Obama ya tiene su panóptico

 Hay dos pensadores en el mundo ante los que me descubro reverentemente al propio tiempo que les echo la bronca por su egoismo y falta de solidaridad.

Porque ni yo ni tú, amigo lector, tenemos la culpa de no haber nacido tan inteligentes como ellos, son los muy jodidos Wittgestein y Michel Foucault.

Como hoy no vamos a escribir del primero, dejémoslo aparte y concéntremosnos en el puñetero Foucault, filósofo oscuro donde los haya, que murió como deben de morir todos estos tipos tan cabrones en última instancia: después de haber tomado mucho por culo, o sea de un sidazo.

 Él quería ser un nuevo Aristóteles pero nunca tuvo la gentileza del estagirita que era, sin ninguna duda tan profundo como él pero mucho mas claro por lo que tal vez se haya llevado el galardón del filósofo más leído del mundo.

 Foucault eligió para sus estudios básicos 4 o 5 temas de importancia decisiva para la comprensión del mundo actual: la locura, el poder y sus manifestaciones básicas, vigilar y castigar y, por supuesto, el desideratum de todos los aspirantes a tiranos: el panóptico, o sea, un sistema que permitiera, o permita, a todos los aspirantes a dictador, ver, vigilar, controlar y dominar a todos los seres humanos que se hallen dentro de su esfera de acción.

 Nos hemos pasado unos cuantos años creyendo que este visionario homosexual se había ocupado del panóptico, llevado por su espíritu vengativo y su obsesiones, pero, ahora, Obama nos ha demostrado a todos que no, que una superpotencia, que ha actuado siempre para hacerse con los grandes genios de la tecnología, lo que pretende realmente es dominar al mundo exhaustivamente y para eso necesita inexorablemente disponer de los mecanismos que le permitan vigilar a todo el mundo, espionaje universal, y de los medios para castigar a todo aquel que se atreva a no seguir sus órdenes y cometa el pecado de estorbar sus designios, entre cuyos medios se halla, sin ninguna duda a mi entender, la capacidad de endosarles una buena enfermedad que acabe con sus oponentes sin que nadie pueda acusarles de asesinato: véase, ni no, la larga serie de dirigentes sudamericanos que han enfermado gravemente y que son, o eran, todos revolucionarios, sin que tal calamidad,  haya afligido a ninguno de los canallescos y abundantes hijos de puta que tanto han proliferado en aquella región.

 El mundo entero se revuelve indignado porque Obama, aquel jodido presidente cuyo discurso de investidura me hizo llorar como un niño, se dedica a espiarnos a todos, absolutamente, para saber no sólo lo que hacemos y lo que decimos sino también lo que pensamos.

 O sea que el jodido Obama se ha convertido en un nuevo Dios que nos irá expulsando a todos, uno a uno, de este asqueroso paraíso por habernos atrevido a comer de la fruta prohibida, que no es otra que haber aprendido a leer.

 Por eso nuestro buen Rajoy hace todo lo posible para que nuestros hijos y nuestros nietos sean, por lo menos, analfabetos.

 

11 comentarios en “Obama ya tiene su panóptico

  1. http://jmalvarezblog.blogspot.com.es/2013/10/despedida-por-faltar-al-trabajo-el-dia.html
    DESPEDIDA POR FALTAR AL TRABAJO EL DIA QUE LA DESAHUCIAN
    Nuevo detalle de la “Marca España” que “crea” trabajo y está “saliendo” de la crisis.

    El pasado 11 de septiembre más de 100 antidisturbios desahuciaron a Amaya, una trabajadora de 31 años que no podía hacer frente al alquiler abusivo exigido por la inmobiliaria Laudea. Una semana antes, Amaya había pedido a la empresa de telemarketing dónde trabajaba – Konecta – un cambio de turno para poder asistir a su desahucio. Ella dejó claro que el cambio se producía por asuntos de índole judicial y que en caso de denegárselo le sería imposible acudir. La respuesta de su coordinadora fue “no creo que sea posible, aunque ya eres mayorcita y conoces tus responsabilidades. Ese día no puedes faltar”. Amaya se enfrentó a su desahucio con un doble temor: perder la casa y el trabajo.

    A pesar de la respuesta popular, Amaya se quedó en la calle gracias a que los antidisturbios tomaron el barrio desde primera hora de la mañana. Debido a la extraordinaria tensión de la situación, ella acabó psicológicamente destrozada y el médico de cabecera le dio unos días de baja para recuperarse. Tras aquel shock Amaya luchó para seguir adelante y conservar su empleo, mientras continuaba peleando para que Laudea condonase su deuda.

    Ayer 25 de octubre, de forma totalmente imprevista, Amaya fue despedida por acumulación de faltas. La carta de despido señala el día de su desahucio y los posteriores como el motivo de la extinción del contrato. Aunque la empresa reconoce que las ausencias están justificadas (con presentación del informe médico pertinente) se escuda en que la Reforma Laboral aprobada el pasado año les permite hacerlo.

    Inmediatamente Amaya se ha puesto en contacto con la sección sindical de CGT en Konecta, que se dispone a elaborar una demanda por despido improcedente o nulo.

    Sin embargo, más allá del plano judicial, el movimiento por el derecho a la vivienda y los sindicatos combativos vamos a lanzar una campaña pública para señalar a Konecta. Los despidos improcedentes y los abusos contra las trabajadoras son una constante en el sector del telemarketing y en Konecta en particular. La precarización de las condiciones laborales, sancionada en impulsada por la última Reforma Laboral, sitúa en la absoluta indefensión a los miles de trabajadores que conforman este nuevo proletariado de teclado y teléfono. El despido de Amaya es tan sólo un ejemplo de hasta dónde están dispuestos a llegar, convirtiendo la tragedia de un desahucio en pretexto “objetivo” para rescindir un contrato.

    Por todo ello exigimos a Konecta la inmediata readmisión de nuestra compañera Amaya. Para ello utilizaremos tanto las vías jurídicas como la acción directa. Porque después de paralizar centenares de desahucios en Madrid, sabemos que la presión popular es la única forma de obligar a los poderosos a hacer justicia. Es hora de trasladar la fuerza que hemos desplegado en los desahucios en el plano laboral, utilizando para ello la mejor herramienta de la que disponemos: el apoyo mutuo. El sindicalismo combativo siempre ha utilizado estos métodos para enfrentarse a los abusos patronales; ha llegado el momento de que esta estrategia se vuelva masiva. Porque el desahucio es sólo el final de una historia que siempre comienza con un despido. Porque los trabajadores y trabajadoras debemos autoorganizarnos para conquistar todos nuestros derechos; no sólo el de dormir bajo un techo.

  2. IMPOTENCIA DEMOCRATICA . Armando B. Ginés
    http://www.diario-octubre.com/?p=121792
    Impotencia creada; impotencia como cárcel; impotencia descarnada y real. El sistema democrático en su versión parlamentaria estilo occidental fija límites casi insuperables para el cambio profundo o revolucionario de sus estructuras políticas y sociales. La democracia, siguiendo el pensamiento del filósofo italiano Luciano Canfora, es una ideología omnicomprensiva y formal para gestionar la cosa pública sin afectar las bases inamovibles de clase y poder capitalistas. Sin democracia económica, la democracia occidental no es más que un instrumento preciso y útil en manos de los ricos, las multinacionales y la trastienda global de intereses fácticos. Ante esta situación histórica, la impotencia democrática de las clases populares y trabajadoras se enfrenta a un dilema extremo: ¿qué hacer para salvar y franquear con éxito ese entramado invisible que impide una democracia de iguales, participativa y de progreso?

    El régimen democrático exportado por Occidente al resto del mundo descansa en celebrar comicios universales cada cierto tiempo encapsulados en leyes electorales rígidas que priman la puesta en escena de dos rivales complementarios: las derechas clásicas y una contraparte trajeada de izquierda pero con prácticas muy próximas a sus adversarios genuinamente conservadores. Los medios de comunicación principales, al servicio pleno del sistema bipartidista, hacen de voceros oficiosos de este régimen amputado desde su mismo origen. Otras opciones y alternativas son meros comparsas sin capacidad de influencia política y social.

    Este devenir descrito a vuelapluma obligó a las formaciones revolucionarias y afines a ir soltando lastre ideológico y reivindicativo para intentar mediante el camuflaje táctico sacar cabeza y captar así a una parte del electorado debidamente saneado en sus aspiraciones políticas a través de la demonización de los comunistas, los socialistas de izquierda, los anarquistas y radicales en un amplio sentido de la idea compartida por todos los grupos que buscaban transformaciones sociales más auténticas y de mayor calado político.

    La propaganda democrática y las subvenciones proteccionistas y paternalistas del Estado del Bienestar convirtieron a los trabajadores en consumidores, dividiendo a la otrora clase obrera en dos facciones encontradas: la vieja clase de cuello azul y la ficticia nueva clase media, dejando a los primeros como resortes de influencia residual los métodos añejos de la huelga laboral y la huelga general y/o revolucionaria. Estos métodos tradicionales fueron perdiendo su profunda esencia transformadora con el paso de los años debido a muchas causas externas e internas, sobre todo por la propaganda antes aludida y por el fuego amigo de líderes procedentes de la clase media más o menos ilustrados que veían en esos ejercicios de rebelión o subversión democrática procedimientos cercanos a la violencia o el terrorismo, aparcando sine die las críticas globales al sistema capitalista. Según estas mentes teñidas de un rosa neutro más que sospechoso, ya vivíamos en el mejor de los mundos posibles, solo era factible, por tanto, reivindicar retoques parciales en el edificio social. El capitalismo, vía democracia parlamentaria vigilada y controlada desde arriba, obtuvo la legitimidad pasiva de las masas y se convirtió en un proceso sibilino que desembocó en el fin de la historia preconizado por Fukuyama, más si cabe tras la caída de los países que conformaban el bloque del denominado socialismo real.

    Tal escenario complejo, cuando no paradójico, ahogó las nobles aspiraciones de la clase trabajadora y abortó de cuajo su capacidad política. Los sindicatos, último reducto de sus fundamentos revolucionarios, fueron asumiendo poco a poco su nuevo rol de gestores del capitalismo posmoderno, abandonando recorridos de mayor audacia y riesgo. Esa trayectoria hacia el redil parlamentario, capitalista y tecnócrata tumbó los sueños de una sociedad diferente de cuño y planta socialistas. Desde el mayo del 68 francés al 15M español, los movimientos sociales a la izquierda de la gauche divine o izquierda acomodada han sido coyunturas intensas pero de breve aliento que han venido a decir de modo claro y contundente que algo falta y falla clamorosamente en esta democracia capitalista y parlamentaria para colmar las aspiraciones de igualdad, fraternidad y libertad del pueblo llano. También han puesto de manifiesto que los cauces habituales de participación estaban viciados y que necesitaban un cambio real avalado y protagonizado por la inmensa mayoría.

    Los partidos hegemónicos de la izquierda, instalados en sus verdades pragmáticas, han hecho caso omiso de estos gritos colectivos huérfanos de referentes políticos e ideológicos fuertes. Ambas razones a la vez han dejado esos gritos espontáneos en casi nada, en una simple anécdota estética e histórica para consumo de radicales, antisistema e insumisos en general.

    Hoy la izquierda política y social se ha convertido en un apéndice más del sistema capitalista, a excepción de las experiencias latinoamerianas, que únicamente es capaz de realizar excelentes estudios y análisis sociológicos sin perspectiva política alguna. Análisis que adolecen del nervio ideológico que pudieran dotarles de la fuerza expansiva indispensable para ser motores de la transformación social.

    Este panorama tan pobre y desmovilizador no puede, a pesar de lo expuesto, contener la realidad contradictoria que convive en el sistema capitalista. Sus costuras tienden a romperse en momentos de crisis aguda de manera incontenible. Una vez que las huelgas laborales y generales han perdido su eficacia de antaño y muestran una inoperatividad evidente, distintas formas de lucha rescatadas del olvido vuelven por sus fueros al espacio público para sustituir a insurrecciones antiguas y perdidas en un limbo del que quizá sea ya imposible que regresen al imaginario colectivo.

    La violencia capitalista modula su intensidad predadora de diversos modos y se expresa tanto en aspectos civiles como sociales y laborales. La crudeza de sus aplicaciones concretas lleva a las masas a reaccionar como pueden ante sus medidas de factura reaccionaria. Se ensayan novedosas fórmulas, se pretende influir en la cosa pública desde posturas éticas y batallas de ideas haciendo un rodeo subliminal por las esferas políticas e ideológicas, credenciales muy gastadas y denigradas por los gestores cooptados del oficialismo paniaguado que da soporte y sustento al régimen parlamentario capitalista.

    La reedición de estas renovadas formas de lucha y protesta asumen como si de una revelación inapelable se tratara la democracia capitalista, una ideología cerrada a cal y canto tal cual lo predica la izquierda oficial pasiva, pero añaden un contenido ético más auténtico, utópico y primigenio: la ilegitimidad per se de las normas jurídicas. La impotencia política ha sido sustituida por la acción ética ante la imposibilidad de que la primera consiga réditos significativos en su acción parlamentaria. Estas nuevas alternativas de lucha son cultas e intuitivas, pero también parciales en sus contenidos. De alguna manera están contaminadas por la filosofía de solidaridad tipo oenegé: acciones puntuales intensas que no pongan en solfa al régimen en su conjunto.

    Estos métodos recuperados de la historia hunden sus raíces en la no violencia de Gandhi. Sus expresiones más llamativas y utilizadas en la actualidad son la desobediencia civil, la huelga de hambre y la objeción de conciencia. Todas ellas están al alza en los movimientos sociales alejados de las prácticas políticas regulares de las izquierdas parlamentarias. Quieren soluciones ya pero nunca la toma del poder, exponiendo sus cuerpos a pecho descubierto como agentes morales que exigen respuestas inmediatas a la clase política. No tienen un programa común, solo persiguen un cambio parcial con sus actitudes radicales.

    La no violencia busca la verdad absoluta; la desobediencia civil el contagio social; la huelga de hambre un toque de atención para la humanización del poder, mientras que la objeción de conciencia pretende que el heroísmo individual golpee en seco en los pensamientos íntimos del otro. Sus estrategias de lucha se basan en la legitimidad natural de la moral, en un denominador común muy de Rousseau: existe una verdad humana más allá de la realidad vital e histórica que hay que conquistar cueste lo que cueste.

    De alguna manera, se trata de gritos religiosos e ingenuos que intentan conectar con un estado ideal nunca alcanzado por el ser humano. Se salen del río histórico ante las limitaciones del sistema democrático que apuntala y ampara el régimen capitalista. También podría decirse de esas voces radicales que son una especie de buenismo que hace de su impotencia (de la impotencia social y colectiva) un factor de rebeldía iniciático, primario y desnudo: yo soy mi cuerpo inocente, lo inmolo a tu poder para que hagas lo que quieras con él, eso sí, deberás responder a tu conciencia privada por tus acciones políticas. Sin embargo, cabe preguntarse con razones más que fundadas si el capitalismo es capaz de albergar un código ético o moral que mire al otro como semejante en dignidad y derechos humanos.

    El fin de la historia alumbrado por la posmodernidad ha clausurado lo político de forma terminante. Solo quedan el relato personal y la ética como últimos reductos de salvación y contacto con la realidad. La impotencia política está guarecida ahora mismo en la no violencia. Al otro lado, un ejército agresivo hasta sus últimas consecuencias domina el teatro de operaciones: el neoliberalismo, las guerras humanitarias, la precariedad, el consumismo, la sociedad del riesgo permanente, la competitividad salvaje y la inseguridad vital. ¿Podrá la no violencia con la violencia estructural? ¿Es suficiente el discurso ético y moral contra la política capitalista de clase?

  3. SIN TERRORISTAS NO HAY SALVAPATRIAS . Shangay Lily
    El fantasma de ETA debe seguir apareciéndose a los vivos para regir la agenda política.

    La dialéctica de la derecha católico-caciquista (y por lo tanto la del PP) es singular. Por un lado, es de un simplismo de parvulario (“Seño, nene malo, me roba plastilina por eso hace mejores figuras”) pero por otro es de una perversidad victimista de sacristía pederasta (“Seño, papás de nene malo me miran mal cuando le pego, expulsen a nene malo que llora mientras dice que fui yo el que le robó la plastilina”). Toda esta perversidad engendrada en el monopolio no es algo nuevo, es algo que han aprendido, mamado y heredado de esa gran agencia de opresión y robo que es la Iglesia Católica.

    Para estos opresores que sustentan su poder sobre el antagonismo simplista, la creación de mitos que ofrezcan enemigos simples, identificables y siempre localizables es esencial para mantener la noción de pertenencia al in-group (el grupo bueno que existe en base a su oposición a los malos, el out-group). En el caso de la Iglesia esa figura antagonista que cohesiona sus adhesiones con firmeza monolítica, es el demonio. Un monstruo que ataca al grupo, obligándole a nunca cuestionar su funcionamiento interno ya que necesitan una fidelidad ciega para enfrentara a ese terrorífico agente externo que justifica todas las opresiones del grupo como mal necesario para combatir el verdadero mal (inventado) llamado demonio. Una monstruosidad inconmensurable (diseñada en la ficción y por lo tanto imposible de igualar en la poliédrica realidad) que hace palidecer cualquier monstruosidad que se cometa en el grupo como leve si la comparamos con la maldad, atrocidad y monstruosidad del ser imaginario llamado demonio. En el caso de la derecha y, específicamente, su brazo político, el PP, ese monstruo que justifica todas sus opresiones, crímenes y monstruosidades es el terrorismo, ETA. El PP ha construido un imperio gracias al terrorismo, al fantasma del terrorismo, más bien. Y no se puede permitir que ese monstruo tan real como ficcionalizado desaparezca. Porque sin ese miedo, sin ese malvado plano, nítido, unifacético, la derecha no puede justificar los sacrificios, monstruosidades y desmanes que exige a su grupo (y al externo, por supuesto). A esto hay que añadir la retórica controlada en medios de información y socialización por el grupo dominante para dibujarse a sí mismo como el salvapatrias y a los disidentes como destruyepatrias. En esta dialéctica, por supuesto, jamás se cuestiona la noción de patria como algo más que un constructo monolítico, infranqueable y único que se pudiese enriquecer con la pluralidad, la diversidad e incluso la contradicción (todas esas características tan consustanciales al ser humano). Sin monstruo no hay salvapatrias. Sin “amenaza externa” no hay grupo monolítico que no se puede permitir la auto-crítica o la disisdencia.

    Y es que un sofisma que el PP y la derecha monolítica (Iglesia-Banca-Políticos) mima y preserva con fijación es el de que “nosotros somos salvapatrias perverso por culpa del terrorismo”. Esta ecuación esconde la realidad de que el terrorismo en la mayoría de los casos surge como respuesta a la opresión del poderoso, no a la inversa. Y en muchos casos, como se vio con el IRA o incluso con ETA, cuando el que sustenta el poder disminuye su tiranía y equilibra las fuerzas o acepta los argumentos del terrorista como escuchables, se pasa de la violencia a la discusión. Que esa discusión acabe con entendimiento es otra cosa. El terrorista puede retornar a su rutina en la que se acomoda y el opresor a la suya en la que se sirve de ese fantasma terrorista para justificar su opresión.

    El fantasma de ETA debe seguir apareciéndose a los vivos para regir la agenda política. El PP suda sólo ante la mera noción de un ETA desaparecido (mucho más si ha desaparecido gracias a Zapatero), porque con qué fantasma van a justificar sus desmanes. El de la crisis (que es una estafa) no lo dominan tan bien (un problema que Franco también tuvo; como economista era bastante inepto).

    Así que tenemos al PP intentando mantener vivo el fantasma de una ETA en descomposición para no perder en estos momentos su demonio particular. En ese sentido, es curioso que todos esos cachorros del franquismo que hicieron suya la disculpa de “olvidar el pasado para cerrar heridas y seguir adelante con esta gran democracia que nos habéis colado” para esquivar la Ley de Memoria histórica (o hace muy poco negarse a condenar el franquismo por ley), apliquen exactamente la lógica opuesta al tema de ETA y el terrorismo: “hay que vengarse y hacer justicia con las víctimas para que las heridas se cierren y ETA desaparezca”. ¿Cómo? ¿Pero no había que olvidar, dejar en zanjas y cunetas a los muertos por el bien de España?

    ¿Queremos demostrar que el terrorismo es injustificable en una sociedad que deja atrás el franquismo o quizás nos interese deshacer todo lo hecho por Zapatero y la izquierda real de la que cogió el discurso y tácticas en el tema ETA?

    A juzgar por el monstruo de odio que se paseará este domingo por las calles de Madrid, me inclino a apostar por lo segundo.

    http://blogs.publico.es/shangaylily/2013/10/26/sin-terroristas-no-hay-salvapatrias/

  4. CONCHA CABALLERO .Profesora de Literatura
    Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.
    Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, ENTONCES LA CRISIS HABRÁ TERMINADO.
    Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, ENTONCES SE HABRÁ ACABADO LA CRISIS.
    Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, ENTONCES NOS ANUNCIARÁN QUE LA CRISIS HA TERMINADO.
    Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio. Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.
    De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida. Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición

  5. MONEDERO: «LA EXTREMA DERECHA SIEMPRE HA SIDO FUNCIONAL AL SISTEMA”
    http://www.publico.es/culturas/476982/monedero-la-extrema-derecha-siempre-ha-sido-funcional-al-sistema
    El politólogo y escritor Juan Carlos Monedero presenta su último libro, ‘Curso urgente de política para gente decente’, un ensayo que pretende ser “un instrumento de acción y emoción” para repensar el modelo de sociedad en que vivimos
    “Lo bueno de ser tantos es que si vienen los fascistas a pegarnos no caben”. Así rompía el hielo ayer el politólogo Juan Carlos Monedero ante una audiencia que atestaba la segunda planta de La Central de Callao de Madrid. Acompañado por el economista y diputado Alberto Garzón y por la periodista Olga Rodríguez, el escritor presentó su último libro, Curso urgente de política para gente decente (Seix Barral), un ensayo concebido como “instrumento de acción que marque el rumbo de lo común”.

    Partiendo de la premisa gramsciana de que “los cambios se hacen en las conciencias”, Monedero puso de relieve la necesidad de reconstruir nuestra historia y de politizar lo cotidiano como único modo de hacer frente a una clase dirigente que “está convirtiendo la política en una suerte de Salsa Rosa”. Según el autor, son tres los “monstruos” que ha tratado de evidenciar en este libro; la mercantilización, la precarización laboral y la desconexión social que vivimos. Un infausto tridente que nos convierte en derrotados “sin saber muy bien qué batalla hemos perdido”.

    “No hay un solo ámbito en nuestra vida cotidiana que no esté cruzado por algún aspecto mercantil, el capitalismo voraz nos ha transformado en empresarios de nosotros mismos”, lamentaba el autor para quien la responsabilidad de ofrecer herramientas que posibiliten el cambio social ha de recaer en unos científicos sociales críticos que permitan conocer la verdad, “una verdad que nos despoje de ese sentido común que nos han metido hasta el tuétano”.

    Monedero urgió a los presentes a reaccionar, ya que, según el profesor, “las luchas de ayer son los derechos de hoy y la falta de luchas de hoy será la falta de derechos de mañana”, solo así -remarcó- será posible una democracia que merezca ese nombre, solo así “el miedo cambiará de bando”. “Estamos acumulando mucha rabia y esa rabia va a terminar por activar el cambio social”, zanjó el profesor no sin antes tener unas palabras de apoyo para con Alberto Garzón tras las repetidas amenazas de muerte que éste recibió vía twitter por distintos usuarios, después de que elogiara la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) que ha tumbado la ‘doctrina Parot’. “Algo estás haciendo bien porque el fascismo te ha señalado, si te tocan a ti nos tocan a todos”, a lo que añadió que “la extrema derecha es el laboratorio del sistema; capta la voluntad de la gente golpeada pero nunca critica al sistema, al contrario, siempre le ha sido funcional”.

    Pasión, poesía y teoría politica
    En sus respectivas intervenciones, tanto Alberto Garzón como Olga Rodríguez hicieron hincapié en el componente emocional y formativo que de forma recurrente nutre las líneas de Monedero. “Tenemos que convertir la frustración en esperanza y esto no solo se hace desde la resistencia, sino desde la construcción de un discurso de la racionalidad que incluya también elementos emocionales serios y profesionales sin caer en el populismo, este libro plantea precisamente esto”, comentó el diputado de Izquierda Unida durante la presentación. Según Garzón, la formación es clave en la coyuntura actual, “nos encontramos en una encrucijada, un momento de ruptura histórica e ideológica, es hora de que desde la izquierda se llegue a una senda de aprendizaje profunda que posibilite ese cambio de paradigma que propone Monedero”.

    Por su parte, la periodista Olga Rodríguez puso de relieve el caracter “profundamente vitalista” de Monedero y su capacidad para “vincular pasión y teoría política”. “Juan Carlos siempre ha transitado la calle, eso es lo que dota a su trabajo de un contenido sustancial que lo vincula a lo real”. Por último, Rodríguez quiso remarcar la vocación humanista del autor, apelando a esa necesidad de relacionar lo individual y lo colectivo. “Monedero ama lo colectivo y este libro nos habla precisamente de cómo organizarnos en torno a los colectivo”, zanjó la periodista.

  6. Juan Carlos Monedero: “La Transición nos dejó sin anticuerpos democráticos”

    http://www.lamarea.com/2013/10/27/la-transicion-nos-dejo-sin-anticuerpos-democraticos/
    Profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, politólogo, escritor y, desde hace algún tiempo, colaborador habitual en diferentes medios de comunicación, Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963) apenas tiene un minuto para descansar. La segunda edición de La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española (Catarata, 2013) y la presentación de su nuevo libro, Curso urgente de política para gente decente (Seix Barral, 2013) han saturado aún más su agenda con presentaciones, conferencias y entrevistas. Para la elaboración de este último libro, cuenta que “me metí en junio en una casita escondida en el bosque y salí en septiembre. Hago muchos encierros monacales”. El hecho de no ver televisión, a pesar de ser un habitual del medio, le da un tiempo añadido para esas ocho horas diarias que trabaja los días en los que no tiene que dar clase.

    En la presentación de la segunda edición de La Transición contada a nuestros padres, la semana pasada en La Marabunta, aseguró que lo que ocurre ahora es producto de la Transición. Sin embargo, la corrupción, los sobornos o que la gente que está en el poder trate de blindarse ha pasado en todas las épocas y en todos los países.

    Sí, esto lo explico en el Curso urgente de política. Hay un marco del sistema capitalista que es idéntico para todos los países capitalistas. El modelo de la democracia representativa y de la economía social de mercado es idéntico desde el año 59 en Italia, Francia, Gran Bretaña… con pequeños matices, pero la esencia es la misma. En España la muerte de Franco trae consigo una restauración borbónica pero no económica porque el sistema ya era capitalista. En este sentido, todos los problemas que afectan en Europa nos afectan a nosotros. Pero en España hay un elemento añadido, que es que no tenemos los anticuerpos que sí tienen otras democracias, incluida la italiana.

    ¿Qué anticuerpos?

    El antifascismo, que es el que hace que los políticos dimitan cuando se ven inmersos en casos de corrupción.

    Pero, ¿por qué? ¿Qué tiene que ver el antifascismo con la corrupción?

    Porque el antifascismo es una reclamación radical del republicanismo democrático de virtudes públicas contra quienes quieren usurparlo. El antifascismo construyó periódicos, editoriales o películas críticas. El país que más se nos parece, que es Italia, tenía un partido comunista que era el más fuerte de Europa. Entonces Estados Unidos hizo una presión fortísima para organizar la política de manera que el comunismo no triunfara. Se alimentó a la mafia para luchar contra ellos y también al Vaticano como un baluarte que frenase al comunismo.

    Así como hubo una “desnazificación“ en Alemania, en Italia no pasó. Los fascistas italianos fueron incorporados en la democracia cristiana. Es decir, que en Italia hubo intentos por parte de los antifascistas de luchar contra esos hechos pero toda la lógica de la Guerra Fría los frenó. Nosotros compartimos con ellos la Iglesia y la mafia, que aquí es lo que dijo Costa de oligarquía y caciquismo.

    Y, a pesar de ello, los anticuerpos democráticos son mas fuertes incluso en Italia porque mantiene esa estructura fuerte que proviene del antifascismo. En España no pasa, y esto permite que un presidente pueda presentarse con un programa electoral e incumplirlo, que a los periodistas les hablen mediante una pantalla de plasma y no se nieguen a esa humillación, que tengamos el Estado social más débil de la Europa de nuestro entorno o que los niveles de desigualdad sean más altos. Todos estos elementos vienen de nuestra Transición.

    También afirma que la Memoria Histórica de este país se ha vaciado gracias, en parte, al poder de la derecha para reescribir la Historia. ¿Qué papel tienen los medios en este proceso?

    La derrota del fascismo en Europa tiene lugar en un momento en el que los partidos políticos, las casas del pueblo y la prensa de partido son esenciales. En cambio en España se recupera la democracia cuando aparece la televisión. No opera ese elemento de socialización que fue tan relevante en otros países europeos. Aquí nos faltan las herramientas para darnos cuenta de que vivimos en sociedades saturadas audiovisualmente, y, por tanto, no entendemos que el Grupo Prisa nunca ha sido de izquierdas, como ha reconocido recientemente una de las periodistas centrales del diario El País, Sol Gallego.

    Es decir, que en España nunca ha habido un periódico de izquierdas. En el resto de Europa es impensable. Siempre ha habido diarios que defendían la intervención del Estado en la economía, que apostaban por una radical separación entre Iglesia y Estado o por empresarios realmente competitivos… En España en lugar de esto tenemos muchos elementos franquistas: una Iglesia que nos dicta una ley de educación, como la ley Wert, unos empresarios que como única solución para ser competitivos exigen al Gobierno bajar los salarios, una relación subordinada respecto a Europa porque Felipe González, que gestionó la integración de España, entregó toda la estructura industrial de nuestro país a Francia y Alemania… Estos elementos que debilitan tanto la democracia nacen de la Transición.

    En Curso urgente de política para gente decente explica este hecho con que en España, además de ser neoliberales, como en el resto de Europa, somos franquistas

    Claro, cuento que, además de haber interiorizado la mercantilización de todos los ámbitos de nuestra existencia, de asumir la precarización laboral, somos franquistas. Es decir, somos aun mas individualistas y clientelares, somos un país con mucho miedo, están aún enterrados en simas y en fosas comunes120.000 republicano asesinados, somos un país resignado por el peso de la religión católica, un país irreverente con el poder pero profundamente obediente con el poder, de manera que todos los problemas afines a Europa se nos agravan.

    ¿Y cómo se recupera esa Memoria Histórica?

    Volviendo al lugar en el que se tapó con arena y cal nuestra memoria, donde vuelve a aparecer invariablemente la Transición. Esto también explica que sectores de la derecha, pero también de la izquierda, reclamen reivindicar la Transición. Si no, no nos podemos explicar qué hace el juez Garzón, qué hace Luis García Montero, que hace incluso Gaspar Llamazares reivindicándola. Su lectura política es que si las nuevas generaciones revisan de manera crítica la Transición, quienes fueron activos durante ese proceso no valen. Y me parece que están teniendo un rasgo de escasa generosidad al reivindicar esta etapa como una forma de reivindicarse a sí mismos.

    Pero durante una época usted fue asesor de Llamazares.

    Sí, y durante esos años él asumió una visión crítica de la Transición. Mi sorpresa es que ahora el entorno que de alguna manera representa haya dado ese salto. Si hay una crítica, que es generacional, hacia la Transición, las generaciones más vinculadas a ella ya no van a valer para la política. Cuando el juez Garzón escribe recientemente un artículo elogiando a Fraga Iribarne y a Felipe González está sumiéndonos a todos en la perplejidad. ¿Cómo es posible que el juez que se hace cargo de la exhumación de los cadáveres termine elogiando como hombres preclaros a Fraga, un tipo que siempre se jactó del franquismo, que firmó sentencias de muerte, que estuvo en contra de la recuperación de la Memoria Histórica y del antifranquismo?

    ¿Este contexto de oscurantismo informativo es lo que le ha llevado a escribir este Curso urgente de política?

    Creo que alumbrar lo que no se ve es una obligación de los científicos sociales. Creo que un científico tiene que desvelar lo que está oculto y yo he entendido este libro como una forma de conectar aquello que está desconectado. Si resulta que el neoliberalismo se ha convertido en un sentido común, pensar en el pensamiento es complicado, salir de nosotros mismos para vernos como sujetos es muy difícil. Si encima desde el Gobierno, desde la universidad, desde los medios de comunicación, construyen un espejo como el de la madrastra de Cenicienta, que nos dice que somos los más guapos, no vamos a tener herramientas para entender todos estos agujeros de la débil democracia que tenemos. Nos corresponde a los científico sociales decentes ser críticos.

    Coincide que su etapa de asesor de Llamazares fue una de las peores de Izquierda Unida. ¿Intenta arrojar luz desde lo teórico a un problema que no pudo solucionar desde la práctica?

    La facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid se caracteriza por algo positivo, y es que el que diseña teóricamente los platos, además, tiene que probarlos. En ese sentido creo que, como le ocurre al Platón de la Carta VI, uno intenta trasladar sus ideas a la política. Y lo que es cierto es que casi siempre fracasamos. Yo fui uno de los asesores de Llamazares que fracasó. De hecho, me fui antes de que terminase su mandato porque entendía que lo que yo pensaba no se podía llevar a la práctica.

    ¿Qué provocó que se fuera?

    Uno de los elementos que me obligó a irme fue que el Partido Comunista nunca aceptó que el coordinador general de IU no fuera el secretario general del PC. Por tanto, desde el primer momento, una parte importante del PC, en ese momento dirigido por Francisco Frutos, hizo todo lo posible para que Llamazares no pudiera gobernar. De todas formas, reivindico mi experiencia en IU igual que reivindico mi experiencia como asesor del presidente Chávez. Pero también tengo que decir que mi experiencia política siempre la he vivido como un fracaso.

    Aún así reflexiono permanentemente sobre política y me parece impropio hacer una reflexión y no trasladarla a la práctica. O al menos intentarlo, aunque se fracase. Además, precisamente cuando uno fracasa sabe en qué se equivoco, así que es un conocimiento añadido. Pero en mi caso, en la política institucional siempre he fracasado porque tiene unas reglas que no coinciden con las de la teoría. La política real siempre va por detrás del diseño que tu puedes hacer sobre el papel.

    Estoy en un momento en el que no milito en ningún partido político ni colaboro como asesor de ningún gobierno en ningún lugar del mundo porque, a pesar de que hemos repetido mil veces la Tesis 11 sobre Feuerbach, de Marx, que decía que los filósofos saben interpretar el mundo cuando de lo que se trata es de transformarlo, ahora estoy convencido que de lo que se trata es de interpretarlo. Es muy complicado hacer política real si no sabemos a dónde vamos. El grueso del esfuerzo que estoy haciendo ahora es intentar clarificar qué nos pasa y cuales pueden ser los caminos a los que podemos dirigirnos. Por eso un curso urgente. Y creo que lo mas honesto es entregarlo al gran público y que éste, por lo que digo, establezca si el análisis es correcto y si las soluciones son viables.

    Esta semana tuvo lugar la huelga de estudiantes contra la LOMCE. ¿La ha seguido?

    La he seguido, pero estoy convencido de que al poder ya le dan lo mismo los mecanismos a través de los que les hemos contado a los dirigentes lo que queríamos. Les dan lo mismo los programas electorales, las manifestaciones, aunque sean masivas, las huelgas, aunque sean generales, y las comparecencias parlamentarias o las entrevistas en los medios, aunque hagan el ridículo. Esto no significa que tengamos que renunciar a todas estas herramientas. Es más, creo que cada vez que las usamos, y cada vez que el poder las desprecia, nos vamos cargando de razón para sumar a gente en la pelea y para que piense en qué instrumentos vamos a usar para desbordar una democracia que cada vez merece menos ese nombre.

    Pero en Baleares la huelga sí que ha funcionado.

    Sí, ha funcionado. Primero porque han sido capaces de aguantar dos semanas. Pero también es verdad que cuentan con una cuestión muy peculiar que es la identitaria. A día de hoy es muy difícil que una reivindicación laboral tenga tanta fuerza como una identitaria, como estamos viendo en todo el proceso por el derecho a decidir en Cataluña. Creo que en el resto de España no tenemos una fuerza movilizadora como la que tienen los pueblos que reivindican una identidad propia, lo que es un gran déficit.

    A pesar de las dificultades, ¿cree que es necesaria la huelga?

    Sí, claro que es necesaria. Primero para que el Gobierno no piense que ya nos hemos rendido. En segundo lugar, para lanzar el mensaje, tanto en España como en el resto de Europa, de que seguimos resistiendo en defensa de la universidad pública, de la educación pública y de los servicios sociales. Y en tercer lugar, para dejar claro que, aunque les den igual las huelgas, cada vez que desprecian un mecanismo democrático como éste le están diciendo a la ciudadanía: “A ver qué se inventan ustedes porque por ahí ya no me hacen ceder“.

  7. Teófila Martínez ha equiparado las protestas y las reivindicaciones en la calle con los actos cometidos por ETA. Según ella si: “hubiéramos escuchado a los de ETA hace 30 años, se podría matar en la calle”.
    Una afirmación para justificar que las deciciones deben tomarse dentro de las sesiones plenarias, y no a través de la voces divergentes que reclaman cambios en la calle, o desde el público.

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