Suárez y el Rey

Ayer vivimos la apoteosis del libro de Pilar Urbano sobre Adolfo Suàrez.

Era justo y necesario, como se dice todos los días en la misa a la que esta supernumeraria del Opus asiste.

Vivo en Cartagena, una Capitanía General de la Armada, una plaza fuerte tradicional, quiero decir que si hay algo que yo conozco medio bien es el Opus, algunos de mis mejores amigos, de los que mejor se han portado conmigo son opusdeístas, no sólo ellos, personalmente, sino todas sus familias porque el Opus excita un sentido gremial absolutamente sectario.

El hombre que encarriló que mi mujer fuera operada en Pamplona donde le extrajeron hace ya casi 14 años un cáncer de ovarios, sigue preocupándose de nosotros cotidianamente y llama de vez en cuando ofreciéndose para todo lo que necesitemos sin ninguna clase de excepción y lo hace de corazón y hondamente preocupado por nosotros.

Creo sinceramente que el éxito del Opus se basa en el método que utiliza para seleccionar a sus miembros, siempre trata de integrarlos cuando más jóvenes mejor y entre los más inteligentes de la sociedad.

Esto tiene sus ventajas pero también sus graves inconvenientes, cuando estos neófitos crecen intelectualmente y comprenden realmente de qué va la cosa, las deserciones son demasiado frecuentes.

Pero estábamos hablando de Pilar Urbano, periodista y escritora de auténticos bestsellers. Elige cuidadosamente a sus personajes y trabaja sobre ellos hasta la extenuación, lo que lleva aparejado que sus trabajos sean siempre dignos de lectura.

Por lo que he leído en una entrevista que se ha publicado, Suárez no sólo era, más o menos, tal como yo me lo había planteado en 1.989, en mi obra de teatro, Secuestros.

Si no lo he entendido mal, lo esencial del trabajo de Urbano es afirmar categóricamente que, en principio, el muñidor del golpe de Estado de 1981 no fue ni más ni menos que el propio Rey.

Lo meritorio del trabajo de Urbano, auténticamente periodístico, es que esa tesis que algunos autores, como yo mismo, ya habíamos apuntado, yo, como acabo de decir, en 1.989, ella la trabaja a fondo, explorando todas las fuentes y haciendo de esta tesis la mejor demostración.

Yo no sé si preguntarme qué es lo que la Urbano periodista pretende con su libro. ¿Lo mismo que con sus trabajos anteriores sobre Garzón y la Reina? Estoy seguro que hay algo finalístico en su trabajo porque los del Opus nunca hacen nada porque sí.

Ahora, voy a cometer un atrevimiento imperdonable. Trasladar a este blog la escena de mi Secuestros en la que Suárez y el Rey debaten sobre la inminencia del golpe de Estado y qué es lo más apropiado para evitarlo:

(Oscuro.)

(En el despacho de Obiol, que se ilumina, el Rey y Juárez.)

REY: Adelante, Presidente, adelante.

JUAREZ: Majestad.

REY: ¿Cómo va eso? ¿Tienes muchos problemas?

JUAREZ: Más de los que quisiera.

REY:, Pues yo voy a resolverte por lo menos uno.

JUAREZ: ¿Cuál de ellos, Majestad? A ver si acierta.

REY: A lo mejor. El problema que yo voy a tratar de resolver quizá sea hoy el mas importante.

JUAREZ: ¿Se refiere Su Majestad al de los militares?

 REY: Exactamente.

JUAREZ: Siempre he dicho, Señor, que Vuestra Majestad era un hombre providencial.

REY: Por favor, no digas eso.

JUAREZ: ¿Por qué no, Señor?

REY: Me trae recuerdos desagradables. Y, además, no es verdad, no hay hombres providenciales.

JUAREZ: Totalmente de acuerdo, Señor y, sin embargo, Su Majestad lo es.

REY: Por eso te elegí en la terna. Haces lo que tienes que hacer, dices lo que todo el mundo espera.

JUAREZ: Señor, digo siempre lo que pienso.

REY: Eso es, y es una gran suerte que sea siempre lo que la mayoría quiere.

JUAREZ: Si así fuera, Señor, seria realmente una gran suerte para el país y para mi.

REY: Es así, sin duda. Por eso siempre parece que tienes razón.

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JUAREZ: Eso, Señor, es filosaficamente imposible. Yo, como todo ser humano, yerro.

REY: De uno de esos yerros quiero hablarte. No te Ilevas bien con los militares y éste es, casi, tu único error.

JUAREZ: Gracias, Majestad, sois demasiado indulgente conmigo. Perdonad que os contradiga, sufro muchos errores, a veces creo que demasiados, pero ése, os lo aseguro, no lo he cometido.

REY: ¿Qué quieres decir?

JUAREZ: Que no soy yo el que se lleva mal con los militares sino que son ellos los que no se Ilevan bien conmigo.

REY: No veo la diferencia.

JUAREZ: Lo que ocurre con esos señores es que se niegan a comprender que la situación ha cambia- do radicalmente, no quieren admitir que el poder ya no reside en un ser carismático designado milagrosamente por Dios sino en el pueblo que, pare ellos, no es más que masa, chusma, plebe.

REY: Efectivamente, es así, pero olvidas dos datos tan importantes que te impiden resolver el problema. El primero es que ellos no pueden rehacerse a si mismos, son mayores y apostaron su vida por un mundo que nosotros ,estamos destruyendo. El segundo es que ellos tienen el poder. Así de simple, así de sencillo. Es un disparate, una tragedia que en pleno siglo veinte, casi en el veintiuno, un colectivo que no llega al dos por ciento de la población del país sea el dueño absoluto de Ia situación, pero es así y tenemos que admitirlo, si no, no podremos nunca resolver el problema, si no aceptamos Ia realidad tal como es, no podremos cambiarla.

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JUAREZ: Yo sé que la realidad es tal como Su Majestad la expone, pero no la admito, no Ia acepto. En buena lógica, no podemos admitir que unos cuantos señores dominen por el miedo a cuarenta millones de personas sólo porque disponen de las armas que el pueblo paga y que les ha entregado para que le defiendan, no para que las utilicen en su contra, si lo hacen enfrentaran otra vez al hermano con el hermano, al padre con el hijo, en una guerra civil que a muy pocos beneficiaría.

REY:’Eso es, precisamente, lo que yo trato de evitar.

 JUAREZ: Entonces, Majestad, estamos de acuerdo en el fin, sólo se trata de que acordemos los medios.REY: Por eso te he llamado.

JUAREZ: Por eso estoy aqui.

REY: Precisamente, se trata de que establezcamos conjuntamente la estrategia, que no parece ser tu fuerte.

JUAREZ: Permitidme, Señor, que por una sola vez os contradiga. Olvidáis la parte más reciente de nuestra historia, ésa que hemos escrito entre los dos. ¿No fue buena estrategia la utilizada para que un Parlamento absolutamente contrario a la idea que ambos teníamos del Estado se autodisolviera? Todavía hoy, cuando lo pienso, no lo creo. Me parece imposible y, sin embargo, no fue fruto del azar sino de la necesidad. Históricamente, Señor, sólo es posible lo necesario. Este país, bien lo sabéis, es un organismo vivo que llevaba más de cuarenta años pugnando por recuperar su libertad, una libertad de Ia que gozaban desde hacia siglos sus países vecinos y que se preguntaba: ¿por qué nosotros no? Y la respuesta le viene a este buen pueblo nuestro desde los cuarteles y desde los púlpitos: «Tú no puedes ser libre porque eres ingobernable. A voso-

202

-tros no se os puede dejar solos.. 0 sea que somos un pueblo de insensatos y salvajes a los que hay que sujetar férreamente, a los que hay que suprimir las más inofensivas libertades.

REY: Por favor, Presidente, no me hagas discursos. A mi no necesitas convencerme de que la libertad es un bien. Te repito que es una simple cuestión de estrategia. Tú piensas, como don Quijote, que la mejor manera de conseguir la libertad de nuestro pueblo es arremeter abiertamente contra los molinos y yo, que soy militar, te digo que, así, acabaras molido a palos como el hidalgo manchego.

JUAREZ: O sea, ¿que Su Majestad es partidario de ceder?

REY: Si, desde luego hasta cierto punto.

JUAREZ: Pero, si cedemos, se crecerán.

REY: Hay que transigir para ganar tiempo.

JUAREZ: No son tan torpes. Se darán cuenta de que les tememos y el golpe sera inevitable.

REY: Son hombres, como nosotros y, por lo tanto, sensibles al halago y al interés. Si los que mandan realmente ven satisfechas sus aspiraciones, cesara la conspiración.

JUAREZ: En este país, no hay límites para Ia ambición militar, según nos demuestra la historia, y todavía menos después de ese funesto ejemplo que les ha dado el general Franco.

REY: No eres diplomático. La oposición frontal provocaría el golpe.

JUAREZ: Estoy cansado de recular.

REY: Pero es que no podemos hacer otra cosa.

JUAREZ: No hemos hecho otra cosa durante cuarenta años.

REY: Y ahora quieres cambiarlo todo de un plumazo.

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JUAREZ: No hay otra solución. Si contemporizamos, se sentirán fuertes y, entonces, atacarán.

REY: Yo, en cambio, creo que el tiempo juega a nuestro favor.

JUAREZ: Majestad, tengo información de primera mano que indica que se prepara un golpe de Estado para el mes de Febrero.

REY: ¿Por qué no me lo has dicho antes?

JUAREZ: Porque, hasta ahora, ésta era una discusión académica.

REY: No me gustan las discusiones académicas.

JUAREZ: Pero, a veces, las mantiene.

REY: Si no tengo mes remedio.

JUAREZ: El tiempo vuela, señor.

REY: ¿Tú que es lo que quieres?

JUAREZ: Las manos libres. Usted es el Jefe Supremo de los Ejércitos y yo quiero gobernar también en ese terreno con absoluta libertad.

REY: No hay libertad absoluta en ningún terreno. De cualquier modo, no puedes pedir que yo te deje actuar libremente en el único espacio que la Constitución me reserva expresamente y en contra de mi opinión personal.

JUAREZ: ¿Y no podíamos llegar a un acuerdo?

REY: ¿Cómo? Tú quieres cambiarlo todo inmediatamente y yo pido paciencia para cambiar un poco cada dia.

JUAREZ: No le darân tiempo.

REY: Tal vez, pero creo que es el único camino.

JUAREZ: Entonces, ¿no firmará los ceses de Silas,Millán, Anglada y Fiesta?

REY: ¿Asi que te quieres cargar a todos los jefes prestigiosos del Ejercito?

JUAREZ: Es el único camino que me dejan.

 REY: Pues yo voy a intentar otro.

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JUAREZ: Dimitirê.

REY: Y yo te aceptaré Ia dimisión.

(Oscuro.)

Fin de la transcripción parcial de Secuestros.

Ante todo, perdón, porque mi OCR no es tan bueno como yo desearía.

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