La ética del delincuente

 

 No es por casualidad que Rajoy y Wert sean rabiosos partidarios del Real Madrid, RM, como también lo son el Rey y Aznar, y, que no se me olviden, el ínclito Rubalcaba y el tal Lisaveztky, y, si hiciéramos un cuidadoso seguimiento, todos, sin excepción, de los grandes fascistas que asolan este país, porque, como no me he cansado de razonar, una y otra vez, hasta el hartazgo, el madridismo no es más que un fascismo. Se me olvidaba el principal, Franco.

Si algo es el fascismo es la convicción indestructible del propio caudillaje. Franco, Hitler, Mussolini, caudillos de sus respectivos países, por la gracia de Dios. Real Madrid, también caudillo excelso de todos los clubs de fútbol del mundo por la misma y puñetera gracia de Dios. ¿O no?

Hace no sé cuánto tiempo, leí en el As, ¿dónde, si no? unas declaraciones de uno de los jugadores del Madrid, no de los estelares , que decía precisamente eso: que el Madrid tenía que volver a ser el mejor club del mundo porque eso era lo natural, lo que debe de ser.

 Lo que debe de ser, un concepto esencialmente ético. El etos es lo que se halla inscrito en la naturaleza de las cosas imprimiéndoles el carácter necesario para que alcancen su propia esencia, de modo que lo ético es lo que no tiene más remedio que ser si atendemos a la propia naturaleza del ser.

 De modo que la realidad se perfecciona, en cierto modo, se convierte en divina cuando se acerca al lo que debe de ser, o sea, que el RM es no sólo lo que es perfecto sino también lo que lo debe de ser.

 Estoy por no escribir una sola palabra más, pero no ahora mismo, sino para siempre, porque ¿qué más se puede decir, aquello de en un principio era el Verbo, y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros?

 El madridismo es la esencia de la perfección y ésta no es sino la concordancia de la realidad con su modelo. Si el RM es no sólo lo que debe de ser un club de fútbol, ¿cómo no debemos de aceptar que todo el ordenamiento futbolístico gire, como está ordenado, alrededor de él? Los alemanes dicen: Alemania, Alemania, sobre todo. Los españoles, los bien nacido, claro, gritan, viva el Real Madrid, el club señor por excelencia.

 Y les importa muy poco que los representantes del club señor por excelencia vayan por ahí, agrediendo a la gente delante de las cámaras televisivas de todo el mundo. No sólo no repudian una conducta así sino que la hacen su puñetero paradigma: “Mourinho, tu dedo nos señala el camino”.

 En otro país, con otras gentes, con otras autoridades y no sólo futbolísticas, un tipo que ante millones y millones de espectadores tiene la osadía de agredir a otro, hubiera sido inmediatamente detenido y puesto a disposición judicial ya que había demostrado “erga omnes” que era manifiestamente un peligro público, aquí, la inmensa mayoría de las autoridades pùblicas, encargadas de la persecución de los delitos, y los magistrados jurisdiccionales, que tienen como una de sus principales misiones perseguir los delitos que se cometen en su demarcación territorial, según las leyes que regulan las actividades criminales, no sólo no detuvieron ni ordenaron su detención sino que, estoy seguro de ello, aplaudieron rabiosamente la conducta del personaje, como su propio presidente que llegó a decir que tal conducta no era sino la concreción más excelsa de ese señorío que siempre ha caracterizado al RM.

 Es por todo esto que afirmamos que el madridismo no es más que un fascismo porque como el nazismo, el fascismo en sentido estricto y el propio franquismo no sólo ensalza sino que diviniza la agresión irracional como la más genuina expresión de la excelencia, la violencia por encina de todo, el Madrid, el Madrid, por encima de todo, de la moral, de la ética e incluso de la estética.

 Y que no me venga nadie ahora y me diga que en el madridismo como en botica, hay de todo, porque yo fui también madridista, hasta que las continuas tropelías, los continuos abusos, la constantes y conscientes injusticias me hicieron repudiar el madridismo.

 

7 comentarios en “La ética del delincuente

  1. http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/87287-los-mil-y-un-frentes-de-la-revolución.html Pep Castelló
    El paradigma capitalista es un pulpo voraz, con grandes y poderosos tentáculos. Una hierba parásita que a modo de hiedra se agarra con múltiples raíces a los seres que parasita y les succiona el alma. Cada una de esas finas raíces es un frente de lucha revolucionaria.

    La naturaleza de lo que pudiéramos llamar el alma humana es muy compleja. Su principal característica es su maleabilidad por vía afectiva, lo cual la hace manipulable y que tanto dé para el bien como para el mal. El capitalismo manipula la mente de las gentes sobre las cuales actúa. Hace que tengan por bueno lo que conviene a los amos y por malo cuanto pueda liberarles del servilismo que les esclaviza.

    En el mundo occidental del cual somos parte, las sociedades fueron evolucionando desde estados muy primitivos en los cuales el pueblo era tenido por simples bestias al servicio de los más fuertes y violentos hasta otros en los cuales regían principios de mayor racionalidad y sobre todo de humanidad, tales como la igualdad, la solidaridad, la justicia y la libertad. Esos cambios no fueron fenómenos naturales como la lluvia o los vientos sino consecuencia de la aplicación del pensamiento a buscar el modo de salir de la opresión dominante.

    Los principales actores de esos cambios tienen nombre y apellido, pero la realidad nos enseña que si bien esas eran las mentes pensantes, lo que en realidad hacían era sintonizar con el anhelo de la mayor parte de la población oprimida. Nunca hubiese trascendido su pensamiento de no ser por esa sintonía. El afán de libertad es inherente al alma humana y estaba en el ánimo del pueblo oprimido. Y por esa razón, ese mismo pueblo que inspiró el pensamiento liberador fue la gran caja de resonancia que expandió las vibraciones de esas magistrales cuerdas.

    Del siglo de las luces acá, el proceso liberador fue creciendo hasta transformar por completo el pensamiento colectivo que había sido dominante durante siglos. El poder pasó de manos de la aristocracia inmovilista a las de una burguesía ambiciosa y progresista. El liberalismo se impuso y afianzó las bases de una nueva forma de opresión, el capitalismo. Su poder se extendió por todos los rincones del planeta y hoy impregna el pensamiento colectivo dominante a nivel mundial. Se ha enseñoreado de la ciencia y de todos los campos donde se transmite el saber humano. Nada escapa a su dominio. Su capacidad de manipular las mentes es inmensa.

    La humanidad fue esclava durante siglos de un inmovilismo ideológico que gozaba de la protección de todos los poderes terrenales. Hoy lo es de una forma de pensar que es puro suicidio social. El individualismo más exacerbado se ha apoderado del pensamiento colectivo de tal modo que el individuo queda totalmente desprotegido frente al poder opresor. La lucha colectiva ha sido completamente desarticulada durante los años de abundancia económica y ahora que esta se acaba el pueblo está desprotegido y desarmado frente a unos estados gobernados por mentes inhumanas cual las de los más desalmados esclavistas.

    Retomar la lucha social sin recuperar la conciencia de clase es tarea vana. Al igual que lo es querer despertar esa conciencia sin una base ética que la sustente. La conciencia de clase exige apostar por la igualdad, por la solidaridad, por la libertad, por una justicia equitativa que vele por el bien común. En ella no cabe el individualismo que lleva a la competencia, pues el sentido de colectividad debe ser el punto de partida de toda acción.

    La simple lucha por logros materiales no nos va a llevar a nada. Otros vendrán que de nuevo nos los quitarán. La revolución fracasa cuando se pierde el horizonte de la utopía. Cuando el espíritu revolucionario no impregna la totalidad de la vida de quienes luchan. Cuando la mirada no alcanza a atisbar la vastedad de ese sueño que nos mueve a avanzar sin límites hacia cotas de mayor igualdad, de mayor libertad, de mayor solidaridad en todas y cada una de las acciones que a diario realizamos. Son mil y un frentes los que ofrece la lucha revolucionaria, tantos como decisiones tomamos a lo largo de nuestra vida. En cada uno de ellos se juega el destino de la revolución.

    Los cantos de sirena del capitalismo alcanzan por doquier nuestros oídos. Ocupan todos los ámbitos de la vida y es muy difícil resistir su zalamero atractivo. De ahí que el campo de batalla donde deba librar mis personales combates sea mi propia vida. La revolución no es tarea ajena sino propia. De mí depende que triunfe o que fracase. /PC

  2. Sobre el criminal TLC(Tratado Libre Comercio entre la corrupta UE y EEUU) . Alberto Garzón
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=184459

    Las novelas distópicas operan como antagonistas de las novelas utópicas, y en lugar de relatarnos cómo debería ser el mundo ideal prefieren describirnos un hipotético mundo plagado de injusticias y maldad. 1984 de George Orwell o Un Mundo Feliz de Aldous Huxley son sin duda los ejemplos más conocidos. Sin embargo, con mucho menos conocimiento público, la Comisión Europea está trabajando mano a mano con Estados Unidos en la redacción de un nuevo documento que podría estar prácticamente al mismo nivel. No obstante, el problema del Tratado de Libre Comercio que se está negociando entre la Unión Europea y EEUU es que amenaza con ir más allá de la literatura y podría convertirse en una dramática realidad.

    La primera pregunta que nos asalta es ¿cómo es que apenas hemos oído hablar del TLC? Quizás ello tenga que ver con el hecho de que el negociador de la parte europea, Ignacio García Bercero, escribió una carta pública a su contraparte estadounidense para tranquilizarle en relación a la confidencialidad de todo el proceso. Anunció, sin ir más lejos, que la negociación del TLC sería una excepción a la regla 1049/2001 que obliga a las instituciones europeas a hacer públicos sus documentos. Y añadió, para terminar de convencer a su homólogo americano, que los documentos tendrían carácter secreto durante al menos 30 años[1]. El comisario europeo De Gucht suscribiría esa misma opinión en el propio parlamento europeo cuando concedió carácter confidencial a las negociaciones y negó la función negociadora del parlamento[2].

    Un TLC es un acuerdo entre varios países o zonas geográficas para incrementar el volumen de intercambio de bienes y servicios. Y generalmente consiste en reducir los impuestos a la importación, lo que permite a los ciudadanos comprar más baratos los productos extranjeros. Sin embargo, la propia Comisión Europea ha reconocido que «las relaciones económicas entre los Estados Unidos y la Unión Europea pueden ser consideradas entre las más abiertas del mundo»[3]. Asimismo, la Organización Mundial del Comercio ha estimado que las tarifas promedio rondan el 3,5% en Estados Unidos y el 5,2% en la Unión Europea. Estamos hablando de niveles extraordinariamente reducidos, lo que nos obliga a sospechar de las intenciones últimas de un TLC entre EEUU y la UE.

    Un paso más en nuestro análisis nos lleva al punto crucial. Asegura la Comisión Europea que la clave del TLC está en la armonización de la regulación comercial, lo que dicho así quiere decir poco. Es sabido que las regulaciones de EEUU y la UE difieren en mucho al tratar determinados sectores o productos. Por ejemplo, la Unión Europea opera con un principio regulatorio de precaución que impide la comercialización de los productos si la empresa no ha demostrado previamente que no son lesivos para la salud humana o el medio ambiente. En EEUU tal principio no opera y la regulación es bastante más laxa. Así las cosas, ¿hasta qué nivel se armonizará la regulación? ¿Hacia el de Estados Unidos o hacia el de la Unión Europea?

    La pregunta está en el aire, pero las sospechas son crecientes dada la lógica del sistema económico. Y es que cuando se abren las fronteras a la competencia extranjera, como busca cualquier tratado de libre comercio, se inicia una competencia a la baja o carrera hacia el fondo que desploma los estándares laborales, medioambientales, sanitarios e incluso democráticos. Es decir, en esas circunstancias económicas cualquier coste es un obstáculo para vencer en la carrera competitiva, y lo mismo da que se trate de un salario alto o de un severo control medioambiental.

    El caso del fracking es paradigmático. Esta práctica de extracción de gas y petróleo está extendiéndose como la espuma en EEUU, pero debido a los efectos negativos que tiene sobre el subsuelo e incluso la salud humana su prohibición está ganando terreno en la Unión Europea. Las multinacionales estadounidenses y las multinacionales europeas y algunos líderes políticos han protestado. Las primeras porque insisten en ampliar su mercado, y los segundos porque denuncian que compiten con desventaja. El primer ministro británico, D. Cameron dijo nítidamente que la paralización del fracking promovida desde la UE provocaba que «nuestros competidores vayan por delante de nosotros en la explotación de estos recursos». En suma, que los europeos somos menos competitivos por tener sensibilidad ecológica. Una obviedad, por otra parte.

    Así las cosas, la teoría económica nos sugiere que la igualación o armonización de las regulaciones siempre se hace por la baja. Desregulación, en definitiva. No sólo de elementos medioambientales, como el fracking, o sanitarios, como los transgénicos o el etiquetado de productos, sino también laborales y democráticos.

    EEUU no ha firmado varios de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) referidos a la libertad sindical. Bajo una cláusula llamada irónicamente Derecho al Trabajo se esconde una legislación antisindical que será armonizada con la regulación laboral europea. Y precisamente en un contexto económico y político en el que la Comisión culpabiliza de todo a los salarios y a la excesiva regulación laboral… Intrigante.

    Más jugo tiene aún la cláusula de protección de los inversores extranjeros, conocida como ISDS (Investor-State dispute settlement), y que supone la creación de tribunales internacionales de arbitraje donde las multinacionales podrán acudir para denunciar a los Estados cuyos gobiernos aprueben normas que atenten contra sus beneficios económicos presentes o futuros. Se trata de un mecanismo ya existente para otros países y zonas económicas que operaría como una supraconstitución.

    Desde que Argentina cambió su política económica tras la crisis de 2001, ha recibido más de 40 denuncias por parte de multinacionales. Las empresas argumentan que sus beneficios presentes y futuros han disminuido notablemente como consecuencia del cambio en la orientación política. Por otra parte, Ecuador fue sentenciado a pagar 2.300 millones de dólares a la petrolera Occidental Petroleum por abandonar la construcción de un pozo de petróleo en las amazonas. E incluso Libia tuvo que pagar 900 millones de dólares de beneficios perdidos por un proyecto turístico en el que sólo se habían invertido 5 millones de dólares. Son sólo algunos ejemplos que revelan las consecuencias de una cláusula de esta naturaleza.

    Por cierto, estos litigios son llevados a cabo por gabinetes jurídicos especializados en la materia y que cobran por el volumen de casos. A finales de 2013 había un mínimo de 268 demandas pendientes contra 98 países según la UNCTAD, y en los noventa sólo había una docena. Pocos Estados se pueden permitir igualar la alta remuneración que reciben los abogados de las grandes multinacionales, y mucho menos mantener un equipo entero especializado en el tema.

    Al fin y al cabo se trata de un atentado contra la democracia, incluso entendiendo ésta sólo en su aspecto procedimental, y que otorga a las multinacionales un poder y una capacidad de la que carecen los ciudadanos.

    Constituye, en definitiva, un nuevo ordenamiento jurídico que a la vez destituye el ahora presente en las constituciones nacionales. Sirve para construir un nuevo marco de reglas profundamente sesgadas hacia el interés individual de las grandes empresas. Supone, a falta de su consecución, una verdadera distopía potencial. Y es, naturalmente, el enésimo intento de lograrlo tras los fracasos del Acuerdo Multilateral de Inversiores y de la Constitución Europea, así como del fallido ACTA que por cierto ahora se rescata en el seno del TLC.

    Pero no está todo dicho, afortunadamente. El TLC tendrá que ser aprobado por el Parlamento Europeo, y una movilización social contundente y a tiempo puede suponer una nueva victoria ciudadana y de la clase trabajadora. En España los dos grandes partidos políticos, PP y PSOE, ya se han dado la mano para aprobar el proyecto. El acuerdo firmado en junio de 2013 entre el Partido Popular y el Partido Socialista en el Congreso recogía una petición expresa al Gobierno para «apoyar un rápido comienzo de las negociaciones de un acuerdo de libre comercio entre los Estados Unidos de América y la Unión Europea ambicioso y naturalmente beneficioso». Sin embargo, es aún posible movilizar a las bases sociales para continuar luchando contra esta Unión Europea regresiva y antisocial.

    Sugiero que comencemos cuanto antes por la pedagogía política llevando a todas partes esta antidemocrática y miserable actuación de las élites europeas. Y hundamos sus elitistas y distópicos proyectos con la misma fuerza y contundencia con la que tenemos que impulsar nuestras utopías.

  3. LO DEL VOTO ÚTIL YA NO CUELA
    Juan Tortosa
    Esta vez ya no les va a valer. El eterno discurso del voto útil ha muerto. Si eres de izquierdas y no me votas a mí, decían, estás tirando el voto. Pues mirad, chicos, va a ser que no. Va a ser que se os ha acabado el cuento. Nos habéis estado llevando al huerto más de treinta años y ya va siendo hora de darle un vuelco a esto, ¿no os parece?
    ¿Para qué queréis el voto de los ciudadanos de izquierda que son críticos con vosotros? ¿para pactar veraniegas reformas constitucionales con el pp? ¿para ejercer una oposición de perfil bajo que da razonable pábulo a quienes nos tememos, aunque insistáis en que no sois la misma cosa, que acabéis formando una gran coalición si los números no os permiten otra manera de continuar en el poder? ¿para alinearos con la inflexibilidad pepera a la hora de abordar esa patata caliente llamada Catalunya? Pues lo dicho: va a ser que no.
    Ya está bien de asustar al personal, ¿no os parece? Ya está bien de aventar miedos para recolectar votos en caladeros de indecisos o defensores de la mentalidad práctica. Ya está bien tanto intentar patrimonializar el variopinto y plural espacio de izquierdas dibujando rabo y cuernos a los “rojos” que no emiten en vuestra misma longitud de onda.
    Decía este sábado Rubalcaba en San Sebastián que “hay que rebelarse contra los amantes de que pp y psoe son lo mismo” Y contra el pp, ¿cuándo habéis llamado a la rebelión? ¿Qué habéis hecho para frenar la demolición perpetrada por Rajoy y sus chicos durante los dos últimos años y medio? ¿De qué modo habéis gestionado el sufrimiento de tanto ciudadano que ha visto cómo cada día que pasaba le iban peor las cosas mientras quienes de verdad nos mandan -banqueros, troika y demás “señoritos” de nuestro presunto gobierno- no perdían ocasión de proclamar una mejoría que no se creen ni ellos? ¿Dónde estabais cuando las calles se llenaban de indignados?
    Se cumplen ahora tres años del 15M. Cada semana, cada mes que pasa, son más los que comprueban que sí se puede. La indignación se va cociendo a fuego lento y las encuestas lo confirman. Pero los dos partidos mayoritarios vuelven a recurrir en esta campaña a los lugares comunes de siempre, a ningunear a las formaciones más pequeñas y a insultarse entre ellos, llamarse mentirosos y echarse en cara las herencias recibidas, ¡qué pereza!
    Fomentan la crispación, pero esta vez no van a conseguir que caigamos en la trampa. No lograrán desdibujar la dignidad de un movimiento de indignación que ha ido sumando éxitos con sus iniciativas y sus movilizaciones y que ha derivado incluso, por ejemplo, en que bomberos, cerrajeros, y hasta miembros de fuerzas de seguridad, se hayan negado ya a participar en algún que otro desahucio. Esto está cambiando. Lentamente, pero está cambiando. Lo comprobaremos el día 25 cuando el voto se atomice y las opciones “minoritarias”, como ellos las llaman, consigan representación parlamentaria.
    Ahora los socialistas nos quieren vender un plebiscito contra Rajoy, pero ya no cuela. Demasiado tarde, príncipes y princesas. Esta vez vamos a desenmascarar vuestro recurrente rollo macabeo del voto útil. Si, como consecuencia de nuestra voluntad soberana, el ochenta por ciento de apoyos que sumáis ahora entre los dos grandes partidos acaba reduciéndose sensiblemente y repartiéndose entre otras opciones, entonces quizás consigamos que os bajéis del burro y os pongáis a hablar en serio, escuchando y tomando en consideración argumentos y puntos de vista distintos a los vuestros a la hora de afrontar los problemas, y buscando soluciones consensuadas para resolverlos.
    Las elecciones europeas siempre han marcado tendencia a la hora de predecir el comportamiento del electorado en las municipales, autonómicas o generales en nuestro país. Por eso están tan nerviosos. Por eso en el pp atacan a los partidos emergentes y en el psoe llaman a la “rebelión” contra unos y al plebiscito contra otros. Por eso los socialistas vuelven a intentar vendernos la moto del voto útil. Lo siento mucho, queridos míos, pero me temo que esta vez no cuela.
    http://blogs.publico.es/juan-tortosa/2014/05/10/lo-del-voto-util-ya-no-cuela/

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