Continuación a mi post anterior, Desconcertado, y contestando a algunos comentarios que a él se le han hecho

 Por supuesto que yo sabía que el juez Ruz es un juez sustituto y que en septiembre, probablemente, dejará ese juzgado desde el que, hoy, parece que está dispuesto a concluir su instrucción del caso más importante sobra la corrupción en la política española.

 Aparentemente, no sólo lo están dejando actuar sino mucho más, el órgano superior dictó una resolución por la que se apartó del conocimiento de algunos aspectos del asunto a un juez residente, que actúa en un juzgado del que es titular indiscutible y que, además, ha demostrado ya cierta independencia no sólo de criterio sino también de carácter puesto que hizo frente, en el caso del atentado de los trenes de Atocha, no sólo a las presiones internas, que el juez Elpidio José Silva nos ha dicho que en estos casos son realmente insoportables, sino a todas las externas que se concretaron en una de las más feroces campañas de intoxicación de la opinión pública que jamás se hayan dado por parte del diario El Mundo.

 Pero mi desconcierto se basa precisamente en esto: si a Bermúdez, juez titular, perfectamente asentado en su jurisdicción y con el crédito internacional que supone haber resuelto uno de los casos más controvertidos de nuestra historia jurisdiccional se le ha apartado con un brusco manotazo de este asunto en el que el poder económico y el político se juegan precisamente su buena fama internacional, ¿por qué a Ruz se le permite que haga algo que puede resultar tan decisivo como encarcelar a Bárcenas, si es que es verdad que éste tiene en su poder secretos respecto a la financiación del PP y de sus directivos que pueden provocar el hundimiento de su honorabilidad no sólo ante los ciudadanos españoles sino frente a la opinión mundial?

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 A Lucía/Lisístrata: Todos esos sentimientos a los que tú haces referencia no son sino epifenómenos, que se producen en el ámbito estricto del atomizado individuo, válidos únicamente como condicionantes sociales a nivel individual, en ningún caso como motores colectivos, incluso, si me apuras, creo que tampoco son universalmente válidos en dicho ámbito.

 Por poner un ejemplo: el sentido de explotación e indefensión que actualmente se ha apoderado de la mayoría de todos nosotros resulta absolutamente inoperante en cuanto a la solución de la situación en tanto que  lo que realmente mueve la maquinaria política es ese entramado de superintereses consolidados en torno a las instituciones políticosociales que sólo son el resultado de una dialéctica rigurosamente materialista, lucha en la que siempre acaba por imponerse las más poderosas de las fuerzas económicas que dominan absolutamente todos los mecanismos no sólo de influencia sino también de decisión.

 Por eso la situación es tan desesperada. Porque son absolutamente inoperantes todos esos sentimientos que ocupan nuestras atomizadas individualidades que, normalmente, sólo se preocupan de su lucha cotidiana por la supervivencia.

 Es realmente difícil, estoy tentado de escribir imposible, que un cuerpo social convenientemente atomizado por unas normas y mecanismos sociales establecidas “ad hoc”, sometido, además, al continuo martilleo de una propaganda insoportable desde todos los ámbitos, llegue a adquirir la suficiente consciencia social para plantearse las cuestiones relativas a su situación y a los posibles remedios que podrían resolverla.

 Ante esta situación, sólo cabe el mayor de los pesimismos.

 Es por eso que, admitiendo la cuasi perfección lógica de los razonamientos históricos que nos hacía Xavier Traité, me atreví a oponer mi siempre desalentador pesimismo antropológico, sustentando mi convicción de que, tal vez, hayamos llegado a ese fin de la historia que propugna Fukuyama pero precisamente en opuesto sentido: la historia no ha terminado porque ya no se pueda mejorar más sino porque es absolutamente imposible que esto empeore.

 Y el motor que nos ha llevado a esta situación, que aparece como realmente insuperable, no ha sido la conjunción en un solo impulso de todos esos sentimientos que embargan a la inmensa mayoría de los ciudadanos del mundo, sino la poderosa evolución de las fuerzas materialistas que anidan en el fondo de los movimientos sociales.

 Es el impulso liberalcapitalista de los Usa el que está empujando al mundo a ir adonde se encamina ineluctablemente y su impulso no nace de un sentimiento ni una idea sino de un instinto sobrecogedor, aquel canallesco ánimo de lucro del que nos hablaba con tanta razón Adam Smith y que este impulso es eminentemente materialista y absolutamente ciego como tal, al menos a mi, no me cabe la menor duda.

 

6 comentarios en “Continuación a mi post anterior, Desconcertado, y contestando a algunos comentarios que a él se le han hecho

  1. La imparable putrefacción de la democracia
    nuevatribuna.es | Por Pedro L. Angosto

    El 17 de junio de 1972, un grupo de asalariados de Richard Nixon, inquilino de la Casa Blanca por la gracia de Dios, asaltaba la sede del Partido Demócrata en el complejo Watergate de Washington. El país vivía uno de los periodos de protestas políticas más efervescentes de su historia, tanto a favor de los derechos civiles como en contra de la masacre que su ejército estaba llevando a cabo en Vietnam. Conviene no olvidar que Nixon ha sido el Presidente de cualquier país que más bombas ha arrojado sobre otro. Tras muchos desmentidos y dilaciones, las investigaciones de los periodistasBernstein y Woodwort –estupendamente interpretados por Robert Redford y Dustin Hoffman en Todos los hombres del Presidente- obligaron a intervenir en el caso a la Corte Suprema, el Senado y la Cámara de Representantes, concluyendo con la dimisión de Nixon y el posterior indulto que para todos los delitos que pudiese haber cometido durante su mandato le concedió su sucesor Richard Ford. Al lado de lo que estamos viendo de un tiempo esta parte, el escándalo Watergate fue un juego de niños, una trastada irrelevante también comparada con el asesinato de cientos de miles de vietnamitas que probablemente no sabían ni de qué lugar del planeta venían aquellos hombres cargados de muerte. Pero, al fin y al cabo, Nixon, como Al Capone, tuvo que dimitir aunque fuese por un delito infinitamente menor y las protestas ciudadanas lograron que Estados Unidos abandonase el país asiático al que nunca habían declarado la guerra oficialmente.
    Desaparecida la URSS, Estados Unidos quedó como única potencia hegemónica y decidió globalizar su sistema político y económico sin que nadie osase levantar la voz. Habían llegado ya Tatcher y Reagan, las protestas civiles se habían evaporado como por encantamiento y la agresión a la democracia y a los derechos que le son consustanciales había comenzado una carrera imparable que nos ha llevado hasta lo que hoy sufrimos globalmente. Estados Unidos jamás tuvo un sistema de protección social, ni seguridad social pública, ni derechos laborales, ni otro valor diferente al tanto tienes, tanto vales. Valga un ejemplo para tratar de explicar cómo funciona actualmente un planeta en el que, siguiendo el modo de vida norteamericano, todo gira alrededor del dinero: En 1929 Alexander Fleming comunicó a la comunidad científica que había descubierto la penicilina. En los años siguientes su uso se extendió a todo el mundo para salvar millones de vidas sin que nadie pusiese ningún tipo de cortapisas políticas ni económicas a su uso global. Actualmente, los laboratorios farmacéuticos yanquis, británicos, franceses o suizos gastan miles de millones en investigar para curar enfermedades que muchas veces ellos mismos han creado, sin embargo las patentes están arruinando a los sistemas de seguridad social de los países que los tienen y los convierten en inaccesibles para aquellos que no los tienen: No investigan para sanar a quienes padecen graves enfermedades, lo hacen simplemente para enriquecerse, y de ello son tan responsables quienes mandan como los científicos que se pliegan gustosamente a un sistema manifiestamente repugnante.
    Si la degradación de la democracia comenzó a notarse de forma alarmante con la llegada Reagan y Tatcher al poder y su empeño en dejar libre de toda atadura al capitalismo y los capitalistas, en nuestros días ha llegado a extremos difícilmente imaginables por aquellos días. Entre los partidos que en todo el mundo pueden llegar al poder gracias a su influencia mediática, no hay uno solo que exija el control de las transacciones financieras por parte del Estado democrático; ni uno que pida la globalización de los derechos políticos, laborales y sociales; nadie que hable –como se hacía en los años veinte- de prohibir la guerra, la explotación, la pobreza; ni un solo dirigente que abandere de forma seria la abolición de los paraísos fiscales que controlan la City londinense, y esos dos modélicos países llamados Suiza y Luxemburgo; nadie que hable de la necesidad de regular el comercio hasta hacerlo justo ni de combatir de forma seria y contundente el progresivo deterioro que está sufriendo el planeta que nos permite vivir. Nunca –otros lo harán, yo no- compararé aZapatero, con todos sus defectos, con Rajoy, el primero quiso ampliar derechos y si hubiera dimitido aquel fatídico mayo de 2010 habría pasado a la historia con mayúsculas, pero para el segundo su único objetivo es destruir todo lo conseguido hasta la fecha como derechos inherentes al ser humano, y que nadie se llame a engaño, no es por la crisis, es sencillamente por ideología. Pero Zapatero no tuvo el valor de presentar su dimisión aquel día en que le obligaron a decidir contra su presunta ideología y desde entonces el descrédito de la casta política no ha hecho más que crecer al calor del no hay otro camino y de la impunidad de los delincuentes que medran en ella.
    Llegó Obama al poder. Bien. Muchos nos alegramos. Era un negro en la Casa Blanca, o al menos eso parecía. Una persona a la que presentaron como educada y comprometida con los derechos civiles, delgado, bien trajeado, hábil, buen orador, y punto. Ni una sola de sus promesas electorales ha sido cumplida. El campo de exterminio de Guantánamo sigue abierto, un tercio de los ciudadanos, o lo que sean, yanquis no tienen derecho a la asistencia sanitaria, más de cincuenta millones de yanquis viven en la más absoluta de las exclusiones sociales y la guerra preventiva sigue siendo el instrumento más usado por la Casa Blanca. En efecto, da igual que sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones, y a nadie sorprenda que en los próximos años, si cumple con los requisitos previamente diseñados por los asesores por los verdaderos dueños del poder, podamos ver en la Presidencia de ese país a un chicano o un biznieto de aquellos chinos que llegaron hace ciento cincuenta años para construir el ferrocarril.
    A nadie importa que los trescientos millones de norteamericanos estén siendo espiados telefónicamente por su policía, que te puedan crear en una fracción de segundo un historial delictivo y ordenen tu detención inmediata a la Interpol o a quien sea; a nadie que miles de inocentes mueran en primaveras que son cruentísimos inviernos y que sólo persiguen controlar militarmente los lugares donde están las materias primas del futuro; a nadie que se torture sistemáticamente en cualquier lugar del planeta, que las policías tengan patente de corso, que los banqueros que trajeron esta inmensa estafa den clases magistrales de ética, que un tercio de nuestros conciudadanos no tengan para comer, que la Representación se haya convertido para muchos en una forma de enriquecimiento, que la inmunidad en impunidad. Lo que de verdad importa a esta democracia putrefacta es que Snowden, Manning, Assange o los cientos de personas que protestan cada día contra el capitalismo salvaje, contra los desahucios y lanzamientos, contra la explotación y la impunidad, contra la destrucción de los derechos humanos más elementales, sigan en libertad porque son las únicas voces que se alzan contra un orden mundial que ya destruyó dos veces el mundo en el siglo pasado aunque ahora usen otro disfraz.
    Conviene no olvidar que el mismo año que el nazi-fascismo católico destruía España, en 1936, se celebraron en Berlín, pese a las advertencias de los Snowden, Manning, Sampedro, Chomsky, Oliveres y Assange de entonces, las Olimpiadas de verano con la asistencia entusiasta de todas las grandes democracias del planeta. Cuando los poderosos para salir a las calles tienen que ir rodeados de guardias pretorianas, de esbirros y lacayos, la democracia ha dejado de existir. Toca limpiar la casa y comenzar de nuevo desde abajo, sin contemplaciones y sin dilaciones. Esto se ha acabado.

  2. Dedicado a los entusiastas del “mal menor”, no confundir con el Mar Menor aunque lo tengamos cerquita.
    EL GESTO DE GRIÑÁN Y LA CRISIS PERMANENTE DEL PSOE
    Martín Landa |
    nuevatribuna.es | 04 Julio 2013 – 17:31 h.

    http://www.nuevatribuna.es/opinion/martin-landa/el-gesto-de-grinan-y-la-crisis-permanente-del-psoe/20130704132034094414.html

    No caben apaños ni disimulos. El PSOE está en crisis de identidad desde mayo del año 2010, cuando su secretario general y presidente del gobierno por más señas, abrazara acríticamente los planteamientos ultra liberales de salida de la crisis que impuso la Canciller Merkel en la ya famosa reunión del ECOFIN.
    Y sigue en crisis permanente porque no se ha visualizado ninguna autocrítica seria al respecto y porque la ciudadanía, con cientos de miles de votantes y simpatizantes de la izquierda y del PSOE, ven que siguen tomando las decisiones casi las mismas personas de aquel Comité Federal que respaldaba por unanimidad las ocurrencias y giros de Zapatero en el último periodo: La jubilación a los 67 años; congelación de las pensiones; reforma laboral; bajada de sueldos a los funcionarios; y el no abordar una reforma tributaria que hiciera contribuir más, de verdad, a quienes más tienen.
    Los procesos electorales que se han ido sucediendo hasta aquí, han sido solo avisos del desencanto de la ciudadanía progresista hacia el Partido Socialista.
    Así pues el gesto de Griñán (haya sido buscado o no) de anunciar ya, a dos años vista, que no será candidato, va a hacer que se hable y mucho de la necesaria renovación en el socialismo. De un PSOE que tres años después del “petardazo” de mayo del 2010, sigue hundido y sin levantar el vuelo. Y no lo hace porque han perdido la credibilidad.
    Nada de lo que dicen, y algunas de las cosas que ahora están discutiendo son interesantes, y suenen como suenen, tienen credibilidad escuchadas de boca de quienes todavía piensan que Zapatero fue un valiente… ¡Si supieran como escuece todavía ese tipo de afirmaciones entre la gente de izquierda se abstendrían de realizarlas!
    Por eso, y para esa renovación imprescindible en el PSOE, no vale cualquiera. La unanimidad de aquella dirección socialista para con las incongruencias planteadas por Zapatero después de caerse del caballo y abrazar la causa de la señora Canciller, invalidan a todas aquellas personas que no solo no han hecho ninguna autocrítica de aquello sino que siguen pensando que fue obra de un valiente, como les oíamos decir en un reciente acto socialista con premio incluido.
    Estamos ante el mayor error cometido por el PSOE y por aquel gobierno socialista, cuando traicionando todo lo que habían prometido hacer, pasaron a defender todo lo que habían dicho que nunca harían. Del “no nos falles” y ser la esperanza de la gente progresista y de izquierdas, se pasó a ser el brazo ejecutor de las políticas de recortes dictadas por la derecha neoliberal europea.
    Por eso, y lo haya querido hacer o no, tengo la impresión de que Griñán abre el proceso de un debate que llega, por cierto, bastante tarde. Debía haber estado en plena ebullición desde el mismo momento del giro copernicano dado por Zapatero (por muy presidente que fuera) a su política en el último año y medio de gobierno. Si aquello no abrió debate y se cerró como se cerró…, poniendo a un “fontanero de la casa” a tratar de reparar el previsible desastre, no hay ahora tampoco demasiados motivos para la esperanza de que vaya a abrirse un debate sereno de ideas y propuestas con las que volver a ilusionar a la sociedad. Harían falta cambios profundos y escuchar el sentir de la sociedad de izquierdas que desde el “zapaterazo” permanece no ya alejada de los partidos, sino enfrentada a los mismos.
    El debate debiera ser con la sociedad y no con las camarillas (con todos mis respetos) de los afines. Porque si se sigue haciendo desde la estructura cerrada partidaria…, entonces no hay ninguna esperanza de que puedan abrirse camino los cambios necesarios para una renovación en los compromisos, en las ideas y en las personas que deban pilotar el verdadero cambio necesario.
    Todo hace pensar que no es por este camino precisamente por donde se vayan a orientar los debates. Más bien parece que se está en la idea de un cierto “agiornamiento” y de esperar a que se vaya enfriando la indignación de tanta gente de izquierda…, y de paso a que la patita del PP ayude a la “comprensión” de elegir el mal menor, de entre dos males, cuando haya de irse de nuevo a votar.
    ¡Si lo hacen se van a volver a equivocar! Ningunear a la gente es siempre un grave error, y en política más todavía. Decir que se escucha a la gente y seguir ignorando su sentir es (siempre lo ha sido) mucho más grave para la izquierda que para la derecha. Ocurre lo mismo que con la corrupción y con la ética o la falta de ética. Por eso mismo, cuando se produce la desafección, y ahora estamos en medio de ese proceso, el no hacer nada y dejar pasar el tiempo (en lo que se llevan tres años) es una pésima decisión especialmente para la izquierda.

  3. Según la psicología, los sentimientos son la evaluación de las percepciones y forman parte del universo afectivo que conforman deseos, actitudes y conductas. Los sentimientos impulsan a la acción y son motores de la inteligencia. Pero Vd. dice que son fenómenos secundarios. ¿Secundarios el amor, el deseo, la furia, la ira, el odio y el miedo?

    Las sociedades están formadas por individuos cuyas motivaciones, valores y fines les mueven a actuar individual o colectivamente, los motivos, llamados por v. motores, dependen del consenso.

    Las personas pueden estar explotadas e indefensas, pero según las percepciones y valores de cada uno, elegirán una conducta distinta para superar sus circunstancias, y esto, la conducta, no se puede imponer. Existe la formación y la información, las asociaciones y sindicatos para agruparse en contra de la tiranía. También existe una sociedad lobotomizada que danza al son que le tocan.

    D. José, no puede despachar los sentimientos y las emociones diciendo que son inoperantes, porque son justamente lo contrario. El marxismo fracasó como ideología al servicio del proletariado, precisamente porque no tuvo en cuenta esta magnífica veta de ocurrencias que son los sentimientos.

    Estamos gobernados por los sentimientos, deseo, ansia, afán, caprichos, asco, euforia, desánimo, debilidad, desgana, intranquilidad, impaciencia, rencor, fobias, expectación, tristeza, sorpresa, arrogancia, etc. No voy a traer aquí la lista interminable de todas las experiencias y evaluación de motivos que conforman los sentimientos y que estudia la psicología evolutiva.

    Realmente es imposible, por esa gran variedad de actitudes y rasgos de personalidad, que ninguna sociedad vaya al unísono en una sola dirección. Además de que sería culturalmente desastroso.

    Y las fuerzas materialistas o culturales o libertarias o de abolición del trabajo, que anidan en el fondo de los movimientos sociales no son más que DESEOS que MUEVEN a superar la adversidad y alcanzar una vida digna. Pero que los oscuros poderes que manejan el teatro mundial impedirán por todos los medios, porque necesitan sangre para seguir enriqueciéndose. Esto no quiere decir que sean invulnerables, de hecho, dicen que el capitalismo se matará a sí mismo y con la deuda que manejan, están en ello.

    Y el capitalismo industrial hace tiempo que fue reconvertido en los paraísos fiscales en capitalismo financiero de mucha peor factura y catadura, pero que en ningún caso se pueden asociar a la palabra liberal y mucho menos libertad. No al menos, desde una posición de izquierdas.

    Salud.

  4. HEROES, COBARDES Y VASALLOS . Rafael Poch
    Si este fuera un mundo decente, en su plaza mayor levantaría un monumento a Eduard Snowden. El joven ex agente americano ha informado al mundo de que el secreto y la privacidad en las comunicaciones, un derecho fundamental, no existe. Y lo ha hecho a sabiendas de lo que se jugaba. A sabiendas de que se enfrentaba a un poder enorme, el de su gobierno, que tortura, encarcela indefinidamente sin cargos, somete a un trato inhumano a disidentes similares como el soldado Bradley Manning, exento de cualquier posibilidad de juicio justo, y que ha normalizado la práctica del asesinato extrajudicial, incluso de ciudadanos americanos con cuatro casos conocidos, entre ellos un adolescente de 16 años.
    Snowden sabía que su vida se vería arruinada por su decisión, que probablemente no volvería a ver a su familia ni podría regresar a su país, en caso de que no lo hiciera esposado. Conocía el precio de meterle el dedo en el ojo al Imperio, y a pesar de todo decidió actuar. Puso por delante su conciencia. La conciencia que insta a los funcionarios de su país, mediante juramento, a “defender la Constitución de los Estados Unidos, frente a enemigos externos e internos”. La conciencia a la que el Tribunal de crímenes de guerra de Nuremberg apeló, al proclamar tras la Segunda Guerra Mundial que, “los individuos tienen deberes internacionales que trascienden a la obligación nacional de obedecer, por lo que los ciudadanos tienen derecho a violar las leyes nacionales para impedir crímenes contra la paz y la humanidad”.

    Por poner su consciencia por delante de su destino personal, Eduard Snowden merece ser admirado y públicamente reconocido por el común de sus semejantes. Es decir, es un héroe.

    La siguiente pregunta es qué son el presidente Obama y los demás hombres de Estado que persiguen a Snowden por activa y pasiva, organizando su acoso mediante un potentísimo esfuerzo diplomático y policial, o colaborando en ese esfuerzo con episodios tan vergonzosos como la negación de espacio aéreo al presidente boliviano, por sospechas de que llevaba en su avión a Snowden. Y la respuesta a esa pregunta es que el Presidente Obama es, en el mejor de los casos, un rehén de un sistema irreformable, y que sus cómplices europeos son unos miserables vasallos.

    Obama llegó a la presidencia sobre la crítica a la guerra iraquí de George W. Bush. No alteró la agenda de la “seguridad nacional” lanzada por el Imperio aprovechando la oportunidad brindada por los atentados del 11 de septiembre de 2001, sino que la enmendó. Se fue de Irak, pero apretó en Afg/Pak. Multiplicó el poder y la libertad del Joint Special Operation Command (JSOC) y potenció las operaciones de asesinato a cargo de los grupos de operaciones especiales y de los drones hasta una escala que los hombres de Bush ni siquiera soñaron. Prometió cerrar Guantánamo, la más conocida isla del archipiélago de cárceles y centros de tortura secretos sembrados por todo el mundo, pero no lo hizo.

    En palabras de Noam Chomsky, Obama es otro presidente norteamericano criminal, uno más en la serie. Su campaña fue pagada por Wall Street, así que no había que hacerse muchas ilusiones desde el principio. El sociólogo americano Norman Birnbaum, no le niega a Obama algunas buenas intenciones de cambio, pero el caso es que no se ha opuesto a los asesinatos extrajudiciales de los drones -que frecuentemente precisan órdenes directas y personales suyas para ser ejecutados- ni a la vigilancia total, ni a tantas otras cosas, por la sencilla razón de que es un “prisionero de ese aparato” de la seguridad nacional. Ese aparato, dice Birnbaum, “tiene sus propias leyes y sabe perfectamente como disciplinar a la gente”.

    Birnbaum rememora los asesinatos de los Kennedy, el de Martin Luher King y otros personajes de la vida americana que llegaron a representar determinados riesgos de reforma, y estima que, “nuestro sistema tiene formas y maneras de advertir para que no se superen determinados límites”. “Creo”, dice Birnbaum en una entrevista con Deutschlandfunk, “que en el caso de Obama el presidente ha hecho para su persona esa lectura de nuestra historia”.

    Enfrentado a una situación similar, Mijail Gorbachov fue valiente: su determinación de cambio y reforma fue por delante de su realismo y pragmatismo. Llegado el momento, prefirió quemarse a claudicar, confiando, quizá, en ser recompensado “por la historia”, sí, pero asumiendo claros riesgos físicos que incluyeron un golpe de estado contra él. Que algo así no haya sido posible en Estados Unidos, no tiene que ver tanto con la calidad de las personas, sino seguramente con el sistema.

    Dándole la vuelta a lo que decía la derecha sobre el comunismo, que era un sistema “irreformable”, nuestra constatación nos lleva más bien a pensar lo contrario: el comunismo soviético fue tan reformable que hasta se autodisolvió. Lo que se demuestra irreformable y apunta a una dirección cada vez más inquietante, orwelliana y dictatorial, es el sistema de Estados Unidos. En cualquier caso, la pulverización de derechos fundamentales a la que estamos asistiendo, con los drones, los Guantánamos y las NSA, apunta hacia un régimen político en sintonía con el estado de cosas, dictatorial y oligárquico, que sugiere el orden socio-económico de la Gran Desigualdad. Dicho de la forma más simple: una sociedad de extrema desigualdad, desprovista de Estado social y regida por el interés de una minoría, precisa formas políticas duras y abolición de derechos fundamentales.

    Llegamos así a los vasallos, a todos esos indignos pigmeos políticos que gobiernan el continente europeo, desde Lisboa a Atenas. La caza de Snowden llevada a cabo por los gobiernos de España, Portugal, Italia y Francia, alrededor del avión de Evo Morales, ha puesto en su lugar a la “comunidad de valores” transatlántica. Los europeos colaboran con la potencia que les espía para apresar a la persona que lo ha denunciado. De los gobiernos de España (bases militares, tránsito de vuelos de la CIA en el sistema Guantánamo, escudo antimisiles, etc), con cualquiera de los dos partidos, ya conocíamos el nivel de servilismo. Portugal es un país mas pequeño, la cínica flexibilidad italiana también era conocida, pero la indignidad de Francia en este episodio supera la expectativa del más escéptico. Europa ha vivido esta semana una de sus horas más vergonzosas y clarificadoras. Héroes, un presidente cobarde y unos miserables vasallos. Cada cual en su lugar.

    Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=502

  5. Eddie, sólo por este artículo que hoy nos acabas de traer y que expone sucinta pero suficientemente cuál es la situación actual en el mundo, nunca te agradeceremos bastante la labor que haces para todos nosotros los que cotidianamente pasamos por estos blogs.

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