La izquierda y la derecha

Decía no sé quién que no hay nada nuevo bajo el sol, “nihil novum sub sole”, yo lo transformo un poco y digo que no hay nada puro bajo el sol.

 Y lo afirmo porque quiero escribir hoy sobre la izquierda y la derecha.

 En un principio fueron de izquierda aquello elementos superrevolucionarios que se sentaron a la izquierda en la Asamblea Nacional  que surgió de la Revolución francesa, cámara en la que se suponía que todos eran revolucionarios.

 Tan revolucionarios eran que, cuando se dieron cuenta, se estaban matando unos a otros, lo que ciertamente fue el colmo de la revolución.

 No sé si es por esto que, para mí, los conceptos de izquierda y revolucionario son idénticos.

 Yo me niego rotundamente a admitir que un tío que está de acuerdo con el actual estado de cosas en el mundo sea de izquierdas.

 Para ser de izquierdas hay que pretender sinceramente dar la vuelta a la situación institucional, de la misma manera que ser de derechas es hacer todo lo posible para que todo siga igual, es por eso que ellos, los de derechas se denominan a sí mismos, conservadores.

 Por eso decía yo antes que para mí los conceptos de izquierda y revolucionario son sinónimos.

 Por supuesto que soy plenamente consciente de que, con esto, adelgazo el número de los auténticamente izquierdistas hasta un extremo que los hace casi inexistentes.

 Para ser de izquierdas no se puede estar de acuerdo con el actual estado de cosas, en el momento en que consientas que algo de lo que actualmente existe está bien, es como debería de ser, eres un jodido conservador y, por tanto, un tío de derechas.

 Un tío de izquierda se rebela contra todo, comenzando contra sí mismo.

 Yo, por ejemplo, no estoy de acuerdo no ya sólo con nada de lo que hago sino tampoco con lo que soy.

 Soy un asqueroso y pestilente individualista-lo esencialmente contrario a socialista en el sentido marxiano de la palabra-que sólo se preocupa de sí mismo, hasta el extremo que cuando lo hago también de los otros es porque eso, en el fondo, acaba revertiendo también en mí.

 O sea que, ahora, cuando me ocupo y preocupo tanto de mi mujer es porque ello es lo que más me satisface en el mundo.

 No hay pues nada altruista ni revolucionario en que yo, ahora, viva por y para mi mujer.

 Sí que lo sería si yo lo hiciera por todo los que se hallan en la misma situación que ella.

 Es el concepto primigenio de sociedad, aquél del que escribía Aristóteles cuando decía que el hombre es un zoon politikon, un animal social de tal manera que todo aquel que no lo es o es un dios o una bestia.

 Lo que empequeñece, lo que no hace mi actitud respecto a mi mujer ni social ni revolucionaria, es decir, lo que impide que la conceptuemos de  izquierda es el profundo egoísmo existencialista que domina mis sentimientos.

 En cambio, hay otras personas que han constituido una sociedad que se denomina de “familiares de enfermos de alzhéimer” que sí que están actuando como auténticos revolucionarios izquierdistas en tanto en cuanto se mueven en orden a revolver no ya la situación de absoluto abandono de los pacientes de este enfermedad y de sus familiares, sino la casi total desconexión e independencia de todos los que de un modo u otro sufren por causa de esta terrible enfermedad.

 O sea que es posible ser absolutamente revolucionario y, por lo tanto, izquierdista si intentamos que todo lo que hacemos no sólo nos beneficie a nosotros y a los nuestros sino que ensanchamos el campo de nuestra preocupación y de nuestro trabajo a todos los que se hallan en la misma situación.

 

18 comentarios en “La izquierda y la derecha

  1. ALTERNATIVAS DESDE ABAJO, A LA IZQUIERDA Y MUY LEJOS
    Publicado el 6 octubre, 2013 por Juan Carlos Monedero
    http://www.comiendotierra.es/2013/10/06/alternativas-desde-abajo-a-la-izquierda-y-muy-lejos/
    Siguen los intentos, esperanzados o desesperados, de unir a las fuerzas de la izquierda en el Reino de España. A diferencia de lo que ocurrió durante el 15-M, ahora habita el convencimiento de que sin voluntad política, sin ocupar los espacios del poder, sin disputar la cabina de mando a los capitanes del bipartidismo, cualquier ola de indignación será devorada por el aparato del Estado y por sus secuaces (añadamos: también puede ser devorada por los egoístas que no dudan en salvar la cara a la Transición –incluso a Fraga y a Felipe González- sólo porque así creen que van a salvar su pellejo político. Malditas herencias generacionales…).
    Convergencia y Alternativas desde abajo (reunidas esta semana en Madrid), Frente Cívico, Manifiesto Convocatoria Cívica, Procés Constituent, Frente por la cultura, etc. son todos intentos de construir algún proceso de unidad electoral que rompa con la hegemonía del PSOE y del PP, convoque a los millones que se declaran hastiados del sistema y tenga la fuerza suficiente como para negociar una alternativa a la esclavitud por deudas que ofrece la Troika. Si la izquierda renunció –con inteligencia- a la lucha armada para alcanzar el poder, la opción electoral reclama sumar muchos votos.
    Sin embargo, y pese a los logros, algo sigue sin parecer funcionar. ¿Cómo es posible que la crisis brutal del capitalismo no convoque a millones en el esfuerzo de superarlo? Aunque son evidentes algunos “pequeños grandes avances” (por ejemplo, que determinadas fuerzas políticas se sienten a discutir allí donde ayer se mataban, o que el mundo “indignado” haya salido de su entonces innegociable desprecio por las instituciones), sigue consternando la relación inversamente proporcional entre la gravedad de las situación y el apoyo social a estos esfuerzos de armar una fuerza electoral que represente a los de abajo. Los que participan en estos intentos de articulación, especialmente en la Comunidad Autónoma de Madrid siguen preguntándose por qué no acude más ciudadanía a estos espacios. ¿Y si la pregunta fuera al revés? ¿Y si la pregunta fuera “por qué la ciudadanía debiera estar interesada por estos encuentros?
    No hay respuestas sencillas pero planteemos un par de hipótesis que pueden dar cuenta de estas limitaciones (en unos días llega a las librerías Curso urgente de política para gente decente, donde intento una explicación más amplia).
    Cuando se hunde la Unión Soviética en 1991 y hay que reinventar las bases teóricas de la izquierda, nos encontramos con que el aparato teórico está viejo y es de poca aplicación. Es curioso que lo más válido de la tradición marxista venga de los heterodoxos. Por su parte, la izquierda socialdemócrata se hizo directamente y sin complejos liberal. La burbuja económica le cubría las espaldas. La izquierda comunista de vocación parlamentaria se hizo socialdemócrata, una vez que los socialistas habían abandonado el socialismo, y el grueso de su propuesta consistía en regresar al Estado social que ayer fustigaba con encono. Otros, a modo de revival, pasaron a reivindicar a Stalin, con argumentos por lo general muy débiles –prolifera la figura del adolescente iletrado entre los voceros de Stalin- aunque a veces hay opiniones más astutas –es el caso de Lusardo-. Sin embargo, aunque fuera cierto que Stalin no tuvo otra alternativa a comportarse como lo hizo por culpa de los tiempos sombríos –y hace falta mucho cuajo para justificar las purgas o el Gulag-, no conozco a nadie capaz de ofrecer en 2013 las bondades de vivir en un país estalinista (salvo que se crea miembro seguro del Politburó o sueñe con ser el Cao de Benós de una futura Rusia neoestalinista). El resto de la izquierda se convirtió con el cambio de siglo en algo testimonial. ¿No será tiempo de revisitar la tesis 11 sobre Feuerbach de Marx y establecer que es tiempo de volver a interpretar el mundo antes de transformarlo? Ahí nos vamos a dar cuenta de que ser de izquierdas es algo que suele venir demasiado grande a la gente y que, a día de hoy, el grueso de los de abajo aún no cuestiona el capitalismo sino apenas sus excesos. El neoliberalismo está vivo y coleando y es la racionalidad hegemónica de nuestra época. No verlo nos convierte en la mosca chocando contra el cristal.
    En un mundo lleno de incertidumbres y es esencial rebajarlas. Molesta menos la gente en un centro comercial o en un rastro –que no deja de ser un mercado- que en otro tipo de concentraciones donde cada cual hace lo que quiere y no hay previsión posible. Se trata de dejar claras las reglas de la convivencia. En ese sentido, quien sea capaz de establecer las reglas, gana. ¿Cuáles son las nuevas reglas del socialismo? ¿Va a seguir conformándose con ser la portadora de malas noticias, la aguafiestas de la fiesta capitalista? Aquí aparece entonces el asunto de la emoción.

    España, envenenada de europtimismo estúpido –por eso regalamos a Europa nuestro parque industrial y ahora le regalamos nuestro Estado social- se ha olvidado de su condición latina, de su sangre mediterránea, de su modernidad peculiar, y se ha lanzado a imitar un prusianismo que tiene poco que ver con nuestra cultura. No se trata de reivindicar ni mucho menos el regreso de la oligarquía y el caciquismo sino, todo lo contrario, usar las herramientas propias de nuestra historia en la lucha contra la oligarquía –que hoy se llama SICAV o multinacionales- y el caciquismo –que sigue vivo en buena parte del país- para encontrar nuestro propio modelo. El fascismo se impuso por las urnas o de manera sencilla en Europa. Aquí le costó tres años y un genocidio. La izquierda tiene espacio creciente en Cataluña y en el País Vasco porque no ha renunciado a ser quienes son. Es una tarea pendiente en el resto del Estado. La derecha sabe por qué frena la memoria histórica. Parece que la izquierda no.
    Y por último, está el tema de los liderazgos. El populismo latinoamericano, tan denostado por la derecha mundial, puede ayudarnos a entender un posible camino. El populismo hay que entenderlo como un momento destituyente, no como las bases del proceso constituyente. Es una apelación al pueblo, muy cargada de sentimiento, que busca tumbar esas instituciones que no terminan de marcharse y alumbrar esas instituciones que no terminan de llegar. El sentimiento que la ciudadanía profesa por sus regímenes sólo es superable por un sentimiento mayor que permita pensar en la alternativa. Ese es el papel de los liderazgos. Las diferencias entre los grupos, las disidencias históricas, la confianza en la alternativa que rompa con el “no se puede” del poder, el impulso para desatar la participación va a venir de nuevos liderazgos (liderazgos en plural, nacidos de las luchas, implicados con las peleas y, por eso, con capacidad de sumar con ese ejemplo la representación del conjunto de las luchas). Cuando el triunfo llegue, el populismo se retirará y dejará paso a nuevas formas de institucionalidad. Ahí los líderes pueden pesar más de lo necesario y corresponderá a la ciudadanía no ser rehén de los mismos. En la fase de crear la alternativa, la participación debe sustituir la dirección que ejercía el liderazgo, y la nueva institucionalización –donde pueden caber formas de autogestión política- debe sustituir a la fase de alta acción colectiva. Que nadie cuente con un pueblo movilizado de manera extrema durante todo el tiempo necesario para sentar las bases del nuevo régimen.
    En Madrid, todos estos elementos siempre se acentúan. Mientras que la izquierda madrileña no se olvide de querer inventarse España -cuando no es capaz de inventarse a sí misma-, no va a salir de su postración. En ese esfuerzo, le ha dejado a la derecha gobernar Madrid durante casi dos décadas. El día que el Tribunal Constitucional esté en Segovia y el Tribunal Supremo en Sevilla, la Comisión Nacional del Mercado de Valores en Cáceres, los periódicos nacionales se impriman en Barcelona y el defensor del pueblo esté en Girona, el BOE se haga en A Coruña o RTVE esté en Bilbao, este país no va a ser federal. Y como queda mucho para que la gente entienda esto, Madrid debe empezar a pensar en sí misma. Quizá un Madrid de izquierdas y de verdad federal pueda ayudar a reinventar la vida en común de los diferentes pueblos de la península. Pero para cumplir esa tarea, tiene que convencer. Bien puede comenzar limpiando las letrinas de los partidos, contaminados de ladrillismo, gerontocracia y vieja política. Y, tarea no menor, debe lanzar el mensaje de que tiene capacidad de manejar el aparato del Estado, escogiendo a las y los mejores en los cargos relevantes.
    La última vez que la izquierda del reino de España se unió sucedieron previamente dos cosas: la movilización social contra la OTAN, dispuesta a romper con Europa y a quebrar una de las exigencias de la Transición, y la existencia de una figura como Julio Anguita. Por ahora, no tenemos ninguna de estas dos cosas. La izquierda que quiere sumar debe construir liderazgos creíbles –es el lastre terrible de Izquierda Unida, especialmente en algunas partes del Estado, condenada a la impotencia por la biografía de sus líderes- y debe apelar antes a la emoción de la ciudadanía que a su necesidad de organizarse electoralmente. Las casas no se construyen por el tejado. Salvo que los techadores de profesión logren convencernos de lo contrario. La izquierda que quiera salir de la marginalidad y no se contente con recibir las migajas electorales que caen de la mesa del PSOE, debieran tener como tarea inmediata emocionar a y con las mareas. Ahí habrá dado un primer paso. Pero se dará cuenta que para emocionar a las mareas tiene que disolverse en su flujo. No pretender dirigirlo. Y entonces volvemos a la casilla de salida.

  2. DIOS Y LA MAYORIA SILENCIOSA . Armando Ginés

    http://www.diario-octubre.com/2013/10/08/dios-y-la-mayoria-silenciosa/

    Dos grandes misterios a los que se agarran como posesos las derechas de siempre y sus acólitos posibilistas de la izquierda para mantener a raya al común o pueblo llano, dios, en su amplia gama de versiones irracionales más variadas y sofisticadas, y la mayoría silenciosa, un artefacto de cuño moderno; ambos conceptos suelen pasearse en sus arengas y manifestaciones públicas por los gobernantes de turno con el propósito de deslegitimar las luchas sociales y las posturas críticas y activas de la clase trabajadora.

    Son dos falacias rotundas, añeja la primera y un refrito sociológico la segunda. Los teólogos, que jamás han podido avalar la existencia de ningún dios o principio generador divino, huyen de sus creencias pasando la carga de la prueba a los que les demandan argumentos convincentes para certificar su gratuita afirmación. En ciencia, quien afirma debe probar sus hipótesis, no aquél que reclama datos irrefutables que le convenzan de la tesis expuesta por un tercero. Si yo digo que el único dios verdadero es la tetera voladora de Bertrand Russell, todos me solicitarán que razone el hallazgo y aporte datos fehacientes de mi genial descubrimiento. Dado que los dioses son creaciones genuinas del ser humano, los creyentes dogmáticos huyen del diálogo con los ateos, inventando ad hoc argumentos de escape basados en la fe imposibles de atacar con la razón y el método científico. Dios no existe, pero su culto rinde beneficios colosales a las clases hegemónicas del mundo entero, manteniendo en la ignorancia y la sumisión a los pobres y marginados. La idea de dios es ambivalente, pone freno al desarrollo autónomo de los hombres y mujeres creyentes, al tiempo que sirve de bálsamo al dolor existencial de vivir. La ignorancia es su abono predilecto, según se van consumiendo etapas de conocimiento su idea se atenúa y modifica sustancialmente, hasta la conversión en ateo como liberación total de su yugo, agnóstico o bien en la transformación en un practicante tradicional de baja intensidad alejado del dogma, a modo de residuo intelectual que nos acompaña como una costumbre amistosa e inocua, irrelevante en el intercambio social.

    Las tradiciones inveteradas y las liturgias repetitivas o grandilocuentes son las vías de transmisión de esa irracionalidad peculiar denominada dios, un mito que cubre los espacios en blanco de la mente humana hasta que las respuestas científicas puedan llenar los vacíos o lagunas intelectuales. Los dioses han sido históricamente los instrumentos más preciosos de dominación y explotación por parte de las castas opulentas, reyes, dictadores y demócratas capitalistas de la actualidad. Todos los dioses salvadores, más aún los de las religiones monoteístas, invitan a la resignación o, en determinadas circunstancias, a la inmolación suicida o el atentado asesino. Repasemos los acontecimientos recientes y sus antecedentes para corroborar lo expuesto, salvo la teología de la liberación latinoamericana, una excepción que confirma la regla casi inmutable.

    El mito de dios es una incógnita que a base de lógica, razón y ciencia hace tiempo que está despejada, aunque permanezca operativa como herramienta de dominación política e ideológica. El asunto de la mayoría silenciosa, fantasma retórico esgrimido por las derechas populistas y sus contrapartes de sesgo socialdemócrata cuando las crisis se agudizan o tocan fondo, es de otra complejidad, pero tiene algún paralelismo con las ideas de corte divino. Nadie conoce la composición de esa mayoría cuyo denominador común es el silencio, pero se utiliza con intención alevosa y recurrente como arma arrojadiza contra las gentes que se movilizan consciente y activamente en la calle rechazando actos y medidas políticas lesivas para el conjunto de la sociedad. Resulta evidente que para los gobernantes de las democracias capitalistas, los que salen a la vía pública y reivindican otras maneras y usos de hacer política más justas y solidarias son los malos de la película, mientras que los que se quedan resignados en sus hogares son la gente de bien, los explotados mudos que aceptan el ordeno y mando sin decir nada al respecto. En cualquier caso, cabría apostillar a esta visión interesada y espuria lo siguiente: ¿cómo es posible interpretar el silencio a favor de una posición política e ideológica si no se ha manifestado de forma expresa? ¿Cómo saber lo que piensan los que no hablan ni emiten opinión alguna?

    La mayoría silenciosa es un ardid para condenar sin pruebas las reivindicaciones de la izquierda consecuente, abriendo una falla con el resto de la sociedad. De esa fractura ficticia obtienen provecho las clases hegemónicas. Se trata de una ceremonia de la confusión perfectamente urdida siguiendo el viejo lema de divide y vencerás. El silencio de la mayoría no existe como tal, lo que ocurre es que hay gritos ahogados por el miedo y la escasa conciencia política de las masas trabajadoras. Entontecidos por el consumismo, el pánico al día a día y los espectáculos de evasión, las mentes adormecidas prefieren el ensimismamiento egoísta y la mirada superficial del entretenimiento antes que dar el paso a un enfrentamiento coherente con la realidad precaria que los habita.

    Dios y la mayoría silenciosa son dos enemigos formidables de la clase trabajadora; dos aliados, en suma, del sistema capitalista; dos mitos para rellenar vacíos existenciales. No pueden tocarse ni percibirse a través de ningún sentido, sin embargo son peligrosos en extremo: condicionan nuestra capacidad de pensar con independencia, anulando las miradas críticas, radicales y rebeldes de la misma realidad que nos aprisiona en sus redes invisibles.

    Si algún dios existe, que los papas y popes del universo den la cara, demuestren y expongan urbi et orbe las razones y argumentos científicos de su ser. Si la mayoría silenciosa es algo sustancial o material, consistente, que enumeren a los socios de tal colectivo por sus nombres y apellidos. ¿Son miembros de esa fantasmal mayoría silenciosa los inmigrantes ajusticiados por el régimen capitalista en Lampedusa o en cualesquiera otra playa del mundo rico? ¿Tal vez los muertos de hambre y sed del Tercer Mundo? ¿Quizá los indigentes de las megaurbes occidentales? ¿Los adictos a la Champions League, a los Juegos Olímpicos o a la Fórmula 1 u otro acontecimiento similar de la globalidad? Los que callan no otorgan, simplemente escapan de su miserable vida o se refugian en la soledad solipsista del no lugar, del no pensar y del no comprometerse. Dios y la mayoría silenciosa fabrican esclavos en serie sin conciencia de sí mismos. Sin conciencia de la realidad, la dignidad se va diluyendo como una hemorragia incontenible e irreversible, argamasa o combustible que el capitalismo convierte en beneficio directo o plusvalía en cada jornada de trabajo o acto de compra cotidiano. Eso es el capitalismo: un ir hacia ninguna parte, cueste lo que cueste… al otro, esto es, al prójimo trabajador.

  3. http://www.20minutos.es/noticia/1938396/0/papeles-de-barcenas/apuntes/millones/

    Paso a paso, lenta pero inexorablemente. La Justicia ya ha conseguido acreditar 46 de los apuntes que aparecen en los papeles de Luis Bárcenas, donde supuestamente se reflejaba la contabilidad B del PP, el dinero que donaban empresarios y los sobresueldos que con ese dinero recibían dirigentes populares. Así lo refleja la ampliación de la querella presentada a mediados de septiembre por las cinco acusaciones particulares del caso (IU, Justicia y Sociedad, ALA, Ecologistas en Acción y Los Verdes), una querella que pedía la imputación de 16 personas más. Los apuntes han sido acreditados, tanto por las declaraciones en la Audiencia Nacional de las personas que reconocieron que recibieron el dinero, como por los cruces de los papeles de Bárcenas con la contabilidad del PP que ha hecho la Unidad de Delitos Fiscales y Económicos de la Policía. Estos apuntes han supuesto el movimiento de 1,22 millones de euros. Entre los pagos reconocidos están los que se hicieron a Jaime Ignacio del Burgo (exdiputado del PP), al exconsejero de Salud del Gobierno de Navarra Calixto Ayesa, A Pío García Escudero (presidente del Senado) o por ejemplo al exministro Jaume Matas. También muchos de los donativos anónimos que recibió el PP antes del año 2007 coinciden con los apuntes del extesorero.

    No obstante, un reciente informe de la Oficina Nacional de Investigación del Fraude (ONIF) remitido al juez Pablo Ruz deja claro que los sobresueldos cobrados por dirigentes del PP antes de 2007 han prescrito ya desde el punto de vista penal. Eso, y que los pagos posteriores a 2008 no superarían, de ser ciertos, la cuota tributaria de 120.000 euros que separa una simple defraudación de un delito fiscal castigado con hasta cinco años de cárcel. Entraron al PP 6,68 millones de euros Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/1819778/0/del-burgo-matas/aznar/papeles-de-barcenas/#xtor=AD-15&xts=467263 Hay otro dato revelador. De los papeles de Bárcenas se desprende que el dinero ilícito supuestamente percibido por el PP asciende a 6,68 millones de euros, prácticamente la misma cantidad que los dos tesoreros del PP, Bárcenas y Álvaro Lapuerta, pagaron en dádivas y sobresueldos a dirigentes y miembros del PP: 6,55 millones de euros El caso va para largo, y la fase de la instrucción aún durará meses, incluso se prolongará en el tiempo más allá de las elecciones europeas de mayo de 2013. Además, las cinco acusaciones, que argumentan hasta doce tipos de delitos a los querellados, aseguran que estamos ante una estructura criminal que viene repitiendo sus actuaciones de forma continuada desde el año 90 al menos (que es cuando comienzan los papeles), hasta el año 2008. Eso significaría que los delitos, contrariamente a lo que se ha dicho, no habrían prescrito, porque son delitos continuados. Los delitos serían el de asociación ilícita, alteración del precio en subasta pública, blanqueo de capitales, cohecho, prevaricación, tráfico de influencias, delito contra la hacienda pública, fraude y exacciones ilegales, encubrimiento, falsedad de fondos documentales, apropiación indebida de fondos electorales y delitos contable.

  4. http://www.publico.es/473506/toda-la-oposicion-insiste-en-que-rajoy-mintio-sobre-barcenas-en-el-congreso

    Por fin el pleno del Congreso de los Diputados ha podido debatir a última hora de la tarde del martes las mociones que los grupos parlamentarios socialista y La Izquierda Plural presentaron en su día para denunciar lo que consideran las mentiras que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pronunció al referirse a su relación con el “caso Bárcenas” en su comparecencia ante la cámara el pasado 1 de agosto. Durante varias semanas la Mesa de la institución, con la mayoría absoluta del PP, ha impedido su tramitación, una actitud sin precedentes en la historia parlamentaria.

    Esa mayoría absoluta del PP ha impedido que las dos iniciativas fueran aprobadas por la cámara. Sin embargo, todos los grupos de la oposición fueron unánimes a la hora de criticar el tortuoso proceso de entorpecimiento ejercido por el PP sobre las iniciativas de la oposición torno al “caso Bárcenas” tras la comparecencia de Rajoy.

    En cualquier caso, el formato de debate no daba para mucho. Breves intervenciones en las que, en el caso de la moción de La Izquierda Plural, su defensor, José Luis Centella, ha criticado el veto del PP y ha defendido las medidas de su moción: crear una comisión de investigación sobre la financiación de los partidos, reformar el Reglamento del Congreso y denunciar las mentiras de Rajoy, entre otras. La oposición las respaldo, excepto CiU y PNV que se abstuvieron en algunos puntos.

    El portavoz adjunto del grupo parlamentario conservador, José Antonio Bermúdez de Castro, fue muy duro en su turno. “Da lo mismo qué explicaciones diese el presidente del Gobierno en su comparecencia; de lo que se trata es deteriorar la imagen de una las personas más justas y honestas que conozco”, dijo como corolario de sus argumentos. Previamente descalificó todos y cada uno de los puntos de la moción y apeló a sumarse a las iniciativas aprobadas por el Gobierno para combatir la corrupción y, especialmente, a la tramitación de la ley de Transparencia “en lugar de votarla en contra cuando es un instrumento adecuado”.

    En el debate de la moción del grupo socialista la tensión subió de tono. La portavoz del grupo, Soraya Rodríguez, tras denunciar las trabas en la tramitación de las mociones, afirmó: “El presidente del Gobierno mintió en su comparecencia en sede parlamentaria. Esas mentiras fueron para eludir responsabilidades sobre la presunta financiación irregular del PP durante 20 años y que sirvió para financiar campañas electorales superando los límites legales”. En la bancada socialista ocupó su escaño el líder socialista Alfredo Pérez Rubalcaba.

    Tras leer una norma del código ministerial británico según la cual todo miembro del Gobierno debe dimitir si miente en sede parlamentaria se pregunto: “¿Esta ésta cámara en condiciones de suscribir este principio?”. Rodríguez recalcó que en la interpelación previa al debate de hoy en el que intervino la vicepresidenta Sáenz de Santamaría en nombre del Gobierno “no hay ninguna frase en la que dijese que Rajoy no mintió, pese a que realizó todo un esfuerzo de retórica para hablar durante 15 minutos”.

    Esa frase suscitó protestas desde la bancada conservadora. En la fila azul del Gobierno no estuvo, como era previsible, el presidente Rajoy, ni Santamaría; tan solo estuvo presente el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. La portavoz socialista insistió en que tras la intervención de Rajoy quedó demostrado que mintió sobre su relación con Bárcenas y sobre la relación del ex tesorero con el partido y su militancia en la organización. “Los mensajes telefónicos desvelados posteriormente y las revelaciones conocidas sobre el pacto para fijar sus salario y condiciones económicas lo demuestran”, ha insistido Rodríguez.

    El resto de grupos de la oposición se pronunció en similares términos sobre el contenido de la moción socialista, en la que en distintos apartados reclama comportamientos éticos para los miembros del Gobierno durante sus comparecencias ante la cámara, además de recriminar expresamente las mentiras de Rajoy en su comparecencia del pasado día 1 de agosto. Este punto recibió la abstención del PNV y de CiU.

    En nombre del grupo conservador, el portavoz Alfonso Alonso, pasadas las diez de la noche, justificó las dificultades de la tramitación del debate porque “el grupo socialista ha querido presentar un sucedáneo de moción de censura ya que no tienen la gallardía de hacerlo directamente”. Y atacó directamente a la portavoz socialista “que ha venido a este debate a levantar la voz y a descalificar al presidente del Gobierno. Su estrategia es entrar siempre al degüello, no han querido pactar en ningún momento. Solo les importa decir que el presidente ha mentido porque su verdad es la de Bárcenas. El presidente, a pesar de sus insultos. Lleva dos años diciendo las verdades que ustedes ocultaron a los españoles”.

    “¿No tienen ustedes problemas en el PSOE con la corrupción?”, ha espetado Alonso a la bancada socialista para denunciar “su actitud e superioridad moral de quienes se creen estar en posesión de la verdad”. El portavoz popular le ha emplazado a explicar qué beneficios tiene para la sociedad española el modelo de oposición que realiza el partido socialista. “No es propio de u partido como el suyo que ha gobernado tantos años adoptar una deriva de radicalidad, como si fuera un partido minoritario”, ha concluido Alonso, no sin antes recomendar que aplique “su propia medicina en el caso de los ERE en Andalucia”. Como era previsible, ninguna de las mociones fue aprobada en la posterior votación.

  5. http://www.elboletin.com/economia/85186/gobierno-anticipo-millones-castor-acs.html
    EL GOBIERNO ANTICIPÓ 111 MILLONES A FLORENTINO PEREZ PARA EL ALMACEN CASTOR .
    Escal UGS, la empresa que gestiona el almacén subterráneo Castor y que está participada en un 66,7% por ACS, ya ha recibido del Estado 111,22 millones de euros como anticipos de las retribuciones.

    Así consta en el folleto de emisión de bonos por 1.400 millones de euros que colocó Escal en el mes de julio en la Bolsa de Luxemburgo para refinanciar la deuda que tenía con los bancos, según informa el diario Expansión.

    Un anticipo que choca con la postura adoptada ahora por el Ministerio de Industria, que ha advertido a ACS que la licencia del almacén no es definitiva y que hasta que no se tengan los resultados de la auditoría de los costes del proyecto (el presupuesto se disparó de los 500 millones iniciales a los 1.300 millones) y el informe sobre las responsabilidades en los seísmos no se decidirá sobre el acta de prestación de servicio, que será la que dará derecho a cobrar la retribución por 20 años.

    Aunque cuando llegó al cargo de ministro de Industria, José Manuel Soria se mostró muy crítico con Castor por su alto coste y por la sobrecapacidad del sistema energético, dictó después órdenes ministeriales que favorecían a la constructora que preside Florentino Pérez. Entre ellas mejoró la rentabilidad de la inversión reconocida en un 2,5%. En el sector energético se ha especulado con la posibilidad de que tomara esta decisión presionado por ACS, que habría amenazado con revertir la concesión al Estado tras el cambio en el plazo de amortización que comprometía su financiación. También incluyó una ampliación del plazo en el que es posible para el promotor renunciar voluntariamente a la concesión de explotación, pasando de 5 a 25 años.

    Si el proyecto Castor sigue adelante provocará una subida del déficit de tarifa del gas (se sitúa en la actualidad en 300 millones de euros) y supondrá un alza en el recibo, aproximadamente del 3%. Pero si el Gobierno decide suspender definitivamente el almacén, ACS ha advertido que será el Estado el que asuma el coste completo y la normativa actual parece darle la razón. La retribución que reciba Escal UGS dependerá del resultado de la auditoría. La compañía ha elevado la inversión en el almacén a 1.538 millones de euros al incluir 209,6 millones de intereses y otros costes de gestión.

  6. http://www.elboletin.com/nacional/85147/florentino-perez-enemigo-marea-blanca.html
    UN NUEVO ENEMIGO, LA MAREA BLANCA
    Florentino Pérez está en el centro de la diana de la Marea Blanca. El colectivo ha convertido al presidente de ACS en su nuevo ‘enemigo’ después de que una de sus empresas, Clece, haya pasado a encargarse de la limpieza de varios hospitales públicos de Madrid. Denuncian que en vez de limpiar los centros, lo que quiere es ‘limpiar’ las plantillas echando entre un 30% y 45% del personal.

    Así lo ha indicado un trabajador del Hospital de La Paz, tal y como recoge en su página web la Plataforma de Trabajadores y Usuarios (PATUSALUD). Según este empleado, “la calidad asistencial que recibe el paciente no está sólo en los servicios sanitarios. Igual de importantes son los no sanitarios, como los de la limpieza, que ayudan a mantener ‘los bichos’ a raya para que no haya infecciones, para que la confortabilidad del paciente sea la adecuada”.

    Por ello, critica que el Gobierno de la Comunidad de Madrid haya contribuido a “desbaratar todo esto vendiendo los servicios que velan por la salud del paciente al mejor postor”, que en este caso es “un usurero que no entiende de Sanidad, sino de negocio y beneficio”.

    Para este trabajador de La Paz, el trabajo de Clece como nueva gestora de los servicios de limpieza de los hospitales madrileños, entre ellos el Ramón y Cajal, el Clínico, La Princesa, el Niño Jesús y Santa Cristina, deja mucho que desear. Sobre todo porque no se dedica a limpiar los centros, sino que su objetivo es ‘limpiar’ la plantilla del hospital.

    “Su propuesta es reducir entre un 30% y un 45% por ciento la plantilla de limpiadoras de estos hospitales. ¿Es que sobra gente? No. Lo que pasa es que ha ofertado más a la baja que EOC (la anterior empresa) y necesita rentabilizar desde el primer día su inversión”. En este punto, el trabajador de La Paz se pregunta quién pagará el pato, y se responde a sí mismo: “el hospital en su conjunto”.

    “En un hospital no solo trabajan médicos o enfermeras, es ante todo un servicio público donde cientos de profesionales trabajan aportando lo mejor de si mismos. ¿Qué pasa cuando no hay suficientes limpiadoras? Pues que se retrasan quirófanos, pruebas o incluso se pueden provocar infecciones o contagios que, con suficiente personal, sería impensable”, asevera el texto recogido por PATUSALUD.

    El trabajador de La Paz señala que “si Clece echa gente no solo estará sobre-explotando a las trabajadoras sino que además estará poniendo en grave riesgo la higiene y la salud de todos los pacientes”. Por ello advierte a Florentino Pérez, también presidente del Real Madrid, de que “ha metido un gol, pero sólo se ha jugado un partido. La liga es muy larga y nuestro equipo aún no ha salido a jugar. Lo hará. Saldrá al campo sin complejos y sin miedos. Somos un gran equipo: los que defendemos la Sanidad pública. ¡Que se lo pregunten a Lasquetty!”, concluye este texto.

    El aviso de la Marea Blanca llega apenas unos días después de que CCOO acusase a Clece de incumplir los acuerdos para la limpieza de hospitales de Madrid. Concretamente, el sindicato denunció que la filial de ACS se ha saltado los contratos firmados con el Gobierno regional, que obligaban a mantener el empleo, ya que “son más de 70 los limpiadores despedidos u obligados a trasladarse a otras comunidades autónomas” si quieren seguir trabajando.

    El pasado verano el departamento que dirige Javier Fenández-Lazquetty adjudicó el servicio de limpieza de todos los hospitales de gestión pública menos el Gregorio Marañón, el de Getafe, el Rodríguez Lafora, el de Guadarrama y el Virgen de la Poveda, así como el del Centro de Transfusiones, a Clece y Ferroser Servicios Auxiliares -filial de Ferrovial- por 208 millones de euros. El contrato, con una duración de tres años, permitirá ahorrar 65 millones, según dijo el Gobierno regional.

  7. El ejemplo catalán, de Florencio Domínguez en La Vanguardia
    el 9 octubre, 2013

    El proceso soberanista catalán se ha convertido en el modelo admirado por el nacionalismo vasco radical. Mientras el PNV observa con cautela y distancia lo que ocurre en Catalunya, la antigua Batasuna lo sigue entusiasmada y con envidia no disimulada. Apenas celebrada la cadena humana del Onze de Setembre bautizada como Via Catalana, la izquierda abertzale ha introducido en su lenguaje el concepto de la “vía vasca” por puro mimetismo.

    En otra época, eran los nacionalistas radicales de Catalunya los que buscaban su inspiración en el País Vasco, en Batasuna y en sus organizaciones afines, y les ofrecían su solidaridad, su apoyo político y hasta respaldo electoral. Ahora se ha invertido el modelo. Los que antes iban de profesores de independentismo son ahora alumnos. Hasta ETA dirige su atención hacia lo que esta ocurriendo en Catalunya. En un boletín enviado a sus presos el pasado mes de julio, la banda terrorista escribía: “Los pasos que se prevén para llevar a cabo un referéndum por el soberanismo en una parte de los territorios catalanes han agitado de forma importante la situación en los últimos meses. El debate que se ha generado, además del escándalo que ha provocado en España, tiene también influencia directa en Europa y en Euskal Herria”. Este documento etarra establecía como una línea de trabajo de la izquierda abertzale dar prioridad a las alianzas en Escocia, Flandes y Catalunya.

    Tres son los factores que resultan particularmente atractivos para ETA y los partidos de la izquierda abertzale. En primer lugar, la actitud de desafío del nacionalismo catalán frente al Estado, la amenaza de actuar por las bravas, sin ajustarse al marco constitucional. El segundo factor que les interesa es la actuación conjunta del nacionalismo, tanto del que representa al centro derecha, como el que aglutina a la izquierda. En tercer lugar, el conflicto catalán supone para ETA, Sortu y demás siglas la existencia de un problema que debilita al Estado, lo que ofrece posibilidades de abrir otro conflicto en el País Vasco aprovechando la debilidad de las instituciones constitucionales. Si el Gobierno central tiene problemas para atajar un desafío soberanista, peor lo tendrá si tiene que afrontar dos conflictos similares a un tiempo. La idea de abrir el segundo frente tienta a los dirigentes de la izquierda abertzale, aunque ahora estén inmovilizados por el problema de los presos y de la organización terrorista.

    El ejemplo catalán, sin embargo, ha tenido un curioso efecto en las bases de la izquierda abertzale. Muchos de sus militantes miran admirados las movilizaciones catalanas y comparan ese activismo independentista con la relativa tranquilidad de la situación en Euskadi. De esa comparación salen abundantes críticas contra los dirigentes de la izquierda abertzale a los que se acusa, sottovoce, de no estar a la altura de los catalanes.

  8. EL NACIONALISMO ESPAÑOLISTA EN EL SOCIALISMO
    ESPAÑOL
    Vicenç Navarro
    Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas
    Universidad Pompeu Fabra
    8 de octubre de 2013
    Desde que me integré de nuevo en la vida académica catalana
    he apoyado y asesorado a la mayoría de las fuerzas de izquierda con
    representación parlamentaria en Catalunya (PSC, ICV-EUiA y ERC). Y
    considero un gran honor que todas ellas, así como los movimientos
    sociales y los sindicatos mayoritarios, me pidieran que presidiera la
    Universitat Progressista d’Estiu de Catalunya –UPEC- (Universidad
    Progresista de Verano de Catalunya) como su primer Rector.
    Considero también que los gobiernos tripartitos, tanto el presidido por
    Pascual Maragall como el presidido por José Montilla, fueron de los
    gobiernos progresistas que introdujeron más reformas valiosas en
    aquellas áreas sobre las que tenían influencia, tales como sanidad,
    educación, vivienda, servicios sociales y otros, que mejoraron el
    2
    bienestar social de la ciudadanía. Y los datos hablan por sí mismos: el
    gasto público social (que cubre las transferencias y los servicios
    públicos del Estado del Bienestar, como sanidad, educación, servicios
    sociales, vivienda, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, y
    otros) por habitante creció como nunca antes había crecido durante el
    periodo democrático. Y en las áreas económicas, el Conseller de
    Economía y Finanzas de dichos gobiernos, el Sr. Antoni Castells, fue
    el único consejero autonómico con sensibilidad política socialista en
    España que criticó, entre otras medidas neoliberales, las políticas de
    bajada de impuestos del Presidente Zapatero. Solo más tarde, y en
    respuesta a las crisis financieras y económicas, el PSC, el partido
    mayoritario de los gobiernos tripartitos, cambió su política
    económica, siendo la introducción de recortes de gasto público (y su
    defensa del zapaterismo) la que causó su bajón electoral. En
    Catalunya, el PSC pagó un elevado coste electoral al seguir tan de
    cerca y defender las políticas públicas del gobierno socialista
    presidido por el Sr. Zapatero. Las políticas de recortes del gobierno
    PSOE abrieron el camino para que más tarde el gobierno Rajoy en
    España, y el gobierno Mas en Catalunya, aumentaran en mayores
    dosis tales políticas de austeridad.
    La falta de autocrítica dentro del PSOE hacia lo que significó el
    zapaterismo en las áreas económicas en las últimas etapas del
    gobierno (que siguió a pies juntillas el dogma neoliberal) explica que
    3
    la dirección de tal partido atribuyera el bajón del PSC, no a la defensa
    del zapaterismo, sino a su supuesto nacionalismo catalán. En más de
    una ocasión, dirigentes del PSOE habían acusado al PSC de estar
    contaminado por el nacionalismo catalán, resultado de su alianza con
    ERC. Esta acusación y crítica ha alcanzado un nuevo nivel de
    agresividad como consecuencia del compromiso del partido socialista
    catalán en apoyar el “dret a decidir”, el derecho a decidir, en
    Catalunya. Hay múltiples ejemplos de tal hostilidad. Pero el caso más
    característico y predecible ha sido el del Sr. José Bono, quien ha
    acusado al PSC, tanto en la época Pascual Maragall como en la época
    José Montilla, de ser el responsable de que –según él- Catalunya esté
    hoy a las puertas del independentismo. Según José Bono, que ello
    ocurra se debe a que el PSC se ha transformado en un partido
    nacionalista, y como tal ha perdido toda identidad de izquierdas.
    Según él, el nacionalismo es un planteamiento que por definición es
    “insolidario” y equivocado, y, según él, lo que la “izquierda debe
    hacer es defender la unidad de España, sin complejos, pues es la
    única manera de garantizar la igualdad de los españoles”.
    Portavoces extremos del nacionalismo españolista
    La intensidad de las creencias del Sr. Bono parece impedirle
    reconocer que es portador y promotor del mayor nacionalismo
    existente en España, que es un nacionalismo oprimente para aquellos
    4
    que no comulgan con su visión de España. Su nacionalismo extremo
    surgió de la nación castellana y de su historia, y es profundamente
    insolidario, pues es una concepción radial del Estado centrado en
    Madrid, que ofende y perjudica a lo que se llama periferia. Es el
    nacionalismo españolista que he descrito y criticado extensamente, y
    que imbuye la concepción de España existente en el establishment
    español basado en la Capital del Reino. Su imagen de España es la
    centrada en el Estado español, dirigido desde Madrid, monopolizando
    el significado de Patria y Nación. (Ver mi artículo “El nacionalismo
    españolista”. El Plural 05.08.13). Agravando su nacionalismo
    españolista, existe un conservadurismo representativo de la derecha
    castellana (incluyendo la madrileña), con la cual se lleva muy bien.
    Hijo de vencedores de la Guerra Civil (su familia fue falangista), negó
    a los que lucharon para defender la II República que llevaran en las
    Cortes, en sus hombros, la bandera republicana, y en otro ejemplo de
    insensibilidad democrática, permitió a los combatientes de la División
    Azul, que lucharon a favor de Hitler, que desfilaran al lado de los que
    lucharon por la democracia en España y en Catalunya cuando fue
    Ministro de Defensa. No admite el carácter plurinacional del Estado
    español, enfatizando una unidad presidida por su concepto de
    España.
    Hace falta y es urgente denunciar que el nacionalismo
    españolista, con su visión radial de España, es opresivo, injusto e
    5
    insolidario. Este diseño radial de España, en el que todo parte y
    termina en Madrid, se refleja en que ir de Barcelona a Madrid lleve 2
    ½ horas por tren mientras que ir de Barcelona a Bilbao (que es la
    misma distancia) lleve seis horas. Pero esto, el Sr. Bono lo ve como
    natural, no ve ningún acto de insolidaridad. Y ve normal que todas las
    instituciones del Estado español estén radicadas en Madrid. Su falta
    de experiencia internacional y su desconocimiento de otras
    experiencias, hacen que desconozca que no haya otro país donde las
    instituciones del Estado central estén tan afincadas en el centro como
    en España. Todo ello es profundamente insolidario. Pero su
    dogmatismo españolista (y los beneficios que sustrae de ello) le lleva
    a no verlo. Su concepto de nación es asfixiante para todos aquellos
    que no coincidan con él, y profundamente insolidario. Es, sin lugar a
    dudas, una de las personas castellanas que más han estimulado el
    secesionismo en Catalunya. El Triangle, una de las revistas catalanas
    más agudas en su crítica de la situación política española, lo ha
    definido como “uno de los fundadores de la Patria Catalana”.
    Pero otro nacionalista españolista de peso es el ex presidente
    de Extremadura, el Sr. Ibarra, que es insaciable en su constante
    agresividad hacia las fuerzas que él llama nacionalistas, y que
    incluyen también el PSC. A diferencia de Bono, Ibarra es de
    izquierdas. Es otra voz que es responsable de la radicalización en
    Catalunya, definido por El Triangle como otro padre de la Patria
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    Catalana. Pero el que se lleva la palma es Juan Alberto Belloch, que
    en una reciente entrevista llega a afirmar que pedir el derecho a
    decidir es idéntico a lo que hacía ETA (sí, léase la entrevista y verá
    que dice esto), lo cual debería descalificar a dicho señor para tener
    cualquier cargo político en un sistema democrático. Definir como un
    acto terrorista la petición de un referéndum pacífico y sin violencia,
    mediante movilizaciones también pacíficas y no violentas, para poder
    decidir sobre el futuro de una nación en España, es una aberración
    indigna de una persona que se considera de izquierdas.
    Versiones más moderadas de este nacionalismo españolista
    Un comportamiento menos extremo, pero igualmente
    desfavorable, es la declaración de muchísimos dirigentes socialistas –
    desde Felipe González a la nueva Presidenta de Andalucía, Susana
    Díaz- que señalan que el derecho a decidir y la posible escisión no
    son posibles porque la Constitución no lo permite. Pero la
    Constitución refleja las relaciones de poder existentes en la mal
    llamada Transición modélica de la dictadura a la democracia, cuando
    las fuerzas conservadoras, herederas de la dictadura, controlaban el
    estado y las izquierdas, que habían liderado las fuerzas democráticas,
    salían de la clandestinidad. Hablar de consenso entre iguales es una
    frivolidad. Refleja el poder de las fuerzas ultraconservadoras, lo que
    explica la baja calidad de la democracia española, como lo muestra
    7
    que, treinta y cinco años después de la Transición, España continúe a
    la cola de la Europa Social (con uno de los gastos públicos sociales
    por habitante más bajos) y el Estado español todavía no respete su
    plurinacionalidad, con más de 130.000 desaparecidos, es decir,
    asesinados políticos, cuyos familiares no reciben ninguna ayuda del
    Estado para encontrarlos y homenajearlos.
    La agitación social existente hoy en España es un síntoma de la
    escasa legitimidad del Estado central, el cual está imponiendo a la
    ciudadanía políticas muy impopulares sin ningún mandato popular
    para que ello ocurra. A esta agitación social de las clases populares
    frente a la insensibilidad social del Estado español (reflejada en la
    Constitución) se añade el hartazgo de grandes sectores de la
    población en Catalunya hacia el Estado Central por su inhabilidad y
    oposición a considerar a España como una entidad plurinacional.
    Es muy fácil entender qué está pasando en Catalunya. Y
    algunos de nosotros lo hemos estado prediciendo desde hace ya
    años. Y la razón para entender la radicalización del hartazgo es el
    comportamiento del Estado español, sumergido en un nacionalismo
    extremo españolista de una extraordinaria rigidez. Que Catalunya sea
    una nación (que podría haber convivido con otros pueblos y naciones
    de España) no ha sido aceptado ni por el PP ni por el PSOE. Fue
    Pascual Maragall, un gran catalán y un gran español (le conozco muy
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    bien, es amigo mío y doy fe de lo que digo), el que intentó, a través
    del Estatut, que se iniciara tal relación y se creara una España
    poliédrica, en lugar de radial. Y así fue como se aprobó, de manera
    que la gran mayoría de los partidos y fuerzas sociales lo aprobaron.
    Zapatero ganó las elecciones gracias al apoyo del electorado catalán,
    que creyó su promesa de que aceptaría lo que el Parlament catalán
    aprobara. Y no lo aprobó.
    A partir de entonces se pudo ver que no era posible. Pasó a las
    Cortes, donde se “cepilló” (término chulesco que, naturalmente, no
    fue considerado ofensivo por el establishment español). Aun así, se
    aprobó (a pesar del cepillo) por referéndum. Pero no fue aprobado
    (en temas claves) por el Tribunal Constitucional, controlado por los
    dos partidos, PP y PSOE. El juez clave en aquella decisión negativa
    había sido nombrado por Zapatero.
    Cada paso fue aumentando la frustración, y los que vivimos en
    Catalunya lo pudimos ver. Y añádanse a ello las declaraciones
    constantes de los portavoces y representantes del establishment
    socialista madrileño (uno tras otro) que, en su tono ofensivo,
    condescendiente y arrogante, continúan diariamente dando lecciones
    a Catalunya de democracia, acusándola de insolidaria, egoísta,
    etc.etc. Hablan constantemente del problema catalán sin nunca
    hablar del problema español, que es el que crea el catalán. Se ha
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    llegado así a un nivel de hartazgo, no hacia España, sino hacia el
    Estado español, que creo que es irreversible.
    Pero, es importante señalar que, a nivel de España, a lo largo
    de todo el territorio, veo un hartazgo más y más generalizado, bien
    expresado en el eslogan del movimiento 15M de que “no nos
    representan”, eslogan en el que coincide la mayoría de la población
    en España. Hoy este Estado central está perdiendo la legitimidad, no
    solo en Catalunya sino en el resto de España. Y mientras, el
    establishment españolista ni se entera. La esperanza es que los
    distintos pueblos y naciones de España se movilicen (ya lo están
    haciendo) y rebelen pacíficamente frente a este Estado español que
    hoy muestra de una manea clara su insensibilidad democrática, su
    insensibilidad social y su asfixia radial y nacional.

  9. De lo mejor que he visto ultimamente…..
    BUENAS NOTICIAS : SOMOS TONTOS . Armando B. Gines
    http://www.diario-octubre.com/2013/10/09/buenas-noticias-somos-tontos/

    Los más despiertos, los japoneses y los escandinavos. Por debajo de España o a la par, tontos de remate, los italianos. Así de concluyente es el informe PISA sobre los conocimientos en comprensión lectora y matemáticas de una veintena de países seleccionados. Los resultados se refieren a personas mayores de 16 años, tanto autóctonas como foráneas.

    Se trata, aunque parezca lo contrario, de una excelente noticia para España y el régimen capitalista. Las reformas educativas dan los frutos deseados. Somos tontos, luego más aptos para ser explotados laboralmente hablando. Eso es lo que la estrategia encubierta del poder establecido pretende: fabricar trabajadores clónicos eficientes y unidireccionales, autómatas indoloros e insípidos para una función específica y concreta dentro del engranaje económico, con hermosas orejeras intelectuales que les impidan vislumbrar los alrededores sociales, políticos e ideológicos.

    Un tonto anónimo tomado aleatoriamente del montón alcanza un precio muy elevado en el mercado de la globalidad: siempre aceptará con resignación más esfuerzo y horas extra no retribuidas por menos salario y derechos laborales. Ser tonto cuenta con ventajas muy competitivas: la vida se hace más llevadera y predecible, del curro en precario a la televisión, de la evasión al centro comercial, y de la cama al curro. Una secuencia circular, fácil de digerir. Y de la cuna al más allá, sin complicaciones añadidas. Una mercancía moldeable a placer por el sistema capitalista.

    ¿Leer y realizar complejas y tediosas ecuaciones para qué? Mejor comprar las explicaciones precocinadas y las soluciones enlatadas, así nos ahorramos pasos farragosos y cansinos. Solo vivimos una vez (la quimera del cielo queda muy lejos con el estómago vacío), mejor aquí y ahora, café, copa, puro y una refriega sexual de vez en cuando. ¿Para qué más?

    Nos quieren tontos, pusilánimes, sin autonomía propia. No es el sistema educativo, que también, el único factor de nuestra ignorancia inducida, sino toda la parafernalia cultural que nos invade a tiempo completo: los media, internet y la publicidad omnipresente. Somos discapacitados políticos al servicio exclusivo de la globalización del capital.

    Dirigen nuestra instrucción hacia fosas sépticas determinadas y especializadas en convertir en compost altamente energético nuestro saber hacer peculiar. La jugada es perfecta: somos expertos en lo que hacemos pero desconocemos todo lo que mueve el tinglado financiero e ideológico. Nuestra sumisión resulta proverbial, aunque en todo momento el capital está en guardia por si se producen brotes de esquizofrenia social o se acumula exceso de pus en focos de potencial insurrección que desemboquen en explosiones incontroladas de índole política.

    Para llegar a un nivel aceptable de estupidez transformable en útil sumisión hay que prepararse a fondo. Nadie nace tonto por generación espontánea, todo es un proceso arduo que hay ganarse con el sudor de la frente, entrar en el sistema educativo capitalista, dejarse llevar y coronar la montaña de la estulticia queriendo ser alguien en la vida sin reparar en demasía en pensamientos rebeldes ni críticos.

    Tontos muy listos

    Sin embargo, el estudio PISA, como tantos otros similares, no mide nada importante ni científicamente comprobado. Son datos que arrojan a la luz pública el fruto esperado de las semillas que antes se habían sembrado, con resultados que colman las expectativas de las preguntas elegidas, siempre sesgadas, como en los famosos tests de inteligencia racista.

    La inteligencia o listeza hay que entenderla como adaptación al medio hostil en el que uno se desenvuelve, en su capacidad de salvar con el menor coste posible las dificultades de supervivencia mediante soluciones y decisiones que permiten superar con éxito las pruebas de la vida cotidiana.

    ¿Es tonta una mujer soltera con dos hijos y menos de 1.000 euros mensuales de salario que saca adelante su familia con tan escasos recursos?

    ¿Es tonto un jubilado que sobrevive en la soledad con una pensión raquítica y con los achaques propios de su edad?

    ¿Es tonto un joven que estudia y trabaja a destajo para terminar una carrera universitaria a duras penas?

    ¿Es tonto el sabio y viejo agricultor que desde tiempos remotos obtiene el mejor fruto de su tierra sin esquilmar los recursos naturales?

    ¿Es tonto un inmigrante que cruza un océano en una patera de mala muerte para arribar al oasis prohibido de Europa?

    Casos como los descritos a título de ejemplo hay millones. Los españoles no somos más tontos ni más listos que los japoneses, escandinavos o italianos. Somos un producto histórico de nuestro tiempo. Aun con lagunas evidentes, unos y otros somos capaces de alzarnos en mitad de las inclemencias sociales para llegar a fin de mes y abrir un resquicio para proyectos de futuro. En lo que sí somos tontos cum laude es en conciencia política, sobre todo en España e Italia (véanse las victorias aplastantes de los franquistas del PP o del bufón fascista de Berlusconi): ahí reside el nudo gordiano que se elude en el informe PISA, leemos y calculamos mal porque no entendemos bien qué mundo habitamos y viceversa, ergo dialéctica pura. Mientras los obreros sigan votando a la derecha, buena noticia será para el capitalismo que la clase trabajadora precise de ortopedias de pago para comprender e interpretar una simple lectura de un periódico o un sencillo problema matemático de primaria. Nos quieren tontos, pero necesitan tanques y ejércitos de antidisturbios porque no están seguros de que el tigre escondido suelte amarras y se lance a por ellos (los ricos, los explotadores, los farsantes…) sin previo aviso. La situación es improbable, pero jamás imposible.

  10. http://insurgente.org/index.php/2012-04-11-10-03-53/imperio/item/7724-chomsky-en-eeuu-hay-un-solo-partido-el-de-los-negocios´
    En EEUU solo hay un partido : el de los negocios ..Noam Chomsky

    LOS NEGOCIOS INCLUYEN LA GUERRA: El destacado académico, lingüista y activista estadounidense Noam Chomsky asegura que los cambios en la arena política en EE.UU. han hecho que este país se convierta en unipartidista, donde gobierna “el partido de los negocios”.

    En diálogo con RT, Chomsky señaló que “ha habido cambios económicos significativos durante la última generación” y que uno de los efectos de estos cambios han sido básicamente “los programas neoliberales, que tienen el mismo funcionamiento en todo el mundo”.

    Según el académico, en el caso de EE.UU. estas políticas neoliberales “enfocan la riqueza hacia un estrecho sector, aumentan la desigualdad, lo que tiene un efecto inmediato en la política, en la democracia parlamentaria”.

    “A medida que el poder se concentra, el poder político hace lo propio, así que hoy por hoy las elecciones son prácticamente compradas. Es una plutocracia, no una democracia”, agrega Chomsky.

    “Ambos partidos se han desplazado hacia la derecha. EE.UU. es un Estado unipartidista, del partido de los negocios”.

  11. Élites en fuera de juego, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia
    el 10 octubre, 2013

    Los presupuestos generales del Estado del 2014, que reducen drásticamente la inversión en Catalunya, han dejado en fuera de juego a las élites empresariales barcelonesas en un momento en que, precisamente, estos sectores más pedían un gesto del Gobierno español con la sociedad catalana. Manel Pérez, en un esclarecedor artículo en la sección de Economía el pasado día 2, informaba de que nuestros dirigentes económicos “han encajado con perplejidad y cierta sensación de desaire” las cuentas hechas públicas por el ministro de Hacienda. El día 1 de octubre, la decepción flotaba en los despachos más importantes de Barcelona.

    La entrevista con Montoro que La Vanguardia publicó el pasado domingo no sirvió para tranquilizar a las mencionadas élites locales, sino todo lo contrario. En ella, el responsable de los presupuestos generales replica a las evidencias mecánicamente y niega la mayor con un cinismo que será recordado: “De todas maneras, no hay que cegarse con las cifras, depende de los proyectos que estén sobre la mesa”. Sensacional. Si eres ministro de Hacienda y las cifras describen una realidad que te pone en evidencia, olvida los números y recita tu propaganda, como si la realidad fuera un detalle irrelevante.

    Ahora bien, vamos al grano: ¿Qué ha querido decir Montoro con la alusión a los “proyectos que estén sobre la mesa”? Sabemos que el proyecto del PP es recentralizar España, vaciar las autonomías y fortalecer Madrid como núcleo de poder empresarial y financiero. En detrimento de las élites catalanas, aunque estas tengan parte de sus negocios fuera de Catalunya y no hayan expresado nunca ninguna manía identitaria. No olvidemos que el centro de gravedad está en el palco del Bernabeu. Quizás por eso, el mismo ministro se atreve a decir que la Cambra de Comerç de Barcelona tiene una visión económica que “es del pasado”. Queda claro, por lo tanto, que el Gobierno Rajoy considera algo antiguo y obsoleto que Catalunya reciba lo que le corresponde de acuerdo con lo que aporta a las arcas del Estado. Las cosas claras. Sobre la mesa no hay ningún otro proyecto de España, porque el documento de Granada del PSOE –como ha explicado el profesor Ferran Requejo– no puede considerarse federal ni plurinacional. Que conste: para continuar en España sólo hay una vía, que –lo ha comprobado recientemente Sánchez-Camacho– es también una vía muerta.

    La respuesta oficial del mundo de los negocios catalán a estos presupuestos ha sido clara pero extremadamente moderada, como no podría ser de otra manera. El artículo que Joaquim Gay de Montellà y Miquel Valls han firmado sobre el asunto es una muestra de lo que sería el espíritu de la tercera vía, si existiera tal camino: pedir con paciencia a Madrid que se reconsidere una apuesta política que no es casual y que –como asegura Mas-Colell– tampoco es una represalia por el soberanismo del Govern de CiU. ¿Escuchará alguien, finalmente, los educados argumentos de nuestros próceres? La oleada soberanista crece pero no sirve para que los cerebros de la Moncloa alteren el guión.

    ¿Qué harán, a partir de ahora, nuestras élites? Los presupuestos lesivos de Rajoy y el desdén acentuado de Montoro nos indican que la supuesta influencia de estos sectores en la política que se cuece en Madrid es ahora escasa, por no decir nula. El hecho reviste gravedad y plantea muchos interrogantes, también Catalunya endins. Si nuestras élites no pueden influir efectivamente en el centro del poder estatal, ¿cuál será, a medio y largo plazo, su autoridad ante las clases medias y populares de Catalunya? Lo mismo podría decirse de aquellos políticos que han basado su prestigio en el puente aéreo. La Catalunya de la autonomía se extravía, se deshace. Los mismos dirigentes empresariales que han escarnecido a Mas por querer construir un Estado catalán en vez de ser el dócil reformista incomprendido del Estado español deberían revisar a fondo su pensamiento, a la luz de los presupuestos y otras decisiones de Rajoy.

    Los sectores de las clases medias más activas, los más conscientes de los agravios económicos, lingüísticos y de reconocimiento de Catalunya, han ido desconectando del objetivo clásico de reformar España, sobre todo a partir de la sentencia del TC sobre el Estatut. La prioridad de esta mayoría es conseguir un reparto nuevo del poder que asegure un trato (político, fiscal, cultural) más justo, y esto hoy sólo se relaciona con un concepto: independencia.

    Mientras, como es normal, la prioridad de las élites catalanas es la estabilidad política y social, como ocurre en todo el mundo. El problema aparece cuando la estabilidad va unida a un trato injusto para el conjunto de la sociedad. ¿Orden o libertad? Entonces, los de arriba miran a los de abajo y se preguntan cómo se puede solucionar el problema. ¿Pacto fiscal? ¿Tercera vía? ¿Federalismo? La alta burguesía catalana no entiende que el PP deje pudrir la situación alegremente. Los de arriba vuelven a mirar a los de abajo (los de las camisetas amarillas) y piensan que, a pesar de tenerlo todo en contra, quizá se saldrán con la suya. Por eso, Junqueras –a quien algunos no querían ver ni en pintura– ha sido finalmente recibido con todos los honores en uno de los despachos más importantes de esta ciudad. Por si acaso.

  12. ANALFABETOS FUNCIONALES . Juan Carlos Lorenzana

    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=175320

    El problema del mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras los estúpidos están llenos de certezas

    (Bertrand Russell)

    Por aclarar el título. Se denomina “analfabeto funcional” al individuo incapaz de utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida. O sea, sabe leer, escribir y sumar, pero no entiende lo que lee, casi no se entiende lo que él escribe y suma poco, resta mal y divide, con problemas, por una cifra.

    Pues esto es lo que en un informe, estilo “PISA”, nos ha comunicado la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), que los españoles somos analfabetos funcionales, que somos los últimos en matemáticas de 23 países, y los penúltimos en comprensión lectora.

    Debería haber sido tremendo y no lo ha sido. Debería de haber habido cientos de “mareas” protestando, exigiendo una rectificación, una compensación a nuestro amor propio herido, ultrajado, y no ha habido nada más que chistes, y plazas y cabezas vacías. ¿Dónde están esos patriotas, de bandera y melodía, que se rasgan las vestiduras defendiendo islote de Perejil? ¿En qué barra de bar están opinando?

    Parece ser que a pocos nos ha dolido, pero prefiero reconfortarme en pensar que no por ser pocos se ha de perder la razón. O como se le atribuye a Mallarmé, hablando del escaso apoyo que suelen tener, al principio, los genios: ese público subraya con la presencia de su escasez la ausencia multitudinaria.

    Llevamos al pie de 150 años de retraso en Educación. Desde que allá por 1876 un grupo de catedráticos, encabezados por Giner de los Ríos, Azcárate y Salmerón, sin olvidarnos de Bartolomé Cossio y otros tantos, fundaron la ILE, la Institución Libre de Enseñanza, para defender, entre otras cosas, la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a cualquier dogma oficial en materia religiosa, política o moral.

    Permitidme un apunte “local”. Aquí, en León, tiene especial relevancia la Fundación Sierra-Pambley, que fue creada en 1887, y de la que hay que resaltar, sobre manera, a los hermanos y maestros Juan y Ventura Alvarado y su gran, y misteriosamente desconocida, labor en Villablino.

    Pero volviendo al hilo central de este escrito. Hemos perdido, como país, todos los trenes que llevaban al futuro y, eso, se nota en la Educación. No olvidemos que estamos en la patria en la que los pobres, los esclavizados muertos de hambre, gritaron, cuando ellos mismos restauraron en el trono al rey que acababa de vender España a los franceses, “vivan las cadenas”. O más acá en el tiempo, hemos aplaudido y admirado a unos militares cuya consigna, ya metafórica, era “muera la inteligencia”.

    En 1931 la constitución de la II República hablaba de gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria, de un sistema de becas para facilitar a los económicamente necesitados el acceso a todos los grados de estudio. Hablaba de libertad de cátedra, laicidad, de maestros dignos y dignificados, etc., etc., pero la derecha, la misma derecha cruel y rancia de siempre, tumbó, borró con la sangre de cientos de miles de españoles (y la de miles de Brigadistas Internacionales) y con una dictadura sanguinaria y atroz (y aún impune) cualquier atisbo de mejora en la Educación.

    No necesitan necesariamente analfabetos totales, Marx, el del pelo largo y barbas, lo resumió perfectamente en esta frase: el sistema capitalista no precisa de individuos cultivados, sólo de hombres formados en un terreno ultraespecífico que se ciñan al esquema productivo sin cuestionarlo”

    Analfabetos funcionales, esto es lo que somos. Un Pueblo que ignora quién es el Quijote y que, para más dolor, exige su derecho a ser imbécil. Un Pueblo en el que un tipo como Wert puede ser ministro sin sonrojarse. Analfabetos funcionales, eso somos, pero no debemos olvidar que un pueblo así tiene poco de Pueblo y mucho de corral.

    Hoy el ministro Wert ha presentado en el Congreso, presta al rodillo, su obra “culmen”, por no denominarla “detrito cerebral”, la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), una ley que nace para ideologizar la Escuela Pública y que prepara el terreno para que la Enseñanza Privada la fagocite en un futuro más bien cercano. Una ley que cuenta con el rechazo de profesores, alumnos y padres en toda España. Una ley que nace herida de muerte ya que varios partidos políticos, Izquierda Unida entre ellos, han advertido que la derogarán en cuanto la aritmética parlamentaria cambie.

    Esa es la tarea, una de ellas, que hay que empezar a ganar desde mañana. La de instaurar la Educación Pública, universal, gratuita y de calidad. La Educación soñada por quienes fueron capaces de atisbar que “a una persona bien formada se la engaña peor”. Ni os imagináis el dolor que esa acción les conllevaría

  13. http://tenacarlos.wordpress.com/2013/10/11/el-gobierno-neofranquista-espanol-se-lanza-a-la-privatizacion-de-las-prisiones/
    EL GOBIERNO NEOFRANQUISTA ESPAÑOL SE LANZA A LA PRIVATIZACION DE LAS PRISIONES

    Trabajadores penitenciarios de España protestaron este jueves en contra de la privatización y los recortes en el sector.

    La artimaña es copia de la establecida en varios países, como EE.UU:, donde las cárceles privadas cuentan con una población reclusa compuesta por capos de la droga, empresarios corruptos, banqueros torpes y otra clase de personas adineradas.

    Rajoy y su ministro Gallardón quieren establecimientos penitenciarios en los que los homólogos españoles con dinero, no tengan que cumpllr ni un sólo día junto a presos de “clase baja”.

  14. El hijo de …… gallardon . Rafael Narbona
    http://www.diario-octubre.com/2013/10/11/el-hijoputa-de-alberto-ruiz-gallardon/

    Nunca pensé que recurriría a una cita de Esperanza Aguirre para acercarme a un personaje de nuestra desdichada vida política, pero creo que en este caso la incombustible lideresa abrió una brecha en la fachada cuidadosamente fabricada por Alberto Ruiz-Gallardón para escalar la cima del poder. Actual Ministro de Justicia y hasta hace poco tiempo la cara amable y progresista del Partido Popular, el ex alcalde de Madrid no se libró de la explosiva sinceridad de Esperanza Aguirre, que no pudo contener sus bajas pasiones al arrebatarle un puesto en la gestión de Caja Madrid. Aunque después se disculpó y aseguró que Alberto y su madre eran dos santos sin mácula, el improperio ha quedado grabado en la memoria colectiva. Cuando las conversaciones privadas se convierten en escándalos públicos, gracias a un micrófono que sigue abierto en el momento menos oportuno, las imprecaciones adquieren la categoría de revelaciones. ¿Es realmente un “hijoputa” Alberto Ruiz-Gallardón? ¿Se trató de un mero incidente que aireó la conocida enemistad entre la vivaracha y procaz Esperanza y el solemne y pinturero Alberto o, en realidad, constituye la triste constatación de que nos gobiernan villanos y rabaneras? Si buscamos paralelismos entre los políticos españoles y los personajes de la factoría Disney, Esperanza Aguirre resulta una convincente Cruella de Vil y Alberto Ruiz-Gallardón no es menos creíble como juez Frollo, descargando el brazo de la ley sobre los más débiles y vulnerables. Al margen de excesos verbales, está claro que entre granujas anda el juego y que los ciudadanos –particularmente, los parados, los pobres y los desahuciados- son las víctimas de unos políticos tan desalmados como grotescos y malhablados.

    Alberto Ruiz-Gallardón había conseguido que casi todos olvidaran sus palabras de 1983, cuando era concejal del Ayuntamiento de Madrid y afirmó que la obra de Ceesepe, uno de los dibujantes más originales de la movida madrileña, era una “porquería repugnante, pornográfica, blasfema, contraria a la moral y a la familia”. Gregorio Peces-Barba ha contado muchas veces la anécdota que define el verdadero talante de Alberto, hijo de José María Ruiz-Gallardón, jurista y hombre de confianza del inmundo Manuel Fraga. “¿Conservador yo?”, respondía José María, cuando el político del PSOE bromeaba sobre su ideología. “Tenías que conocer a mi hijo Alberto. Ese sí que es de derechas”. Imagino que es una simple casualidad, pero Alberto Ruiz-Gallardón debutó como fiscal en Málaga, donde aún flota en el aire el horror provocado por el “carnicerito” Carlos Arias Navarro, que envío a la muerte a más de 4.300 rojos, ejerciendo de fiscal en los consejos de guerra franquistas. No sé si Alberto respiró y se impregnó del fervor exterminador que animaba a los tribunales de los militares golpistas, pero después de examinar su reforma del Código Penal empiezo a pensar que sus sueños se parecen a los de Scar: ejércitos de hienas desfilando al paso de la oca, mientras su mirada de insufrible empollón se embriaga con el turbio aroma del poder. Durante años, creímos que Alberto Ruiz-Gallardón era un espíritu moderno y tolerante. Aparecía en las cadenas televisivas con Joaquín Sabina, oficiaba bodas entre gais, presumía de su amistad con políticos rivales, citaba a Rilke y desplegaba una retórica elaborada y persuasiva sobre derechos y libertades. Se sabía que era vanidoso, maniático, autoritario y engreído, pero se le exculpaba porque algunos le consideraban un centrista que apostaba por el diálogo y el consenso, casi un progre que se había equivocado de partido político. Aficionado a la música culta (es nieto de Isaac Albéniz), su melomanía sugería una sensibilidad aguda y refinada, que esbozaba ese perfil de político humanista tan escaso en nuestro país. En la red corría el rumor de que era un mujeriego incurable, que realizaba incursiones en las umbrías aguas del amor venal, y algunos señalaban que su pasión por Fraga era sospechosa, pues se consideraba su fiel discípulo, una especie de Luke Skywalker educado por un Yoda con camisa azul, correajes y una pistola humeante, que evoca las muertes de Enrique Ruano, Julián Grimau, los huelguistas de Vitoria-Gasteiz y los partidarios de Carlos Hugo asesinados en Montejurra. Cuando Alberto hablaba con unción mística de Fraga, asegurando que había contribuido decisivamente a la reconciliación y la concordia, su imagen de presunto izquierdista se deformaba obscenamente, recordando que la verdad sólo comparece en los espejos del Callejón del Gato. De hecho, Ruiz-Gallardón siempre eludió la posibilidad de reflejarse en su superficie cóncava y convexa, pues su cara se transformaba en una máscara que reproducía alternativamente los rasgos de Jorge Vestrynge, su predecesor como secretario general de Alianza Popular, y de José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, alcalde de Madrid entre 1952 y 1965 y feroz represor de la dictadura franquista.

    Yerno de José Utrera Molina, abogado, falangista y dos veces ministro con Franco, Ruiz-Gallardón se mostró partidario de “sacar a los mendigos de la calle” durante su etapa como alcalde de Madrid. No explicó qué haría con ellos, pero sus palabras recordaron a las campañas de higiene social impulsadas por la antigua ley de vagos y maleantes, que criminalizaba la pobreza y el desamparo. Su imagen progresista empezó a tambalearse, pero lo peor aún estaba por llegar. Su nombramiento como Ministro de Justicia del nefando gobierno de Mariano Rajoy liquidó el ensueño de un político centrista y conciliador. Su reforma del Código Penal refleja un espíritu profundamente reaccionario, que oscila entre el catolicismo tridentino y el neoliberalismo más despiadado. El nuevo texto introduce la prisión permanente revisable (un eufemismo de la cadena perpetua) en uno de los países de la Unión Europea con las tasas más bajas de criminalidad y una intolerable superpoblación penitenciaria. Establece restricciones en el aborto y la justicia gratuita, encareciendo el coste de los recursos judiciales, lo cual margina a los sectores más desfavorecidos de la población, sin medios económicos para litigar. Desaparece el hurto y cualquier sustracción se convierte en delito castigado con penas de cárcel. Robar una bolsa de pipas acarreará una condena que oscila entre los seis y los dieciocho meses de cárcel. Ocupar una sucursal bancaria se castigará con seis meses. Interrumpir el transporte público con dos años. Resistirse a la autoridad con cuatro y agredir a un político con seis. En ambos casos, podrá considerarse “atentado”. Incitar al desorden mediante las redes sociales o publicaciones en papel, conllevará una pena de hasta un año de prisión. No hace falta ser un lince para apreciar que la reforma del Código Penal pretende neutralizar las protestas ciudadanas e intimidar a las familias que cometen pequeños hurtos para combatir la pobreza y la desnutrición. Aunque el 24% de los niños residentes en el Estado español pasan hambre, por encima de todo hay que proteger la propiedad privada y castigar con severidad al progenitor que se deje arrastrar por la desesperación, apropiándose de una caja de galletas o un cartón de leche. Por supuesto, no se aplicará el mismo criterio con las entidades bancarias. Pese a que los bancos han socializado sus pérdidas, obteniendo rescates millonarios a fondo perdido con dinero público, sus exacciones no constituyen un acto criminal, sino una simple pirueta de la economía de mercado, que exige ciertos sacrificios para proteger a las élites financieras y empresariales, sin las cuales no habría progreso ni prosperidad. Nadie tiene derecho a ocupar una sucursal bancaria ni a interrumpir el transporte público. No importa que los bancos, principales responsables de la crisis, desahucien a familias con menores discapacitados o que el precio del billete de metro y autobús sea intolerablemente alto en un contexto de crisis y precariedad. Lo importante es preservar el orden público, cueste lo que cueste. Nadie tiene derecho a increpar a los políticos ni a protestar pacíficamente ante las jaurías de antidisturbios, cuyos pelotazos han causado muertes injustificables (Iñigo Cabacas) o graves lesiones (Esther Quintana perdió un ojo). Los escraches o las manifestaciones de descontento son “puro nazismo”, según la Cospedal y Felipe González, tartufo mayor del Reino de España. Por eso, deben ser reprimidos sin contemplaciones. La tibieza es la antesala de la anarquía y de la destrucción de España como unidad de destino en lo universal.

    Alberto Ruiz-Gallardón no tiene un pelo de tonto y no ignora que cualquier sanción es insuficiente, si no afecta a la raíz de los problemas. Está de acuerdo con Fernando Savater, cuando el egregio filósofo asevera que la red no puede ser el “cortijo de una vanguardia neoleninista” (Fernando Savater). Cualquier internauta que se atreva a desafiar al poder político y económico convocando manifestaciones o actos sediciosos, será enviado a prisión. “¡Todos a la cárcel!”, parece ser el lema del Ministro de Justicia. Eso sí, hay que hacer excepciones: José Antonio González Pacheco, alias “Billy el Niño” y antiguo inspector de la Brigada Político-Social, y Jesús Muñecas, ex guardia civil, no merecen ser encarcelados por los crímenes contra la humanidad cometidos durante la dictadura franquista. Aunque los reclame la justicia argentina, se debe pasar página por el bien de todos, pues los hechos son muy antiguos y la Ley de Amnistía de 1977 eximió de toda responsabilidad a los torturadores y asesinos del régimen. No importa que las leyes internacionales afirmen que los delitos de genocidio no prescriben. Hay que perdonar y olvidar. Hoy se pide la cabeza de Pacheco y Muñecas, pero ¿no existe el riesgo de que mañana se exija la extradición de Rodolfo Martín Villa o del propio suegro de Ruiz-Gallardón, que el pasado 18 de julio publicó un artículo donde sostenía que “el Alzamiento no fue un intento grosero de liquidar al oponente, sino una necesidad imperiosa de defender a la patria”? Imagino que los 113.000 hombres y mujeres que aún permanecen enterrados en fosas clandestinas son el ineludible y legítimo precio de “defender a la patria”. Alberto Ruiz-Gallardón así lo entiende, pues renovó el marquesado a los Queipo de Llano en el aniversario del golpe de estado de 1936. Al parecer, honrar a un genocida es un deber democrático. Es cierto que el general Gonzalo Queipo de Llano fusiló a 3.000 rojos en Sevilla e incitó a sus tropas a violar a las mujeres de los republicanos (“ahora sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas”), pero ya se sabe que gobernar y mantener el orden público significa “repartir dolor”, particularmente sobre los que incordian pidiendo una sociedad justa e igualitaria.

    En definitiva, ¿es un “hijoputa” Alberto Ruiz-Gallardón? Creo que a esa pregunta debería contestar Esperanza Aguirre, que le conoce de cerca y milita en el mismo partido. Yo me limitaré a decir que tal vez sólo desea imitar al juez Frollo, que incendió París para preservar el imperio de la ley. No sé hasta dónde llegan los sueños de Alberto Ruiz-Gallardón, pero no me cuesta mucho trabajo imaginarlo con una corona de laurel y una lira, disfrutando desde una azotea del incendio social provocado por su reforma del Código Penal. No es un bárbaro, sino un gran estadista, que no ha olvidado las enseñanzas de Fraga: “¡La calle es mía!”, “Los golpistas del 23-F estaban llenos de buena voluntad”, “Es evidente que el glorioso alzamiento popular del 18 de julio fue uno de los más simpáticos movimientos político-sociales de que el mundo tiene memoria”. A veces cuerdo y a veces loco, el Ministro de Justicia no es “un bohemio ni un soñador”, sino “un truhán” al que se le ha visto el plumero y al que en 1999 Cristina Almeida, hoy desaparecida de la escena política, acusó de “hipócrita”, “presuntuoso”, “cínico”, “misógino” y “mala baba”. Catorce años después, podemos afirmar que no ha cambiado un ápice.

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