El miedo

 

Hace poco, tuve el más amistoso de los debates con Xavier Traité, un historiador de pro, que mantiene la tesis de que la historia nos lleva adonde todas las personas decentes queremos ir y se apoya en teorías tan recientes e innovadoras como la física cuántica y la doctrina de los fractales, si no recuerdo mal, que todo es posible a esta jodida edad que voy teniendo.

El caso es que él sostiene una tesis muy parecida a la de nuestro futbolín, si no la misma, que el tan canallesco como criminal dominio de la derecha no tiene más remedio que finalizar por mor de una rebelión siquiera sea pacífica de las masas, como ya hace tanto que pronosticara Ortega.

A mí, que estoy ya tan lejos de todo, cuanto más de la ciencia histórica, es decir que carezco de los métodos y conocimiento profesionales que utiliza Traité, me pareció entonces, y me sigue pareciendo ahora, que es imposible, absolutamente imposible, que esta gente que tiene “las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado”, en sus canallescas manos se deje ganar una partida que no es que la tenga ya ganada es que ni siquiera se ha planteado, que no se puede siquiera iniciar porque dónde están nuestras mesnadas, nuestros cañones para enseñárselos a ellos cuando nos digan, ¿dónde están vuestros poderes?

Al Cardenal Cisneros le fue muy fácil, sólo tuvo que abrir las ventanas de su despacho, pero es que nosotros, ahora, ni siquiera tenemos despacho en esos inalcanzables edificios en los que siempre se refugia el poder.

Así lo pensaba, lo pienso, yo hasta que de pronto me he topado con el miedo.

El miedo es un indicativo de primera magnitud. El miedo siempre tiene un motivo. ¿Cuál es el motivo que ha infundido el miedo a esta asquerosa y repugnante derecha que no nos gobierna sino que nos machaca?

Primero fue en Burgos, en el Gamonal, donde uno de esos detestables alcaldes que dirigen la administración local de este deleznable país,el que se confabuló con el más poderoso de los personajes de la zona para enriquecerse mutuamente más allá de cualquier límite, proyectando una reforma de la zona construyendo un bulevar y un aparcamiento subterráneo y dejando sin posiblidad de aparcar gratuitamente a todos los habitantes de aquella parte de la ciudad.

El pueblo es así, y seguramente Xavier Traité, que ha estudiado hasta el agotamiento el transfondo de las revoluciones históricas, sepa por qué el mismo pueblo que soporta impávido el hambre, la miseria, el desahucio y la muerte por suicidio del vecino de al lado, no toleró de ninguna manera que algún otro vecino no tuviera ya sitio libre en la puñetera calle para aparcar y la revolución estalló como una granada de fuego y el alcalde y el plutócrata, después de intentarlo todo, tuvieron que dar marcha atrás.

O sea que fue el miedo, el puñetero, el jodido miedo el que hizo que el pueblo, canalleado hasta el paroxismo, se echara a la calle y convenciera al alcalde y al plutócrata de que allí no habría nunca marcha atrás.

Y fueron ellos, alcalde y plutócrata, los que huyeron del problema.

Eso fue, como decimos, en Burgos, en el Gamonal, pero ahora ha ocurrido lo mismo en Barcelona con los ocupas de Can Vies.

Después de echarles encima a los ocupas cientos de policiás de todo tipo, el puñetero Trías Segner, el alcalde de Bareclona, al comprobar que cada guardia más, cada ciudadano detenido y encarcelado producía el inaudito portento de que su puesto se ocupara por otros diez o cien, de modo que no han tenido más remedio que rendirse ante la evidencia de su derrota.

La pregunta que yo planteo es: ¿los sucesos del Gamonal y Can Vies  han convencido a la canallesca ultraderecha de que el pueblo, el pueblo llano, el pueblo mártir ya no puede aguantar más y con cualquier motivo, por muy fútil que parezca está dispuesto de echarse a la calle y, si es preciso, a morir matando?

¿Es esto lo que me anunciaban futbolín y Xavier Traité y yo no fui capaz de entender?

23 comentarios en “El miedo

  1. PODEMOS O LA NECESIDAD DE ENSANCHAR LA FALLA DEL 15-M
    Avance (el diario.es)
    Consecuencia de la ruptura provocada en el terreno político por el 15-M y las sucesivas expresiones de la movilización social, Podemos encara con debate interno y transparencia su futura forma de organización
    El objetivo perseguido es convertirse, en confluencia con otros espacios e iniciativas, en una alternativa mayoritaria al declinante régimen político nacido de la transición, impulsando un proceso constituyente que haga posible la autodeterminación política de la sociedad
    Jordi Bonet i Martí / Gemma Ubasart i Gonzàlez
    El acontecimiento que define las elecciones del 25-M no es la exigua victoria del Partido Popular ni la amarga derrota del Partido Socialista, sino la irrupción de una nueva fuerza política que con solo cuatro meses de existencia ha hecho temblar los cimientos del bipartidismo español, obteniendo más de 1,2 millones de votos y modificando la lógica del sistema de partidos tal y como la habíamos conocido hasta ahora. La aparición de Podemos como nuevo actor socio-político representa una de las muchas réplicas del terremoto 15-M, trasladando a la arena electoral los embates sísmicos impulsados previamente por la PAH y las Mareas en el terreno social. A diferencia de un terremoto, las réplicas tienen una doble característica: la de poder causar más daño, porque los cimientos estructurales ya han sido afectados, y la de poder repetirse mientras se mantenga viva la energía sísmica que las impulsa. Por este motivo, mientras continúe el austericidio, el malestar y la indignación ciudadana, una apuesta como la representada por Podemos solo puede crecer y ganar, tal y como evidencian los últimos sondeos post-electorales.
    Tal amenaza ha puesto en guardia a los opinólogos y voceros del régimen que han alzado sus voces salvíficas. Sin embargo, su débil argumentario ha evidenciado una vez más su incapacidad para entender la novedad y profundidad del desafío. Así, las distintas estrategias ensayadas para erosionar su creciente popularidad (la demonización de sus propuestas políticas, la caricaturización de sus liderazgos y los intentos de criminalizar sus prácticas) se han mostrado ineficaces y contraproducentes -igual que sucedió con el 15-M y la PAH-, contribuyendo a aumentar la simpatía e ilusión por un proyecto que tiene por finalidad generar una mayoría social proclive al cambio que nos permita visualizar un más allá de las ataduras de la transición. Cada una de sus intervenciones -desagradables y poco elaboradas en la mayoría de veces- les ha retornado con un efecto boomerang.
    Tras constatar su continuado fracaso para deslegitimar una propuesta política que ha sabido convertir la indignación en ilusión, el último ardid ha sido presentar su debate interno como una evidencia de ingobernabilidad y fraccionalismo. Resulta paradójico que un ejercicio de transparencia y debate interno como el desarrollado por Podemos, en el que se delibera libremente acerca de cual deba ser su futura forma de organización, sea presentado como una seña de debilidad interna; a la vez que se hace mutis sobre el cierre de filas y la persecución del disenso interno en las bases del Partido Socialista descontentas con la profesión de fe borbónica de su aparato. El nerviosismo de la élites generado por un fenómeno disruptivo como Podemos es una evidencia más de su potencial de amenaza y de cambio.
    Precisamente, aquello que algunos denuncian como debilidad, constituye su fortaleza: la capacidad para superar los diagramas políticos de la transición y abrir un espacio de ruptura ciudadana, no una estructura de partido, sino un instrumento capaz de articular mayorías y no minorías. Ya no se trata de copiar viejas formulas partidarias sino de ensayar nuevos dispositivos emancipadores, alargar la posibilidad de hacer política a amplios espacios ciudadananos y no solamente a minorías profesionales y/o militantes. Así, frente aquellos que querrían ubicarlo como una mera expresión política tradicional a la izquierda de Izquierda Unida -minimizando su capacidad de crecimiento-, Podemos desborda el mapa de las posiciones ideológicas pre-establecidas, así como las formas tradicionales de partido para abalanzarse con fuerza sobre la parte del león: los caladeros electorales del PSOE y el abstencionismo.
    Para lograr este propósito, las recetas antiguas ya no son válidas. La apuesta por la regeneración democrática tiene que ser republicana en el sentido original del término: no una estructura de partido formada por delegados, sino un instrumento de deliberación y acción donde ciudadanos y ciudadanas deciden cómo organizarse para ganar. Esta apuesta va más allá de la enésima llamada a la unidad de las organizaciones de izquierda, o del riesgo de caer en una metodolatría que burocratizase ad infinitum los mecanismos internos de decisión, tal y como se experimentó en algunas asambleas del 15-M. También debe hacerse frente al reto de inventar cauces plurales de participación para el conjunto de personas que quieran formar parte de esta realidad transformadora, y no solamente de aquellas que pueden/quieren dedicarle muchas horas a reuniones y asambleas. El desafío de las formas de organización que Podemos debe afrontar en la Asamblea Ciudadana del próximo otoño tiene que estar a la altura de las circunstancias, someter la forma organizativa al imperativo de construir un proyecto inclusivo que articule una mayoría social dispuesta a impulsar un proceso constituyente. Este es un proceso que Podemos no puede realizar en solitario, sino que será necesario articular confluencias con otros espacios e iniciativas sociales y políticas que apuestan por abrir un escenario constituyente en sus distintas escalas, de la municipal a la europea.
    En este sentido, el desafío no debe leerse en clave únicamente interna. Nos encontramos ante un nuevo tablero de juego marcado por dos vectores de signo contrario. Por una parte, un proceso constituyente que tiene su inicio en la falla del 15-M y su continuidad en la PAH, las Mareas, Podemos y otras formas de expresión social y política que han surgido en estos últimos años y rompen con la cultura de la transición heredada abriendo un nuevo espacio de repolitización ciudadana. Empujando en la dirección contraria, nos encontramos un proceso reformador que se inicia en la operación de sucesión monárquica y que tiene por finalidad cerrar la falla sísmica abierta por el 15-M para alicatar el modelo político y social del estado español a los imperativos de las políticas de austeridad y la des-democratización de Europa. Frente a este escenario, la pregunta central no debe ser sólo cómo organizarnos, sino cómo organizarnos para ganar.

  2. YA LES PARAREMOS LOS PIES…
    Olga Rodríguez
    (Avance de eldiario.es)

    Parte de Europa, amnésica y perdida, se ha echado en brazos de la extrema derecha, que ha ganado las elecciones en Francia, Croacia o Dinamarca y ha subido significativamente en Austria o Finlandia. No es casualidad. No se trata tan solo de una consecuencia de la desafección hacia la política, herramienta a través de la cual nos han inoculado dolorosas dosis de recortes, austeridad, dobles raseros, estafas, y mayor desigualdad.

    En la película Cabaret, con una inmensa Liza Minnelli, los protagonistas preguntan a un aristócrata adinerado, símbolo de la oligarquía alemana, por las alianzas con los nazis. “Los nazis son una pandilla de matones, pero sirven a un objetivo: detener a los comunistas. Luego ya les pararemos los pies”, contesta el tipo.

    Tres cuartos de hora después de película, y ante una escena en la que decenas de personas cantan “Tomorrow belongs to me”, con la esvástica en un brazalete y el brazo en alto, vuelven a preguntar al ricachón: “Sigues pensando que les pararéis los pies?”. El nazismo controlaba ya Alemania.

    En 2009 el entonces ministro del Interior francés Manuel Valls dio la orden de desmantelar campamentos de gitanos y expulsar a sus ocupantes de Francia, alegando que “tienen modos de vida extremadamente diferentes” y que generaban “mendicidad y delincuencia”. A pesar de las críticas recibidas, poco después Valls presumía de haber expulsado a 5.000 gitanos del país y aseguraba, sin pudor alguno, que los índices de delincuencia habían descendido gracias a ello.

    Más tarde otra imagen cargada de simbolismo dio la vuelta a Europa: la de una menor de edad, una gitana kosovar, expulsada de Francia mientras se encontraba en una excursión escolar. La sacaron del autobús delante de todos sus compañeros. A pesar del revuelo y de las críticas vertidas por multitud de organizaciones defensoras de los derechos humanos, Valls aseguró: “Nada me hará cambiar de rumbo”. Nada de eso fue un obstáculo para que en 2014 Hollandeterminara nombrando a Valls primer ministro de Francia.

    Hace unos días, ante el triunfo en las europeas del Frente Nacional de Marine Le Pen, Valls alertaba de que “el momento es grave para Francia y para Europa”. Demasiado tarde. Jalear la discriminación contra los otros durante años, instrumentalizar la inmigración para desviar la atención de los desmanes gubernamentales, ha sido la estrategia de varios gobiernos europeos en estos últimos años. Y de aquellos polvos vienen estos lodos.
    En Alemania y en otros países del norte europeo ha aumentado el racismo institucional contra la emigración pobre del sur de Europa (es decir, nosotros). Bélgica y Suiza representan dos precedentes muy duros en materia migratoria y desde Bruselas lleva tiempo apelándose al refuerzo de la fortaleza europea para excluir a los de fuera, para vetarlos, para crear un enemigo externo al que culpar de los males creados e impulsados por el poder interno.

    España no es una excepción: centros de internamiento para extranjeros donde se detiene a gente por el simple hecho de no tener papeles, vallas con concertinas, expulsión de personas sin considerar su derecho de asilo, malos tratos, ataques, redadas racistas, etc. Tanto el poder político como diversos medios de comunicación han contribuido a apoyar semejantes medidas, con titulares alarmistas y términos como “avalancha”, “peligro”, “invasión” o “desestabilización”, cuando no hay mayor desestabilización para la gente que las medidas de austeridad que nos aplican nuestros gobiernos.

    Es significativo observar cómo el programa electoral de la extrema derecha francesa apela a un chauvinismo patriótico, exaltando la soberanía nacional, con una retórica aparentemente enfrentada a las políticas de austeridad y a las imposiciones de Bruselas, algo ausente en los programas de buena parte de los partidos mayoritarios tradicionales. Con ello ha cosechado apoyos y votos.
    Es significativo también que, a pesar de la grave situación de los países del sur de Europa, sea en algunos de ellos donde se hayan registrado resultados esperanzadores. Es el caso de España, con una caída del bipartidismo y con el aumento de votos para formaciones que piden más democracia contra los recortes y la oligarquía. Es el caso también de Grecia, con el triunfo de Syriza, agrupación de la izquierda que ha criticado duramente las políticas de austeridad y sin la cual quizá el partido neonazi Amanecer Dorado habría acaparado más apoyos, al erigirse como formación crítica con “el sistema”.
    La irrupción en España de nuevas formaciones políticas contrarias a la estafa a la que nos están sometiendo, así como de movimientos sociales como el 15-M, que acercaron a mucha gente a la política, han ahuyentado votos de la derecha y la extrema derecha en las urnas. De esto habría que tomar buena nota.

    Pero no cabe duda de que ante ello, el establishment está dispuesto a desplegar toda su maquinaria para impedir que nada cambie. Ya han empezado con su artillería, insultando y tratando de desprestigiar a movimientos sociales como la PAH o a formaciones políticas comoPodemos. Tal es su temor, que hasta la monarquía ha movido ficha.
    La pregunta que debemos hacernos es hasta dónde están dispuestos a llegar. Si serán capaces de preferir más barbarie con tal de mantener sus paraísos fiscales. Si continuarán presentando los recortes como “medidas inevitables” que imponen en nombre del “interés general”. Si seguirán apelando a la discriminación del otro para situarse ellos mismos fuera del foco. Si continuarán apostando por esta huida hacia delante con tal de no aceptar un reparto más justo de la riqueza, una democracia participativa y real.

    Y, también, si las fuerzas políticas que representan una esperanza frente a la estafa estarán dispuestas a marcar con claridad las líneas rojas que no deben traspasarse, aún a riesgo de no obtener apoyos en ciertos sectores. Para ello es fundamental hacer pedagogía política, divulgar mensajes integradores y solidarios frente al racismo institucional y la deshumanización de “los otros”, que también somos nosotros.

  3. LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO
    EL GRAN WYOMING (Infolibre)

    La presentación de una candidatura para la alcaldía de Barcelonacompuesta por personas que provienen de movimientos ciudadanos al margen de los partidos políticos irrumpe en el escenario político como las figuras de los indios que se perfilan en lo alto de las montañas en las películas del oeste, ante el estupor de los colonos que preparan sus comidas en el círculo de caravanas. Están rodeando el hemiciclo.

    Algunos prevén un resultado espectacular para esta candidatura que encabeza Ada Colau y que está respaldada por personas de todos los ámbitos que provienen de los distintos movimientos sociales que durante años se han encargado de hacer en la calle el trabajo que los representantes elegidos por el pueblo no podían, no querían, o entendían que no les correspondía pero que, en cualquier caso, no hacían: dar la cara donde había que darla. El trabajo de cuidar a los más desfavorecidos, de evitar los abusos de los poderosos, de denunciar las estafas que se han producido desde las estructuras financieras y que han sumido a este país en una depresión económica y moral insoportable corría a cargo de unidades de autodefensa ciudadana reprimidas por las fuerzas del orden ante la indiferencia o, en el mejor de los casos, la tibia protesta de los representantes legales.

    Una consigna nació a raíz del 15-M que se extendió como la pólvoray los que protestaban hicieron suya de forma instantánea fue: “No nos representan”. Por primera vez en la historia de nuestra reciente democracia se planteaba de forma masiva que los problemas de los ciudadanos no eran atendidos por sus representantes, que sus voces no eran escuchadas y que, en definitiva, el sentir del Congreso de los Diputados latía a un pulso diferente al de la calle. Los señores diputados no se hacían cargo de la urgencia que acosaba a los que viven con el agua al cuello.

    La crisis, que algunos analistas ven como un acto planificado meticulosamente y que ha traído consecuencias desastrosas para los ciudadanos de nuestros país, utilizada de forma artera como coartada para una involución política que ha aniquilado derechos fundamentales que se siguen cercenando desde los despachos del Congreso, aprovechando la legitimidad que otorgan las urnas, esa crisis letal, no ha sido analizada ni debatida por nuestros representantes con la contundencia que el daño causado exigía. Más de cuatrocientas mil familias se han quedado sin hogar, son millones los que han perdido su trabajo, miles los niños con problemas de nutrición, la pobreza y la marginación crecen, y en algunos de estos parámetros que miden la miseria estamos a la cola de Europa sólo por encima de Rumanía.

    No vamos a entrar a analizar la bajeza moral de los que niegan los datos y afirman que aquí no pasa nada, mientras proponen, el último caso es el de los trabajadores de la Biblioteca Nacional, salarios de 600 euros a través de empresas que se encargan de la gestión de lo público. No hablaremos de ellos porque esos lo hacen bien, vinieron a por el botín y se lo están llevando. Entienden que la democracia es la alternancia en el poder para arrancar los diamantes a la corona cada pocos años, mientras un equipo de orfebres los van reponiendo con lo que se saca de los impuestos.

    Del otro lado, los que tendrían que hacer oposición no han querido estar a la altura de la situación. Mientras en el terreno de juego la situación es dramática y el tiempo se agota, se les ve calentar en la banda, haciendo estiramientos, como si aquel no fuera su partido. No se han depurado ni señalado responsabilidades ni responsables de esta crisis. Nadie ha dado explicaciones. Se han limitado a citar las causas de la ruina en debates protocolarios que solo sirven para dotar de argumentos y llenar de contenido los espacios informativos y las tertulias políticas.

    Los hechos son graves. El daño causado, tremendo. El quebranto social incalculable y, mientras, el hemiciclo sigue navegando a un ritmo pausado, porque, nos decían, lo principal era mantener el equilibrio, no rebasar la línea de flotación ya que el hundimiento lleva a “lo otro”, de todos conocido. Con la agudización del conflicto, crece la amenaza: “Nosotros, o la demagogia, el populismo y el caos”. Nos bombardean con la proclama de la obligatoriedad de lo que hay y el conformismo. Los responsables de la gravedad de la crisis siguen sentados plácidamente en su escaño.

    Sobra el debate de autodefensa por parte de los aludidos que proclamaban la legitimidad que otorgan las urnas, asunto que nadie cuestiona, y menos teniendo en cuenta que son, precisamente, los diputados los que legislan. Les bastaría con promulgar una ley en la que se especifique que los elegidos representan a los que no se sienten representados porque el derecho a representar que otorgan las urnas prevalece sobre el sentimiento del representado que carece de validez legal y, además, no entiende las razones de Estado. Aunque también es cierto que podrían legislar sobre la pérdida de legitimidad de los electos diputados cuando traicionan las promesas contenidas en los programas transformando las campañas electorales, que pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos y los empresarios de las grandes compañías con sus donaciones desinteresadas, en auténticas estafas. Debate que, por cierto, ha abierto esta semana el señor Carlos Floriano denunciando a Podemos por manipular los sentimientos de los ciudadanos al hacer promesas que no cumplirán. Es curioso porque eran precisamente ellos los que tachaban de nazis a los que cuestionaban la legitimidad de los elegidos por las urnas cuando se les acusaba de mentir como bellacos y traicionar la promesa de no cruzar esas líneas rojas que marcaban la sanidad, la educación y las pensiones.

    La convulsión impera en el seno de los partidos tradicionales. Todos quieren renovación, sangre nueva, democracia interna. Esta agitación viene marcada por el desastre electoral que han sufrido los dos grandes partidos y es probable que se deba sólo a eso, a un intento por salvar la exclusividad de la acción política convertida desde hace mucho en una profesión.

    Ocasiones para demostrar a quién representan han tenido muchas y es, precisamente, en las situaciones límite cuando se ve la efectividad, el respeto, la radicalidad si fuera necesaria que se imponen para procurar el bienestar de la ciudadanía. Una parte muy importante de los votantes no se siente representada, sus razones tendrá, y no se anulan por decreto.

    Irrumpen en el escenario ciudadanos que deciden organizarse en un intento de solucionar los problemas que los grandes partidos se niegan tratar.

    Se equivocan los que se dejan embaucar por estos movimientos, dicen. No les importa, ya se han equivocado demasiadas veces haciendo uso del voto útil.

    Otra vez Dylan: “Venid padres y madres de cualquier lugar y no critiquéis lo que no podéis entender, vuestros hijos están más allá de vuestro dominio, vuestro viejo camino va en dirección contraria, apartaos del nuevo si no podéis tender la mano porque los tiempos están cambiando”.

    Más o menos lo que yo quería decir.

  4. Desde la clandestinidad durante el franquismo a la actualidad, XOSÉ MANUEL BEIRAS, actual líder de Anova, lleva más de 50 años en política. Con Galicia siempre en el epicentro de su carrera, sigue la situación actual con intensidad y siempre con la esperanza del gran cambio: “estamos en el final de un ciclo histórico y en el comienzo de otro”

    Artículo completo en:
    http://www.publico.es/politica/527766/el-rey-se-fue-llorando-y-forzado-por-felipe-gonzalez-y-el-pp

    Todo el mundo pensaba que eso se había extinguido pero Don Carlos, Marx, acuñó aquella frase en la que hacía analogía de la revolución en cuanto al proceso histórico con los topos. Sabes que hay un topo porque ves la tierra pero el topo sigue caminando, este es el proceso que se está dando en la rebelión cívica. En estas elecciones, es muy importante lo que ha ocurrido porque los partidos y fuerzas rupturistas, del ámbito de la izquierda a nivel de Estado y de cada una de las naciones sin estado, Galiza, Euskadi y Catalunya, no fuimos capaces de organizar una gran alianza que demostrase a los ciudadanos dos cosas: por una parte que somos capaces de entendernos en la mayoría de los comunes, por otra, que esos dos denominadores comunes son la afirmación de la realidad plurinacional del Estado y que hay que pensar en términos de izquierda social. No hay que pensar en las izquierdas ideológicas definidas; que si trotskistas; que si maoístas; que si leninistas; que si socialdemócratas. Simplemente ante unha agresión de los fascismos y el capital financiero que se está dando en toda Europa y que maneja y manipula a las clases medias y trabajadoras, hay que señalar un punto de encuentro que sería: hay que terminar con las políticas austericidas, hay que terminar con las políticas ultraliberales, hay que terminar con esta forma de hacer política en la que los gobiernos gobiernan contra la ciudadanía.

    Esa alternativa sería un antídoto contra el estupefaciente de la propaganda del régimen, que diese lugar a desligitimar a los dos partidos de la restauración, aunque yo no pongo en el mismo nivel a PP y PSOE, pero los dos están haciendo lo mismo y con la votación en el Congreso por la monarquía se ha puesto de manifiesto. Sin embargo, aún sin ponernos de acuerdo, la ciudadanía desligitimó a los dos grandes partidos al no darle el 50% de los votos. Hizo aumentar en relevancia y apoyo electoral a las fuerzas rupturistas y a una fuerza que representa el agujero que abrió el topo en el 15-M y que ahora vuelve a abrirlo expresándose electoralmente, que es Podemos. Eso para mi es lo más importante porque en las situaciones fascistizantes, cuando se metamorfosea el fascismo hay una definición muy interesante de Boaventura de Sousa Santos que define lo que llama el fascismo financiero, que es el actual, que dice que cuando se dan esas situaciones y fallan las organizaciones políticas democráticas, entonces es una situación muy propicia para que el voto descontento vaya para populismos fascistoides como UPyD. En cambio, ese voto descontento se fue para alternativas como la nuestra, con IU, para Bildu y los partidos del fenómeno catalán y por supuesto para Podemos.

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