectivamente llega al pueblo, a la masa indiscriminada de analfabetos políticos, se sostiene el falso mensaje de que el partido preparado desde siempre para resolver todos los problemas económicos que lo arrasan  es el partido que detenta desde siempre también el poder económico, indefectiblemente este canallesco partido ganará inexorablemente las elecciones.
 Y, ahí, están los hechos indubitables para demostrarlo.
 Pero la realidad real, la realidad también indiscutible es que era ese apestoso partido, precisamente, a nivel mundial, el partido liberal capitalista, el que había llevado al mundo a una quiebra de proporciones universales, de la que tanto nos va a costar salir si es que salimos sin deslegitimar para siempre el paradigma liberal capitalista que afirma, desde Adam Smith, seguido por sus epígonos intelectuales Von Misses, Hayek, Popper, Friedman “et alteri”, que es la libertad más absoluta, ésa que comprende, como no, la absoluta libertad de mercados, la panacea capaz de resolver, y no de crear, como en la realidad ha resultado, todos los problemas del mundo mundial.
 Soy perfectamente consciente de que hay una aparente contradicción entre lo que ahora escribo y aquellas iniciales tesis del marxismo con las que comenzaba este trabajo.
 Si todo no es más que puñetera economía, si el verdadero poder es realmente el económico, no hay científicamente otra solución para que las cosas funcionen bien que dejar actuar el libre juego de las fuerzas económicas.
 Falso, de toda falsedad. También soy plenamente consciente de que soy un marxista especial. La vida humana no es sino una más de las que pueblan, de las que actúan sobre el mundo material. Y este mundo material dejado a funcionar a su antojo provocaría ineluctables tragedias que quizá hubieran ya acabado con esta era, como parece que acabaron hace millones de años, con las sucesivas eras de las que se tienen noticia.
 Lo que hace a este mundo material humano es precisamente la capacidad que tiene el hombre de modificar absolutamente su entorno.
 Está absolutamente comprobado que abandonado el mundo económico a su absoluta libertad, dicho liberalismo económico produce inevitablemente crisis que lo colocan, que pueden colocarlo a punto de su propia desaparición.
 Es, por lo tanto, forzosa la intervención decisiva humana para que los ciclos económicos no sean  ineluctables, o sea, es absolutamente obligado un intervencionismo político para evitar que crisis como la que actualmente padecemos se produzcan inevitablemente.
 Y ésta parece que es la técnica que están aplicando algunos países como China no ya para salir de la crisis, que no la han sufrido, sino para evitarla decisivamente.
 Regresando de Úbeda, Bárcenas le está ganando la partida a Rajoy, se la hubiera ganado ya si éste fuera un país medianamente decente, porque ha sido el dueño del verdadero poder económico del partido, el dueño de sus finanzas.
 A las asquerosas manos de Bárcenas, han tenido que ir a comer todos, absolutamente todos de los grandes jerarcas del Partido Podrido, y este mequetrefe, que ha actuado, a niveles contables, como el tendero de la esquina, los ha puesto a todos a parir de mala manera, de tal modo que la comunidad internacional ya ha desechado en masa a todos los políticos españoles por dejarse corromper de tal modo por  un tipo que ni siquiera alcanza la categoría de aprendiz de brujo.
 O sea que Bárcenas era, es, el auténtico poder en el PP, sólo porque el jodido tenía la llave de los cuartos, de la cochina economía, como  era “ad demostrandum”.

Liberalismo, capitalismo, su fracaso

Decía el jodido Adam Smith que si dejábamos que el hombre buscara libremente su propio interés, la larga mano del mercado lo arreglaría todo y el mundo entero se convertiría en la Arcadia más feliz.

 Y en eso estamos, como fácilmente se comprueba.

 Decía el no menos jodido Marx que hay que obtener de cada uno según su capacidad y darle a cada uno según su necesidad, y en eso estamos también.

 ¿Qué ocurre entonces, que tanto el liberalismo como el marxismo, son unas grandes falacias?

 Que un emprendedor que quiere montar una empresa para hacerse, si puede, millonario, crea puestos de trabajo que contribuyen a  resolver el problema vital de aquellos a los que coloca, es evidente.

 Que cegado por su natural avaricia tratará de pagar a sus asalariados mucho menos de lo que producen, las famosas plus valías, también es evidente, por desgracia, de manera que aquella Arcadia que preveía Adam Smith se convierte poco a poco en este desastre económico que tenemos ahora.

 De modo que resulta evidente también la necesaria intervención del Estado que trate de cumplir aquella máxima marxiana de dar a cada uno según su necesidad, habiendo logrado extraer de cada uno según su capacidad.

 Si ambas máximas se hubieran aplicado siempre a lo largo y lo ancho de la historia, el mundo hoy yo no sé si sería esa Arcadia feliz a la que todos aspiramos, pero algo mucho mejor que esta mierda de sociedades absolutamente podridas que tenemos seguro que era.

 El problema es que, desde el principio de los tiempos, el egoísmo humano se ha impuesto a la solidaridad y la tendencia general ha sido incrementar el egoísmo y combatir a muerte toda tendencia a esa solidaridad sin cuyo imperio el porvenir del hombre cada día aparece más negro.

 Los hombres más preclaros de la historia, teóricamente, se han esforzado bravamente, yo no sé si con plena consciencia de ello, en que el egoísmo prevaleciera claramente sobre el impulso solidario, con el resultado que ahora estamos disfrutando.

 Tipos de la categoría intelectual de Hayek, Popper, Friedman, lucharon con todas sus fuerzas por dejar libres los instintos más primarios del hombre sin tener en cuenta aquella pequeña verdad que afloraron tipos tan ingenuos y tan distintos entre sí como Hobbes y Tomás de Aquino: El hombre es un ser desfalleciente nos dijo el Doctor Angélico y el autor de Leviatán fue mucho más duro: el hombre es un lobo para el hombre y la vida una guerra de todos contra todos.

 Y parece que la vida se ha encargado de poner a cada uno en su sitio.

Que el de Aquino no era sino un ángel quedó demostrado cuando aquel puñetero ser desfalleciente que era el hombre se convirtió en lo que yo y otros millones hemos dado en decir que es una puñetera mierda seca pinchada en un palo ya que no sólo no se preocupa de aliviar las penas, miserias y necesidades de los otros hombres sino todo lo contrario, se esfuerza bravamente, como un Rajoy cualquiera, en agravar hasta el máximo límite la miseria de sus semejantes, o sea que quien de verdad tenía razón era el jodido Hobbes, el hombre no hace sino devorar hasta dejarlo en los puros huesos a los otros hombres en una fratricida lucha de todos contra todos, como si en vez de un ser humano fuera realmente un lobo.

 Y el canallesco Popper escribiendo  La sociedad abierta y sus enemigos y demonizando a tipos como Platon, Hegel y Marx, y los siniestros Reagan y Thatcher llevando sus doctrinas hasta el máximo extremo: El Estado no es la solución sino precisamente el problema, y no se les cae la cara de vergüenza a ninguno de ellos, que todavía siguen ahí, los jodidos, los canallescos, lo puñeteros, Merkel, Lagarde y toda esa jodida patrulla que los corifea, cuando tienen que recurrir urgente y plenamente a ese demonizado Estado para que les resuelva los problemas que ellos con sus insensatas políticas liberal capitalistas han desatado como un tsunami gigantesco que amenaza con barrerlo todo.

 Y plenos de cinismo y descaro no sólo no se avergüenzan sino que gritan a los 4 vientos que son ellos los que nos han llevado adonde estamos los que tienen precisamente la solución, y no sólo eso sino que persisten en su loca idea de imponérnosla.