Intentando debelar de una puñetera vez eso de que el fútbol, u otro deporte, no tiene nada que ver con la política.

 Según el axioma aristotélico, todo es política, desde el acto presuntamente inactivo de dormir hasta la actividad cuasi frenética de un agitador revolucionario.
 Porque dormir es el acto reparador de energías para la acción del día siguiente y la prueba está en que los chinos dictaron una ley que prohíbe engendrar y tener más de un hijo, o sea, que allí la actividad politica se ha inmiscuido hasta en la más íntima de nuestras accciones. 
 O sea que Orwell comienza a estar no sólo desfasado sino que nos parece incluso rudimentario: no es necesario instalar en nuestras habitaciones cámaras de televisión sino que basta con situarlas en las leyes.
 Desde aquí, lo juro, estoy leyendo ya las interjecciones de Lucía/Lisístrata, auténtica punta de lanza en la defensa de la libertad.
Pero es sólo porque yo sigo explicándome tan mal que hago que hasta Aristóteles, seguramente el pensador más importante en la historia de la humanidad, parezca un Goebbels o un Relaño. O un Rubalcaba.
 Cuando Aristóteles afirmaba, como primera premisa de su teoría política, que el hombre es un “zoon politikón”, un animal político, no inventaba nada, no teorizaba, se limitaba a recoger lo que la observación directa de la realidad le imponía.
 El hombre es el único animal dotado de la facultad de locución pluscuamperfecta, tanto que no sólo puede dialogar sino incluso escribir poesía, algo que va mucho más allá de la expresión científica.
 Si la naturaleza ha dotado a cada uno de sus elementos de los órganos y funciones necesarios en orden a su modo de vivir, no cabe duda de que el hombre fue producto de una necesidad política, de polis, ciudad, agrupación ciudadana de individuos para vivir mejor.
 Y esa necesaria convivencia impone sus leyes absolutamente naturales, primero, luego vendrán las artificiales.
 Papini nos decía que el hombre debería de esconderse para comer como lo hace para defecar. O para fornicar, aunque esto último parece que ha desaparecido ya como exigencia gracias a la pornografía.
 Pero hasta la defecación y el ejercicio de la actividad sexual tienen que ser regulados por la polis, por la política, si no queremos que se produzca el caos.
 Y el caos serían océanos de mierda invadiendo las ciudades o las costuras del Estado chino reventando más allá de cualquier límite racional si sus 1.400 millones de habitantes procrearan libremente.
 Así las cosas, creo que hemos demostrado, más o menos matemáticamente, que no hay, no puede haber nada que escape a su consideración como acto político.
 Y entonces, vienen esos jodidos hipócritas, esos ventajistas políticos encabezados por tipos como Franco, Hitler, Mussolini “et alteri” y gritan y actúan como si ellos mismos no estuvieran haciendo política, pero la peor de las políticas puesto que lo que quieren es situar al fútbol en un limbo político en el que ellos puedan seguir manejándolo exclusivamente propugnando su ley política del silencio: HAY QUE SEPARAR AL FUTBOL, Y AL DEPORTE EN GENERAL, DE LA POLITICA, al propio tiempo que ellos, así, mediante esta postura excluyen a una importantísima en cuanto superpoblada afición, del ámbito del análisis político para que los regímenes más canallescos y los tiranos más repugnantes hayan hecho de su capa un sayo, gobernando un mundo superpoblado a su exclusivo antojo, impidiendo, hasta ahora con éxito, que los pensadores auténticos vengan hasta el fútbol, por ejemplo, y demuestren que Videla y sus compinches utilizaron el éxito de la selección argentina tan canallescamente a su favor como Franco los éxitos del Real Madrid y Hitler los de sus olimpiadas, para tapar, por lo menos ante sus más iletrados compatriotas, las ingentes tropelías políticas que estaban cometiendo, o sea que el fútbol, el deporte en general, sí que podía se utilizado políticamente pero únicamente por ellos.
 Es por todo esto por lo que a mí me asombra un poco que todavía esta gigantesca mentira, este canallesco camuflage tenga todavía tanto éxito y por ello cuando veo a un pretendido “intelectual” y además autoproclamado progresista que preconiza la exclusión del fútbol o cualquier otro deporte del análisis sociopolítico, me entran ganas de vomitar de puro y puto asco.

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