De como un fascismo de partido, ayudado por una prensa absolutamente fascista, se convierte en un fascismo de gobierno.

 ¿Qué fue lo esencial del fascismo? ¿Su ambición de poder ilimitado? ¿Su identificación del pueblo con el Estado? ¿El totalitarismo? ¿Su exacerbación del poder?

En un principio era el Fascio, y el Fascio se hizo carne y habitó entre nosotros.

El fascismo es el estado natural del hombre. 

Desde que nace, siente el impulso malsano de acumular todo el poder posible, el famoso instinto de dominación, que, poco a poco, se hace irresistible.

Si uno posee todo el poder económico, si a éste le une, el poder político, si no contento con eso, le añade el poder doctrinal, si identifica al pueblo que gobierna con un inmenso rebaño de borregos, si considera que todo está permitido, el robo, la estafa, el abuso de poder, establecer como el más sagrado de los dogmas que el partido, y no sólo cuando gobierna, es el titular de las esencias de la Patria y que ésta es la destinataria natural de todo el esfuerzo de la ciudadanía y esto se concibe como una religión tan dogmática que considera toda desviación como el peor de los sacrilegios, entonces, no sólo hemos llegado al fascismo sino que lo hemos superado ampliamente.

Porque el fascismo supone, por tanto, la inversión de todos los valores puesto que, frente al humanismo clásico, “homo sum et nihil humanum mihi alienum puto”, soy hombre y por lo tanto considero que nada humano me es ajeno,  impone la supeditación del individuo al poder totalitario de la plutocracia.

Lo que sucede es que desde Lampedusa, el fascismo, como la mafia que en realidad es, ha dulcificado sus formas para facilitar su penetración, su imposición y su discurso se ha hecho mucho más melifluo pero no más tolerante.

Ahora, los plutócratas exigen la radical desaparición de todas las garantías sociales, que los antiguos fascismos incluso asumieron, sin que se le caiga la cara de vergüenza porque la vergüenza política ha dejado de existir de tal manera que los más significativos “ideólogos” de este nuevo fascismo ya no tienen reparo siquiera en propugnar que los desheredados, los parias, los trabajadores que llegan al paro en una premeditada estrategia para abaratar el precio del trabajo, si pasan todo tipo de calamidades, “se jodan”, y esto no sólo lo gritan los miembros de ese falsario Parlamento que sólo trata de maquillar al régimen, sino los directores de los diarios que pretenden aborregar aún más a las masas.

 Y el poder que detenta ya esta clase tan canallescamente fascista es tal que su actual dirigente no se corta un pelo al afirmar que la igualdad, base de la ciudadanía del Estado, no sólo no existe sino que no debe existir tachándola incluso de una aspiración envidiosa, y que, en una sociedad bien estructurada, los únicos valores dignos de estimarse  son el nacimiento y el mérito.

 O sea que esta gentuza que nos gobierna por turnos inatacables, sostiene que el Estado, como en la vieja Roma, debe de organizarse por castas mediante una regulación absolutamente endogámica, de tal manera que los hijos de los dirigentes políticos hereden las poltronas de sus padres al propio tiempo que sucede lo mismos con las de los jueces, abogados del Estado, notarios, registradores, etc., del mismo modo que los menesterosos, aquellos que según Cristo heredarán la Tierra, se sucederán unos a otros automáticamente mediante la más sangrante ley de bronce del trabajo.

 Es un esquema sociopolítico mucho más aberrante aún que los que impusieron los viejos sátrapas fascistas Hitler, Mussolini y nuestro tan añorado Franco, puesto que éstos dulcificaron la extremada dureza de sus regímenes con medidas tan populistas como populares: las fiestas de exaltación del trabajo y de los trabajadores.

 Ahora, no, ahora, como antes dijimos, a los trabajadores se los anatematiza, de tal manera que cuando llegan al paro, impulsados por esa fuerza centrífuga y premeditada que busca, sobre todo, abaratar los salarios, se les grita sin ninguna clase de disimulo que “se jodan, coño, que se jodan”.

 

13 comentarios en “De como un fascismo de partido, ayudado por una prensa absolutamente fascista, se convierte en un fascismo de gobierno.

  1. Anibal Malvar
    MENOS TWITTER Y MÁS TEÓFILA
    “Tanto twitter y tanta opinión… ¡Oiga! ¡Oiga! Que aquí lo más llamativo es, para esta alcaldesa, es que hay gente que viene a pedir ayudas para el ayuntamiento social para comer… ¿Eh? Y resulta que tienen una cuenta en twitter. Que sepa yo, eso cuesta dinero, ¿no? Estar… Tener… Estar… Ehhh [la alcaldesa recibe el apunte de un chivato encorbatado que se sienta a su izquierda: “Acceso a internet”, susurra el chivato]. ¡Tener acceso a internet. ¡Eso! ¿Es gratis? [la alcaldesa se recoloca el pañuelo con vehemencia hembra y mira al público, retadora, y repite]. ¿Eso es gratis? [sonríe]. ¡Porque, vamos, esto sí que es llamativo!”.

    En película es mejor que en libro, por si queréis el enlace.

    Teófila Martínez, vate que recitó estas bellas palabras que acabáis de leer o escuchar, es alcaldesa de Cádiz y diputada de España entera. Por el PP, huelga decirlo. Mi bucólica Teófila se ha olvidado de que la gente más necesitada, los pobres de pedir, los desahuciados, los parados que buscan trabajo y las alcaldesas que procuran novio necesitan más que nadie eso de twitter, eso de internet, eso que cuesta dinero.

    El trabajo, queridísima Teófila, ya no se busca de puerta en puerta como en la añorada prehistoria franquista. El trabajador ya no se inclina en los umbrales de las señoronas a ver si hay una basura que sacar por cinco reales y un cacho de pan duro. El trabajador de hoy, el parado de hoy, el subvencionado de hoy, el anciano sin asistencia de hoy necesitan más internet, eso que usted llama twitter, que el trozo de pan de su manuficencia. El trabajo ya no se busca inclinándose ante usted al modo que a usted le gusta, doña Teófila. El trabajo de hoy se busca en eso que usted llama twitter, y que nosotros llamados red, y un parado sin twitter nunca encontrará donde esclavizarse mejor que a los pies de su puerta, simultaneísima alcaldesa y diputada por la gracia del pueblo llano.

    Aunque yo no soy muy partidario de contradecir a las alcaldesas diputadas, pues para el asunto de las incompatibilidades soy muy mío, estoy como a puntito de decir que yo creo que a mi Teófila no le molesta tanto que los hambrientos de pedir se gasten diez pavos al mes en internet, sino que la incomoda que se gasten esos diez pavos de internet en denunciar a los que les han llevado al hambre y a no tener diez pavos. O sea, a doña Teófila misma. Por poner un ejemplo azaroso.

    A la vehemente Teófila la ha puesto vehemente, contra esto de twitter, el hecho de que un movimiento social nacido del tal twitter le haya jodido el homenaje que ella había preparado para su amantísimo teniente de alcalde, un tal José Blas Fernández a quien no se juzgará aquí. A este señor particular no le conozco ni méritos ni deméritos, y no soy quién para juzgarle.

    Dicho homenaje al teniente de alcalde José Blas se iba a incardinar en una fiesta llamada de la caballa, de la que tampoco conozco deméritos ni méritos. Pero, coño, alcaldesa: no se puede politizar una fiesta popular, que paga el pueblo, homenajeando a tu paje, a tu escudero, a tu teniente de alcalde. Es un gesto que está mal visto hasta en los más delirantes libros de caballería. Disimula y dale a tu escudero un sobre, diputada. De esa forma los hambrientos que dilapidan el pan de sus hijos pagando twitter no se enterarán de nada. Ni te impedirán que homenajees a costa del erario público a José Blas. Quien, por culpa de twitter, por cierto, se ha quedado sin homenaje. Se le adivina llorando tras las esquinas.

    Mi conciencia, que es muy errabunda, me hace pensar cosas raras. Hay trabajadores tan hambrientos que acuden a los servicios sociales del Ayuntamiento de Cádiz en busca del humillante pan de la beneficencia. Esos trabajadores, sin embargo, compran menos pan a cambio de pagar comunicación, twitter, internet, acceso a la información plural. A mí no me parece un mal punto de partida eso de tener un poco más de hambre a cambio de un poco más de información. Hasta he leído en algún sitio que la información es un derecho fundamental. La información no quita el hambre, enseña cómo combatirlo, me da por pensar a mí. Por eso no me extraña que Teófila Martínez haya descuidado el disimulo y la hipocresía en este caso, y haya criticado a los hambrientos por no renunciar al derecho a la información, al conocimiento, a twitter, a internet, a las chorradas que yo escribo (si alcanzara el jubileo de hacerles algún día sonreír). Cuando un pueblo renuncia a un trozo de pan por un trozo de derecho a la información, a la cultura, o a ligar o pensar por twitter, a las teófilas de este mundo se les estremecen las enaguas. Que también cuestan dinero, como esas cuentas de twitter que nos quiere quitar nuestra alcaldesa, diputada y simultánea señora.
    http://blogs.publico.es/rosa-espinas/2013/08/24/menos-twitter-y-mas-teofila/

  2. http://www.elplural.com/2013/04/23/no-es-broma-cospedal-retirara-el-oxigeno-a-los-enfermos-domiciliarios-para-ahorrar/

    Los castellano-manchegos creían estar ya curados de espanto ante los salvajes recortes que desde que es presidenta María Dolores Cospedal lleva a cabo en la Comunidad. Pero el último “tijeretazo” ha dejado sin aliento, y, sobre todo, sin aire a un grupo de enfermos de terapia respiratoria de la localidad ciudadrealeña de Alcázar de San Juan, que viven gracias al oxígeno que tienen en sus casas y a los que han anunciado que en un plazo de “15 o 20 días” les serán retirados los equipos de su domicilio, porque, según la carta enviada por el Servicio de Salud castellano-manchego, a la que ha tenido acceso ELPLURAL.COM, no son pacientes económicamente rentables, ya que la empresa privada Linde Médica, operativa en el sector desde agosto de 2012, ha decidido resolver de forma unilateral que el uso que hacen del mismo es inferior a la prescripción médica.

    “Esto es un disparate”
    Carta que ha movido conciencias, como la de la diputada regional del PSOE por Ciudad Real, Rosa Melchor, que en declaraciones a este periódico no ha dudado en catalogar la medida como “un disparate”, además de responsabilizar a Cospedal de este nuevo despropósito, como es pretender “quitarle a los pacientes el aire que respiran”, añade, “esto no es austeridad ni rentabilizar recursos; esto nos lleva a todos a preguntarnos por la clase de código ético y deontológico que sigue el PP”.

    Sufrimiento adicional
    Rosa Melchor tiene claro que “esta no puede ser la solución que nos saque de la crisis; no se puede estar constantemente atacando los derechos y el bienestar de los enfermos”. De ahí que la diputada socialista esté convencida de que todo esto no es otra cosa que “la antesala para argumentar la privatización de la salud”, agrega, “una coartada perfecta para hacer negocio con la vida de las personas”.

    Director médico de día y diputado de tarde
    Lo que está claro es que las cartas “están produciendo a estos enfermos un sufrimiento adicional, al pensar que en dos semanas les retiran el tratamiento que necesitan para poder vivir dignamente”, dice Melchor. Y razón no le falta porque a todo este esperpéntico panorama hay que añadir una surrealista situación al ser el director médico del hospital alcazareño, Juan Sánchez, diputado regional del PP en las Cortes de Castilla-La Mancha, presidente de la Comisión de Sanidad del parlamento regional y responsable directo del envío de estos ignominiosos escritos que atentan contra el juramento hipocrático de cualquier facultativo que se precie como tal.

    Sin agua y sin aire acondicionado
    Pero esta no es la primera vez que hospital “Mancha Centro” toma una decisión onírica. El pasado verano, con el consentimiento de Cospedal, decidió dejar sin agua mineral a los enfermos porque el preciado líquido no entraba en la dieta, según el pasquín colocado en el recinto hospitalario, como ya publicó ELPLURAL.COM, en cuya información también recogíamos que los pacientes tuvieron que pasar los primeros calores veraniegos sin aire acondicionado por la enfermiza, nunca mejor dicho, obsesión del déficit de la también secretaria general del PP.

    Tour oncológico de 260 kilómetros
    Pero aquí no queda la tenebrosa correspondencia epistolar que María Dolores Cospedal acostumbra a mantener con los pacientes castellano-manchegos. Sin ir más lejos, hace ahora un año, los 200 enfermos conquenses que precisaban radioterapia o branquiterapia (cáncer de mama y próstata) tenían que hacer un tour de 260 kilómetros porque la presidenta de Castilla-La Mancha decidió cerrar el servicio oncológico de Cuenca. “Son pacientes con problemas médicos, en una situación que requiere tratamiento continuo, y no es positivo que tengan que desplazarse casi 260 kilómetros a Albacete”, dijeron en su momento los médicos, pero nadie en el Gobierno castellano-manchego escuchó sus súplicas.

  3. España. Un país del sur de Europa que sufrió la precuela de la II Guerra Mundial en sus carnes: la Guerra Civil de 1936 a 1939. La victoria del bando rebelde, apoyado por los ejércitos fascistas de Hitler y Mussolini, dio lugar a una dictadura proto-fascista que perduró hasta 1975. Durante todos estos años de dictadura, España permaneció aislada de la mayoría de países occidentales como castigo a su gobierno por haber sido aliado del bando fascista. Esto tuvo como consecuencia que el país no se beneficiase de la inmensa mayoría de los avances tecnológicos, económicos, sociales, culturales y políticos que se dieron durante la época en el resto de países occidentales. La dictadura impidió que el país pudiese prosperar al mismo ritmo que la mayoría de países europeos.

    Para cuando la democracia se instaura en el país, en 1978, la economía española se encuentra en niveles mucho más bajos que los de sus vecinos europeos. Su sector agrícola es muy precario, la industria se encuentra muy atrasada y es poco productiva y competitiva, y su sector terciario es poco importante y adolece de grandes carencias. Cuando España se incorpora a la Comunidad Económica Europea en 1986, las características mencionadas le impedirán competir al mismo nivel que el resto de países comunitarios. Ello hará que la ya de por sí reducida y atrasada industria se vea todavía más perjudicada, al no poder ofrecer productos de elevada gama tecnológica al resto de países socios. Las élites económicas españolas, al no poder competir con la mayoría de los productos industriales europeos, se verán empujadas a dedicar sus esfuerzos al turismo, la construcción y la banca. Como resultado, el sector industrial español se debilitará hasta niveles mínimos, mientras que los sectores de la construcción y del turismo cobrarán una importancia sobresaliente. Las tesis económicas imperantes en la Unión Europea instaban a que cada país se especializase en lo que fuese más competitivo, y así lo hizo progresivamente España.

    La creación del euro en 2002 situó un nuevo punto de inflexión en la dinámica económica española: con la nueva moneda en España resultaba mucho más barato comprar productos a países que antes tenían monedas mucho más fuertes que la peseta, como Alemania o Francia. Este hecho conllevó un aumento de las exportaciones de los países de la zona euro con mejores productos industriales, como Alemania, Francia, Países Bajos, Austria, etc; lo cual los benefició claramente ya que significaba una entrada de renta desde el exterior. De esta forma, los países con sectores industriales más fuertes (los del centro de la Unión Europea) mejoraron su posición económica a costa de empeorar la de los países con menor desarrollo industrial (los de la periferia de la Unión Europea: España, Grecia, Portugal, Italia…).

    Pero si en los países de la periferia europea, como España, se compraban al exterior más productos de los que producían en su territorio, de algún sitio tenía que salir el dinero necesario para realizar esas compras. Y ese dinero venía canalizado por los bancos centroeuropeos a través de préstamos, primero a los bancos españoles y luego éstos a las familias y empresas españolas. Es decir, el dinero que obtenían las empresas centroeuropeas con la venta de sus productos al sur de Europa en su mayoría era depositado en los bancos centroeuropeos, que a su vez lo prestaban a los bancos españoles, y éstos a las familias y empresas de la periferia europea para que lo utilizaran en parte para comprar los productos manufacturados del centro de Europa. Se cerraba así un circuito de flujos de productos y de dinero que en última instancia beneficiaba a las empresas exportadoras y a los bancos del centro de Europa, mientras empeoraba la situación de las economías periféricas, puesto que aumentaban sin parar su endeudamiento. Esto fue posible porque la moneda única permitía que a los países del sur de Europa les saliese más barato pedir dinero prestado que cuando no tenían euros en sus manos.

    Este dinero que entraba rápidamente y fácilmente en territorio español podría haberse destinado a proyectos económicos provechosos. Pero a las élites económicas españolas les salía más rentable invertirlo en el sector de la construcción que en otros sectores económicos más productivos y útiles, ya que la burbuja inmobiliaria que se originó daba excelentes frutos a corto plazo. No sólo era más rentable invertirlo en el sector de la construcción que en otros sectores industriales, sino que las tesis económicas europeas abogaban porque cada país se especializase en lo que era más competitivo; así que la sobreinversión en el sector de la construcción fue aplaudida no sólo por los dirigentes españoles, sino también por los europeos.

    La diferencia que existe entre la especialización de un país en la industria manufacturera o en la construcción es clara. Construir una fábrica para que produzca automóviles o aviones (como Alemania) estará generando frutos económicos mientras dure el negocio. Construir un edificio para vivir luego en él (como España) sólo genera beneficios durante el proceso de construcción; una vez llevada a cabo la construcción, los inmuebles residenciales no generan riqueza.

    La inversión en la construcción generaba beneficios porque los edificios que se construían luego se vendían a un precio superior, y así sucesivamente. Esta actividad daría sus frutos siempre que el proceso no parase. Pero todas las burbujas económicas siempre estallan. Es una ley universal; no existe una burbuja económica desde los primeros días de la civilización humana que no haya terminado por explotar. Y esto es lo que ocurrió en España en 2008, cuando la crisis financiera mundial se propagó hasta el territorio español e impidió que llegase más crédito.

    Con el estallido de la crisis las empresas promotoras e inmobiliarias que poseían viviendas ya no podían venderlas para obtener beneficios, puesto que la gente no estaba dispuesta a comprarlas a un precio tan elevado. Gracias a la legislación española estas empresas pudieron desprenderse de las viviendas cediéndoselas a los bancos españoles, con lo cual la banca española acabó repleta de inmuebles que no se podían vender y que sólo generaban costes. Un problema de enorme envergadura para la banca, que tenía enormes deudas con los bancos centroeuropeos y a los cuales no podía pagar. Este problema sólo se alivió cuando el gobierno español acudió en su rescate: inyectó mastodónticas cantidades de dinero en los bancos españoles para tapar sus agujeros, y para que a su vez devolviesen a los bancos centroeuropeos parte del dinero prestado. Pero el gobierno español primero tuvo que conseguir dinero de algún sitio, y este sitio fue el mercado financiero a través del cual los inversionistas privados (entre ellos bancos centroeuropeos) prestaron dinero al Estado español. Y aquí tenemos la principal explicación de que la deuda pública del Estado español aumentase a un ritmo tan vertiginoso. Para poder devolver el dinero prestado más los intereses, el Estado español hoy día está recortando en gasto público de todo tipo, entre el que destaca el gasto en sanidad pública, prestaciones sociales y educación pública; y aumentando los impuestos para recaudar más ingresos. El problema es que los impuestos que se elevan son los que afectan a la ciudadanía que menos recursos tiene, y no a las grandes empresas y fortunas españolas. El resultado es que la mayoría aplastante de la población española está pagando los platos rotos de una élite política y económica que dedicó todos sus esfuerzos en una aventura condenada desde el inicio al más estrepitoso fracaso: la inversión en el sector de la construcción.

    La caída del sector de la construcción trajo consigo un resultado devastador: la mayoría de empresas que se dedicaban a esta actividad quebraron, con lo cual tuvieron que despedir a todos sus trabajadores. Puesto que era de las actividades más importantes en la economía española y empleaba a una buena parte de la población, la tasa de paro se disparó. Con el tiempo fueron cayendo también muchas otros sectores económicos vinculados con el de la construcción (los de los muebles, de la instalación de equipos de acondicionamiento y de electrodomésticos, de la decoración, de las agencias inmobiliarias, etc) con lo cual el desempleo creció todavía más. A su vez, otros sectores económicos comienzan a encontrar problemas de financiación debido al cierre del grifo de los bancos y problemas de ventas causados por la caída del consumo debido a su vez a las malas expectativas económicas. Esto provocó que la actividad económica española se hundiese aún más, y con ella se elevase la tasa del desempleo hasta niveles nunca vistos.

    Hoy día la economía española se encuentra gravemente herida: la tasa de paro alcanza el 27% de la población activa, la industria española es débil y continúa perdiendo posiciones frente a países exteriores, su estructura económica no ofrece ninguna posibilidad de iniciar nuevos espacios de negocio, la población joven está emigrando a otros países para encontrar empleo, la pobreza aumenta a niveles nunca vistos, muchos no pueden pagar las hipotecas y la banca ayudada por el gobierno los están expulsando a la calle y condenando a la miseria, los impuestos que afectan a los menos acaudalados no paran de aumentar, los salarios no dejan de disminuir, las prestaciones por desempleo se recortan, los servicios públicos en sanidad y en educación se limitan y encarecen, la edad de jubilación se retrasa, las pensiones están siendo atacadas, las protestas civiles son duramente reprimidas…

    Pero no a todos los españoles les va mal: los millonarios españoles y las grandes empresas están engrosando sus fortunas durante la crisis, gracias a la reducción de salarios, al lucrativo negocio de la deuda pública y a las bonificaciones fiscales, fundamentalmente. La corona española está inmersa en casos flagrantes de corrupción, al igual que la élite política, que tras saquear dinero de las cuentas públicas lo esconden en paraísos fiscales como el de Suiza. La desigualdad crece a ritmos desorbitados porque la inmensa mayoría se empobrece pero también porque una minoría se está enriqueciendo.

    COMO HEMOS LLEGADO A ESTA DESASTROSA SITUACION . Eduardo Garzon
    http://hablandorepublica.blogspot.com.es/2013/07/como-hemos-llegado-esta-desastrosa.html
    La actual situación económica española es desastrosa, pero no es sino el resultado de un pésimo diseño económico impulsado y fomentado desde la Unión Europea, que ha terminado por favorecer a las economías centroeuropeas frente a las de la periferia.

  4. Ahora esta bien
    COMO HEMOS LLEGADO A ESTA DESASTROSA SITUACION . Eduardo Garzon
    http://hablandorepublica.blogspot.com.es/2013/07/como-hemos-llegado-esta-desastrosa.html

    España. Un país del sur de Europa que sufrió la precuela de la II Guerra Mundial en sus carnes: la Guerra Civil de 1936 a 1939. La victoria del bando rebelde, apoyado por los ejércitos fascistas de Hitler y Mussolini, dio lugar a una dictadura proto-fascista que perduró hasta 1975. Durante todos estos años de dictadura, España permaneció aislada de la mayoría de países occidentales como castigo a su gobierno por haber sido aliado del bando fascista. Esto tuvo como consecuencia que el país no se beneficiase de la inmensa mayoría de los avances tecnológicos, económicos, sociales, culturales y políticos que se dieron durante la época en el resto de países occidentales. La dictadura impidió que el país pudiese prosperar al mismo ritmo que la mayoría de países europeos.

    Para cuando la democracia se instaura en el país, en 1978, la economía española se encuentra en niveles mucho más bajos que los de sus vecinos europeos. Su sector agrícola es muy precario, la industria se encuentra muy atrasada y es poco productiva y competitiva, y su sector terciario es poco importante y adolece de grandes carencias. Cuando España se incorpora a la Comunidad Económica Europea en 1986, las características mencionadas le impedirán competir al mismo nivel que el resto de países comunitarios. Ello hará que la ya de por sí reducida y atrasada industria se vea todavía más perjudicada, al no poder ofrecer productos de elevada gama tecnológica al resto de países socios. Las élites económicas españolas, al no poder competir con la mayoría de los productos industriales europeos, se verán empujadas a dedicar sus esfuerzos al turismo, la construcción y la banca. Como resultado, el sector industrial español se debilitará hasta niveles mínimos, mientras que los sectores de la construcción y del turismo cobrarán una importancia sobresaliente. Las tesis económicas imperantes en la Unión Europea instaban a que cada país se especializase en lo que fuese más competitivo, y así lo hizo progresivamente España.

    La creación del euro en 2002 situó un nuevo punto de inflexión en la dinámica económica española: con la nueva moneda en España resultaba mucho más barato comprar productos a países que antes tenían monedas mucho más fuertes que la peseta, como Alemania o Francia. Este hecho conllevó un aumento de las exportaciones de los países de la zona euro con mejores productos industriales, como Alemania, Francia, Países Bajos, Austria, etc; lo cual los benefició claramente ya que significaba una entrada de renta desde el exterior. De esta forma, los países con sectores industriales más fuertes (los del centro de la Unión Europea) mejoraron su posición económica a costa de empeorar la de los países con menor desarrollo industrial (los de la periferia de la Unión Europea: España, Grecia, Portugal, Italia…).

    Pero si en los países de la periferia europea, como España, se compraban al exterior más productos de los que producían en su territorio, de algún sitio tenía que salir el dinero necesario para realizar esas compras. Y ese dinero venía canalizado por los bancos centroeuropeos a través de préstamos, primero a los bancos españoles y luego éstos a las familias y empresas españolas. Es decir, el dinero que obtenían las empresas centroeuropeas con la venta de sus productos al sur de Europa en su mayoría era depositado en los bancos centroeuropeos, que a su vez lo prestaban a los bancos españoles, y éstos a las familias y empresas de la periferia europea para que lo utilizaran en parte para comprar los productos manufacturados del centro de Europa. Se cerraba así un circuito de flujos de productos y de dinero que en última instancia beneficiaba a las empresas exportadoras y a los bancos del centro de Europa, mientras empeoraba la situación de las economías periféricas, puesto que aumentaban sin parar su endeudamiento. Esto fue posible porque la moneda única permitía que a los países del sur de Europa les saliese más barato pedir dinero prestado que cuando no tenían euros en sus manos.

    Este dinero que entraba rápidamente y fácilmente en territorio español podría haberse destinado a proyectos económicos provechosos. Pero a las élites económicas españolas les salía más rentable invertirlo en el sector de la construcción que en otros sectores económicos más productivos y útiles, ya que la burbuja inmobiliaria que se originó daba excelentes frutos a corto plazo. No sólo era más rentable invertirlo en el sector de la construcción que en otros sectores industriales, sino que las tesis económicas europeas abogaban porque cada país se especializase en lo que era más competitivo; así que la sobreinversión en el sector de la construcción fue aplaudida no sólo por los dirigentes españoles, sino también por los europeos.

    La diferencia que existe entre la especialización de un país en la industria manufacturera o en la construcción es clara. Construir una fábrica para que produzca automóviles o aviones (como Alemania) estará generando frutos económicos mientras dure el negocio. Construir un edificio para vivir luego en él (como España) sólo genera beneficios durante el proceso de construcción; una vez llevada a cabo la construcción, los inmuebles residenciales no generan riqueza.

    La inversión en la construcción generaba beneficios porque los edificios que se construían luego se vendían a un precio superior, y así sucesivamente. Esta actividad daría sus frutos siempre que el proceso no parase. Pero todas las burbujas económicas siempre estallan. Es una ley universal; no existe una burbuja económica desde los primeros días de la civilización humana que no haya terminado por explotar. Y esto es lo que ocurrió en España en 2008, cuando la crisis financiera mundial se propagó hasta el territorio español e impidió que llegase más crédito.

    Con el estallido de la crisis las empresas promotoras e inmobiliarias que poseían viviendas ya no podían venderlas para obtener beneficios, puesto que la gente no estaba dispuesta a comprarlas a un precio tan elevado. Gracias a la legislación española estas empresas pudieron desprenderse de las viviendas cediéndoselas a los bancos españoles, con lo cual la banca española acabó repleta de inmuebles que no se podían vender y que sólo generaban costes. Un problema de enorme envergadura para la banca, que tenía enormes deudas con los bancos centroeuropeos y a los cuales no podía pagar. Este problema sólo se alivió cuando el gobierno español acudió en su rescate: inyectó mastodónticas cantidades de dinero en los bancos españoles para tapar sus agujeros, y para que a su vez devolviesen a los bancos centroeuropeos parte del dinero prestado. Pero el gobierno español primero tuvo que conseguir dinero de algún sitio, y este sitio fue el mercado financiero a través del cual los inversionistas privados (entre ellos bancos centroeuropeos) prestaron dinero al Estado español. Y aquí tenemos la principal explicación de que la deuda pública del Estado español aumentase a un ritmo tan vertiginoso. Para poder devolver el dinero prestado más los intereses, el Estado español hoy día está recortando en gasto público de todo tipo, entre el que destaca el gasto en sanidad pública, prestaciones sociales y educación pública; y aumentando los impuestos para recaudar más ingresos. El problema es que los impuestos que se elevan son los que afectan a la ciudadanía que menos recursos tiene, y no a las grandes empresas y fortunas españolas. El resultado es que la mayoría aplastante de la población española está pagando los platos rotos de una élite política y económica que dedicó todos sus esfuerzos en una aventura condenada desde el inicio al más estrepitoso fracaso: la inversión en el sector de la construcción.

    La caída del sector de la construcción trajo consigo un resultado devastador: la mayoría de empresas que se dedicaban a esta actividad quebraron, con lo cual tuvieron que despedir a todos sus trabajadores. Puesto que era de las actividades más importantes en la economía española y empleaba a una buena parte de la población, la tasa de paro se disparó. Con el tiempo fueron cayendo también muchas otros sectores económicos vinculados con el de la construcción (los de los muebles, de la instalación de equipos de acondicionamiento y de electrodomésticos, de la decoración, de las agencias inmobiliarias, etc) con lo cual el desempleo creció todavía más. A su vez, otros sectores económicos comienzan a encontrar problemas de financiación debido al cierre del grifo de los bancos y problemas de ventas causados por la caída del consumo debido a su vez a las malas expectativas económicas. Esto provocó que la actividad económica española se hundiese aún más, y con ella se elevase la tasa del desempleo hasta niveles nunca vistos.

    Hoy día la economía española se encuentra gravemente herida: la tasa de paro alcanza el 27% de la población activa, la industria española es débil y continúa perdiendo posiciones frente a países exteriores, su estructura económica no ofrece ninguna posibilidad de iniciar nuevos espacios de negocio, la población joven está emigrando a otros países para encontrar empleo, la pobreza aumenta a niveles nunca vistos, muchos no pueden pagar las hipotecas y la banca ayudada por el gobierno los están expulsando a la calle y condenando a la miseria, los impuestos que afectan a los menos acaudalados no paran de aumentar, los salarios no dejan de disminuir, las prestaciones por desempleo se recortan, los servicios públicos en sanidad y en educación se limitan y encarecen, la edad de jubilación se retrasa, las pensiones están siendo atacadas, las protestas civiles son duramente reprimidas…

    Pero no a todos los españoles les va mal: los millonarios españoles y las grandes empresas están engrosando sus fortunas durante la crisis, gracias a la reducción de salarios, al lucrativo negocio de la deuda pública y a las bonificaciones fiscales, fundamentalmente. La corona española está inmersa en casos flagrantes de corrupción, al igual que la élite política, que tras saquear dinero de las cuentas públicas lo esconden en paraísos fiscales como el de Suiza. La desigualdad crece a ritmos desorbitados porque la inmensa mayoría se empobrece pero también porque una minoría se está enriqueciendo.
    La actual situación económica española es desastrosa, pero no es sino el resultado de un pésimo diseño económico impulsado y fomentado desde la Unión Europea, que ha terminado por favorecer a las economías centroeuropeas frente a las de la periferia

  5. VOLTAIRE Y LAS GUERRAS

    http://tenacarlos.wordpress.com/2013/08/25/voltaire-y-la-guerras/

    Uno de los libros que he mantenido en un cajón de mi destartalada mesilla de noche desde 1960 hasta hoy (en otra mesilla, obviamente), es el titulado “Diccionario Filosófico”, de Voltaire, personaje por que el profeso una admiración tan enorme como la que mantengo, aún a pesar de su muerte, por mi profesor de Filosofía, Luis Martín Santos, cuando el que suscribe estas líneas estudiaba y ocultaba, por razones obvias, su predilección hacia la Radio… España Independiente, estación pirenaica.

    Traigo a colación a esta figura imprescindible de la cultura universal, por un apartado dedicado a las guerras, que figura en dicha obra. No tiene desperdicio. Sus palabras han superado el paso del tiempo. Pasen y lean.

    “Pueblos lejanos oyen decir que va a promoverse una guerra, y que pagarán un sueldo a los que deseen tomar parte en ella, y en seguida se dividen en dos bandos, como los segadores, y van a vender sus servicios al que quiera utilizarlos.

    Esas multitudes se encarnizan unas contra otras, no sólo sin tener interés alguno en la guerra, sino sin saber por qué se promueve.

    Se encuentran a la vez cinco o seis potencias beligerantes, unas veces tres contra tres, otras dos contra cuatro, y algunas una contra cinco, detestándose lo mismo unas a otras, uniéndose y atacándose sucesivamente, pero estando de acuerdo únicamente en una cosa: en causar todo el mal posible” (…/…)

    “Lo increíble de esta empresa infernal es que cada jefe de los asesinos hace bendecir sus banderas e invoca a Dios solemnemente, antes de ir a exterminar a su prójimo.”

    “Cuando un jefe sólo tiene la fortuna de poder degollar a dos o tres mil hombres, no da las gracias a Dios; pero cuando consigue exterminar diez mil y destruir alguna ciudad, entonces manda cantar el Te Deum” (…/…)

    “La religión natural impidió muchas veces que los ciudadanos cometieran crímenes. El alma bien nacida carece de voluntad y el alma tierna se asusta, y la conciencia hace representar a Dios justo y vengador; pero la religión artificial excita a cometer todas las crueldades que se cometen entre muchos: conjuraciones, sediciones, emboscadas sorpresa de ciudades, saqueos, matanzas… Pagan en todas partes a algunos hombres que pronuncian discursos celebrando esas jornadas mortíferas, que entusiasman a la multitud.”

    He aquí lo que dice Montesquieu: «Entre las sociedades, el derecho de defensa natural entraña algunas veces la necesidad del ataque, cuando un pueblo ve que una paz larga pondría a otro pueblo en estado de destruirlo y cuando comprende que el ataque es, en aquel momento, el único medio de impedir su destrucción.» (…/…)

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