Desconcierto judicial (II)

Decía el ínclito Pacheco, ex alcalde de Jerez, que la justicia es un cachondeo.

Pero yo digo que ¡ojalá!

La justicia como uno de los poderes de Estado es demasiado importante, decisiva, para dejarla al albur de lo que quieran hacer algunos jueces y fiscales desinteresados, que los hay, algunos de los agrupados bajo el colectivo de la Asociación “Jueces para la Democracia”.

La Justicia, como poder del Estado, se fundamenta en la necesidad de someter al imperio del Derecho no sólo las conductas ilícitas privadas sino también las públicas de manera que el orden jurídico perturbado sea repuesto dentro de lo posible, mediante las sanciones civiles, penales y administrativas y las correspondientes indemnizaciones.

Lo que ahora nos interesa es penetrar en el campo de las asociaciones deportivas para examinar el comportamiento de la Administración de justicia española al respecto y nos llevamos, de entrada, las primeras sorpresas.

Las primeras características de la Ley, que yo estudié en la Facultad, hace ya la friolera de 65 años, son su generalidad y la igualdad que exige de todos los ciudadanos ante ella.

Y una de las pruebas de que el Estado en que vivimos no es, como se atreve a pronosticar la Constitución, un Estado social y de Derecho, es que la Ley, cualquier clase de ley, civil, penal, mercantil o administrativa, no se aplica a todos, ciudadanos o corporaciones, por igual, “hasta ahí podíamos llegar”, dirán ellos, los poderosos, los que mandan, “cómo se me va a aplicar la Ley a mi lo mismo que a cualquier pelagatos”.

Las pruebas de lo que afirmamos están desperdigadas por ahí, al alcance de cualquiera que trate de buscarlas, pero yo me voy a limitar, aquí y ahora, a poner de manifiesto las que concurren, por ejemplo, entre el Real Madrid y el Barcelona.

Toda la prensa madrileña, madridista, empeñada como está en reducir el tamaño del club antagónico, para que la diferencia no sea tan abismal, busca y rebusca qué echarle en cara al equipo que reside en la ciudad condal.

Y así:

I-resulta que Messi, no sólo es un enano infiltrado de hormonas hasta las cejas, importando muy poco que la hormona del crecimiento sea un fármaco absolutamente necesario para combatir enfermedades que provoquen una distorsión en el normal desarrollo de una persona, o sea, que el jodido Messi, en aras de luego no complicarle la vida tanto al RM, como ahora está haciendo, debió de resignarse a ser a ser toda la vida un puñetero enano, en contraste con el uso y abuso de anabolizantes y otros productos que parece que el apolíneo Ronaldo  ha utilizado para su anormal desarrollo muscular; no por nada, sino porque como Ronaldo, el tipo que se asombra en el vídeo que sirve de ilustración a este texto ante el tamaño del pene de un compañero de entrenamiento, estaba predestinado, tal como dice el Ser Superior, a jugar en el RM, tiene, como todos ellos, licencia para matar, o sea, para delinquir flagrantemente, de tal modo que si los encargados de llevarle las finanzas a Messi se equivocan e infringen la Ley fiscal, éste, además de enano, drogado hasta las cejas, es también un irredento evasor fiscal al que habría que meter en la cárcel, si no para toda la vida, si, al menos, durante todo el tiempo que podría jugar contra el RM, que es de lo que, en definitiva, se trata, tal como exigía el ex director de Marca cuando dijo aquello de que había que pararle por lo civil o por lo criminal; o sea que lo que en realidad debió de hacer, imitando a Ronaldo, es domiciliarse fiscalmente en Argentina, tal como Cristiano ha hecho en Portugal, donde seguramente las leyes y sus agentes hubieran sido mucho más benévolos, tanto que a lo mejor incluso habrían llegado a hacer la vista tan gorda que al portugués le saliera gratis total, como han hecho, por ejemplo, dos notorios madridistas como Rafa Nadal en el País Vasco y el ínclito Fernando Alonso, creo que en Suiza, “pero, coño, claro, a ver si nos enteramos de una puñetera vez, o no se trataba según decía u. antes de demostrar que en España las leyes no son iguales para todos, coño, otra vez, o es que va v. a pretender, en serio, que a este enano hormonado que nació en Argentina y que como sus apellidos demuestran es más italiano que otra cosa, se le trate de la misma manera que a españoles de pura raza y asimilados, vamos, anda, que diría un castizo de Lavapiés”; de modo que a Messi habría que exigirle lo que ni mucho menos nos exigíamos a nosotros mismos, pagar religiosamente nuestras deudas fiscales, que no lo hacemos ninguno, absolutamente ninguno, cuando le pagamos en negro, o sea, sin iva y sin retenciones, la factura al albañil o al fontanero que nos han hecho la chapuza, pero, eso, sí, Messi es un canallesco ladrón por haber hecho el gilipollas y haberse quedado aquí a tributar y no como Rafa Nadal y Fernando Alonso, madridistas de pro, tipos absolutamente ejemplares que, además, como a buenos madridistas siempre se les otorga la correspondiente licencia para matar, quiero decir, para defraudar.

Pero vayamos ahora a los clubes, que es lo que ha motivado realmente esta requisitoria.

Lo crean ustedes o no, resulta que el malo de la película, como no, es el Barça, porque allí son tan gilipollas que incluso mencionan en su memoria anual las reservas que hacen para sus fichajes, todo lo contrario que el RM, que ni Dios sabe de dónde coño sacan el dinero para pagar sus archimillonarios traspasos, llegando incluso el Ser Superior, que está llegando hasta implantar el terror sísmico en sus canallescos negocios, a negar descaradamente, “never, never, never”, que se los pague con el dinero de todos los españoles, la famosisima Caja Madrid de antes, la no menos famosa Bankia de las preferentes, de ahora, porque no los puede pagar con su dinero ya que debe, y ellos mismos lo admiten, más de 500 millones de euros, algo así como 88.500 millones de pesetas, pero claro los madridistas no son tan tontos, como nos demuestran como partido político, o sea como PP, y no van por ahí dejando huellas de todo lo que hacen, dobles contabilidades, dinero negro, etc., todo lo contrario, si hay que quemar los registros de visitas, se queman, si hay que destruir ordenadores, se destruyen, el caso es que no haya donde agarrarse como ha hecho el tío ése que se ha querellado contra Rosell por apropiación indebida por mor de los 40 millones que parece que se le dieron a Neymar, sr., para birlarle al RM un tío que se esperaba que superara al enano de Messi, aquí es donde les duele a todos, coño, que el tipo que iba a suceder al enano en el trono del balompié mundial, dandole al Realísimo no se sabe cuántos años de gloria presente y futura que tanta falta les hace para que no tengan que remitirse siempre al tiempo de ese Tutankamen que fue Bernabeu; pero Neymar, por su propio impulso de ingresar en el equipo que, en la final  de la copa del mundo de clubes, demostró estar en condiciones de jugar un nuevo fútbol, todos centrocampistas, que asombró a la 5 veces campeonísima Brasil, cuyo entrenador ocasional dijo aquello de “si yo me atrevo a alinear con mi equipo a 7 centrocampistas, aquí, en Brasil, me hubieran colgado de cualquier sitio”, eligió, entre RM y Barça, a éste último, oh, “anatema sit”, y ahora sufrirá para todos los siempres la maldición indeleble de la más feroz y canallesca de las prensas del mundo; pero no se sabe muy bien por qué, o, por lo menos, yo no lo sé, dentro del propio club barcelonista, existe gente que lo odia a muerte, y está dispuesta a hacer lo que sea con tal de hundirlo en la miseria, de manera que un socio del club, que firma su querella con nombres y apellidos, llega el tío y denuncia ante los tribunales ni más ni menos que al presidente de su club que más votos ha sacado en su historia porque dice que quiere saber qué ha pasado con aquellos 40 millones de euros que la junta directiva del club tuvo la inocencia de consignar en sus ¿presupuestos o en su memoria?, dando así una pista, un motivo, un indicio, un apoyo, a todos sus enemigos para hurgar ahí, mientras que el RM dice que ha soltado 91 millones por Bale y no dice más, ni dónde estaban esos millones, ni cómo los ha sacado y seguro que no existe en ninguno de sus documentos oficiales rastro indicativo de ello, porque el Ser Superior por algo, coño, es el Ser Superior y la opacidad de sus movimientos siempre ha sido proverbial, de modo que siempre invierte lo que no es “pa” dicho y encima, además, se jacta de que él no ha puesto nunca ni un sólo céntimo de su propio  bolsillo, absteniéndose, por el contrario, de negar de ninguna manera que nunca él ha aprovechado su condición de presidente del RM para realizar pingües negocios, inmobiliarios o no, lo que, como es lógico, en el país del Lazarillo de Tormes y del Buscón don Pablos ha provocado la más rendida admiración de sus descarados seguidores; pero decíamos que ni en la memoria del RM ni en sus presupuestos anuales se hace mención, que se sepa, de donde han sacado, van a sacar los millones y millones de euros de Bale y compañía porque eso no le interesa realmente a nadie, como tampoco las condiciones económicas en que vino y se fue Mourinho y en las que ha venido Ancelotti porque eso, coño, ¿en realidad, le interesa verdaderamente a nadie? Y menos que nadie al Fisco, de modo que bien sea por eso o por cualquier otra cosa, los socios del RM no se querellarán nunca contra el Ser Superior porque éste hace las cosas tan bien que ha pasado de comerse literalmente los mocos a amasar una de las fortunas más grandes del mundo, eso sí, como se hacen estas grande fortunas, trabajando como un negro de sol a sol y pagando todos los impuestos correspondientes, como le decía Rodrigo Rato a un diputado de la oposición que le reprochaba que la ley que aquél había presentado a las Cortes lo que pretendía en realidad es que sus amigos, los de Rato, no pagaran nunca impuestos, “pero qué ignorante e ingenuo que es v., señoría, mis amigos y yo no hemos pagado ni pagaremos nunca impuestos porque no somos tan gilipollas como ese jodido Messi”, y no sólo se quedó tan tranquilo sino que además ganó de calle las siguientes elecciones porque este pueblo vuestro, que no mío, votará siempre a los que son sus iguales.

De modo que el Barça, Rosell, va a tener que defenderse con uñas y dientes ante el mismo juez que Bárcenas, porque, como éste, es un puñetero ladrón, traidor, que ha hecho, está haciendo y hará traición a su propia clase, porque si fuera un bien nacido habría hecho lo que hacen éstos, coño, doblegarse mansamente ante los seres superiores y dejarles hacer todo lo que les salga de su puñetero capullo, quedando como lo hacían antes como unos jodidos y asquerosos segundones, pero, no, coño, no, se han atrevido no sólo a plantar cara  y llegar y ganarles en su casa ni más ni menos que por 2-6 y luego todavía peor 5-0, joder, pero como se atreven, y a quedar no sé cuántos años campeones de todo lo imaginable, coño, a muerte contra ellos, por no guardar las debidas distancias, el debido rango, de manera que ahora no sólo toda la prensa nacional contra ellos, jodidos antipatriotas que incluso quieren ser independientes, ¿será posible, pero cómo se atreven? sino también los jodidos puñeteros tribunales a ver si aprenden de una vez los jodidos polacos que su función natural es seguir siendo segundones toda su puñetera vida y, además, venir de vez en cuando a la capital de las Españas a lamerles el culo a todos los madridistas, coño, que para eso son los de la capital, a ver si lo aprenden de un puñetera vez.

Y un juez da trámite a la querella por donde coño están los 40 millones que el jodido Rosell le entregó al padre de Neymar como pago y señal de lo que sería luego un traspaso mucho más barato que el de Bale, mientras que nadie, nadie, nadie y no se olvide que aquí, en este país, el ministerio fiscal no sólo puede sino que también debe de actuar de oficio cuando las cuentas de cualquiera, incluso las del RM, no estén claras, pero coño, resulta que Torres Dulce, el Fiscal General,  es uno de los más feroces seguidores del RM, de manera que Rosell las va a pasar canutas si realmente hay algo que ocultar en el traspaso de Neymar mientras que de los 100 millones de Bale ni una sola palabra porque lo que dice el ser superior lógicamente va a misa.

Y, en cuanto al propio Neymar, que se vaya preparando, ya es seguramente el astro futbolístico màs tarjeteado del mundo, además del que más alevosas patadas recibe, pero ¿qué se creía este pobre chaval de las crestas mohicanas?, harán que se arrepienta mil veces de haberse equivocado de equipo al fichar. Con su pan se lo coma.

Ah, después de tanto escribir, se me olvidaba decir que, como fácilmente se desprende de este maldito post, el fútbol, elcanallesco fútbol, el espectáculo que ha sucedido dignamente a aquellos juegos circenses de los despolitizados emperadores romanos, no tiene nada que ver con la política. Si serán burros o canallescos hipócritas, unos y otros.

Desconcierto judicial

 

He pasado más de 50 años ejerciendo ante los tribunales.

He comido, bebido, viajado y dormido junto a cientos de jueces.

Creo hallarme, pues, entre los que los conocen a fondo.

La función crea el órgano. Y lo que hemos dado en llamar órganos judiciales son la creación de la función que realizan cotidianamente.

Los jueces ejercen el poder jurisdiccional o sea que dictaminan cuál es el precepto legal aplicable al caso concreto y, como se suele afirmar, lo que ellos dicen va a misa, de tal manera que sólo otro juez, situado en un escalón judicial superior al suyo, puede dejar sin efecto lo que él ha establecido.

No creo que exista en el mundo otra función que se asemeje más a la divina.

Y su ejercicio crea, como no puede ser de otra manera, una deformación profesional.

Acostumbrados a que su palabra sea Ley, les resulta muy difícil, si no imposible, transitar por el mundo como personas normales.

Y es que no lo son. 

Su “status” personal está lleno de prerrogativas y privilegios. Incluso la propia Constitución habla de su inamovilidad e intangibilidad.

Esto, en lo que se refiere, a su “status” exclusivamente legal pero, luego, están sus privilegios sociales.

Cuando yo llegué a Cartagena, como jefe de Telefónica, me encontré, por ejemplo, con que a los jueces les pagaba el alquiler de la vivienda, la luz, el agua y el teléfono, el Ayuntamiento.

Luego, cuando comencé a ejercer la profesión, tuve noticias como las de aquel narcotraficante italiano, que se hallaba interno en una prisión murciana y que sorprendentemente fue puesto en libertad por el juez encargado del asunto. Después, se supo, por la intervención telefónica a la que se hallaba sometido el abogado del traficante, que  éste había pactado con el juez su libertad a cambio de 90 millones de pesetas.

Y esto no produjo un gran escándalo. Es más ni siquiera quiso investigarse, se aceptó como un caso más en la historia de la profesión.

Y es por esto por lo que la judicatura española se configuró como una conjunción de señores de horca y cuchillo que podían hacer de vidas y haciendas a su antojo. Y este “status” era una de las condiciones establecidas consuetudinariamente, lógicamente fuera de la ley, pero con una vigencia incluso superior a ésta, de manera que el juez, cuando tomaba posesión de su juzgado se convertía automáticamente en una especie de dios inatacable que podía hacer y deshacer a su voluntad.

 Y se creó una especie de normas no escritas pero ferozmente aplicadas que situaban a los jueces españoles por encima del bien y del mal, con 2 de ellas en la cúspide de esta pirámide consuetudinaria: hiciera lo que hiciera un juez, su actuación era inatacable, de manera que ningún otro juez podía rozar a un compañero ni siquiera con la pluma del ala de un ángel, más le valía atarse una piedra de molino al cuello y arrojarse de cabeza el mar.

 Pero un juez será todo lo divino que él se crea, pero no tiene más remedio que vivir en sociedad, en una sociedad que, por naturaleza, es esencialmente política, o sea que se halla sometida a las normas que rigen severamente esta actividad humana.

 Un hombre puede ser realmente omnipotente pero su poder se halla limitado por el poder de los otros de su misma especie. Es así, como la “polis”, la política llega hasta el corazón de los más impenetrables de los “sancta sanctorum”. El Derecho, la Ley, es el quicio sobre el que gira la puerta de todas las actividades humanas civilizadas, pero, como todas ellas, ha de someterse al que es su destino final: servir a los intereses de los que realmente mandan, o sea, del jodido poder.

 De ahí, que la primera de las normas inderogables de la justicia humana es respetar al poder, o sea, ponerse siempre al lado de los poderosos, de manera que pueda afirmarse siempre que el Derecho y la Ley se han establecido para que los cumplan las personas normales, el pueblo llano y simple, el jodido “demos”.

 De ahì que la democracia y sus normas, incluso en las leyes y códigos, establezcan una serie de preceptos que no tienen otra misión que proteger los derechos de los poderosos: condiciones especiales para procesarlos, normas especiales para someterlos a las distintas pruebas, posibilidad de contestar por escrito las preguntas que se les haya de hacer, etc.

 O sea, que las leyes corrientes son para la gente corriente y los jueces deben de guardarse muy mucho de intentar someter a los poderosos a dichas leyes.

 Esto fue lo que perdió a Garzón y lo que está a punto de significar la ruina total de Elpidio José Silva.

 Lo de Garzón es realmente inconcebible. ¿Cómo a un hombre de su larga experiencia judicial se le pudo ocurrir iniciar una proceso que llevaba casi un siglo durmiendo el sueño de los justos?

 Tanto más cuanto que el Sistema se había encargado cuidadosamente de cerrar todas las posibilidades de apertura procesal de sumarios contra los crímenes del franquismo, promulgando una serie de leyes que, como aquélla otra tan infame del Punto Final argentina, pretendían cerrar para siempre la posibilidad de revisar de acuerdo con la legislación penal internacional todas aquellas monstruosidades que un régimen comandado por la Falange joseantoniana, el Ejército de los Mola y Queipo de Llano, y lo peor, que ya es decir, de la Iglesia Católica fueron capaces de cometer.

 Pues lo del juez Elpidio todavía es más increíble.

 Este hombre, al que lógicamente sus feroces enemigos tachan, entre otras cosas, de loco se ha atrevido a meterse, judicialmente, ni más ni menos que con Blesa, el “alter ego” financiero de Aznar, el santo y seña de todo lo más reaccionario del mundo, una especie de Caudillo redivivo, que le nombró factotum de Caja Madrid, para así disponer de todo el dinero que le hiciera falta, tal como prueban hasta la saciedad los mensajes cursados entre uno y otro, de modo que a éste juez no le van a permitir irse de rositas como a Garzón, su castigo ha de ser absolutamente ejemplar para que se cierre definitivamente la puerta a cualquier otro intento de que la judicatura cuestione al Poder puro y duro, al poder económico.

 Pero hablaba antes de desconcierto. Y éste me lo produce lo que está ocurriendo con el juez Ruz, ése que conoce de los asuntos de Bárcenas y de la Gürtel.

 Ambos asuntos apuntan al propio corazón del PP, en otro país hubieran ya hundido en la miseria a toda esa casta política heredera directa del Caudillo pero aquí, no, porque aquí, cada uno de los pequeños españolitos que viene al mundo no es que vaya a sentir que su corazón sea helado por una de las dos españas, no, no, todo lo contrario, va a ser él, el españolito, el que va a hacer todo lo que esté en su mano por helarnos el corazón a los demás.

 Contemplo, asombrado, como a Ruz no sólo le están permitiendo que realice diligencias que parecen perjudicar definitivamente el prestigio del PP, como el registro de su sede de la calle Génova, sino que habiéndose concluido el período de su permanencia como juez sustituto en el Juzgado nº 9 de la Madrid no sólo no lo han cesado sino que le han prorrogado su permanencia al frente del mismo. 

 ¿Qué es lo que ocurre, que ellos tienen ya en su canana esa bala definitiva que supone la nulidad de todo lo actuado por este juez y le van a dejar que siga haciendo diligencias que ya son, y ellos lo saben ciertamente, absolutamente nulas, para que gentes como yo nos preguntemos qué pasa, es que realmente a este juez lo están dejando hacer mientas a Garzón y Elpidio, cortaron de raíz y seguramente para siempre sus veleidades justicieras?

 De cualquier modo, lo que están haciendo con Elpidio sería absolutamente inimaginable en otro país. 

 Porque a Elpidio también lo protege ese precepto constitucional que establece que los jueces no sólo son inamovibles sino también intangibles.

 

Reflexiones sobre el poder

           Arthur Rimbaud

 Hace años, comencé un ensayo, “Progreso y regresión”, del que llegué a emborronar unos 400 folios.

 Entonces, como ahora, tenía la convicción de que todo este follón en el que nos estamos revolcando como los cerdos en sus pocilgas, se basaba en el instinto que todos llevamos impreso en el fondo de nuestras almas de gozar del poder.

 El poder. El deseo de poder forma parte esencial de nuestra propia naturaleza. Y no me refiero a esa pulsión que se manifiesta en el deseo de matar que acompaña al clímax en el orgasmo sexual, sino en ese necesidad de agigantar nuestra “fuerza”, en el sentido de aumentar, sin ninguna clase de límite, la posibilidad de obligar a todos los que nos rodean a obedecernos.

 Es así y no puede ser de otra manera porque el animal humano lo han hecho, Dios o la naturaleza, así de manera que no puede actuar de otra forma.

 Todo el esfuerzo civilizador se ha dirigido precisamente a eso: atemperar, limitar, moderar ese instinto de dominio sin el que el hombre parece incapaz de vivir.

 Lo que ocurre es que ese feroz instinto va acompañado de otro casi tan omnipresente y vigoroso como él: el de engañar a los otros, que fuerza a este animal antropófago a fingir continuamente, a engañar, a falsear sus deseos, convirtiéndolo, además, en un elemento esencialmente mentiroso, fundamentalmente hipócrita.

 Decía Rimbaud, aquel chaval de 15 años que, además de escribir “El barco ebrio” y la “Iluminaciones”, fue capaz de someter sexualmente a un tipo como Verlaine hasta extremos inconcebibles “par delicatesse j’ai pardu ma vie”, lo que demuestra esa mezcla terrible de bondad y de maldad que se confabula en el fondo de nuestra naturaleza y que hace que sea el mismo tipo capaz de llegar a lo sublime al propio tiempo que se envilece, viviendo del modo más canallesco.

 Pero, volviendo al tema central del poder, todo lo que estamos padeciendo, todo lo que hemos padecido, todo lo que vamos a sufrir en tanto en cuanto vivamos, se debe a ese canallesco impulso de acumular poder, apetito que, además, es insaciable.

 Obama está sentado en su silla gestatoria, en el despacho oval de la Casa Blanca y no hay lugar, en los agrestes dominios de su imperio, en los que se acabe de ocultar el sol, pero ahora sabemos que, no contento con eso, ha montado un sistema de espionaje no ya global sino total.

 Y ustedes, seguramente, dirán “pero, oiga, como se equivoca usted de tal modo, eso se debe únicamente a un deseo conservador que pretende no perder lo que ya tiene”, y no será verdad porque lo que Obama, y los herederos de los Dulles, pretenden no es evitar la pérdida de una micromillonésima parte de su poder actual sino incrementarlo hasta ese infinito que supone no sólo conocer lo que yo pienso y siento penetrando hasta los más profundos intersticios de mi corazón sino también llegar hasta a allí, el fondo puñetero que yo creí inaccesible de mi propia alma, para hacer entonces con ella lo que les salga del prepucio.

 De modo que Aznar no sólo domina la esfera política española, Rajoy y Aguirre interpuestos, sino que extiende sus tentáculos pulposos por todas partes utilizando todos, absolutamente todos, los mecanismos de agrandar su poder, ya sea mediante los Bush, Blair, Murdoch, y lo que es mucho más importante, decisivo, los poderes que operan, que siempre actuarán en la sombra.

 De modo que la vida se ha invertido por completo. Ya nada es como parece ni siquiera el dolor, al que tergiversamos mediante un inacabable arsenal de drogas.

 Pero lo más falso de todo es eso que hemos dado en llamar “politica”, la que fue más noble de todas las actividades se ha prostituido hasta el extremo.

 Hoy, lo político es sinónimo de degenaración.

 Y los políticos profesionales hacen todo lo posible para que nuestras vidas se conviertan, otra vez, Rimbaud, en “Una temporada en el infierno”.

 

 

Navidades de pedernal

Todo empezó con el asesinato de mi hermano, porque a este pobre hombre, chico, porque nunca acabó de crecer, lo asesinaron, ¿lo asesinamos?, de mala manera unos días, unos meses, unos años antes de Navidad, la Navidad o no es nada o sólo es un estado de ánimo porque el tiempo,  aporías aparte, no es que sea al propio tiempo finito e infinito sino que ni siquiera existe, porque un instante, un segundo ¿qué puñetera cosa es? nada, coño, nada, creo que fue Donoso el que dijo aquello de que cuando lo quieres detener, para contar, para cronometrarlo, ya ha pasado, se ha ido, se ha esfumado, pero es posible que el segundo, el instante, se haya ido dios sabe adonde pero yo, nosotros, nos quedamos aquí, contando otro segundo y otro y otro y otro, de modo que seguimos siendo, existiendo, pensando, sintiendo, viviendo, sufriendo, coño porque esto es lo único que de verdad hacemos, sufrir, de manera que mi hermano Rafael me dolió con todo el dolor del mundo muriéndose, dejándome una herida que es como un hoyo, un pozo, un socavón tan profundo que yo no puedo llenar con nada, al contrario, el jodido pozo crece cada vez más y se hace más hondo y más negro, porque sobre su cabeza, sus ojos hinchados y cansados, llorosos de tanto y tanto sufrir, a pesar de las gotas oftálmicas, pero sobre todo su corazón, golpearon, machacaron, insultaron, vejaron y escupieron todos ellos, coño, pero sobre todo su mujer que le puso los cuernos, accedió al divorcio y, luego, cuando se dio cuenta de que acababa de perder la pensión, fue y le convenció para que se volviera a casar con ella entre capullazo y capullazo con el jodido maromo rumano.

 O sea que no fue sólo la indignidad, que era por supuesto bastante, ni tampoco el oprobio, ni siquiera el recochineo de que ella se limpiara el coño con el paño higiénico y luego fuera y se lo restregara a chiquillo inmaduro que siempre fue mi hermano, por la cara, no, no sólo era eso, sino el desprecio mezclado con el odio que la jodida puta sentía hacia aquel chiquillo que si bien fue capaz de engendrarle un hijo en el canallesco fondo de su despreciable barriga nunca la consideró su igual sino tan sólo la hija del Modrogo, aquella mezcla de borracho y drogata, que iba por las calles del pueblo, haciendo lo que él mismo llamaba “el remolino” o sea una especie de continua contorsión de las caderas y el culo, semejando la labor que un pobre y triste locotonto sexual hacia cuando se tiraba a su triste pareja, otro degradado animal que las autoridades del pueblo permitían que viviera y se acostara con él, en las faldas de la colina que ascendía hasta le inmensa mole del castillo.

 (Si puedo, continuará)

 

 

Sobre el porvenir de un tal Elpidio

 Un juez, ¿qué coño de puñetas es?

¿V. se imagina a un tío que, por un quítame allá esas pajas, te puede meter en la cárcel para toda tu vida o arruinarte para todos lo siempres?

Y resulta que el tío ese, además, tiene que comer, y come, todos los días, ha de dormir bajo un techo en una buena cama y bien acompañado, según sus gustos.

Pero es que el payo tiene también ideología política, claro que la tiene, y tan marcada que piensa que el mundo entero está hecho sólo para obedecerle a él, o sea que es más de ultraderecha que el propio Franco, aquel tío que afirmó que lo dejaba todo atado y bien atado.

Y todo esto porque un día se presentó a unas oposiciones y las ganó o porque era un buen abogado o profesor de universidad y se presentó por el turno de juristas de reconocido prestigio.

Y llegó un día a su juzgado y salió a tomar café con sus compañeros y éstos le dijeron de qué iba la cosa: “mira, no es tan difícil como al principio parece”, se trata de seguir siempre un par de reglas: a partir de ahora, tú eres Dios, sí, hombre, sí, todo lo que digas irá a misa siempre que otro de nosotros no lo contradiga, pero, y aquí la 1ª regla de oro de nuestra jodida profesión: lo que un juez hace ni Dios lo deshace en el cielo, lo que, a su vez implica que ningún juez nunca osará tocar a un compañero ni siquiera con la más ligera de las plumas del ala de un ángel, más le conviene antes atarse una piedra al cuello y arrojarse de cabeza al mar; así era, coño, hasta que empezaron a llegar al Gobierno toda esta gentuza que cree que el Estado, o sea, todo el puñetero poder lo tienen ellos; y estás sentado tú, tan tranquilo, en tu despacho y suena el teléfono y es el presidente de uno de los muchos gobiernos que ahora hay o de un Banco, coño, y te dice que tiene mucho interés en que un determinado asunto acabe como a él le conviene, y tú, entonces, ¿qué es lo que puedes hacer, coño? No ya sólo porque todos los meses te llega milagrosamente un sobre con una determinada cantidad de dinero, que eso es lo de menos, sino porque, si no obedeces, tendrás una serie de problemas que seguramente no podrás resolver. Pero es muy difícil hacer siempre todo lo que te sale de los cojones y cuando ya te crees que el puñetero mundo es tuyo, te llama el expresidente de Gobierno y te dice que de empurar a su amigo el presidente de tal Caja, nada, “eh”. Depende de cómo seas tú, en realidad, a mí, cada vez que un jodido chupatintas de estos me dice: “oye, tú, haz esto”, siento el deseo irresistible de hacer todo lo contrario, creo que se llama orgullo profesional o soberbia, no sé, el caso es que yo siempre hago todo lo contrario de lo que me ordenan, coño, porque, si no, ¿para qué coño entonces me hice juez?.

-Esto es lo que le pasó a un tipo como Garzón, que sabía muy bien dónde le salieron los primeros cuernos y se negó a que unos jodidos politicastros le marcaran el camino y ahí está, ejerciendo de abogado de mala manera, pero eso no es nada con lo que le va a pasar a este tal Elpidio, que nadie sabe coño de dónde ha salido, a mí me parece que está totalmente chiflado porque el presidente de Cajamadrid era más que un hermano de Aznar y la mano derecha de Esperanza Aguirre, meterle mano es como intentar joder a todo el PP, yo no sé dónde va a acabar este pobre hombre, ya sé que esto no es los EE.UU., donde un presidente se pone tonto y le pegan 2 tiros a él y a su hermano, el fiscal general, pero de alguna u otra manera sólo Dios sabe cómo va a acabar.

-¿Y tú me dirás, y al tipo ése, el tal Ruz, como lo están dejando llegar tan lejos? No lo sé, este asunto me tiene totalmente desconcertado. A lo mejor ha hecho un pacto con ellos o tienen ya segura una causa de nulidad, como hicieron en el caso Naseiro, y todo esto tan aparatoso que están haciendo no es más que un jodido paripé.

 Y el juez novato se fue a casa un poco asustado.

 

 

 

La traición de los periodistas

 

 A veces, como a todos los locos, me da por algo y no hago más que repetirme como un papagayo.

Ahora, tengo dos manías: la política y el deporte, y los jueces.

Lo de la exclusión del deporte de la política es algo que no alcanzaré nunca a comprender, y mira que me esfuerzo, pero, claro mi mente no sólo es esclava de la lógica aristotélica sino que, además, se ha fundamentado todo lo que ha podido en la lectura de los clásicos.

Creo que ya es la 1000ª vez que lo cito: “el hombre es un zoon politikon”, una animal político, de tal manera que el hombre que no es político o es un dios o es una bestia.

Y aquellos viejísimos y rancios políticos que fueron los emperadores romanos, que admitieron como lo más natural del mundo la esclavitud, ya nos lo dijeron claramente: ‘al pueblo, “panem et circenses”, o sea, pan y circo, o sea, fútbol, mucho fútbol, fútbol todos los días y a todas horas, de modo que a cualquier hora que pongas la radio, cualquier día, fútbol que te crió.

Pero toda esa gentuza a los que Julien Benda, no sé muy bien por qué, llamaba clérigos, cuando hablaba de su traición, se empeña en seguir traicionando, en colaborar ardientemente en la esclavización del pueblo afirmando, sosteniendo, manteniendo, que el fútbol, coño, el fútbol, ese remanso arcangélico de la actividad humana, no tiene nada que ver con la política. Una de dos, o son los más cínicos de todos los cínicos o los más burros de todos los burros.

O las dos cosas a la vez porque hay que tener el alma muy podrida para seguir así engañando a la gente pero también hay que ser imbécil de nacimiento para pensar que la tente es tan idiota que se lo cree.

Y es que es demasiado evidente el cuntubernio montado por los políticos españoles y sus corifeos de la futbolería para que nadie tenga la poca vergüenza de sostener que el fútbol no tiene, no debe de tener nada que ver con la política, si serán cerdos.

Desde “in eternum”, incluso desde antes que aquel animal cuartelero echara a perder a este desdichado país para siempre, al ser el equipo de la capital de España, el Real Madrid, RM, no es que haya sido favorecido por la política sino que ha formado parte intrínseca de la misma.

 Y es que es lógico que sea así. Hoy, el sucedáneo de Nerón se llama Juan Carlos o Mariano y el jefe de su jauría de gladiadores, Florentino.

Pero las necesidades políticas a la que tiende su exigencia de camuflage son las mismas: hambre, esclavitud y miseria de las masas, derroche y ostentación criminal de los poderosos, también.

No me gusta demasiado hablar, o escribir, de macrocosmos y microcosmos, porque el mundo es uno y humano, demasiado humano.

De manera que no es que Florentino sea a Rajoy como Espartaco al jodido emperador romano, no, no se trata de equivalencias sino de identidades.

Y todo este rollo para hablar de Ramos y el Comité de competición de la FEF, que es algo así como Falange Española y Falangista sólo que lo bestia, como Villar no es José Antonio, no sé si escribir “gracias a Dios”.

El caso es que los defensas del RM son todos ellos agentes de su Majestad serenísima y como tales tienen licencia para matar.

Y matan. Y por ahí anda Pepe como si tal cosa, después de haber fracasado en sus intentos de descabezar a ¿Granero? Yy dejar manco a Messi, mientras un tal Blanco, juez único de competición, dijo tranquilamente que, para sancionar al criminal nato de Garófalo, alguien tendría que mostrarle a él las partes del cuerpo de sus víctimas separadas convenientemente de su tronco y entonces, ya veríamos.

 Y Ramos deja a Pepe a la altura del betún, porque todas sus entradas, absolutamente todas, son  merecedoras de roja directa, si no, vean cómo se las gasta el angelito en las fotos que ilustran este post.

 Pero el Comité de competición, creo que éste es el organismo, dice que de suspender a Ramos para el partido contra el Valencia, ni hablar, que la 1ª de las tarjetas amarillas no era tal, como si ellos no supieran que darle un codazo a otro en toda la boca, zas, no es amarilla sino directamente roja y eso es lo que hizo el tal Ramos.

Es por eso que el RM juega al fútbol en España como el gato con el ratón, en medio de las complacencias de toda esa gentuza, sabiendo como saben sus hienas que, lo dicho, tienen plena licencia para matar.

 

Qué más quisiera el hombre que ser como un lobo

 

Como Tomas de Aquino era un cura aristocrático, que adoraba hablar bien, en lugar de decir que el hombre era lo peor que hay sobre la superficie de la Tierra, el muy jodido dijo que era un ser desfalleciente, pero la realidad es que se trata del más perfecto de todos los cabrones.

Y como de alguna u otra manera lo sabe, como sabe muy bien lo que es, trata de denigrar hasta el fondo a todos los demás para no sentirse a sí mismo tan canalla.

Este es el secreto que, a veces, parece imposible del éxito estruendoso de los llamados programas basura.

Pero, luego, cuando ya está en lo más profundo del pozo, como el gran hipócrita que es, viste los ropajes de alguno de los sacerdocios y se pone a predicar cualquiera de los buenas nuevas que se propalan por el mundo, no teniendo inconveniente, si se tercia, de cambiar una por otra con la mayor facilidad.

De ahí que la única corriente filosófica que hoy me parece soportable es ésa que han dado en llamar el pensamiento débil porque ¿cómo puede nadie, que tenga un mínimo de vergüenza, sentirse orgulloso, o sea fuerte, con todo lo que le bulle por su innoble cabeza?

Hagamos, coño, por una sola vez, aquel ejercicio tan saludable que los católicos llaman examen de conciencia, no ya sólo en las grandes ocasiones, cuando haya gente pendiente de nosotros, sino en lo más profundo de nuestra propia soledad y comprobaremos que no somos sino el peor, el más despreciable de todos los animales, el que con menos dignidad se comporta, el que trata continuamente de abusar de los otros, sólo por disfrutar de un pequeño grado más de confort. Verdaderamente repugnante.

Y, ahora, me detengo un instante para escuchar como rezongan los fariseos, los hipócritas, “eh, oiga, no le autorizo a que diga de mí todo eso, ¿o es que quiere v. precisamente hacer lo que predica de todos los demás, sacudirse como un perro que acaba de bañarse en mierda con toda su fuerza para que ésta recaiga sobre los otros?”.

Yo no sé si hay alguien realmente que sea capaz de estar contento de sí mismo cuando se halla a solas y reflexiona.

Decía uno de mis maestros, Sartre, que el infierno son los otros, en su maravilloso drama “Huis Clos”, pero yo me atrevo a dar, con su permiso, un pequeño paso más, ahora y aquí, el infierno no sólo son los otros, que también, el infierno acabamos por ser nosotros mismos, quemándonos en las asquerosa lava que brota de ese volcán que anida en nuestro propio corazón.