Carta abierta a Lisístrata

 Bueno, tengo que aceptarlo, forma parte de mi triste destino.
 Voy por la vida desagradando a las personas que más estimo, pero eso, sí, en absoluto tengo yo la culpa, todo lo contrario, soy la víctima de que la gente se haya acostumbrado a pensar a base de estereotipos.
 Hace unos meses, en un debate que tuve con mi mejor amigo, Futbolín, la persona fuera de mi familia a la que más aprecio,tuve que decirle, “y, ojo, Carlos, no cometas conmigo el error de creer que yo soy uno de esos tipos con los que discutes en Faceboot”.
 Mi querida Lucía, porque yo te seguiré queriendo aunque tú te vayas de aquí, esencialmente enfadada, como parece que estás, pero te juro por mis muertos que la culpa no la tengo yo sino tú, que me estás aplicando a mi todos esos jodidos estereotipos de las discusiones entre feministas y machistas y yo, coño, ¿cómo no te has dado cuenta todavía?, soy diferente.
 Y lo soy no porque mi pasta haya sido distinta sino porque mi jodida, mi puñetera, mi canallesca vida me ha hecho distinto.
 Mira, Lucía, yo ando por aquí con dos direcciones de email: una, jlpalazon0@hotmail.com y otra, elhijodelconde0@hotmail.com y el título que le di a la 2ª no es fruto de mi inventiva literaria sino el apelativo o mote por el que se me conocía hace ya 70 años en mi pueblo de Mula. Yo era allí el hijo del conde porque a  mi padre, el tío más exquisito y culto que yo he conocido en mi vida, le llamaban “el conde” porque el jodido además de sus modales absolutamente aristocráticos no había dado puto golpe en su vida.
 O se que las que sí que tuvieron que dar muchos golpes en la suya, las que se mataron trabajando como negras para sacarnos a nosotros, 3 hijos y 1 hija para adelante, fueron mi madre, una auténtica “madre coraje”, el tipo humano más valioso que he conocido en mi vida, mi tía, que dedicó toda su existencia a que yo pudiera estudiar y mi hermana, que trabajó como una fiera desde niña para que en mi casa comiéramos de vez en cuando.
 O sea, Lucía, que no era mera palabrería, jodida literatura, cuando yo escribía el otro día que por lo menos estas 3 mujeres no sólo me alimentaron y vistieron y cuidaron, mientras yo estudiaba como un jodido zángano, yéndose incluso las 3 de temporeras a la vendimia francesa, sino que los pocos días que convivían conmigo me hacían objeto del trato amoroso más grande y noble que yo he conocido.
 Mientras, mi padre, “el conde”, murió sin dar golpe.
 Yo, sí, en mis cortas, cortísimas vacaciones, hice los 7 cursos del bachiller con el examen de Estado en 3 años, mis días libres iba a la fábrica de conservas de Pepe Hernández a recoger los huesos de albaricoque y de melocotón que mi madre, mi tía y mi hermana, partían.
 No es la forja de un rebelde ni tampoco el Inglaterra me hizo así pero las he pasado canutas. Y tengo la absoluta convicción de que sin el denodado esfuerzo de estas 3 mujeres yo no sólo no hubiera estudiado sino que no estaría aquí porque me hubiera muerto de puñetera hambre, así, que venirme ahora aquí, las maravillosas feministas del mundo, a enseñarme a mi, qué es una mujer, hasta qué punto llega su capacidad de amor y sacrificio, de lo que son capaces, porque mi madre fue, a todo esto, una magnifica maestra de escuela y mi hermana la mejor actriz que yo he conocido, pero ninguna de ellas tuvo el menor inconveniente de ir a las vendimias francesas y a la fábrica de conservas de Pepe Hernández mientras yo, el canallesco  “hijo del conde”, seguía estudiando.
 A mi no tiene que venir a gritarme sus eslóganes ninguna sufragista porque yo soy más sufragista que ella; a mi no tiene que venir a pedirme mi voto para que se apruebe la ley contra los maltratadores porque soy hijo de maltratador y maltratada y sé lo que es eso de verdad, no lo he leído en ninguna novela ni lo he visto en el cine o en la tele.
 Lo que yo trataba de decir ayer en mi post pero ya advertía allí que es muy difícil es que mi sufragismo, mi feminismo, lo he mamado en las tetas de mi madre, lo he olido en su vestido traspasado de sudor cuando salía de la fábrica, y en sus ojos llorosos, empañados de dolor y cansancio, de modo, sufragistas, feministas, que yo soy, no lo dudéis un momento, el más furibundo partidario de los derechos, todos los derechos de la mujer, no sólo de la que es una lumbrera de la informática como mi hija Cristina, a la que los usanianos no renuncian a llevarse a Cabo Cañaveral, sino también de la que viene a fregar las escaleras del edficio en el que vivo, pero también lo soy, sí, y con qué cojones, para exigir a una magistrada que está abusando de sus facultades jurisdiccionales para proteger a un jodido pepero, que no abuse del derecho a la voz y al voto que mi madre, mi tía y hermana ganaron y ejercieron no sólo luchando en todos los ámbitos contra la opresión femenina que no le permitía, por ejemplo, a mi hermana estudiar como lo hacía yo, sino también yendo a cuerpo limpio a todas las manifestaciones que al efecto se organizaban y ahora ven como una tía que luce cada día un modelito, que hace sus sesiones de rayos uwa  y que acude a su despacho muy cerca de la una, protege a un jodido empresario estafador que ha chupado no ya el sudor sino también la sangre de todos los trabajadores que ha tenido.
 Por supuesto que éste no es el caso de la juez Carmena a la que he tenido el honor de conocer personalmente ni otros miles de juezas y abogadas y funcionarias judiciales, mucho más abundantes ya, gracias a Dios, que los hombres, mi requisitoria en forma de artículo, bajo el título de las superwomans, no iba contra ellas como tampoco contra mi madre, mi tía y mi hermana, a las que debo no sólo lo que soy sino también el hecho de seguir viviendo.
 A ti, Lucía, te ha ocurrido como a futbolín, que confundió también el culo con las témporas, y pensó que yo era socialista porque criticaba al 15 M por su postura neutralista y equidistante cuando el PP se preparaba para acceder al poder y hundirnos, como lo ha hecho, a todos en la puta miseria, y le exigía yo el acto de inteligencia política que supone admitir que en determinados momentos dialécticos la abstención es el peor de los crímenes,  como veo que le ha pasado también a Bateman, cuando admite tu acusación contra el supuesto hecho de que yo viera bien que la SICAR hiciera todo lo posible porque los hijos de los pobres llenaran la Tierra, al propio tiempo que, coño, alababa a China por limitar por Ley el número de hijos de las parejas.
 Es por eso que yo, a veces, siento la tentación de dejar de escribir para los demás y hacerlo sólo para mi mismo, por las limitaciones que tengo de lenguaje, pero, por otra parte, creo que sin la crítica de Lucía, aún radicalmente equivocada por no haber comprendido cuál es en realidad mi posición, yo nunca hubiera podido siquiera acercarme, tal como lo he hecho, a la clarificación total de mi pensamiento al respecto.
 Por favor, Lucía, te ruego a ti, como antes lo hice, parece que con éxito a futbolín, que no me apliques clichés ni estereotipos, yo soy lo  que y como soy, y no debes confundirme con otros por mucho que te suene mi canción, que, te lo aseguro, es completamente distinta a las que suele aparecer por esos jodidos foros de debate.
 Yo sería un mal nacido, el peor de los hijos de puta, un canalla con pintas, si aceptara como natural aquel formidable sacrificio de mis 3 mujeres, si no proclamara a los 4 vientos, si no luchara porque las mujeres que a hora sufren lo que ellas soportaron no pudieran tener acceso en igualdad de condiciones a las posibilidades de ser y de ocupar los mismos cargos que todos los jodidos varones de la Tierra.

Carta abierta a Lisístrata

 Bueno, tengo que aceptarlo, forma parte de mi triste destino.

 Voy por la vida desagradando a las personas que más estimo, pero eso, sí, en absoluto tengo yo la culpa, todo lo contrario, soy la víctima de que la gente se haya acostumbrado a pensar a base de estereotipos.

 Hace unos meses, en un debate que tuve con mi mejor amigo, Futbolín, la persona fuera de mi familia a la que más aprecio,tuve que decirle, “y, ojo, Carlos, no cometas conmigo el error de creer que yo soy uno de esos tipos con los que discutes en Faceboot”.

 Mi querida Lucía, porque yo te seguiré queriendo aunque tú te vayas de aquí, esencialmente enfadada, como parece que estás, pero te juro por mis muertos que la culpa no la tengo yo sino tú, que me estás aplicando a mi todos esos jodidos estereotipos de las discusiones entre feministas y machistas y yo, coño, ¿cómo no te has dado cuenta todavía?, soy diferente.

 Y lo soy no porque mi pasta haya sido distinta sino porque mi jodida, mi puñetera, mi canallesca vida me ha hecho distinto.

 Mira, Lucía, yo ando por aquí con dos direcciones de email: una, jlpalazon0@hotmail.com y otra, elhijodelconde0@hotmail.com y el título que le di a la 2ª no es fruto de mi inventiva literaria sino el apelativo o mote por el que se me conocía hace ya 70 años en mi pueblo de Mula. Yo era allí el hijo del conde porque a  mi padre, el tío más exquisito y culto que yo he conocido en mi vida, le llamaban “el conde” porque el jodido además de sus modales absolutamente aristocráticos no había dado puto golpe en su vida.

 O sea que las que sí que tuvieron que dar muchos golpes en la suya, las que se mataron trabajando como negras para sacarnos a nosotros, 3 hijos y 1 hija para adelante, fueron mi madre, una auténtica “madre coraje”, el tipo humano más valioso que he conocido en mi vida, mi tía, que dedicó toda su existencia a que yo pudiera estudiar y mi hermana, que trabajó como una fiera desde niña para que en mi casa comiéramos de vez en cuando.

 O sea, Lucía, que no era mera palabrería, jodida literatura, cuando yo escribía el otro día que por lo menos estas 3 mujeres no sólo me alimentaron y vistieron y cuidaron, mientras yo estudiaba como un jodido zángano, yéndose incluso las 3 de temporeras a la vendimia francesa, sino que los pocos días que convivían conmigo me hacían objeto del trato amoroso más grande y noble que yo he conocido.

 Mientras, mi padre, “el conde”, murió sin dar golpe.

 Yo, sí, en mis cortas, cortísimas vacaciones, hice los 7 cursos del bachiller con el examen de Estado en 3 años, mis días libres iba a la fábrica de conservas de Pepe Hernández a recoger los huesos de albaricoque y de melocotón que mi madre, mi tía y mi hermana, partían.

 No es la forja de un rebelde ni tampoco el Inglaterra me hizo así pero las he pasado canutas. Y tengo la absoluta convicción de que sin el denodado esfuerzo de estas 3 mujeres yo no sólo no hubiera estudiado sino que no estaría aquí porque me hubiera muerto de puñetera hambre, así, que venirme ahora aquí, las maravillosas feministas del mundo, a enseñarme a mi, qué es una mujer, hasta qué punto llega su capacidad de amor y sacrificio, de lo que son capaces, porque mi madre fue, a todo esto, una magnifica maestra de escuela y mi hermana la mejor actriz que yo he conocido, pero ninguna de ellas tuvo el menor inconveniente de ir a las vendimias francesas y a la fábrica de conservas de Pepe Hernández mientras yo, el canallesco  “hijo del conde”, seguía estudiando.

 A mi no tiene que venir a gritarme sus eslóganes ninguna sufragista porque yo soy más sufragista que ella; a mi no tiene que venir a pedirme mi voto para que se apruebe la ley contra los maltratadores porque soy hijo de maltratador y maltratada y sé lo que es eso de verdad, no lo he leído en ninguna novela ni lo he visto en el cine o en la tele.

 Lo que yo trataba de decir ayer en mi post pero ya advertía allí que es muy difícil es que mi sufragismo, mi feminismo, lo he mamado en las tetas de mi madre, lo he olido en su vestido traspasado de sudor cuando salía de la fábrica, y en sus ojos llorosos, empañados de dolor y cansancio, de modo, sufragistas, feministas, que yo soy, no lo dudéis un momento, el más furibundo partidario de los derechos, todos los derechos de la mujer, no sólo de la que es una lumbrera de la informática como mi hija Cristina, a la que los usanianos no renuncian a llevarse a Cabo Cañaveral, sino también de la que viene a fregar las escaleras del edificio en el que vivo, pero también lo soy, sí, y con qué cojones, para exigir a una magistrada que está abusando de sus facultades jurisdiccionales para proteger a un jodido pepero, que no abuse del derecho a la voz y al voto que mi madre, mi tía y hermana ganaron y ejercieron no sólo luchando en todos los ámbitos contra la opresión femenina que no le permitía, por ejemplo, a mi hermana estudiar como lo hacía yo, sino también yendo a cuerpo limpio a todas las manifestaciones que al efecto se organizaban y ahora ven como una tía que luce cada día un modelito, que hace sus sesiones de rayos uwa  y que acude a su despacho muy cerca de la una, protege a un jodido empresario estafador que ha chupado no ya el sudor sino también la sangre de todos los trabajadores que ha tenido.

 Por supuesto que éste no es el caso de la juez Carmena a la que he tenido el honor de conocer personalmente ni otros miles de juezas y abogadas y funcionarias judiciales, mucho más abundantes ya, gracias a Dios, que los hombres, mi requisitoria en forma de artículo, bajo el título de las superwomans, no iba contra ellas como tampoco contra mi madre, mi tía y mi hermana, a las que debo no sólo lo que soy sino también el hecho de seguir viviendo.

 A ti, Lucía, te ha ocurrido como a futbolín, que confundió también el culo con las témporas, y pensó que yo era socialista porque criticaba al 15 M por su postura neutralista y equidistante cuando el PP se preparaba para acceder al poder y hundirnos, como lo ha hecho, a todos en la puta miseria, y le exigía yo el acto de inteligencia política que supone admitir que en determinados momentos dialécticos la abstención es el peor de los crímenes,  como veo que le ha pasado también a Bateman, cuando admite tu acusación contra el supuesto hecho de que yo viera bien que la SICAR hiciera todo lo posible porque los hijos de los pobres llenaran la Tierra, al propio tiempo que, coño, alababa a China por limitar por Ley el número de hijos de las parejas.

 Es por eso que yo, a veces, siento la tentación de dejar de escribir para los demás y hacerlo sólo para mi mismo, por las limitaciones que tengo de lenguaje, pero, por otra parte, creo que sin la crítica de Lucía, aún radicalmente equivocada por no haber comprendido cuál es en realidad mi posición, yo nunca hubiera podido siquiera acercarme, tal como lo he hecho, a la clarificación total de mi pensamiento al respecto.

 Por favor, Lucía, te ruego a ti, como antes lo hice, parece que con éxito a futbolín, que no me apliques clichés ni estereotipos, yo soy lo  que y como soy, y no debes confundirme con otros por mucho que te suene mi canción, que, te lo aseguro, es completamente distinta a las que suelen aparecer por esos jodidos foros de debate.

 Yo sería un mal nacido, el peor de los hijos de puta, un canalla con pintas, si aceptara como natural aquel formidable sacrificio de mis 3 mujeres, si no proclamara a los 4 vientos, si no luchara porque las mujeres que a hora sufren lo que ellas soportaron no pudieran tener acceso en igualdad de condiciones a las posibilidades de ser y de ocupar los mismos cargos que todos los jodidos varones de la Tierra.

Las superwomans (IV)

Dedicado a Lucía M. Mur, por otro nombre Lisístrata, con todo mi afecto.
 Decía el que quizá sea el mejor de mi maestros que el hombre es una pasión inútil.
 Y cuanta razón tenía.
 Nos debatimos diariamente en una fuerte lucha a muerte, sin otro objeto que sobrevivir, en todo aquello que hacemos sin darnos, cuenta casi nunca, de que estamos vendiendo nuestra jodida vida al diablo no por la eterna juventud, sino por un poco, o un mucho, de dinero.
 Triste batalla la nuestra que no tiene otro objeto que adorar al canallesco becerro de oro.
 Allá, nosotros.
 Es por eso por lo que yo digo que lo que encanallece a las superwomans es su afán de masculinidad.
 Repito, con mi maestro: el hombre es una pasión inútil porque trata siempre de transcender sus límites, sus propios límites, la mujer es la puñetera, la jodida, la maravillosa realidad porque su inmenso corazón la obliga a actuar siempre dentro de sus límites sin más proyecto, sin más ambición que el de hacer felices a los suyos, hacer, por lo menos, que nazcan, que vivan, que sigan viviendo, no olvida en ningún momento que somos unos animales racionales y parlantes y vociferantes cuya principal y debería ser única misión es que la vida, esta vida animal siga viviendo.
Entonces, cuando uno de esos maravillosos animales se masculiniza, cuando la muy jodida piensa que su misión, que su función real o sea que la que la realiza es hacer de canallesco hombre, entonces, sólo entonces, la caga, porque ella es mucho más que el éxito profesional, funcional, social o político, todos ellos, en cierto modo, artificiales, sino esa pasión útil de hacer correr, seguir fluyendo y mantener la vida.
Cuando una mujer supedita su vida real, esencial, de ser custodia del impulso vital de la naturaleza humana al artificioso triunfo sociopolítico está traicionando su auténtica función, su misión natural esencial.
 El problema es, pues, cuando estas mujeres que alcanzan, con todo el merecimiento del mundo, y más, esos puestos tan importantes y relevantes que generalmente ocupan los hombres, la magistratura judicial, por ejemplo, hacen lo mismo que los hombres no ya por instinto de imitación sino de justificación o incluso de supervivencia  y llevan a cabo una impartición de justicia tan torticera o más que los hombres, como diciendo “eh, que yo lo puedo hacer tan mal como los hombres e incluso peor” y cometen la suprema irrisión de degradar al justiciable cuando deberían de ensalzarlo de alguna manera puesto que él es la victima totalmente inocente de un sistema insuperablemente inicuo de justicia.  
 No sé si me estoy explicando bien porque lo que quiero decir es realmente difícil.
 Un ser que no sólo es la vida sino la luz que ilumina nuestras vidas, nuestras madres, nuestras esposas, nuestras hijas e incluso, a veces, nuestras hermanas, de pronto, por un complejo de inferioridad absurdo, por un intento de justificación que en modo alguno necesitan, decide hacer lo mismo que los hombres, o sea, la injusticia más vil, la aberración moral de cebarse cruelmente con aquel que sufre la iniquidad del Derecho.
 Entonces, coño, toda la admiración que les profeso, todo el amor sin límite que inspiran, todas y cada una, se sienten tan defraudados que no puedo reprimir el impulso de escribir 1, 2, 3,…posts sobre las superwomans que, en realidad, debería de titular las infrawomans porque cuando hacen esto, cuando superan en iniquidad a los hombres, no sólo no son superwomans sino siquiera mujeres.
Cuando la mujer lucha contra el hombre y contra la sociedad y vence, cree que ha vencido, porque ya no sólo es como el hombre, ese perfecto canalla, sino que ocupa los mismos puestos que el hombre y hace lo mismo que el hombre, en realidad, ha perdido la mayor de las batallas puesto que, en realidad, se ha convertido en un hombre, es decir, en otro perfecto canalla o sea en un superhombre, en una superwoman.

Las superwomans (IV)

Dedicado a Lucía M. Mur, por otro nombre Lisístrata, con todo mi afecto.

 Decía el que quizá sea el mejor de mi maestros que el hombre es una pasión inútil.

 Y cuanta razón tenía.

 Nos debatimos diariamente en una fuerte lucha a muerte, sin otro objeto que sobrevivir, en todo aquello que hacemos sin darnos, cuenta casi nunca, de que estamos vendiendo nuestra jodida vida al diablo no por la eterna juventud, sino por un poco, o un mucho, de dinero.

 Triste batalla la nuestra que no tiene otro objeto que adorar al canallesco becerro de oro.

 Allá, nosotros.

 Es por eso por lo que yo digo que lo que encanallece a las superwomans es su afán de masculinidad.

 Repito, con mi maestro: el hombre es una pasión inútil porque trata siempre de transcender sus límites, sus propios límites, la mujer es la puñetera, la jodida, la maravillosa realidad porque su inmenso corazón la obliga a actuar siempre dentro de sus límites sin más proyecto, sin más ambición que el de hacer felices a los suyos, hacer, por lo menos, que nazcan, que vivan, que sigan viviendo, no olvida en ningún momento que somos unos animales racionales y parlantes y vociferantes cuya principal y debería ser única misión es que la vida, esta vida animal siga viviendo.

Entonces, cuando uno de esos maravillosos animales se masculiniza, cuando la muy jodida piensa que su misión, que su función real o sea que la que la realiza es hacer de canallesco hombre, entonces, sólo entonces, la caga, porque ella es mucho más que el éxito profesional, funcional, social o político, todos ellos, en cierto modo, artificiales, sino esa pasión útil de hacer correr, seguir fluyendo y mantener la vida.

Cuando una mujer supedita su vida real, esencial, de ser custodia del impulso vital de la naturaleza humana al artificioso triunfo sociopolítico está traicionando su auténtica función, su misión natural esencial.

 El problema es, pues, cuando estas mujeres que alcanzan, con todo el merecimiento del mundo, y más, esos puestos tan importantes y relevantes que generalmente ocupan los hombres, la magistratura judicial, por ejemplo, hacen lo mismo que los hombres no ya por instinto de imitación sino de justificación o incluso de supervivencia  y llevan a cabo una impartición de justicia tan torticera o más que los hombres, como diciendo “eh, que yo lo puedo hacer tan mal como los hombres e incluso peor” y cometen la suprema irrisión de degradar al justiciable cuando deberían de ensalzarlo de alguna manera puesto que él es la victima totalmente inocente de un sistema insuperablemente inicuo de justicia.  

 No sé si me estoy explicando bien porque lo que quiero decir es realmente difícil.

 Un ser que no sólo es la vida sino la luz que ilumina nuestras vidas, nuestras madres, nuestras esposas, nuestras hijas e incluso, a veces, nuestras hermanas, de pronto, por un complejo de inferioridad absurdo, por un intento de justificación que en modo alguno necesitan, decide hacer lo mismo que los hombres, o sea, la injusticia más vil, la aberración moral de cebarse cruelmente con aquel que sufre la iniquidad del Derecho.

 Entonces, coño, toda la admiración que les profeso, todo el amor sin límite que inspiran, todas y cada una, se sienten tan defraudados que no puedo reprimir el impulso de escribir 1, 2, 3,…posts sobre las superwomans que, en realidad, debería de titular las infrawomans porque cuando hacen esto, cuando superan en iniquidad a los hombres, no sólo no son superwomans sino siquiera mujeres.

Cuando la mujer lucha contra el hombre y contra la sociedad y vence, cree que ha vencido, porque ya no sólo es como el hombre, ese perfecto canalla, sino que ocupa los mismos puestos que el hombre y hace lo mismo que el hombre, en realidad, ha perdido la mayor de las batallas puesto que, en realidad, se ha convertido en un hombre, es decir, en otro perfecto canalla o sea en un superhombre, en una superwoman.

 

Las superwomans (III)

Decíamos ayer que una jueza de Gavá que seguramente como esas otras 2 que prácticamente han echado fuera de su profesión a un tío que fue  número uno en las oposiciones a judicatura con las que ingresó en la carrera judicial, o esa otra tal jueza Alaya que está metiendo a media Sevilla en la cárcel por haberse los jodidos mangantes del Psoe alzado con el santo y la limosna en materia de las pensiones andaluzas, decíamos ayer, coño, y seguimos diciendo ahora que la justicia es una arma cargada de futuro.
 Porque el futuro, mis queridos señores, es ya presente, el PP se ha hecho, al fin, bajo la exquisita batuta del hombre que ha conseguido ocupar ese cargo que lució el inefable Fraga con mucho orgullo en su amplia solapa, la embajada de nuestro país en Londres, al lograr la mayoría absoluta y la presidencia en el que es, sin duda, el más importante de los órganos que el 2º gallego más ilustre creó, el más supremo de todos los supremos tribunales en la nación cuyos órganos jurisdiccionales han sido más veces reconocidos como los mejores del mundo, por mor del de la Inquisición.
 Si el Derecho es el quicio sobre el que gira la puerta del Estado, todo éste es ya propiedad del PP.
Y esto hay que admitirlo con la mayor de las gentilezas porque lo ha conseguido civilizadamente, esta vez, no como aquellas otras en las que lo hizo con la fuerza de las armas.
 Lo que no es admisible es el encarnizamiento con el que la juez Alaya persigue a muerte a todos esos delincuentes del Psoe mientras sus compañeros de judicatura y fiscalía, los fiscales son los mejores números de las promociones de jueces, hacen de abogados defensores del Sr. Blesa, que el solito se pulió, si son ciertas las cifras de lo que se han tenido que poner para solventar su pufo en Cajamadrid,  23.000 millones de euros, que, por mucho que gran parte de ellos se lo haya llevado el Real Madrid para “alante”, son el mayor daño que nunca nadie haya hecho individualmente a la economía española, por lo que el ahora famoso juez Elpidio debería de haber sido objeto de la erección de un monumento.
 Todas estas mujeres son superwomans no por conocer de asuntos de gran importancia o significación sino por su modo de hacerlo.
 La de Gavá, conociendo lo que Messi significa o representa para todos nosotros, los barcelonistas, para los que es mucho más que un crack, incluso yo me atrevería a decir que un dios, porque nos hace más felices que a cualesquiera otros sus religiones, podía haber llamado a Messi y familia a declarar privadamente, ahorrándole lo que se ha dado en llamar pena de paseíllo, por similar a la que dicen que se impone a los que se les abre el juicio oral penal y se tienen que sentar en el banquillo de los acusados, pero, claro, eso hubiera supuesto todo lo contrario de lo que se pretendía, el escarnio del ídolo de los cientos de millones de fans del Barça, del equipo que le ha arrebatado limpiamente al Madrid la corona de mejor club de fútbol del mundo.
 En cuando a las dos miembras, ya sé que suena mal pero también que así les gusta más a ellas que las llamen, de la Sala de la Audiencia que ha ridiculizado al juez en el que concurren ni más ni menos que las siguientes circunstancias: una, ser premio extraordinario de la licenciatura de Derecho, casi “ná”, número uno en la oposición de ingreso a la carrera judicial, más casi “na” aún, y el tío con los cojones suficientes, incluso algunos dicen que está loco por ello, para atreverse a empurar ni más ni menos que al compañero de pupitre de Aznar, otro, porque el tío ha tenido muchos compañeros de tal clase, en la preparación de la oposición a inspectores de Hacienda y no sólo  eso sino que también las sacaron juntos y fue codestinado con él a una ciudad del Norte, de cuyo nombre no me acuerdo, en la que incluso alquilaron piso en el mismo edificio y en la misma planta, circunstancias casuales que el genocida premió luego haciéndole presidente de la Caja de ahorros más importante de España, como luego se ha visto.
 Pues, bien, ambas señoras magistradas de la Sala han puesto especial empeño no ya sólo en ridiculizar al juez Elpidio José Silva, sino en denigrarlo por completo situándolo mucho más abajo aún que a los pies de los caballos, diciendo con el mayor cachondeo que este juez, con tan brillante curriculum, era una puñetera mierda que copiaba sus argumentos jurídicos, en las resoluciones que dictaba, ni más ni menos ¡QUE DE WIKIPEDIA!
 Y ustedes tal vez digan, “oiga, bueno, no es tan grave” y yo les respondo que sí, que es muy grave, quizá lo más grave que jurisdiccionalmente se haya hecho nunca porque el respeto de los magistrados entre ellos es mucho más aún que sacramental, existiendo en su particular axiología una norma, la primera, que dice: “ay de aquel que se atreva a rozar siquiera a un juez con la más ligera de las plumas del ala de un ángel, más le valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse de cabeza al mar”.
 De modo que el exabrupto de estas señoras magistradas contra su compañero de profesión es mucho más que brutal.
 Pero, coño, es que ellas son unas superwomans.

Las superwomans (III)

Decíamos ayer que una jueza de Gavá que seguramente como esas otras 2 que prácticamente han echado fuera de su profesión a un tío que fue  número uno en las oposiciones a judicatura con las que ingresó en la carrera judicial, o esa otra tal jueza Alaya que está metiendo a media Sevilla en la cárcel por haberse los jodidos mangantes del Psoe alzado con el santo y la limosna en materia de las pensiones andaluzas, decíamos ayer, coño, y seguimos diciendo ahora que la justicia es una arma cargada de futuro.

 Porque el futuro, mis queridos señores, es ya presente, el PP se ha hecho, al fin, bajo la exquisita batuta del hombre que ha conseguido ocupar ese cargo que lució el inefable Fraga con mucho orgullo en su amplia solapa, la embajada de nuestro país en Londres, al lograr la mayoría absoluta y la presidencia en el que es, sin duda, el más importante de los órganos que el 2º gallego más ilustre creó, el más supremo de todos los supremos tribunales en la nación cuyos órganos jurisdiccionales han sido más veces reconocidos como los mejores del mundo, por mor del de la Inquisición.

 Si el Derecho es el quicio sobre el que gira la puerta del Estado, todo éste es ya propiedad del PP.

Y esto hay que admitirlo con la mayor de las gentilezas porque lo ha conseguido civilizadamente, esta vez, no como aquellas otras en las que lo hizo con la fuerza de las armas.

 Lo que no es admisible es el encarnizamiento con el que la juez Alaya persigue a muerte a todos esos delincuentes del Psoe mientras sus compañeros de judicatura y fiscalía, los fiscales son los mejores números de las promociones de jueces, hacen de abogados defensores del Sr. Blesa, que el solito se pulió, si son ciertas las cifras de lo que se han tenido que poner para solventar su pufo en Cajamadrid,  23.000 millones de euros, que, por mucho que gran parte de ellos se lo haya llevado el Real Madrid para “alante”, son el mayor daño que nunca nadie haya hecho individualmente a la economía española, por lo que el ahora famoso juez Elpidio debería de haber sido objeto de la erección de un monumento.

 Todas estas mujeres son superwomans no por conocer de asuntos de gran importancia o significación sino por su modo de hacerlo.

 La de Gavá, conociendo lo que Messi significa o representa para todos nosotros, los barcelonistas, para los que es mucho más que un crack, incluso yo me atrevería a decir que un dios, porque nos hace más felices que a cualesquiera otros sus religiones, podía haber llamado a Messi y familia a declarar privadamente, ahorrándole lo que se ha dado en llamar pena de paseíllo, por similar a la que dicen que se impone a los que se les abre el juicio oral penal y se tienen que sentar en el banquillo de los acusados, pero, claro, eso hubiera supuesto todo lo contrario de lo que se pretendía, el escarnio del ídolo de los cientos de millones de fans del Barça, del equipo que le ha arrebatado limpiamente al Madrid la corona de mejor club de fútbol del mundo.

 En cuando a las dos miembras, ya sé que suena mal pero también que así les gusta más a ellas que las llamen, de la Sala de la Audiencia que ha ridiculizado al juez en el que concurren ni más ni menos que las siguientes circunstancias: una, ser premio extraordinario de la licenciatura de Derecho, casi “ná”, número uno en la oposición de ingreso a la carrera judicial, más casi “na” aún, y el tío con los cojones suficientes, incluso algunos dicen que está loco por ello, para atreverse a empurar ni más ni menos que al compañero de pupitre de Aznar, otro, porque el tío ha tenido muchos compañeros de tal clase, en la preparación de la oposición a inspectores de Hacienda y no sólo  eso sino que también las sacaron juntos y fue codestinado con él a una ciudad del Norte, de cuyo nombre no me acuerdo, en la que incluso alquilaron piso en el mismo edificio y en la misma planta, circunstancias casuales que el genocida premió luego haciéndole presidente de la Caja de ahorros más importante de España, como luego se ha visto.

 Pues, bien, ambas señoras magistradas de la Sala han puesto especial empeño no ya sólo en ridiculizar al juez Elpidio José Silva, sino en denigrarlo por completo situándolo mucho más abajo aún que a los pies de los caballos, diciendo con el mayor cachondeo que este juez, con tan brillante curriculum, era una puñetera mierda que copiaba sus argumentos jurídicos, en las resoluciones que dictaba, ni más ni menos ¡QUE DE WIKIPEDIA!

 Y ustedes tal vez digan, “oiga, bueno, no es tan grave” y yo les respondo que sí, que es muy grave, quizá lo más grave que jurisdiccionalmente se haya hecho nunca porque el respeto de los magistrados entre ellos es mucho más aún que sacramental, existiendo en su particular axiología una norma, la primera, que dice: “ay de aquel que se atreva a rozar siquiera a un juez con la más ligera de las plumas del ala de un ángel, más le valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse de cabeza al mar”.

 De modo que el exabrupto de estas señoras magistradas contra su compañero de profesión es mucho más que brutal.

 Pero, coño, es que ellas son unas superwomans.

Las superwomans (II)

“A Messi hay que pararlo por lo civil o por lo criminal”-Eduardo Inda, director de Marca, el diario de mayor tirada de España.
Si algo es un juez es una voluntad dominante.
Quiero decir algo mucho más que un ser libre porque puede imponer su voluntad a los demás.
La relación de un/una juez con la Ley es única: hace con ella lo que quiere puesto que tiene la facultad de interpretarla libremente.
Usted y yo, no. Usted lee el precepto no matarás y sabe ya que si lo contradice por lo menos irá a la cárcel; un juez, en cuanto juez, no.
Lo que estoy tratando de decir es que, respecto a la ley, todos tenemos que cumplirla menos ellos. 
Ellos la interpretan, e interpretar es descifrar, desentrañar el sentido más profundo de las cosas y una cosa, por ejemplo, es la ley.
 O sea que los/las jueces son, como nosotros, unos aprendices de filósofos en el más corriente sentido de la palabra.
 Cuando son honrados, cuando son sinceros, tratan de saber lo que la jodida ley quiere decir. Porque a veces, ellos/ellas dicen que no ha matado en realidad el que lo ha hecho en defensa propia, por ejemplo, y dejan que el criminal se vaya libre. O el que comete un hurto famélico, por poner otro ejemplo, de una conducta prohibida por la ley penal sin pena.
 Pero, otras veces, estos dueños de la ley son extraordinariamente crueles.
 Tomemos el caso de Messi. Puedo afirmar sin temor a error que todos los que piensan mal de Messi son unos canallas.
 A lo peor resulta, luego, que Messi es efectivamente un defraudador y tengo que comerme todas estas palabras, pero para mí Messi será siempre un niño eterno que juega al balón con una puñetera pelota de trapo en su calle.
 Si ahora resulta que también es un tipo asqueroso que ha montado o consentido que le monten un plan para no pagarle a Hacienda los impuestos que debe de todo lo que gana, seguirá siendo un tipo que juega a la pelota incansable y maravillosamente a la puerta de su casa, que es lo mismo que hacía yo en mi infancia sólo que lo hacía muy mal porque no tenía su talento.
 Messi no ha inventado las leyes, ni siquiera una de ellas. Messi, desde que nació, no ha hecho otra cosa que jugar a la pelota incansable y maravillosamente, si los demás han otorgado a esa facultad que él ha tenido siempre la posibilidad de generar ingentes cantidades de dinero él no tiene la culpa. La culpa fue de aquel maldito tango, ya que él es argentino.
 Quiero decir que Messi no tiene la formación fiscal suficiente ni las ganas ni la tranquilidad para ir por ahí inventando la forma de defraudar al fisco mediante trampas más o menos fiscales como ésas mediante las cuales los que más ganan no pagan nunca a Hacienda como presumía Rodrigo Rato de sus amigos ante la interpelación de otro diputado socialista que le acusaba de propiciar una ley para que sus amigos, los de Rato, no pagaran a Hacienda, “mis amigos”, le dijo el ex  director del FMI, “no pagan, no han pagado, no pagarán nunca a Hacienda porque para eso estamos, hemos estado y estarán siempre los expertos fiscales”.     
 Y entonces va una juez o jueza de Gavá y le monta un cirio a Messi porque unos funcionarios de Hacienda, seguramente madridistas y que por tanto aborrecen a ese eterno niño que juega incansablemente con su pelota de trapo, le han pasado unos papeles de los que se deduce que el pequeño e incansable futbolista no le paga a Hacienda todo lo que debe, como todos esos otros deportistas que sí que le caen simpáticos a los funcionarios de Hacienda que mucho me temo que sean casi todos madridistas, pero una cosa es que Fernando Alonso defraude al fisco español como también lo hace su gran amigo, también madridista, Rafa Nadal, como también lo hicieron Arantxa Sanchez Vicario y otros tantos que no tuvieron la desgracia de jugar en ese equipo que se quiere ir de España porque dice que aquí le tratan muy mal sólo porque da la puñetera circunstancia de que es mejor que el Madrid, y otra cosa es que lo haga un maldito hijoputa culé.
 Y la puñetera juez o jueza de Gavá dice que a ella todo esto plin que duerme en pikolín y que el que la hace la paga siempre que no sea del PP porque no sólo hay clases sino también leyes y distintas maneras de entenderlas y practicarlas como decíamos al principio y también ayer, porque ella seguramente es una superwoman que quiere cobrarle a Messi la cuenta de ser un jodido hombre, pequeño y feo, pero que juega al fútbol como los ángeles si es que estos jodidos seres no sólo existen sino que también juegan a la condenada pelota, tal como hacía yo tantos años ha que ya no me acuerdo.
 Jodida superwoman.