La aporía del comunista (II)

 Hace ya algún tiempo que escribí por aquí la aporía del comunista, porque una millonaria alicantina me reprochó que, desesperado en mi intento de ayudar ami mujer en la lucha a muerte que mantiene con su terrible enfermedad, hubiera recurrido a un centro para millonarios, y decía yo, más o menos, así:
 Un comunista es un tipo que sostiene que los hombres no sólo somos iguales sino que hemos de hacer lo posible e imposible para conseguirlo, de modo que yo en lugar de gastarme las 150.000 ptas., que aquellos ladrones del hospital me cobraron por hacer a mi esposa el pet tenía que haberlas entregado a esa comunidad universal que constituimos todo los proletarios del mundo, a fin de constituir un acervo mundial para atender racional y equitativamente todas las necesidades del colectivo.
 Es un razonamiento perfecto, parece, desde la óptica de la lógica más o menos aristotélica, pero es una falacia como la de esa otra aporía tan famosa de Aquiles y la tortuga que reza así: si el tiempo y el espacio son divisible hasta el infinito, Aquiles no alcanzará nunca a la tortuga porque siempre habrá entre ellos un espacio que dividir, en un tiempo también infinitamente divisible.
 La falacia de esta última aporía radica en que afirmar que el espacio y el tiempo son divisibles hasta el infinito es una falsedad real evidente.
 Afirmar que un tipo como yo con 3 enfermos gravísimos, desahuciados por la SS, todo lo que tengo lo debo entregar a una fantasmal autoridad universal comunista para que ésta proceda a su mejor distribución universal, es todavía una entelequia más falsa que aquella famosa aporía.
 Pero lo que aquella tipa me echaba en cara es lo que toda la derecha del mundo reprocha al comunismo: la ausencia de esa solidaridad integral, una exigencia que se halla mucho más allá de las reales capacidades humanas.
 Por eso yo recordé enseguida la puñetera aporía de Aquiles y la tortuga.
 Yo para propugnar el comunismo hago todo lo que puedo, como ahora mismo, cuando escribo todo esto, en un momento en que siquiera puedo teclear porque ya casi no obedecen mis temblorosas manos.
 Por eso pasan tantos días sin que cuelgue un post por aquí.
 Espero que con la medicación que me han mandado pueda mejorar y seguir colaborando con todos vosotros.

2 comentarios en “La aporía del comunista (II)

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