Alberto Garzón, la gran esperanza no sólo roja sino de toda España

 Publicado el 10 abril 2013

 No creo que haya otro en el mundo dotado de esta capacidad de escribir irrebatiblemente. He pasado la mayor parte de mi vida actuando ante los tribunales, en donde el éxito o el fracaso profesional depende de tu capacidad de desmontar siquiera sea ínfimamente parte de los argumentos ajenos. Nunca, en los más de 5.000 asuntos judiciales que tramité ante los juzgados, tuve una experiencia como ésta a la que acabo de enfrentarme: este hombre cuyo conocimiento textual provocó mi alborozo el primer día que lo leí, acaba de pergeñar un texto increíble, al que he sido absolutamente incapaz de poner un simple “pero”, aunque fuera el de una coma mal puesta lo que es casi inevitable cuando se escribe tanto.  Y lo que aún me asombra más es que el tema sobre el que él ha escrito, ha sido ya un par de veces machacado por mí: demostrar la radical, la esencial criminalidad del PP, de todos y cada uno de los miembros de esta criminalísima mafia, en su diario actuar en todos los frentes de la política española.  Por supuesto que yo, creo, que conseguí demostrar que lo que estos criminales natos están haciendo con la inmensa mayoría del pueblo español es un auténtico asesinato, puesto que lo que realizan miles de veces, todos los días, es empujar al suicidio a millones de personas que ven como sus vidas se cierran para siempre sin otro punto de escape que no sea la muerte y esto, a no dudarlo, es un homicidio en modo alguno involuntario sino premeditado y ejecutado con total alevosía lo que, según todas las teorías penales del mundo, convierte sus cotidianas acciones en los más viles de los asesinatos.  Esto es así y nadie que no sea un perfecto hijo de puta, el más canalla de todos los malnacidos lo puede negar, pero se puede decir así, de esta forma abrupta y visceral como yo acabo de hacerlo o con la suprema y exquisita elegancia intelectual y moral con que este muchacho que apenas si tiene 25 años lo ha hecho.  Hay que leer no una sino varias veces, hasta que todas y cada una de sus palabras impregnen para siempre no sólo nuestra inteligencia sino también eso que se halla en la entraña de nuestro corazón y que algunos llamamos alma, este texto absolutamente impecable, perfecto, ejemplar que a mí, que me esforzado en leer todo lo que de grande y hermoso se ha publicado en la historia del hombre, me ha asombrado como ningún otro en mi vida.  Creo que lo mejor que puedo hacer es transcribirlo aquí para que puedan leerlo incluso aquellos que, como yo, no sean muy duchos en el arte de manejar los enlaces. Dice así:

  “Alberto Garzón Espinosa. LOS GRITOS DE LAS VICTIMAS http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2013/04/09/los-gritos-de-las-victimas/579619.html

 Recordaba el filósofo esloveno Zizek que es «mucho más difícil para nosotros torturar a un individuo que permitir desde lejos el lanzamiento de una bomba que puede causar una muerte mucho más dolorosa a miles de personas». Y es que la clave de un acto violento no está tanto en el método con el que se ejerce como en sus efectos, que son los que verdaderamente permiten valorar el daño real causado a la víctima.  Estamos rodeados de actos violentos. No sólo de aquella violencia que vemos a través de imágenes en los telediarios y en las grandes producciones cinematográficas y que se refieren bien a eventos ficticios bien a eventos lejanos para nosotros. También nos rodea la violencia ejercida desde los despachos de los ejecutivos de las grandes empresas y desde las reuniones de los parlamentos nacionales. Esta segunda violencia no es que sea invisible, porque sus efectos son bien evidentes, pero sí que tiene la apariencia de estar desconectada.  A menudo no es fácil percibir que cuando un ejecutivo firma un despido está en realidad desposeyendo a un trabajador del único medio que tiene para sobrevivir y que, en consecuencia, está empujando al susodicho a un abismo del que quizás no pueda salir nunca. Similarmente, cuando los diputados del Partido Popular presionaron el botón verde para aprobar los recortes en sanidad, robando así a los inmigrantes su categoría de ciudadanos, el efecto real fue cerrarles las puertas de los ambulatorios y hospitales a miles de personas. Ejercieron, sin contacto físico, una violencia inigualable.  Es acertado afirmar que estamos padeciendo una estafa, pero no lo es menos añadir que ésta es también de carácter violento. En nuestro país se están saqueando las arcas públicas para salvar los beneficios de los bancos internacionales, y para ello se están dinamitando los derechos sociales y económicos de los trabajadores. Y una de las manifestaciones más claras de todo este proceso ha sido la inacción de un Gobierno que ha permitido que las sagradas leyes del mercado expropiaran sus viviendas a personas que ya no podían seguir pagándolas. El Gobierno ha permitido, de esa forma, que miles de familias sufrieran que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado asaltaran sus viviendas y que con extraordinaria agresividad expulsaran a todos los miembros y solidarios vecinos del interior. Un acto, el del desahucio, que sólo tiene como objetivo transferir la propiedad efectiva de una vivienda a los bancos. Bancos, no lo olvidemos, que son los principales responsables de que nuestro país esté en bancarrota. Bancos, también, rescatados con el dinero fruto del esfuerzo de los trabajadores que pagamos impuestos honradamente y que no somos como los Bárcenas, Urdangarines y Borbones varios, cuyos corazones residen en Suiza.  Según las encuestas en nuestro país el apoyo a los escraches está por encima del 70%. Ese es uno de los rasgos de la solidaridad con las víctimas de los desahucios, y que son aquellos que sólo encuentran esta forma para expresar su desesperación ante la violencia ejercida por sus trajeadas señorías. Algunas de estas señorías disfrutan de varias viviendas y cobran 1.800 euros al mes para hacer frente a gastos de mantenimiento. Que ahora se enojen por escuchar los gritos de las víctimas de sus propias acciones es el colmo de la hipocresía y el cinismo. Que con la paz social dinamitada, con autoría en estas mismas señorías, exijan respeto a las instituciones que ellos mismos rompen e insultan, sólo puede servir para disfrutar del estruendo de una enorme carcajada colectiva. Es posible que a los diputados del PP no les guste expulsar a los trabajadores de sus casas, pero lo cierto es que lo promueven. Y, lo que es más importante, podrían evitarlo y no lo hacen.  No, manifestarse ante los diputados para exigir justicia no es un acto violento ni tampoco ilegítimo. Se trata de la reacción lógica de quienes aún desde el pacifismo responden a sus agresores y a quienes legalmente les arrebatan sus vidas”.

 

 

24 comentarios en “Alberto Garzón, la gran esperanza no sólo roja sino de toda España

  1. Según la información desvelada anoche por un pedriodista de RAC1, una alta autoridad judicial española le dijo a la Junta del Barça que cuando El Confidencial publicó que la querella de Cases no iba a ser admitida, Florentino Pérez llamó a José María Aznar, expresidente del Gobierno, que a su vez contactó con Alberto Ruiz Gallardón, Ministro de Justicia, consiguiendo finalmente que el fiscal cambiara su dictamen y aceptara la demanda contra el ya ex presidente del Barcelona.

    Grande y certero post,que firmo de arriba a abajo.Ya van a por él las hienas,síntoma de lo que vale.Un abrazo.

  2. Otro sicario del Tito Puzzo
    http://www.eldiario.es/zonacritica/Gallardon_Ley_aborto_6_222637762.html
    LA TUMBA DEL FARAON

    Solo se me ocurre un motivo creíble por el que Ruiz Gallardón decidiese tirar definitivamente por la borda su carrera política, tal como la está tirando con esta contrarreforma del aborto: que pretenda pasar a la historia como el ministro del aborto, en vez de como el alcalde que arruinó la capital de España.

    De verdad, es la única explicación que veo, todas las demás no me convencen. Ni que esté siendo fiel a sus convicciones íntimas (por muy talibán que fuese, no lo imagino tan ciego como para no imaginar las respuestas a su ley); ni que pretenda honrar la memoria de su padre (que fue el ponente del recurso de la entonces Alianza Popular contra la ley del 85). Tampoco me creo que se trate de una cortina de humo para desviar la atención de la corrupción (el incendio Bárcenas parece controlado) o de los problemas económicos (ahora que algunos datos macro son favorables al gobierno). Y por último, no me convence lo de que todo fuera un intento por taponar la pérdida de votantes por el flanco derecho, pues más allá de una minoría no creo que haya tanto fanático que por una ley de aborto vaya a perdonar el empobrecimiento generalizado que también afecta a los votantes del PP.

    Así que esa es mi explicación: tal vez le preocupaba ser recordado como el peor alcalde de Madrid, aquel que dejó las arcas vacías, una deuda que pesará sobre varias generaciones, y una ciudad rapiñada, desestructurada y sin proyecto propio. Porque si cuando dejó la alcaldía todavía conservaba algo de brillo por su gestión (Gallardón fue un hábil publicista de sí mismo), ahora ya los madrileños empiezan a apreciar el legado del ex alcalde, la “herencia recibida” que le toca gestionar a Ana Botella y a los que vengan detrás.

    Madrid es hoy una ciudad exhausta, con los barrios cada vez más abandonados, y los vecinos pagando tasas más altas por servicios peores. Y buena culpa de ello lo tiene la ingeniería financiera con que Gallardón pagó sus disparatados proyectos urbanísticos, como esa M-30 subterránea que, a base de sobrecostes e intereses, va a acabar costando más que la ampliación del canal de Panamá. Suena a chiste, pero es así: sale más caro ir de Vallecas al paseo de Extremadura bajo tierra, que llevar barcos mercantes de un océano a otro.

    Entre la M-30 (pomposamente rebautizada como Calle 30), el fiasco olímpico por tres veces, y otros macroproyectos, Gallardón dejó más de 8.000 millones de deuda. El resultado: el Ayuntamiento se ve obligado a destinar uno de cada cuatro euros a pagar la deuda. El triple de lo que gasta en protección social. Además, ha tenido que pedir ya tres veces dinero al gobierno central para poder pagar facturas, mientras las empresas municipales quiebran y todo está a la venta, incluidas las viviendas de alquiler social.

    Cuando Gallardón llegó al Gobierno de Rajoy dijo ver cumplido un sueño, pero en realidad era ya un cadáver político. El que fue esperanza blanca de la derecha española era un despojo político, perdedor de todas las batallas internas de su partido y perseguido por la sombra de su criminal gestión del dinero público en Madrid.

    La ley del aborto es su canto del cisne, y también le ha salido mal. No ha contentado a nadie, ni siquiera a los antiabortistas (que siempre verán mal cualquier supuesto o excepción: ¿por qué “asesinar” el fruto de una violación? ¿Qué culpa tiene la inocente criatura?). A cambio, ha rearmado a la oposición, recalentado la calle, y provocado una disidencia pocas veces vista en las filas populares, siempre tan prietas.

    Dicen quienes trabajan cerca del ministro que cuando llegó a Justicia instaló un timbre en las dependencias que ocupa. Lo hace sonar cuando va a salir, y es la señal para que los funcionarios se metan en sus despachos, y así no encontrarse a ningún ser humano por el pasillo. Al paso que va, la próxima vez que salga por el pasillo de Génova o por el del Congreso pensará que alguien ha tocado un timbre preventivo. Tal es su soledad.

    Gallardón está hoy labrando su tumba política, y qué diferente de la que soñaba. Si su paso por el Ayuntamiento le valió el apodo del “faraón”, por lo megalómano de sus proyectos, lo que le espera al final de su carrera no es una gran pirámide a la altura de su fama. Ni siquiera un consolador cementerio de elefantes como las Europeas, para las que su impopularidad lo convierte en un lastre.

  3. http://insurgente.org/index.php/template/republica/item/9348-10-cosas-que-deberías-saber-sobre-los-crímenes-del-franquismo
    1.- El 18 de julio de 1936 no comenzó una guerra civil. Lo que ocurrió fue que un grupo de militares dio un golpe de estado contra un gobierno elegido democráticamente.

    2.- El golpe de estado fue apoyado de forma militar, ideológica y económica por la Alemania de Hitler. Cuando la rebelión no triunfó en todo el territorio, la Alemania nazi empezó a probar su armamento contra civiles indefensos, en un ensayo de lo que haría posteriormente en Europa.

    3.- Cientos de miles de personas murieron como resultado de la contienda. Todavía siguen enterradas en fosas comunes más de 100.000 personas, que fueron asesinadas por quienes se levantaron contra el orden constitucional.

    4.- La mayoría de las personas que siguen sin identificar en las fosas no había ido a ninguna guerra. Fueron exterminadas dentro de la estrategia del golpe militar de eliminar cualquier posible disidencia y atemorizar al conjunto de la población.

    5.- Pinochet confesó su admiración por esta forma de alzamiento militar y la aplicó en Chile. Fue uno de los pocos jefes de Estado que acudió al funeral de Franco.

    6.- La represión no terminó en 1939. Los crímenes, torturas y graves violaciones de derechos humanos se prolongaron durante décadas, hasta el final del franquismo. El prestigioso historiador Paul Preston ha señalado que no existe equivalente en Europa respecto a la intensidad y duración de estas atrocidades de Estado.

    7.- España es el segundo lugar del mundo con más desaparecidos, por detrás de Camboya. La ONU ha exigido a nuestros poderes estatales que protejan los derechos de los familiares de las víctimas del franquismo.

    8.- El Tribunal Supremo consideró que ya no podían ser investigados penalmente los crímenes del franquismo. Remitió a los familiares de las víctimas a la Ley de la Memoria Histórica, para que por parte de la administración pública se procediera a las exhumaciones de los restos mortales. El Gobierno actual paralizó al comenzar su mandato el plan de exhumaciones que se inició en su momento.

    9.- Resulta vergonzoso que un Estado democrático mantenga sin identificar y sin una sepultura digna a las víctimas mortales de un régimen totalitario.

    10.- Ante esta situación todos podemos hacer mucho. Es perfectamente posible que los muertos por sus convicciones democráticas salgan por fin de las fosas. Generemos un amplio estado de opinión a favor de las exhumaciones. Reclama al Gobierno que respete el derecho de los familiares a recuperar los restos de sus seres queridos. No olvidemos a quienes dieron su vida por una sociedad más justa. Pásalo.

    JOAQUIM BOSCH

    Magistrado y portavoz de Jueces para la Democracia

  4. García-Abadillo sustituye a Pedro J. Ramírez como director de ‘El Mundo’
    El fundador del diario permanecerá en Unidad Editorial como consejero
    El consejo de administración de la empresa debatirá este jueves la salida del periodista riojano
    El distanciamiento con el Gobierno y los supuestos intentos de éste por neutralizar al director marcan su marcha
    La matriz italiana suscribe una ampliación de capital que desmiente una posible venta del grupo español, lastrado por las pérdidas (INFOLIBRE)

  5. LOS DEBERES DE LA IZQUIERDA EN LAS ELECCIONES EUROPEAS
    Alberto Garzón
    http://blogs.publico.es/economia-para-pobres/2014/01/13/los-deberes-de-la-izquierda-en-las-elecciones-europeas/
    Estamos inmersos en un proceso de transformación radical de las instituciones económicas y políticas, que podemos convenir en llamar Restauración Borbónica y que se caracteriza por tres rasgos: a) Sostenimiento de las políticas de la troika a través de la aplicación de una agenda reformista, destinada a constituir un modelo de crecimiento económico basado en la precarización de la condición salarial y el estrechamiento de lo público; b) Sustitución de la agenda política de la corrupción y el conflicto social (paro, desahucios y hambre) por la agenda política del conflicto civil (derechos al aborto y manifestación, terrorismo y modelo de Estado); c) Apuntalamiento del sistema político del 78 a partir del intento de legitimación del ciudadano Felipe de Borbón y Grecia, legalmente heredero del actual monarca, y la aplicación de reformas políticas de maquillaje democrático (ley de transparencia). En definitiva, la Restauración Borbónica tiene como objetivo adecuar las instituciones políticas al proceso de constitución de un nuevo modelo de sociedad a la vez que trata de detener la hemorragia de apoyos políticos a Partido Popular y Partido Socialista.
    El éxito de todo ello, sin embargo, es función de la estrategia económica. Esto quiere decir que el intento político de la Restauración Borbónica fracasará si las condiciones materiales de vida de los ciudadanos no mejoran en un plazo de tiempo relativamente corto. Aunque se desvíe la atención mediática desde los conflictos sociales hacia otros escenarios que operan como cortinas de humo, no es factible que la urgencia y emergencia del plano social desaparezca por ello. La coerción del hambre siempre es más fuerte.
    Esa merma de las condiciones materiales de vida, que se traslada con el tiempo a un cambio en la concepción del mundo que tienen quienes la sufren, es la que explica en gran parte la enorme desafección política. Hastiados de un sistema político que se revela incapaz de resolver los problemas más urgentes a la vez que se sigue reproduciendo en sus formas más corruptas y clientelares. Los indicadores de abstención electoral se disparan, mucho más que el paulatino desplome del bipartidismo. Pero la izquierda se encuentra a la defensiva en prácticamente todos los espacios. Los movimientos sociales y organizaciones de izquierdas luchan como pueden contra las embestidas reaccionarias del Gobierno, pero la regresión se termina consolidando. Como en un círculo vicioso, crece la desesperanza y el agotamiento y se produce un reflujo en la lucha social.
    Las elecciones europeas se inscriben en ese contexto, y se convierten en una especie de pulsación del ánimo político ciudadano. Regladas por un sistema electoral proporcional, donde cada voto cuenta exactamente lo mismo, la oportunidad política de las terceras fuerzas se presenta clara, si bien no fácil.
    En un momento histórico como este, Izquierda Unida tiene la tarea política de neutralizar la Restauración Borbónica proponiendo una Ruptura Democrática,esto es, una alternativa política en discurso y práctica. Para ello, hay que trabajar en mostrar la esencia del sistema que se apuntala y revelar asimismo sus contradicciones. Desde luego, esto pasa por la denuncia de la socialización de pérdidas (como en los rescates financieros y de grandes empresas) y del proceso de empobrecimiento social, así como de establecer la necesidad de poner los instrumentos políticos y económicos al servicio de la creación de empleo. Eso significa impugnar la actual Unión Europea, actuando con vistas a invertir el chantaje que actualmente imponen sus estructuras antidemocráticas.
    Pero sobre todo, es importante ilusionar y generar esperanza. Derrotar a la resignación impone la tarea de construir una alternativa no sólo programática sino también discursiva. Salir de la lógica de reactividad ante la coyuntura y entrar de lleno en la proposición estratégica. El objetivo de toda sociedad es la felicidad de sus miembros, y ello conlleva unos requisitos socioeconómicos (tales como el derecho a trabajar, a la vivienda y a la jubilación) que deben defenderse sin desconectarse del objetivo mismo. No cabe la defensa de nada sin formular previamente el por qué y para qué.
    La construcción de un nuevo sistema político alternativo, republicano y participativo, que se construye precisamente para atender a los deseos últimos de los ciudadanos debería ser la guía que ilumine la acción política y el discurso.
    Pero esta tarea sobrepasa el espacio meramente electoral. Las elecciones se presentan siempre como el resultado de una tarea política previa. Y esa tarea impone la consecución de una hegemonía cultural. Si la gente no desea el proyecto, si no interioriza los principios y valores que lo sustentan, no es factible un triunfo electoral. Ese proceso es sin duda lento, pues requiere una acción política arraigada en el terreno y una amplia organización capaz de llegar a todas partes. Pero el actual contexto social de descontento político es un terreno en el que puede evolucionar con mucha mayor rapidez. Y es ahí donde Izquierda Unida puede y tiene que jugar el papel de catalizador.
    Así, las elecciones europeas se presentan como una oportunidad para acelerar el proceso de construcción de la alternativa democrática, también llamadoproceso constituyente, y que no sólo reside en la redacción de una hipotética nueva constitución. Pero para lograrlo ha de enviar señales firmes de esperanza a la ciudadanía que actualmente está al margen, más cerca o más lejos, del proyecto. Y eso se logra, también, con una elaboración de una candidatura adaptada a tales propósitos.
    Efectivamente, el discurso no sólo se transmite a partir de las palabras sino también a través de los símbolos. Y las caras, los nombres y los estatus sociales de los candidatos también son elementos discursivos que importan porque definen y describen el proyecto mismo. De ahí que la elaboración de la candidatura deba acometerse de acuerdo a dicha estrategia política, a fin de facilitar el mayor acierto posible. Y sin duda es más fácil acertar cuando en la deliberación y toma de decisión participa el mayor número posible de personas de la organización. Ello implica, además, que la lista final cuente con mayor identificación por parte de la organización y también con mayor legitimidad.
    En definitiva, las elecciones europeas no marcan el fin de nada. Más bien suponen un momento político que la izquierda debe aprovechar para seguir acumulando fuerzas y para seguir construyendo hegemonía en torno a un proyecto que proyecte ilusión y esperanza en la constitución de una sociedad justa. Una nueva política, hacia dentro y hacia fuera, para tiempos de emergencia social.

  6. PODEMOS: UNA PROPUESTA IMPRESCINDIBLE

    Juan Torres López

    http://blogs.publico.es/juantorres/2014/01/26/podemos-una-propuesta-imprescindible/

    La propuesta de un amplio grupo de personas encabezado por Pablo Iglesias bajo el lema Podemos me parece que supone un golpe de aire fresco y un revulsivo muy importante para promover la unidad ciudadana, imprescindible para frenar los ataques a los derechos y los recortes sociales que estamos sufriendo.

    Es lógico que pueda haber divergencias en algunos de sus planteamientos, o más o menos simpatías personales. Pero eso me parece que es lo de menos. A mí, por ejemplo, me hubiera gustado que viniese con pronunciamientos más concretos no solo sobre lo que hay que hacer en España sino, sobre todo, en Europa, pues al fin y al cabo, se presenta como una propuesta de cara a las elecciones europeas. Pero supongo que podrán ir haciéndose en el futuro inmediato y de manera común.

    Comparto con sus promotores la idea de que estas elecciones son fundamentales. Nadie es tan simple como para pensar que solo con éxitos electorales se puede transformar la sociedad. Es preciso, además y sobre todo, que una gran mayoría social se empodere y ejerza su capacidad de decisión frente a los grupos que hoy deciden por todos. Pero es igualmente evidente, o al menos así me lo parece a mí, que si no se ocupan las instituciones con el apoyo de esa gran mayoría, tampoco puede lograrse ningún tipo de transformación. Por muchas que sean las huelgas y movilizaciones, si los de arriba siguen disponiendo del Boletín Oficial de Estado y tomando decisiones, seguiremos perdiendo derechos y bienestar porque nos gobernarán a su antojo.

    Las elecciones europeas de mayo son muy importantes por ambas razones. Porque pueden servir para movilizar y avanzar hacia el el empoderamiento de la población y porque pueden permitir que se ocupen instituciones que ahora van a tener mucha más capacidad para frenar o impedir el daño que están produciendo las políticas dominantes.

    Coincido también con la idea de que será muy difícil, por no decir imposible, que se consigan resultados electorales capaces de avanzar en esa dirección si no hay candidaturas unitarias y si éstas, en lugar de representar viejas formas de hacer política, no se identifican con la indignación y el rechazo de la mayoría de la sociedad hacia la forma en que hoy día se vienen gestionando los asuntos públicos. Un rechazo que es tan frontal que implica que ninguna fuerza política contaminada de lo viejo va a poder ser capaz de regenerar, como es necesario que ocurra, la vida social y económica.

    Y sobre todo coincido en la convicción de que la única forma de promover candidaturas de esa nueva naturaleza y demostrar que efectivamente lo son es convocar elecciones primarias abiertas.

    ¿Cómo se puede decir a la ciudadanía que se ofrece un nuevo modo de representación y de hacer política si al final son los aparatos de siempre los que nos imponen la cara y el curriculum de nuestros representantes?

    Es verdad que, antes que nada, hay que ponerse de acuerdo en qué medidas se defienden y en qué programa común se asume, pero basta con echar un simple vistazo a los documentos que se vienen elaborando, no solo desde la izquierda sino por cualquiera que de verdad quiera una auténtica democracia y bienestar social para España, para darse cuenta de que establecer los puntos de acuerdo no es un problema mayor.

    Avanzar hacia ese programa de acción, algo que tampoco puede ser ajeno al debate abierto y participativo, es una tarea urgente pero igualmente lo es, y me atrevería a decir que incluso aún más, promover nuevos liderazgos y empoderar a personas que vengan a proporcionar aire nuevo a las instituciones y a la representación popular. Algo que se puede conseguir si se convocan las primarias que propone Podemos.

    ¿O es que de verdad hay otra alternativa para visualizar la amplia gestación ciudadana de cualquier candidatura y para que se revelen las preferencias ciudadanas sobre el nuevo tipo de personas que quiere como representantes?

    En estos momentos hay varias opciones políticas que proponen el encuentro y la convergencia, la unidad frente a la agresión que sufrimos: una organización política muy importante, Izquierda Unida, y algunas otras que se van abriendo paso, además de plataformas diversas que proponen lo mismo. Todas ellas y sus dirigentes y responsables tienen ante sí una responsabilidad muy grande.

    Es imprescindible que se convoquen cuanto antes y que acuerden la unidad de acción que pase por acuerdos programáticos fundamentales, la puesta en marcha de nuevas formas de organización desde la base y la convocatoria de elecciones primarias abiertas.

    No se trata de sustituir la iniciativa de ninguna de ellas. Cada una puede y debe dar los pasos que mejor considere para proponer ideas, políticas y personas que puedan optar a ser candidatas. Se tratar de salir de su espacio para ir al universo de la ciudadanía que es mucho más amplio y que integra a todas las sensibilidades, ideologías y posiciones políticas, variadas pero con el común denominador de querer acabar con todo lo terrible que está pasando.

    Los responsables de todas esas organizaciones y plataformas tienen ante sí un dilema fundamental: deberse a sus aparatos o a la ciudadanía. Habría que pedirle cuentas si no dan pasos visibles, concretos, efectivos y urgentes para poner en marcha esas candidaturas de nuevo tipo sin las cuales solo se conseguiría, si acaso, alguna que otra victoria precaria e incluso pírrica.

    Agradezco a los promotores de Podemos y concretamente a Pablo Iglesias su propuesta y generoso ofrecimiento y los animo a no caer en la tentación de crear un espacio más, sino de exigir la convergencia de todos los existentes.

    Como ellos dicen, ¡Podemos!

  7. LA EXTINCIÓN DEL PEDROJOTASAURIO REX

    http://www.eldiario.es/escolar/extincion-PedroJotasaurius-Rex_6_223687643.html

    Es el único ser humano del planeta que puede presumir de haber pasado más tiempo de su vida dirigiendo periódicos que como civil. En un mes tendrá 62 años y ya ha cumplido 33 como director. Llegó a ese puesto con 28 años y hasta hoy se mantenía como una anomalía de la Transición, el último dinosaurio; uno de los pocos que había sido capaz de mantener su influencia y su poder en el máximo nivel durante más de tres décadas. Los presidentes pasaban y Pedro J. permanecía. Ganaba todas las batallas, hasta hoy.

    Pedro J. ha sido desbancado de la dirección del periódico que fundó por dos motivos. El primero, que la empresa que dirige está en unas pérdidas pavorosas, insoportables para cualquier editor. El segundo, las presiones de un Gobierno al que no le gusta nada la libertad de prensa y que ha utilizado todos los resortes del poder a su favor. El PP ha aprovechado la debilidad económica de la empresa editora de El Mundo, Unidad Editorial, para rematar a su director.

    No han echado a Pedro J. porque los ministros no fuesen a sus entregas de premios. Eso era solo simbólico. Las presiones han sido mucho más sencillas: han consistido en cortar el grifo de la publicidad institucional. Según cálculos internos de Unidad Editorial, la guerra desatada por el escándalo Bárcenas –especialmente por los SMS del presidente del Gobierno al extesorero del PP– le ha costado al grupo unos 18 millones de euros en publicidad institucional.

    Todas las administraciones gobernadas por el PP, desde el Ministerio de Empleo hasta el Ayuntamiento de Sevilla, pasando por Castilla-La Mancha o la Comunidad de Madrid, han secado las subvenciones a El Mundo. Todo ese dinero público, que el PP reparte arbitrariamente y utiliza para domesticar a los medios de comunicación, ha pasado de El Mundo al ABC. Y de la misma manera que hace unos años Esperanza Aguirre se cargó a José Antonio Zarzalejos, hoy Mariano Rajoy ha desbancado a Pedro José.

    Por ahora, parece que el Grupo Planeta no comprará El Mundo, pero no descarten que lo haga más tarde. Sin bicho dentro, el periódico es mucho más interesante para el dueño de Antena 3, Onda Cero, La Sexta y La Razón. Hay tres diarios impresos en la derecha y no hay sitio siquiera para dos.

    ¿Es Pedro J. una víctima de la libertad de expresión? Tampoco nos pongamos estupendos. Esas mismas subvenciones públicas en forma de publicidad institucional que ahora le retiran antes jugaron a su favor. El exdirector de El Mundo ha chapoteado durante años en un pantano que ahora no tiene autoridad para denunciar. Desde hace meses, consciente de cuál era la situación, Pedro J. ha estado tejiéndose el traje de mártir de la censura. Lanzó una guerra abierta contra esos mismos poderes con los que tantas veces antes había pactado. Sabía que solo había dos finales posibles y que si perdía, como ha sucedido, al menos podría presentarse como el vencedor moral y cobraría una jugosa indemnización.
    Como director de periódicos, Pedro J. ha sido capaz de lo mejor y lo peor. Y su gran mancha siempre será su conspiración del 11M, un atropello imperdonable: manipular el peor atentado terrorista de la historia de España –y a sus víctimas– para salvarle la cara a Aznar.

    En el juego de tronos o ganas o mueres, y a Pedro J. Ramírez esta vez le ha tocado perder. ¿Habrá segunda parte de esta guerra? Muy probablemente. Hace años que registró junto con su antiguo editor, Alfonso de Salas, la marca El Universal. Está ya cantado –él mismo lo ha dicho públicamente– que su próximo proyecto será digital. Aún no está claro si tendrá que esperar un tiempo –los detalles sobre su salida aún no están definidos–, pero sin duda más tarde o más temprano lo lanzará. Será interesante de ver.

    Pedro J. es Darth Vader: la fuerza es muy intensa en él y es una lástima que esté en el lado oscuro. Decía Ryszard Kapuściński que para ser buen periodista hay que ser una buena persona y el exdirector de El Mundo no pasaría por esta definición. Pero Pedro J. Ramírez, para bien y para mal, es sin duda el periodista español más influyente de la historia reciente; el último dinosaurio de la era de la Transición.

  8. PEDRO J. Y EL PODER
    http://www.cuartopoder.es/tribuna/pedro-j-y-el-poder/5483

    Al consumarse el cese de Pedro J. Ramírez vienen a la cabeza tres recuerdos sobre su relación con el poder y con la libertad de expresión. Una es la “Historia de una columna” de Javier Ortiz, en la que explicaba que le habían llamado de El Mundo para explicarle que “más me valía desistir de la idea de hablar de ese libro [titulado El Poder cuya existencia el Banco Santander exigía que fuera silenciada] porque, si lo hacía, mi artículo jamás vería la luz”; una segunda fue aquella foto en un balcón contemplando la semana santa de Carabaña en 1996 con José María Aznar y su socia en Famaztella un mes después de las elecciones que les llevaron a La Moncloa; la tercera fue la sentencia del Tribunal Constitucional que otorga a Pedro J. Ramírez el título de único director de periódico condenado por vulnerar la libertad de expresión: en concreto la de Francisco Frechoso, director de cuartopoder.es y entonces redactor jefe de El Mundo que se permitió denunciar en televisión la vulneración del derecho de huelga que había permitido la llegada del periódico a los kioskos pese a la Huelga General de 2002.

    Estos tres recuerdos retratan a un periodista que, pese a la imagen de héroe de la independencia intelectual y profesional que ha esculpido sobre su ego, ha tenido claras las relaciones de sumisión que marca el poder: su sumisión a los poderosos y el ejercicio de su poder implacable cuando le ha sido posible. Algo común a los jerifaltes de los grandes medios de comunicación. Esto queda perfectamente evidenciado al recordar el apoyo de El Mundo a las políticas neoliberales de flexibilización en el despido seguramente porque sería la que aplicara a las víctimas de los despidos en El Mundo… mientras él se blindaba con una indemnización de 25 millones de euros en caso de ser despedido.

    No estamos hablando de doble moral sino de una lógica moral universal en los medios de comunicación que están en manos de grandes empresas: la lógica de la sumisión al poder. En esto no ha sido en absoluto diferente de su alter ego en el bipartidismo mediático, Cebrián, implacable aplicador de EREs reforma laboral mediante, compatible con sueldazos descomunales. La diferencia ha sido escénica: Pedro J. Ramírez se disfrazó de outsider, de valiente estrafalario que iba por libre y con el que el poder compadreaba porque le tenían miedo.

    El personaje se interpretaba siempre midiendo que todo movimiento estuviera a este lado de la línea del poder. Me dejó impresionado una anécdota que contó también Javier Ortiz en una fiesta del PCE sobre un valiente editorial en el que El Mundo había sido crítico con el rey (cuando esto suponía una afrenta impensable a los cimientos del régimen político), cuyo paradero no conocían ni en la propia Casa Real. Contaba Javier Ortiz que aquel valiente editorial no fue tal: “La dirección de ‘El Mundo’ se limitó a atender una petición expresa formulada por gente muy prominente de la Casa Real” para que allí donde parara Su Majestad tuviera noticia de que se estaba pasando de la raya dado que su regreso a palacio era urgente pues había muerto Francisco Fernández Ordóñez y tenía que tomar posesión como ministro de Exteriores Javier Solana. El editorial de El Mundo pasó por ser una osadía antimonárquica cuando no era más que un servicio prestado a La Zarzuela. Esa ha sido una tónica muy repetida en El Mundo, como aquella voladura controlada que intentó anticipar en el caso de la financiación ilegal del PP, con un relato tan beneficioso para la imagen de María Dolores de Cospedal.

    Pedro J. Ramírez ha sido un hombre del Poder: como buen representante de la generación victoriosa de la Transición ha querido disfrazarse de mucho más poderoso y brillante de lo que realmente era pero ha sido siempre tan servil como ha sido necesario sin traspasar las líneas infranqueables y sabiendo simular que las traspasaba heroicamente cada mañana. La relación con el Poder de la maquinaria mediática del régimen de la Transición es una relación de servicio al poderoso disfrazada de independencia y democracia, es más, autoproclamada la única democracia posible: el conjunto de las instituciones (formales o no) de la Transición están en una dura crisis y felizmente también brotan medios de comunicación que no dependen de los caprichos del Poder político ni empresarial. En el cuarto poder sucede como en las demás instituciones en crisis: que lo viejo se desmorona (o reconfigura) más rápido de lo que somos capaces de poner en marcha lo nuevo.

    Claro que en El Mundo hemos leído las noticias sobre los GAL y el terrorismo de Estado que en otros medios se silenciaban (y que en El Mundo pasaron a ser silenciadas cuando las torturas, por ejemplo, no permitían desgastar al felipismo: no era una operación contra el Poder sino contra un gobierno concreto); y no se puede olvidar la infame operación del vídeo mafioso que pusieron en circulación los cómplices del terrorismo de Estado y de la que fue víctima Pedro J. Ramírez. Hubo un tiempo incluso en que se podían leer en El Mundo opiniones de izquierdas, firmas tan poco complacientes con el poder como la del citado Javier Ortiz y no pocas otras, imposibles de encontrar en otros medios impresos de la época (digitales no había). Ello coloca a Pedro J. Ramírez como un estratega brillante y audaz y sólo en eso rompió en aquellos años con el sopor gris de los juegos de salón de la Villa y Corte.

    Pedro J. Ramírez es un producto exótico de la cultura de la Transición, uno de tantos juguetes de usar y tirar pero que tanto poder parecen tener (y ejercer sin escrúpulos) cuando son juguetes en activo. Su despido pone en evidencia que esos medios supuestamente independientes, los grandes medios privados, son instrumentos de esa trenza de poder entre las élites políticas y económicas. Resulta llamativo que un presidente rodeado de corruptos e incompetentes como Rajoy no haya destituido a uno sólo de sus ministros pero ya se haya cargado a dos de los periodistas que más le sirvieron: Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez, aunque no podemos dudar que también tendrán alguna forma de indemnización en diferido en forma de simulación. En las duras y en las maduras han tenido la suerte que al Poder le ha dado la gana. Daría la impresión de que, como sucede con el resto de poderes, la independencia del cuarto poder es sólo una farsa que sirve a los poderosos para que sigamos hablando de democracia mientras ellos se reparten nuestro pastel. Pero esto no sucede sólo cuando destituyen a Pedro J. Ramírez: esa farsa también se evidenciaba en aquel balcón desde el que Pedro J. y Aznar observaban la Semana Santa y, sobre todo, se dejaban observar.

    (*) Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de IU y autor del blog Quien mucho abarca.

  9. http://www.diario-octubre.com/2014/01/31/espana-va-de-puta-madre-segun-interior-y-gracias-santa-teresa-de-jesus/
    CARTELANDIA . Armando B. Ginés
    En España reinan la armonía y la paz absoluta, según el Ministerio del Interior. Sol, playa, aperitivo diario en el chiringuito o en el bar de la esquina y fe católica a ultranza convierten a nuestra patria en un lugar ideal para vivir, invertir con alegrías y sin riesgo o darse una vuelta por ella en plan turista ávido de sensaciones cálidas y placenteras. Ello se desprende del balance de la criminalidad de 2013, en el que las estadísticas indican que los delitos y faltas han bajado algo más de un 4 por ciento y la tasa de hechos delictivos por cada 1.000 habitantes ha descendido dos puntos porcentuales.

    Los datos apuntados tergiversan la realidad con lagunas y mistificaciones más que evidentes, sin embargo la mayoría de los medios de comunicación los han repetido tal cual se los ha remitido el negociado de propaganda del ministro miembro del Opus Dei, Jorge Fernández Díaz, sin analizar los números ni la metodología empleada ni establecer comparaciones con otros eventos políticos y económicos de la situación actual. Esa marca España ficticia, amable y exenta de conflictos, ha visto desde 2008 que 2,2 millones de residentes, unos 260.000 españoles entre esta legión en fuga, se hayan ido de regreso a sus territorios de origen o a buscarse expectativas de vida mejores o más dignas que no encontraban aquí. La imagen rosa que se quiere trasladar hace aguas por todas partes, pero los dos titulares de portada preferidos han sido “Baja la criminalidad en España” y “España es un país seguro”.

    La corrupción no aparece por ningún sitio

    El estudio, por llamarlo de alguna forma, se divide en campos muy amplios sin un desglose adecuado o pormenorizado: delitos y faltas, homicidios y asesinatos, delincuencia violenta, robos con fuerza, sustracciones de vehículos a motor, tráfico de drogas, daños y hurtos, quedando fuera los denominados delitos sociales que afectan de lleno a las elites financieras, la crema política y las empresas. No hay rastro textual en la lista, sin ánimo de ser exhaustivos, de capítulos dedicados a la corrupción, el fraude fiscal, el racismo, las prevaricaciones y cohechos de funcionarios públicos y los delitos laborales, medioambientales y contra la salud pública. Tampoco, por supuesto, referencias a abusos policiales y de otras fuerzas, militares o no, garantes últimas del espléndido y rutilante orden establecido.

    A pesar de lo expuesto, uno se desayuna cada mañana y se acuesta cada noche desde hace años con noticias recurrentes de presuntas irregularidades o affaires sociales y económicos que afectan, de uno u otro modo, a la Monarquía, los partidos políticos mayoritarios, los principales bancos y la Iglesia católica, esto es, a los poderes fácticos y representativos de la España del PP y el bipartidismo inamovible. Podemos colegir, por tanto, que se incrementan los delitos de la clase pudiente y bajan los imputables a la gente común o trabajadora. Además, como veremos más adelante, entre ellos hay una relación causa-efecto muy estrecha. También había que tener en cuenta que todos los eventos no son denunciados o descubiertos por la policía o instancias de control administrativas. Otro punto de especial relieve es que la frontera entre lo que es punible o no la marca el poder político, sobre todo en apartados tan sensibles como el derecho laboral, la fiscalidad o las infracciones sociales. Con los delitos pasa algo parecido a la locura, la línea divisoria siempre está en entredicho más allá de los diagnósticos médicos objetivos. Un ejemplo ilustrativo muy gráfico: un comunista puede ser considerado como delincuente o loco, o ambas cosas a la vez, en función de la escala de valores de cada régimen político en concreto.

    Los delitos de guante blanco no son percibidos en toda su extensión e intensidad por la opinión pública, mientras que una gallina robada para saciar el hambre o un homicidio rural provocan alarma social inmediatamente debido a la resonancia que le prestan los mass media de manera amarillista. Esta visión distorsionada de la realidad hace que un carterista callejero de 100 euros de beneficio diario sea consumido visceralmente como más peligroso que un poderoso con 1.000 millones de euros guardados a buen recaudo en un paraíso fiscal. Causa más miedo escénico inminente el carterista que el evasor fiscal, aunque el delito de éste tenga consecuencias directas muchísimo más graves en el terreno socioeconómico. Una cosa lleva a la otra: la riqueza y desigualdad abonan los delitos o faltas de poca monta, el hambre, las necesidades primarias insatisfechas, los recortes salvajes y la injusticia social.

    Fraude fiscal

    España es el décimo país del mundo en evasión y fraude fiscal. Una potencia, vamos, en eso de robar de la caja común. Alrededor de 80.000 millones de euros al año no entran en las arcas públicas por este motivo. Los delincuentes: grandes fortunas, empresas de gran envergadura y empresarios en general, que suponen un 83 por ciento de todo el fraude fiscal estimado. La impunidad fiscal alcanza cotas colosales: 8 de cada 10 casos no son investigados, lo que permite afirmar con rotundidad que en España no se lucha de frente contra este nicho espectacular de delincuencia anónima, una trama o mafia incrustada en el mismo sistema operativo del capitalismo. Eso sí, Interior cuenta y se ufana de planes operativos extraordinarios contra las sustracciones o apropiaciones indebidas en explotaciones agrícolas y ganaderas y los grupos organizados y violentos de carácter juvenil. Resulta meridianamente esclarecedor que el PP vea la realidad como una teleserie clásica de buenos y malos, donde los buenos serían los polis y los malos los que parecen serlo, esto es, gente de facciones angulosas, pobres, marginados, inmigrantes y potenciales delincuentes asimilados. Los que llevan traje y corbata, hablan idiomas, pisan moqueta cotidianamente y lucen posgrados relumbrantes en su currículo, esos son, por definición dogmática e inalterable, gente de bien a todos los efectos prácticos. Y, si se demostrase lo contrario, petición de indulto al canto.

    Otro dato de interés que no menciona la estadística gubernamental, la economía sumergida, por encima de los 250.000 millones de euros de negocio oculto ilegal, el 25 por ciento del PIB de España. Trabajo sin derechos, explotación al margen de la ley, fabulosos beneficios empresariales, un océano capitalista que crece sin cesar y al que no se le pone freno con ninguna medida de excepción. Todos los agentes involucrados callan. El silencio oficial y la opacidad informativa son casi reverenciales, un tabú intocable. Se ofrecen datos genéricos pero no se profundiza en el detalle en una connivencia táctica que une los intereses delictivos de muchos empresarios con la necesidad imperiosa de supervivencia de los trabajadores que no hallan empleo dentro de la legalidad. Así es el mercado, unos tienen los medios de producción y hambre los otros. En esta situación tan radical, comer y callar es lo prioritario y urgente. Y el Estado de Derecho, consintiendo, tolerando… y mirando embelesado hacia la prima de riesgo.

    El balance de la criminalidad editado y confeccionado con retales de quita y pon por el Ministerio de Interior es una burda mentira de principio a fin, una radiografía parcial e interesada de España, que contrasta vivamente con otras estadísticas independientes o de órganos de la propia Administración. En 2012 supimos por fuentes de la fiscalía estatal que las sentencias por corrupción habían crecido en un 151 por ciento en los tres últimos años, siendo la malversación de fondos públicos el delito de mayor preeminencia, seguido por cohechos y sobornos, prevaricaciones administrativas, tráfico de influencias y fraudes comunitarios y societarios o mercantiles. Estos datos no se reflejan en el estudio de Interior. Y no será porque no cuenta con efectivos para combatir la delincuencia: 505 policías por 100.000 habitantes, el doble de la media europea, registro solo superado por Kosovo y Chipre. Eso sí, en sanidad y plantilla de médicos invertimos con mayor cautela, 4 por cada 1.000 habitantes, aunque ganamos a EE.UU., únicamente dos y pico por el mismo número de residentes. No tiene relevancia que Cuba tenga 7, aunque da que pensar, ¿no? En efecto, las comparaciones son odiosas, sobre todo si lo hacemos con la “dictadura comunista” de la isla caribeña.

    Desigualdad al alza

    España es el país con mayor desigualdad social de la zona euro. Las cifras pueden abrumar, pero son imprescindibles para observar e interpretar fidelignamente la realidad en su conjunto: 20 españoles acaparan 77.000 millones de euros, 3 millones de niños y niñas están en riesgo de caer en la indigencia, 1,8 millones de hogares no cuentan con ningún ingreso, uno de cada 5 residentes sobrevive por debajo del umbral de la pobreza.

    Más números para ver más allá de lo que la ideología dominante no quiere que veamos: el 85 por ciento de las empresas que cotizan en Bolsa y forman parte del IBEX (las de mayor tamaño) tienen filiales en paraísos fiscales. Ocho de cada 10 españoles están en la certeza de que en nuestro país las leyes se elaboran para ricos. Parece ser que la España de la seguridad total de Fernández Díaz choca frontalmente con la percepción de la mayoría. Es segura para los que más atesoran, eso es radicalmente cierto. Para los demás, es lo que es: un sistema capitalista de explotación mantenido con ideología de la clase hegemónica, falsedades informativas y policía desplegada en cada barrio modesto o arrabal obrero.

    Así lo recoge también una encuesta que incluye el estudio de marras: el paro y la corrupción son las preocupaciones principales de los españoles, si bien éste último ítem lo coloca torticeramente en los últimos puestos del gráfico. Como no podía ser de otra forma, a pesar de que Interior señala en rojo, para desviar la atención hacia sus alforja políticas, la seguridad y el terrorismo como asuntos que no están en la agenda rutinaria de las inquietudes sociales, lo que vincula de manera subliminal al gran trabajo desarrollado por el departamento del ínclito, polémico e integrista ministro Fernández Díaz. Claro, señor ministro, el desempleo y la pobreza no crean inseguridad vital. A usted, los suyos y la elite, no, of course. Tampoco, que el PP y otros estandartes o símbolos del sistema democrático estén bajo sospecha continua, ligados un día sí y otro también a presuntas irregularidades de corrupción. Ambas son naderías de escaso fuste social.

    España va bien, como dijera el inefable Aznar… para los de siempre, gracias a la policía, don Jorge Fernández Díaz y las intercesiones de su amada (es metáfora) Santa Teresa de Jesús, que reza por los españoles sin desmayo contra toda razón objetiva y argumentos coherentes. ¿También ora por los ateos, los gays, las lesbianas, los transexuales y las mujeres favorables al aborto? De momento, ninguno de los grupos reseñados entra en la estadística de criminalidad del PP, aunque la línea roja del fundamentalismo de Fernández Díaz puede obrar milagros para incluirlos en breve. Aunque, en ese caso extremo, tampoco subiría el número de delitos y faltas: no habría más remedio que convertirse al dogma de la derecha como ya tuvieron que hacer en su tiempo los judíos y musulmanes con los Reyes Católicos. España, lo dicho, va de puta madre: los cerca de 250.000 desahucios ejecutados desde 2006 son pura retórica. En España hay sol y playa, a la intemperie se puede pernoctar de maravilla, ¿de qué se quejan entonces los lanzados a la calle?

    Decir que bajan los delitos interpersonales o de sangre, así a lo bruto, encubre una realidad más profunda, que suben la corrupción, los de guante blanco, el fraude fiscal y todos los denominados delitos sociales (mercantiles, laborales y de índole económica). Se trata de una estrategia bien definida por la clase dominante para tapar sus propias fechorías y las del sistema capitalista en su conjunto. Hurgando en la ideología de la elites siempre se esconde la auténtica y verdadera realidad: el drama de la gente común y la clase trabajadora.

  10. http://insurgente.org/index.php/mas-noticias/ultimas-noticias/item/9388-pedro-j-en-su-laberinto
    PEDRO J. EN SU LABERINTO
    Pedro J. Ramírez ha sido una vez más apartado de la dirección de un periódico por resultar incómodo. Cuando hace veinticinco años fundó El Mundo venía de sufrir un episodio parecido. Las presiones del gobierno de Felipe González habían empujado a Juan Tomás de Salas a echarlo de Diario 16. Dos gobiernos de signo distinto. Dos hechos que retratan un Régimen laberíntico del que el propio periodista fue puntal.

    Entonces, en 1989, Pedro J. venía de meter sus narices en algo tan gordo como la implicación del gobierno en los GAL. Ya sabemos cómo acabó aquello después… y cómo estuvo a punto de terminar. Me pregunto si pasará algo parecido con Bárcenas y la Gürtel. O con la Casa Real.

    Por el momento Pedro J. Ramírez seguirá vinculado al periódico, escribiendo su carta los domingos, con la condición de que no vendan el diario ni que una fusión desvirtúe su identidad. En caso contrario, como dejó claro ayer en su discurso de despedida, abrirá una nueva rotativa.

    Soy lector de El Mundo desde el primer número. Es el periódico que se compraba en mi casa. Yo tenía entonces doce años, y me apasionaba leerlo cada tarde junto al bocadillo y un vaso de leche. Seguí durante mi adolescencia con indignación las revelaciones sobre los GAL, Filesa, Juan Guerra, Roldán, Ibercop y tantos otros escándalos del felipismo.

    Me encantaba Javier Ortiz, redactor jefe y también responsable de opinión en varios periodos de aquella década de los noventa. Comencé a desarrollar cierta dependencia de las opiniones cinematográficas de Carlos Boyero. Disfrutaba con las columnas de Paco Umbral, aunque a veces me incomodara su brusquedad, su altivez. Sus artículos me llevaron a novelas como Mortal y rosa o Las Ninfas, que me hicieron apreciarlo a fondo por encima del personaje. Siempre me cayó bien Raúl del Pozo. No podía dejar de admirar el oficio y las crónicas de Julio Fuentes, de Javier Espinosa. Solía acudir a las columnas de Jesús Cacho esperando encontrar ese algo más del poder. Me encantaba Forges, aprendía con Martín Seco y qué decir de Ricardo y Nacho. Quizá en esos años aquello que lo hacía más mío era el Dazibao, una sección escondida del suplemento Campus. Entonces ya tendría unos quince años, y era un chico feliz de la zona noroeste de Madrid, así que disculpen esta nostalgia sesgada de El Mundo que viví.

    El caso es que aquel periódico donde un tal Alfonso Rojo escribía celebradas crónicas desde Bagdad mientras un tipo de la CNN le hacía la vida imposible, fue poco a poco naufragando. Quizá fuera inevitable desde sus mismos inicios, pues enseguida quedó claro que el periódico no pertenecería a la redacción, lo que a la larga se ha demostrado un error capital. Flirtear con el sensacionalismo, cuando no abrazarlo en ocasiones, tampoco le hizo ningún bien.

    Pedro J. Ramírez, además de una amplia cultura tiene pasión y vocación periodística, eso es innegable. Junto a cierta voluntad de independencia son algunas virtudes que le han permitido ser considerado el periodista más destacado de los últimos años. También el más odiado. Ningún otro director de las cabeceras en papel más tradicionales ha tenido su coraje, ni ha metido tanto la pata. En mi opinión fue la persona, con sus debilidades a cuestas —llámense egolatría, cercanía del poder o lo que fuera—, quien se comió con patatas al director.

    Es decir, El Mundo tenía enormes profesionales y un director de talento para haberse convertido en un gran periódico. Las cada vez más claras asunciones neoliberales de sus editoriales podían capearse si permitía luego semejante pluralidad y calidad en su seno. No sería hoy mi periódico de cabecera, pero hubiera podido marcar una época para bien. Pedro J. Ramírez sin embargo decidió convertirlo en su panfleto.

    Cada vez más ideologizado, más jerárquico, el amigo que jugaba con Aznar al pádel iría abriendo las puertas de la rotativa a Jiménez Losantos, Isabel San Sebastián, Salvador Sostres y otras columnas del montón. Se plegó a los salones del poder político y las finanzas que, ahora sí, le adulaban. Quiso jugar en ellos como uno más y participar del reparto. No en vano los populares le debían gran parte de la victoria electoral de 1996. El drama fue que muchos lectores le siguieron en un camino donde las privatizaciones o el nacionalismo español se convirtieron en machacón dogma de fe.

    Empezaron entonces a desfilar al exilio voluntario o impuesto Ortiz, Boyero, Forges, Martín Seco, Cacho, Fernando Garea… hasta Melchor Miralles. Al primero incluso le llegó a censurar una columna para proteger a Emilio Botín. Peor aún fue la que emprendió contra Francisco Frechoso por denunciar las manipulaciones del periódico durante la huelga general de 2002. El propio director se estaba dando la puntilla a sí mismo, a toda la credibilidad que pudiera haber logrado en sus inicios.

    Y a pesar de la recuperada dignidad que supuso rechazar la segunda guerra de Irak, en contra de su amigo Aznar, lo que montó tras el 11M sencillamente no tiene nombre. Como tampoco lo tuvo el acoso y derribo al controvertido Baltasar Garzón, otrora aliado suyo. Lo que ayer era blanco se convertía en negro desconcertando a sus lectores. Poco a poco iba desapareciendo cualquier disidencia interna —las inocuas cartas al director fueron buena muestra de ello— así como todo vestigio que oliera a pensamiento crítico de enjundia.

    La primera década del siglo veintiuno, contra lo que pudiera indicar su cabecera, dio así paso a un periódico ya agotado. Un folleto cada vez más delgado e insustancial, con una revista que se asumía incapaz de competir con El País Semanal —también en decadencia—, una sección internacional que apenas podía sobrevivir con su puñado de grandes corresponsales, y poco más que cuatro islotes de buen periodismo en sus hojas.

    Sus portadas atronaban contra Zapatero desde la demagogia, silenciaban más que nunca a la izquierda, se enrocaban con las víctimas de ETA más montaraces, jugaban en la baja política coqueteando con Esperanza Aguirre o Rosa Díez, y en definitiva, se perdía un tanto el norte de quien se tenía a todas luces por liberal pero acababa bailándole el agua a la reacción.

    Hasta que apareció Mariano Rajoy en la presidencia del gobierno. Entonces Pedro J. se atrevió a tirar del hilo una vez más, allá donde otros reculaban o no les dejaban llegar. Algún resquicio ético, una solidaridad con su yo de los noventa o el simple despecho por no lograr más cadenas de TDT, le impidió desarrollar con Rajoy el papelón que El País hizo con Felipe. Entrevistó a Bárcenas… y se desató la caja de los truenos. Sin ser nada radical en esto, la guinda a su caída la puso su empeño en no callar ante el desplome de la Monarquía.

    Es de reseñar que en su despedida Pedro J. Ramírez ha dejado caer algo que a todas luces sería gravísimo, como sería la implicación de la Casa Real en su destitución.

    Por otra parte se involucró de lleno en estos últimos tiempos, con el compromiso que se debe exigir a los buenos directores, en las innovaciones que llegaban a un sector en crisis —conocida es su insistencia con Orbyt desde Twitter—. También fichó periodistas consagrados como Enric González, supo dar relevancia al talento de Lucía Méndez o atrajo jóvenes figuras como Manuel Jabois. Al mismo tiempo, sin embargo, no se frenó a la hora de llevar adelante un ERE en la redacción. Un personal, el que queda, que en cualquier caso le despidió ayer con una larga y cerrada ovación.

    El Mundo estaba convirtiéndose en un periódico raro, que en medio de la debacle económica combinaba ese aire decadente y panfletario de la última década con destellos de buen periodismo y pasión por el oficio.

    Pero volvió a toparse con un gobierno más cercano a la mafia que a la democracia. Recordemos que Pedro J. denunció sentirse espiado por la policía hace apenas unos meses. Y recordemos también que con el felipismo ya agonizante sufrió una de las trampas más infames jamás pensadas contra una voz incómoda: el asunto del famoso vídeo.

    Apuesto así que esta vez, a la larga, tampoco callará. Con todos sus defectos, Pedro J. es un periodista de vuelo alto. Pensemos que hoy lo estarán celebrando desde Ignacio González a Rubalcaba, Rajoy y Juan Carlos de Borbón, por no hablar de Vocento, Planeta y hasta algunos dirigentes de UGT. Es difícil reunir enemigos tan poderosos y aparentemente tan diversos. Si malvenden o fusionan el periódico que fundó, ha anunciado batalla. Contra lo que pueda parecer, las espadas están aún en todo lo alto en una pequeña tregua hasta que se aclare el panorama.

    A la vez, a nadie se le escapa que abrir otro medio sería un paso arriesgado para él. La edad pesa. Su última aventura puede acabar mostrándonos a plena luz todas las miserias de quien pudo ser el gran periodista de su época pero que, finalmente, acabó formando parte central de un Régimen que en sus estertores ha terminado por engullirlo sin compasión. Está por ver, eso sí, si no se le indigesta.

    Fuente: http://colectivonovecento.org/2014/

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