El préstamo de bemsalgado sobre el Gabo y Fidel

Casi todos los días, me paso por el blog de bemsalgado buscando noticias y artículos increíbles sobre los temas que a mi más me interesan del mundo. Y, de vez en cuando, como en  esta ocasión, los hallo:

segunda-feira, 21 de Abril de 2014

GABO GADO


Gabriel García Márquez: frases célebres (spark) (© Reuters)

‘El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo’.


Gabriel García Márquez: frases célebres (spark) (© Reuters)


‘La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada’.


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El Fidel Castro que yo conozco

Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal.

Autor: Gabriel García Márquez | internet@granma.cu

17 de abril de 2014

Fidel Castro y Gabriel Garcia Marquez

Su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor científico. Se mantiene en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente. Paciencia invencible. Disciplina férrea. La fuerza de la imaginación lo arrastra a los imprevistos. Tan importante como aprender a trabajar es aprender a descansar.
Fatigado de conversar, descansa conversando. Escribe bien y le gusta hacerlo. El mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo. La tribuna de improvisador parece ser su medio ecológico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia. Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que sólo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo. Es el antidogmático por excelencia.
José Martí es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sanguíneo de una revolución marxista. La esencia de su propio pensamiento podría estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas es fundamentalmente ocuparse de los individuos.
Esto podría explicar su confianza absoluta en el contacto directo. Tiene un idioma para cada ocasión y un modo distinto de persuasión según los distintos interlocutores. Sabe situarse en el nivel de cada uno y dispone de una información vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio. Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria. Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa. No hay un proyecto colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión encarnizada. Y en especial si tiene que enfrentarse a la adversidad. Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: Las cosas deben andar muy mal, porque usted está rozagante.
Las reiteraciones son uno de sus modos de trabajar. Ej.: El tema de la deuda externa de América Latina, había aparecido por primera vez en sus conversaciones desde hacía unos dos años, y había ido evolucionando, ramificándose, profundizándose. Lo primero que dijo, como una simple conclusión aritmética, era que la deuda era impagable. Después aparecieron los hallazgos escalonados: Las repercusiones de la deuda en la economía de los países, su impacto político y social, su influencia decisiva en las relaciones internacionales, su importancia providencial para una política unitaria de América Latina… hasta lograr una visión totalizadora, la que expuso en una reunión internacional convocada al efecto y que el tiempo se ha encargado de demostrar.
Su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas… pero esa facultad no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo y tenaz. Su auxiliar supremo es la memoria y la usa hasta el abuso para sustentar discursos o charlas privadas con raciocinios abrumadores y operaciones aritméticas de una rapidez increíble.
Requiere el auxilio de una información incesante, bien masticada y digerida. Su tarea de acumulación informativa principia desde que despierta. Desayuna con no menos de 200 páginas de noticias del mundo entero. Durante el día le hacen llegar informaciones urgentes donde esté, calcula que cada día tiene que leer unos 50 documentos, a eso hay que agregar los informes de los servicios oficiales y de sus visitantes y todo cuanto pueda interesar a su curiosidad infinita.
Las respuestas tienen que ser exactas, pues es capaz de descubrir la mínima contradicción de una frase casual. Otra fuente de vital información son los libros. Es un lector voraz. Nadie se explica cómo le alcanza el tiempo ni de qué método se sirve para leer tanto y con tanta rapidez, aunque él insiste en que no tiene ninguno en especial. Muchas veces se ha llevado un libro en la madrugada y a la mañana siguiente lo comenta. Lee el inglés pero no lo habla. Prefiere leer en castellano y a cualquier hora está dispuesto a leer un papel con letra que le caiga en las manos. Es lector habitual de temas económicos e históricos. Es un buen lector de literatura y la sigue con atención.
Tiene la costumbre de los interrogatorios rápidos. Preguntas sucesivas que él hace en ráfagas instantáneas hasta descubrir el por qué del por qué del por qué final. Cuando un visitante de América Latina le dio un dato apresurado sobre el consumo de arroz de sus compatriotas, él hizo sus cálculos mentales y dijo: Qué raro, que cada uno se come cuatro libras de arroz al día. Su táctica maestra es preguntar sobre cosas que sabe, para confirmar sus datos. Y en algunos casos para medir el calibre de su interlocutor, y tratarlo en consecuencia.
No pierde ocasión de informarse. Durante la guerra de Angola describió una batalla con tal minuciosidad en una recepción oficial, que costó trabajo convencer a un diplomático europeo de que Fidel Castro no había participado en ella. El relato que hizo de la captura y asesinato del Che, el que hizo del asalto de la Moneda y de la muerte de Salvador Allende o el que hizo de los estragos del ciclón Flora, eran grandes reportajes hablados.
Su visión de América Latina en el porvenir, es la misma de Bolívar y Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de mover el destino del mundo. El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo.
En una entrevista de varias horas, se detiene en cada tema, se aventura por sus vericuetos menos pensados sin descuidar jamás la precisión, consciente de que una sola palabra mal usada puede causar estragos irreparables. Jamás ha rehusado contestar ninguna pregunta, por provocadora que sea, ni ha perdido nunca la paciencia. Sobre los que le escamotean la verdad por no causarle más preocupaciones de las que tiene: El lo sabe. A un funcionario que lo hizo le dijo: Me ocultan verdades por no inquietarme, pero cuando por fin las descubra me moriré por la impresión de enfrentarme a tantas verdades que han dejado de decirme. Las más graves, sin embargo, son las verdades que se le ocultan para encubrir deficiencias, pues al lado de los enormes logros que sustentan la Revolución los logros políticos, científicos, deportivos, culturales, hay una incompetencia burocrática colosal que afecta a casi todos los órdenes de la vida diaria, y en especial a la felicidad doméstica.
Cuando habla con la gente de la calle, la conversación recobra la expresividad y la franqueza cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean sin riesgos, lo tutean, le discuten, lo contradicen, le reclaman, con un canal de transmisión inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal.
Sueña con que sus científicos encuentren la medicina final contra el cáncer y ha creado una política exterior de potencia mundial, en una isla 84 veces más pequeña que su enemigo principal. Tiene la convicción de que el logro mayor del ser humano es la buena formación de su conciencia y que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.
Lo he oído en sus escasas horas de añoranza a la vida, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle más tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina.

La novela de sus recuerdos

Granma reproduce una crónica del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro y otra del escritor Ángel Augier sobre García Márquez; así como dos entrevistas que confirió el Premio Nobel a nuestro diario.

Autor: Fidel Castro Ruz | internet@granma.cu

17 de abril de 2014

Fuente: Granma Internacional. 08/12/02 pag.: 8
Gabo y yo estábamos en la ciudad de Bogotá el triste día 9 de abril de 1948 en que mataron a Gaitán. Teníamos la misma edad: 21 años; fuimos testigos de los mismos acontecimientos, ambos estudiábamos la misma carrera: Derecho. Eso al menos creíamos los dos. Ninguno tenía noticias del otro. No nos conocía nadie, ni siquiera nosotros mismos.
Casi medio siglo después, Gabo y yo conversábamos, en vísperas de un viaje a Birán, el lugar de Oriente, en Cuba, donde nací la madrugada del 13 de agosto de 1926. El encuentro tenía la impronta de las ocasiones íntimas, familiares, donde suelen imponerse el recuento y las efusivas evocaciones, en un ambiente que compartíamos con un grupo de amigos del Gabo y algunos compañeros dirigentes de la Revolución.
Aquella noche de nuestro diálogo, repasaba las imágenes grabadas en la memoria: ¡Mataron a Gaitán!, repetían los gritos del 9 de abril en Bogotá, adonde habíamos viajado un grupo de jóvenes cubanos para organizar un congreso latinoamericano de estudiantes. Mientras permanecía perplejo y detenido, el pueblo arrastraba al asesino por las calles, una multitud incendiaba comercios, oficinas, cines y edificios de inquilinato. Algunos llevaban de uno a otro lado pianos y armarios en andas. Alguien rompía espejos. Otros la emprendían contra los pasquines y las marquesinas. Los de más allá vociferaban su frustración y su dolor desde las bocacalles, las terrazas floridas o las paredes humeantes. Un hombre se desahogaba dándole golpes a una máquina de escribir, y para ahorrarle el esfuerzo descomunal e insólito, la lancé hacia arriba y voló en pedazos al caer contra el piso de cemento. Mientras hablaba, Gabo escuchaba y probablemente confirmaba aquella certeza suya de que en América Latina y el Caribe, los escritores han tenido que inventar muy poco, porque la realidad supera cualquier historia imaginada, y tal vez su problema ha sido el de hacer creíble su realidad. El caso es que, casi concluido el relato, supe que Gabo también estaba allí y percibí reveladora la coincidencia, quizás habíamos recorrido las mismas calles y vivido los sobresaltos, asombros e ímpetus que me llevaron a ser uno más en aquel río súbitamente desbordado de los cerros. Disparé la pregunta con la curiosidad empedernida de siempre. “Y tú, ¿qué hacías durante el Bogotazo?”, y él, imperturbable, atrincherado en su imaginación sorprendente, vivaz, díscola y excepcional, respondió rotundo, sonriente, e ingenioso desde la naturalidad de sus metáforas: “Fidel, yo era aquel hombre de la máquina de escribir”.
A Gabo lo conozco desde siempre, y la primera vez pudo ser en cualquiera de esos instantes o territorios de la frondosa geografía poética garciamarquiana. Como él mismo confesó, lleva sobre su conciencia el haberme iniciado y mantenerme al día en “la adicción de los best-sellers de consumo rápido, como método de purificación contra los documentos oficiales”. A lo que habría que agregar su responsabilidad al convencerme no solo de que en mi próxima reencarnación querría ser escritor, sino que además querría serlo como Gabriel García Márquez, con ese obstinado y persistente detallismo en que apoya como en una piedra filosofal, toda la credibilidad de sus deslumbrantes exageraciones. En una oportunidad llegó a aseverar que me había tomado dieciocho bolas de helado, lo cual, como es de suponer, protesté con la mayor energía posible.
Recordé después en el texto preliminar de Del amor y otros demonios que un hombre se paseaba en su caballo de once meses y sugerí al autor: “Mira, Gabo, añádele dos o tres años más a ese caballo, porque uno de once meses es un potrico”. Después, al leer la novela impresa, uno recuerda a Abrenuncio Sa Pereira Cao, a quien Gabo reconoce como el médico más notable y controvertido de la ciudad de Cartagena de Indias, en los tiempos de la narración. En la novela, el hombre llora sentado en una piedra del camino junto a su caballo que en octubre cumple cien años y en una bajada se le reventó el corazón. Gabo, como era de esperarse, convirtió la edad del animal en una prodigiosa circunstancia, en un suceso increíble de inobjetable veracidad.
Su literatura es la prueba fehaciente de su sensibilidad y adhesión irrenunciable a los orígenes, de su inspiración latinoamericana y lealtad a la verdad, de su pensamiento progresista.
Comparto con él una teoría escandalosa, probablemente sacrílega para academias y doctores en letras, sobre la relatividad de las palabras del idioma, y lo hago con la misma intensidad con que siento fascinación por los diccionarios, sobre todo aquel que me obsequiara cuando cumplí 70 años, y es una verdadera joya porque a la definición de las palabras, añade frases célebres de la literatura hispanoamericana, ejemplos de buen uso del vocabulario. También, como hombre público obligado a escribir discursos y narrar hechos, coincido con el ilustre escritor en el deleite por la búsqueda de la palabra exacta, una especie de obsesión compartida e inagotable hasta que la frase nos queda a gusto, fiel al sentimiento o la idea que deseamos expresar y en la fe de que siempre puede mejorarse. Lo admiro sobre todo cuando, al no existir esa palabra exacta, tranquilamente la inventa. ¡Cómo envidio esa licencia suya!
Ahora aparece Gabo por Gabo con la publicación de su autobiografía, es decir, la novela de sus recuerdos, una obra que imagino de nostalgia por el trueno de las cuatro de la tarde, que era el instante de relámpago y magia que su madre Luisa Santiaga Márquez Iguarán echaba de menos lejos de Aracataca, la aldea sin empedrar, de torrenciales aguaceros eternos, hábitos de alquimia y telégrafo y amores turbulentos y sensacionales que poblarían Macondo, el pequeño pueblo de las páginas de cien años solitarios con todo el polvo y el hechizo de Aracataca. De Gabo siempre me han llegado cuartillas aún en preparación, por el gesto generoso y de sencillez con que siempre me envía, al igual que a otros a quienes mucho aprecia, los borradores de sus libros, como prueba de nuestra vieja y entrañable amistad. Esta vez hace una entrega de sí mismo con sinceridad, candor y vehemencia, que le develan como lo que es, un hombre con bondad de niño y talento cósmico, un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla.

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El gallego García Márquez

Los antepasados originarios de Galicia del escritor y las «cosas increíbles y sobrenaturales» que le contaban influyeron en su extraordinaria forma de narrar

CARLOS G. REIGOSA

18 de abril de 2014  05:00

Sorprende leer las reiteradas afirmaciones de Gabriel García Márquez sobre sus antepasados gallegos, pero ahí están, en artículos o en declaraciones, como las anotadas por su amigo Plinio Apuleyo Mendoza en El olor de la guayaba (1982). «Mis abuelos eran descendientes de gallegos, y muchas de las cosas sobrenaturales que me contaban provenían de Galicia», decía García Márquez. Y, por si quedaba alguna duda, tras recibir el Premio Nobel de Literatura en 1982 confesó que había escrito Cien años de soledad (1967) «usando el mismo método de mi abuela», es decir, el de narrar las historias más extraordinarias, inverosímiles y conmovedoras con la «cara de palo» con que las contaba su «abuela gallega» Tranquilina Iguarán Cotes. Descubrió entonces que ese modo imperturbable de contar y esa riqueza de imágenes era lo que más podía contribuir a la verosimilitud de sus historias.

Cuando hacía estas afirmaciones, el escritor colombiano aún no había estado en Galicia. Pero en 1983, literalmente extenuado por el ajetreo de ganar el Nobel, visitó en La Moncloa a Felipe González, recién elegido presidente del Gobierno, y le confesó su necesidad inaplazable de tomarse un descanso. García Márquez lo contaba luego con las siguientes palabras: «Decidí regalarme en la realidad uno de mis sueños más antiguos: conocer Galicia». Quien le facilitó el viaje fue el joven presidente español, que le encomendó a Domingo García-Sabell, por entonces delegado general del Gobierno en Galicia y presidente de la Real Academia Galega, que recibiese al escritor, que lo guiase y, sobre todo, que lo liberase de toda exposición pública. García-Sabell cumplió a rajatabla. De la visita de García Márquez, que duró 72 horas del mes de mayo de 1983, solo quedaron dos fotos de la Agencia Efe y unas dedicatorias en el único momento en que fue reconocido por un profesor del Instituto Rosalía de Castro, al salir de un restaurante y dirigirse a la plaza del Obradoiro. El resto fue una visita de riguroso incógnito por las calles compostelanas, con epílogo en las Rías Baixas.

Aquella visita fructificó en un artículo revelador e inolvidable del escritor titulado Viendo llover en Galicia, que, contiene una de las más felices y atinadas visiones de Compostela y del ser gallego. «La ciudad -dice el escritor- se impone de inmediato, completa y para siempre, como si se hubiera nacido en ella». García Márquez buscaba literalmente sus raíces ¡y las encontró! Por ello empezó su artículo con una frase inequívoca del Che Guevara: «La nostalgia empieza por la comida». Porque también para él «la nostalgia de Galicia había empezado por la comida, antes de que hubiera conocido la tierra». Es decir, por la comida que hacía su abuela, los panes del viejo horno y los «jamones deliciosos» cuyo sabor se le «quedó grabado para siempre en la memoria del paladar». Un sabor que volvió a encontrar en Galicia. Por ello terminaba preguntándose si no había empezado «a ser víctima de los mismos desvaríos de su abuela. Entre gallegos -ya lo sabemos- nunca se sabe».

Testarudos

Fueron estos reconocimientos los que me llevaron en su día a buscar al escritor e intentar dilucidar su vinculación personal y literaria con Galicia. Los resultados están en el libro La Galicia mágica de García Márquez. Cuando aún lo estaba haciendo, me encontré con él en Los Ángeles (Estados Unidos), me miró fijamente y me dijo: «¿También tú por aquí? Ah, gallego, gallego. ¡Los gallegos somos los seres más testarudos del mundo! Se lo he dicho muchas veces a Fidel Castro, que, como buen gallego, es de una terquedad ilimitada». Entendí perfectamente lo que me quería decir: que ya le habíamos dado bastantes vueltas a la «abuela gallega». Los dos. ¿Dónde está Galicia en su obra? «En la forma de contar». Lo dijo él.

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RAMON CHAO
“Comentamos la posible semejanza del libro de Torrente Ballester La saga-fuga de JIB y su Cien años de soledad, que para mí no existe Ballester en una entrevista publicada este verano en EL PAÍS.
Para García Márquez tampoco hay nada de esto. Incluso me quiere hacer creer que ambas novelas son contemporáneas. Le aseguro que La saga-fuga es Posterior, y le recuerdo lo que me había dicho sobre su abuela gallega, que le contaba por las noches leyendas de nuestra tierra.
Me explica García Márquez que su abuela le preparaba un jamón curado en sal que nunca volvió a encontrar en Colombia ni en España hasta que un día descubrió el lacón gallego. Por ello deduce que tal vez su abuela fuera gallega o hija de gallegos y, en efecto, le relataba historias maravillosas, leyendas extraordinarias y sobrenaturales.
«Me parece perfectamente normal», dice, «que estando el Caribe lleno de leyendas llevadas por los gallegos se produzca una literatura coincidente, llena de mundos mágicos y paralelos».
Por último, evocamos lo escrito en Diario 16 acerca de una eventual disputa entre Fidel Castro y él a raíz de sus artículos sobre la intervención cubana en Africa.
Sobre esto sólo me dijo García Márquez que ha mandado los recortes de ese tema a sus amigos cubanos, que se van a reír mucho de semejante estupidez.
Y así no pudimos hablar de la nueva versión del Don Juan, de Mozart, montada por Maurice Béjart en Ginebra.”
RAMÓN CHAOEL PAÍS / Madrid /16 /01/1981.
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El cineasta gallego Carlos Velo Cobelas con el escritor Gabriel García Márquez.
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18 comentarios en “El préstamo de bemsalgado sobre el Gabo y Fidel

  1. ¡OLÉ, AGUIRRE!
    El buen español es aquel que entra en resonancia con los toros, se salta a la torera las normas de tráfico, empitona a la autoridad municipal y miente más que habla
    José María Calleja (Avance en eldiario.es)

    Esperanza Aguirre no entregó a la autoridad municipal madrileña y española la documentación que se exige a todos los que, como ella, cometen una infracción de tráfico; por ejemplo, los 15.000 conductores que aparcaron indebidamente su coche en el carril bus el año pasado en Madrid.
    Ni el permiso de circulación, ni la tarjeta de inspección, ni el seguro obligatorio, fueron entregados por Aguirre a los municipales que se lo requerían.
    Aguirre, sangre española, embistió a la montura de los municipales, derrotó con el pitón derecho a los asustados picadores sin puya y huyó con querencia de chiquero a su dehesa acharolada.
    Mujer, el patriotismo bien entendido empieza por una misma: si los agentes de la autoridad te piden los papeles, se los entregas y no los ridiculizas con acento cheli –”o charlita, o multita”–, ni huyes en estampida para que tus guardias civiles, convertidos en enlaces sindicales y siempre autoridad en la plaza, intenten zanjar la cuestión como una cuadrilla y le quiten hierro al trapío del asunto. Por muy temeraria que estés este año, un respeto a la autoridad.
    Por cierto, si cuando se eleva la sagrada forma en un funeral de Estado –mitin de Rouco mediante–, suena el himno nacional, ¿por qué no suena idéntica melodía cuando el torero entra a matar? Eso si sería fomentar la identidad nacional, sin complejos, con cintas bicolores en los alamares y el mundo por montera.
    Por cierto, ¿qué pensarán los aficionados a los toros que en la muy francesa, y un poco romana, plaza de Nimes entran en éxtasis cada vez que José Tomás impone el silencio frente al toro? ¿Se sentirán identitariamente españoles por participar en esa ceremonia?
    Hace años escribí, con ironía y reproche, que Jon Idígoras había pasado de la Fiesta Nacional a la Mesa Nacional. Aquel batasuno, con bigote de cuatrero de película mexicana, se erizaba cuando hablaba de Finito de Córdoba, chisporroteaba con las faenas cumbre de la temporada, vibraba con sus avatares de novillero/peón. Era feliz hablando de toros, viendo corridas de toros, arrimándose al morlaco, aunque fuera de salón.
    Según el pensamiento Aguirre –que reparte entre timbales los carnets del buen español–, Idígoras sería un español fetén por su comunión con los astifinos y los cornalones, con los zaínos y los mohínos; cosa con la que no se si el finado estaría muy de acuerdo.
    De manera que el buen español es aquel que entra en resonancia con los toros, se salta a la torera las normas de tráfico, empitona a la autoridad municipal y miente más que habla. ¡Olé, Aguirre!

  2. CUÉNTAME VALENCIANO ¿CÓMO OS HA IDO?

    Pablo Iglesias
    http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/885/cuentame-valenciano-como-os-ha-ido/

    Resulta elocuente que Valenciano, con aire de superioridad patricia, valore nuestro video de Cuéntame (https://www.youtube.com/watch?v=KgFE91GIcQE) como procedente de alguien “que se está buscando la vida” tras un espacio político que se le antoja “mínimo”. Parece el acto reflejo de quien, acostumbrada a los privilegios del poder y el mando desde tiempos inmemoriales, se siente obligada a calificar de advenedizo a quien busca, efectivamente, entrar en escena con una mano atada a la espalda.

    Pablo-ValencianoA Valenciano le parece “terrible” (ojo con el adjetivo) que, desde “la izquierda”, se relacione al PSOE con el PP cuando “históricamente” se ha puesto de manifiesto, según ella, todo lo contrario. ¿Qué es “Izquierda” para Valenciano? Que el PP proviene de la herencia del “franquismo”, mientras que el PSOE se ha caracterizado justo por lo opuesto.

    Meras palabras huecas. Ya no basta esa falsa retórica para seguir jugando a los trileros con la ciudadanía. Ni resulta ya efectiva la acusación de esa palabra, “demagogia”, utilizada para un roto y un descosido por el político profesional cuando se le insta a hablar de política concreta y de las necesidades de la gente. Demagogia es en realidad apelar a mantras o palabras vacías cuando desde hace tiempo se ha renunciado a la política realizando mera gestión al servicio de los intereses financieros y económicos de turno.

    ¿Estamos “lejos de la realidad”? Cuéntanos qué es “Izquierda”, Valenciano. ¿Acaso la reforma constitucional aprobada en agosto de 2011 entre las camarillas del PP y el PSOE y a espaldas de la ciudadanía, en la que se fijó el pago del capital y los intereses de la deuda como “prioridad absoluta” sobre cualquier otro gasto público? ¿Es esta la apuesta por “más Europa” frente a la demagogia?
    Esta escenificación consensuada en apenas una tarde fue el signo de un bipartidismo que ha erosionado nuestra democracia al abrigo de una falsa retórica de confrontación. Sin embargo, hoy cualquier intento de cuestionar este escenario técnico supuestamente “necesario” es tachado inmediatamente de “demagógico”. (continua, jajaja)

  3. Mas madera contra el PP$OE…
    Cuéntanos, Valenciano, ¿es demágogico que PP y PSOE coincidan en más de un 70% de las votaciones en el Parlamento Europeo? No parece. Lo que realmente resulta aberrante no es criticar las políticas que ha llevado a cabo el PSOE, sino que los dirigentes de este partido hayan traicionado sistemáticamente las ilusiones y la confianza de sus votantes. La cúpula del PSOE quiere amedrentar una vez más a la población, diciendo que si no son ellos, serán los otros, y que más vale votarles porque sino vuelve el PP. La confianza no se puede ganar chantajeando a la población, porque al final la ciudadanía acaba siendo rehén de un juego de trileros. La democracia no puede sostenerse en una coacción velada, no se trata de votar a uno por tenerle miedo al otro, sino de hacerlo con la ilusión que genera tu propio proyecto. Hay demasiada buena gente que se reclama socialista a la que Rubalcaba y Valenciano han dejado huérfana, por mucho que ahora, desesperados, apelen al pasado para justificar su triste presente.

    Sordos como los del PP, los dirigentes del PSOE son incapaces de ofrecer nada que proponga un cambio a favor de la mayoría social empobrecida por las políticas de recortes que ellos también aplicaban. No despiertan ilusión, sino resignación. Por esa razón, mientras por un lado buscan con ahínco ubicar el espectáculo electoral en un supuesto enfrentamiento con el PP, por el otro no se atreven nunca a distanciarse de ellos en los problemas reales que asolan a este país. Nunca discuten de lo que es realmente importante, porque a grandes rasgos coinciden.

    Es hora de mostrar alternativas reales y salvar a la gente de la actual alternancia perversa e inoperante en la que se desarrolla el falso juego de los dos principales partidos. Si la cúpula del PSOE quiere dinamitar sus siglas, que lo haga, pero sin el apoyo de una ciudadanía, entre la que se encuentra la base social de su propio partido, hastiada del permanente enjuague entre poder político y poder económico.

    Es hora de salvar a los votantes del PSOE de sus dirigentes para que dejen de liquidar sus siglas. La increíble historia del partido menguante se ha terminado de consumar. Si con el paso de los años ha ido confirmando la pérdida sigla a sigla de su identidad (primero obrero, después socialista, y ahora, dada su sumisión a los poderes financieros internaciones incluso también español), ahora solo queda una pírrica P de Partido.

    Os dejo el enlace del video con reacción de Elena Valenciano tras ver el video de Podemos:

    http://www.cuatro.com/las-mananas-de-cuatro/2014/abril/23-04-2014/Elena-Valenciano-Pablo-Iglesias-completamente_2_1784505107.html#​

  4. Unas cuantas sobre la barbarie global
    1)Sobre narcotráfico global y el sistema
    http://rafaelnarbona.es/?p=7392

    2)http://www.mundodesconocido.es/mas-cabos-sueltos-en-la-desaparicion-del-mh370.html

    3)Un “suicidio” de un conspiranoico del 11S
    http://investigar11s.blogspot.com.es/2014/04/michael-ruppert-teorico-de-la.html

    4) Sobre Ucrania
    http://periodismo-alternativo.com/2014/04/20/la-propaganda-mediatica-en-ee-uu-sobre-ucrania-adquiere-dimensiones-orwellianas/

    http://www.vnavarro.org/?p=10716

    http://www.voltairenet.org/article183329.html

    5) La sovietizacion de EEUU
    http://www.vnavarro.org/?p=10712

    http://www.voltairenet.org/article183372.html

  5. EL JUEZ PAYASO Y LOS JUECES SERIOS
    Isaac Rosa (eldiario.es)
    Parece que uno no puede decir una sola palabra sobre el proceso judicial contra el juez Elpidio Silva, sin dar antes los obligados gritos de rigor: “yo critico el proceso, sí, pero menudo pájaro es Elpidio, un payaso, un egocéntrico delirante, una estrella de tertulias televisivas, un ambicioso que se ha montado un partido a su medida para ir a las elecciones…” Sin añadir todo eso, y algún chiste de propina, no parece posible criticar la doble velocidad de la Justicia con Blesa y con Silva.
    Pues perdonen, pero yo no lo voy a hacer. Por varios motivos. Porque no toca, porque lo importante ahora no es si Silva es o no un payaso. Y porque, aunque fuese cierto todo lo anterior, Silva no sería el único payaso de este circo, ni su ego es el más desarrollado en comparación con otros, ni es el único que saca petróleo de cada minuto televisivo; y sus ambiciones políticas no son ni más ni menos legítimas que las de otros que también buscan protagonismo recurriendo a todo tipo de tretas.
    Pero además porque, si de justicia e impunidad hablamos, a mí me da igual que se trate de un pobre payaso o un brillante pensador, un santo o un canalla, bondadoso o maquiavélico.
    Todos nos hemos echado unas risas viendo el juicio estos días, vale. Pero eso no puede distraernos de lo fundamental: que Elpidio Silva está en el banquillo, y lo han sentado dos de los mayores granujas de nuestra historia reciente: Miguel Blesa y ¡Gerardo Díaz Ferrán!, que pretenden su muerte judicial y civil de por vida, además de una indemnización abultada.
    El juez puede ser excéntrico, sí. Pero lo realmente excéntrico es ese momento en que Miguel Blesa, el hombre que estafó a cientos de miles de ahorradores, y puso la primera piedra de esa ruina galáctica que se llama Bankia, se sienta como testigo y dice que el juez dañó su prestigio (y de paso la buena imagen de Díaz Ferrán), mientras varios estafados por sus preferentes son expulsados de la sala y amenazados de multa. Pocas imágenes resumen tan bien el estado de nuestra justicia, ese paraíso de la impunidad que acaba de describir elFiscal General del Estado con palabras durísimas.
    A mí me importa poco si el juez Silva grita, gesticula, le busca las vueltas a las leyes o despide a su abogado para ganar tiempo. Está en su derecho, está defendiéndose, y cuando uno está en el banquillo puede intentarlo todo, incluso mentir. En todo caso, su estrategia de defensa me parece hasta cándida comparada con la forma en que los prestigiosos abogados de los grandes corruptos retuercen procesos judiciales para apartar jueces, dilatar instrucciones o lograr nulidades.
    Ya sé, la ley es la ley, y si el juez hizo una instrucción llena de irregularidades como señalan algunos, debe someterse a la justicia. Pero el proceso contra Silva tiene demasiadas zonas de sombra, toda la pinta de una persecución para apartar cuanto antes a un juez que se metió donde otros pasaban de largo. Para excentricidad grande, que en un caso como este intervenga una juez que fue concejal del PP y tuvo cargo en Bankia. Si yo estuviera en el pellejo de Silva, y sintiera que van a por mí sin respetar las reglas de juego más elementales (como bien explica aquí Gonzalo Boye), por supuesto gritaría en la sala, me declararía indefenso, y hasta me quemaría a lo bonzo en medio de la sala.
    Insisto: me da igual si es o no un payaso, eso no es lo importante en este momento, no nos distraigamos. Para lo que está en juego, el juez payaso lo estaría siendo a la manera de aquellos bufones que, al no ser tomados en serio, eran los más libres del reino, los únicos capaces de hacer visible la desnudez del emperador.
    Si Elpidio Silva con su lengua fácil es un payaso, es un payaso inofensivo. A mí los que me dan miedo son todos esos otros jueces y fiscales tan formales, tan serios, tan correctos, tan de media voz, que con su formalidad mantienen intacto e impune un sistema que cada día apesta más.

  6. 1) Observa bien el mundo que no ves o no te dejan ver, apéate y reflexiona
    http://periodismo-alternativo.com/2014/04/26/lo-has-sentido-durante-toda-tu-vida-es-la-matrix/

    2) Demoledor video del cómico estadounidense (ya fallecido) George Carlin

    http://periodismo-alternativo.com/2014/04/26/george-carlin-la-ilusion-de-eleccion/

    3) Siguiente objetivo , Pakistán
    http://www.mundodesconocido.es/siguiente-objetivo-pakistan.html

    4) Usar a Ucrania para calentar el planeta. Naomi Klein
    http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article67467

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