Carta abierta a Lucía Lisístrata M. Mur.

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En uno de mis posts de Wodpress, mi amiga Lucía escribe:
“1. Lucía M. 
abril 28, 2013 at 9:31 pm Editar 
¿Por qué hasta los insultos están cargados de ideología?. O mejor, ¿nos damos cuenta de que cada vez que insultamos a un hombre, directa o indirectamente insultamos a una mujer? Supongo que sí, pero no tenemos otras palabras ofensivas, de forma que utilizamos las “rudimentarias” y conocidas. Son hábitos que nadie está dispuesto a cuestionar y que emponzoñan la vida de los hombres, algo así viene a decir Sloterdijk sobre las costumbres. Deberíamos de ser mas creativos con el léxico ofensivo.”.
Mi querida amiga Lucía: Discrepamos, que es de lo más sano intelectualmente.
Dices que casi siempre en los insultos proferidos contra los hombres va implícito  uno contra la mujer. Puede ser en otros casos, no, en el mío.
Cuando he tratado de establecer la genealogía de la hiioputez de Rajoy he tenido especial cuidado en situar a salvo la honestidad de su madre, poniendo incluso en juego la de mi madre y la de mi mujer. Y no por otra cosa sino porque creo firmemente que un tío puede ser el más perfecto de los hijoputas sin culpa alguna de su santa madre.
Pero es que hay algo más absolutamente decisivo en el asunto, en ningún momento he pretendido insultar a Rajoy, sólo he pretendido interpretarlo, definirlo. Aborrezco, detesto, insultar a la gente, creo que el que insulta es un incapaz, que, al no poder, defender sus ideas de otra manera recurre, a algo tan inhumano, tan descalificante  respecto a sí mismo, como el insulto, que es, además, una clara muestra de falta de imaginación.
Tengo por ahí escritos un par de posts relativos al asunto, uno de ellos creo recordar se titulaba “teoría general del insulto”  y en él mostraba toda la repugnancia que me inspira aquel que utiliza el insulto como sistema de confrontación dialéctica.
Y niego también la mayor. Si me hubieras leído desde siempre y no tan recientemente como lo has hecho, sabrías que abomino del lenguaje porque lo considero esencialmente anfibológico, no por otra cosa sino porque está concebido sobre todo para engañar. Le he dedicado un par de post al tema, basándome en el libro que sobre la mentira escribió ese maravilloso filósofo que fue Castilla del Pino.
Consciente de ello, hago todo lo posible por ser creativo en el uso de la palabra, tanto que creo que me excedo en ello, pero me da igual, hago siempre todo lo que puedo para ser más convincente y ni siquiera recurrí al insulto cuando en el  chat de Saco se utilizaba éste ́única y exclusivamente para rebatirme, tan consciente de ello soy que sabiendo la connotación peyorativa de la expresión,  he estado a punto de renunciar a ella, tal como digo al principio del post, pero no lo he hecho porque creo sinceramente que ello hubiera empobrecido decisivamente mi intento de la mayor y mejor comunicación.
En la medida de mis fuerzas y conocimientos actuales no encontraba yo una mejor definición de la actitud actual de Rajoy que la de calificarlo de hijo de puta, haciendo como hice una suficiente defensa, por otro lado absolutamente debida, de la total e indudable honestidad de su madre comparándola con la de mi madre y la de mi mujer, porque un hijo de puta, además de bastardo es un resentido integral, alguien que se considera ofendido no sólo por la suerte sino también, y esencialmente, por la jodida vida y que, por ello, se considera autorizado para cometer todo tipo de tropelías contra los demás sin desdeñar el latrocinio y el asesinato.
Si bien te fijas, observarás que en la genealogía de Rajoy, que forzosamente por requerimientos de tiempo y espacio no podía ser tan prolija como debiera, sólo he hablado de su padre, el magistrado que dirigió el juicio sobre aquel formidable escándalo del aceite de Redondela, al que, por cierto, se unieron una serie de muertes extrañas, después de su perído de reflexión sociopolítica que se concretó, seguramente porque no daba para más, en sus 2 celebérrimos articulos propugnando la desigualdad esencial de todos los hombres, y, por último, haciendo especial referencia a su actuación en una de las tragedias marítimas más graves de la historia que él sintetizó y resolvió diciendo que aquello sólo era como unos hilillos de plastilina.
Esto, repito, sólo es un estudio genealógico del personaje, que posteriormente culmina su actuación sumiendo a este desdichado país en la peor de las crisis de su historia y que, además, tiene el santo valor no sólo de no reconocerlo sino de afirmar que está haciendo todo  lo que se debe hacer mientras la gente se muere avergonada en las puertas de los dispensarios de Cáritas, se cuelga por el cuello o se tira por la ventana, y, cuando un loco periodista se atreve a decir que lo aprobado en el último consejo de ministros si no es un acto de la peor y más clara de las demencias es la hijoputez más grande de la historia, el tío va y en plan chulo se arranca y dice a través de su presidenta que no le molesten más con eso de que la cifra de parados sube y baja porque va a seguir subiendo hasta el final de la legislatura.
Es por esto, mi querida amiga, por lo que yo, buscando desesperadamente, no he hallado un calificativo mejor para describir este conducta que la que he utilizado y que, por lo tanto, no es calificativa sino eminentemente interpretativa y descriptiva.
Te juro por mis muertos que no he tenido, no tengo y creo que nunca tendré la menor intención de insultar a Rajo ni a ninguno de sus secuaces porque yo no pertenezco a su estirpe, a esa especie de jauría hambrienta de dolor y de sangre que cuando se aprueba llevar el horror de la guerra a Irak irrumpe en la más clamorosa de las ovaciones y que cuando se pone de manifiesto el inmenso cúmulo de sufrimiento que con sus polìticas están infligiendo a la población española, la hijda de Fabrae, el pretor que el César imperator gallego mantiene a sangre y fuego en Castellón dice lo que todos ellos sienten de verdad: “que se jodan, coño, que se jodan”.
Como verá, Andrea Fabra, también es partidaria, como yo, de utilizar el idioma con el mayor vigor posible.
Y ahora, si me lo permites, voy a hacer algo que muy pocas veces he hecho: presumir de mi feminismo. Y lo he hecho tan poco porque no me gusta a hacerl.
Suelo decir que soy el tío más de izquierdas que conozco, también soy el más feminista que he hallado en mi deambular por este río que nos lleva. Toda la felicidad de mi vida siempre se ha debido a una mujer.
Mi madre, mi tía y mi esposa han hecho siempre todo lo posible para que yo fuera feliz. No lo han logrado porque ser feliz en esta puñetera vida es realmente imposible, pero lo han intentado con todas sus fuerzas. Tal vez alguien diga que yo lo que soy es un jodido interesado, y, a lo peor, es verdad, pero yo siempre que puedo tengo cerca de mí a una mujer porque lo que he hallado siempre en ellas nunca lo he encontrado ni en el mejor de los amigos.
Un beso,

Carta abierta a Lucía Lisístrata M. Mur.

En uno de mis posts de Wodpress, mi amiga Lucía escribe:

“1. Lucía M. 

abril 28, 2013 at 9:31 pm Editar 

¿Por qué hasta los insultos están cargados de ideología?. O mejor, ¿nos damos cuenta de que cada vez que insultamos a un hombre, directa o indirectamente insultamos a una mujer? Supongo que sí, pero no tenemos otras palabras ofensivas, de forma que utilizamos las “rudimentarias” y conocidas. Son hábitos que nadie está dispuesto a cuestionar y que emponzoñan la vida de los hombres, algo así viene a decir Sloterdijk sobre las costumbres. Deberíamos de ser mas creativos con el léxico ofensivo.”.

Mi querida amiga Lucía: Discrepamos, que es de lo más sano intelectualmente.

Dices que casi siempre en los insultos proferidos contra los hombres va implícito  uno contra la mujer. Puede ser en otros casos, no, en el mío.

Cuando he tratado de establecer la genealogía de la hiioputez de Rajoy he tenido especial cuidado en situar a salvo la honestidad de su madre, poniendo incluso en juego la de mi madre y la de mi mujer. Y no por otra cosa sino porque creo firmemente que un tío puede ser el más perfecto de los hijoputas sin culpa alguna de su santa madre.

Pero es que hay algo más absolutamente decisivo en el asunto, en ningún momento, he pretendido insultar a Rajoy, sólo he pretendido interpretarlo, definirlo. Aborrezco, detesto, insultar a la gente, creo que el que insulta es un incapaz, que, al no poder, defender sus ideas de otra manera recurre, a algo tan inhumano, tan descalificante  respecto a sí mismo, como el insulto, que es, además, una clara muestra de falta de imaginación.

 Tengo por ahí escritos un par de posts relativos al asunto, uno de ellos creo recordar se titulaba “teoría general del insulto”  y en él mostraba toda la repugnancia que me inspira aquel que utiliza el insulto como sistema de confrontación dialéctica.

 Y niego también la mayor. Si me hubieras leído desde siempre y no tan recientemente como lo has hecho, sabrías que abomino del lenguaje porque lo considero esencialmente anfibológico, no por otra cosa sino porque está concebido sobre todo para engañar. Le he dedicado un par de posts al tema, basándome en el libro que sobre la mentira escribió ese maravilloso filósofo que fue Castilla del Pino.

 Consciente de ello, hago todo lo posible por ser creativo en el uso de la palabra, tanto que creo que me excedo en ello, pero me da igual, hago siempre todo lo que puedo para ser más convincente y ni siquiera recurrí al insulto cuando en el  chat de Saco se utilizaba éste ́única y exclusivamente para rebatirme, tan consciente de ello soy que, sabiendo la connotación peyorativa de la expresión,  he estado a punto de renunciar a ella, tal como digo al principio del post, pero no lo he hecho porque creo sinceramente que ello hubiera empobrecido decisivamente mi intento de la mayor y mejor comunicación.

 En la medida de mis fuerzas y conocimientos actuales, no encontraba yo una mejor definición de la actitud actual de Rajoy que la de calificarlo de hijo de puta, haciendo como hice una suficiente defensa, por otro lado absolutamente debida, de la total e indudable honestidad de su madre comparándola con la de mi madre y la de mi mujer, porque un hijo de puta, además de un bastardo es un resentido integral, alguien que se considera ofendido no sólo por la suerte sino también, y esencialmente, por la jodida vida y que, por ello, se considera autorizado para cometer todo tipo de tropelías contra los demás sin desdeñar el latrocinio y el asesinato.

 Si bien te fijas, observarás que en la genealogía de Rajoy, que, forzosamente por requerimientos de tiempo y espacio, no podía ser tan prolija como debiera, sólo he hablado de su padre, el magistrado que dirigió el juicio sobre aquel formidable escándalo del aceite de Redondela, al que, por cierto, se unieron una serie de muertes extrañas, después, de su período de reflexión sociopolítica que se concretó, seguramente porque no daba para más, en sus 2 celebérrimos articulos de El Faro de Vigo, propugnando la desigualdad esencial de todos los hombres, y, por último, de su actuación en una de las tragedias marítimas más graves de la historia que él sintetizó y resolvió diciendo que aquello sólo eran unos hilillos de plastilina.

 Esto, repito, sólo es un estudio genealógico del personaje, que posteriormente culmina su actuación sumiendo a este desdichado país en la peor de las crisis de su historia y que, además, tiene el santo valor no sólo de no reconocerlo sino de afirmar que está haciendo todo  lo que se debe hacer, mientras la gente se muere a chorros, avergonzada, en las puertas de los dispensarios de Cáritas, se cuelga por el cuello o se tira por la ventana, y, cuando un loco periodista se atreve a decir que lo aprobado en el último consejo de ministros, si no es un acto de la peor y más clara de las demencias, es la hijoputez más grande de la historia, el tío va y en plan chulo se arranca y dice, a través de su presidenta, que no le molesten más con eso de que la cifra de parados sube y baja porque va a seguir subiendo hasta el final de la legislatura.

 Es por esto, mi querida amiga, por lo que yo, buscando desesperadamente, no he hallado una expresión mejor para describir esta conducta que la que he utilizado y que, por lo tanto, no es calificativa sino eminentemente interpretativa y descriptiva.

 Te juro por mis muertos que no he tenido, no tengo y creo que nunca tendré la menor intención de insultar a Rajoy ni a ninguno de sus secuaces porque yo no pertenezco a su estirpe, a esa especie de jauría hambrienta de dolor y de sangre que cuando se aprueba llevar el horror de la guerra a Irak irrumpe en la más clamorosa de las ovaciones y que cuando se pone de manifiesto el inmenso cúmulo de sufrimiento que con sus polìticas están infligiendo a la población española, la hija de Fabrae, el pretor que el César imperator gallego mantiene a sangre y fuego en Castellón, dice lo que todos ellos sienten de verdad: “que se jodan, coño, que se jodan”.

 Como verá, Andrea Fabra, también es partidaria, como yo, de utilizar el idioma con el mayor vigor posible.

 Y ahora, si me lo permites, voy a hacer algo que muy pocas veces he hecho: presumir de mi feminismo. Y lo he hecho tan poco porque no me gusta a hacerlo.

 Suelo decir que soy el tío más de izquierdas que conozco, también soy el más feminista que he hallado en mi deambular por este río que nos lleva. Toda la felicidad de mi vida siempre se ha debido a una mujer.

Mi madre, mi tía y mi esposa han hecho siempre todo lo posible para que yo fuera feliz. No lo han logrado porque ser feliz en esta puñetera vida es realmente imposible, pero lo han intentado con todas sus fuerzas. Tal vez alguien diga que yo lo que soy es un jodido interesado, y, a lo peor, es verdad, pero yo siempre que puedo tengo cerca de mí a una mujer porque lo que he hallado siempre en ellas nunca lo he encontrado ni en el mejor de los amigos.

 Un beso,

AVISO

AVISO A EDDIE, PATRICK BATEMAN, LUCIA  Y TODOS CUANTOS LECTORES Y 
COLABORADORES DE MIS BLOGS ANDAN POR AHI REMITIENDO COMENTARIOS A 
MI ANTERIOR BLOG DE WORDPRESS, jlpalazon1, DICHO BLOG HA DESAPARECIDO, DIOS
SABRA POR QUE DEFINTIVAMENTE, DE MODO QUE TODO LO  QUE SE MANDE A ALLI SE 
PIERDE PARA SIEMPRE EN UN POZO SIN FONDO, COMO HA   SUCEDIDO CON UNAS 
MAGNIFICAS APORTACIONES DE PATRICK, EDDIE Y LUCIA DE LAS QUE YO HE TENIDO NOTICIA PORQUE NO SE POR QUE VAN A MIS DIRECCIONES DE CORREO ELECTRONICO PERO QUE DE ALLI YO NO PUEDO O NO SE LLEVAR A LOS BLOGS.
ENTONCES, LA SOLUCION ESTA EN QUE TOMEIS NOTA DE LA NUEVA DIRECCION DE MI 
BLOG EN WORDPRES: joselopezpalazon.wordpress.com Y ENVIEIS A ALLI EL PRODUCTO DE 
VUESTRO  INGENTE TRABAJO QUE ES DEMASIADO VALIOSO PARA QUE SE PIERDA EN 
LA NADA.
OS ANTICIPO LAS GRACIAS.
NOTA: DEBEIS DE REENVIAR TODOS VUESTROS TRABAJOS A PARTIR DE 23-04-13.

Ensayo sobre el pensamiento rudimentario (V). El desafío. La forja de un hijo de puta.

    El caso del aceite de Redondela

    Los efectos del naufragio del Prestige

A veces, cuando me dispongo a utilizar expresiones como ésta de “hijo de  puta”, prohibidas por el común de las reglas del buen escribir, pienso que realmente no hay ninguna necesidad esencial de usarlas, que lo que se quiere decir podría muy bien expresarse de otra manera.

 Y, después de haberlo meditado suficientemente, he llegado a la conclusión de que no, de que, por lo menos para mi, estas expresiones son absolutamente necesarias para expresar lo que se debate en el fondo de mi cabeza, porque yo, en este caso concreto del post de hoy, no encuentro en todo el diccionario de esta jodida lengua española, alguna otra que sustituya a esta expresión que yo, al menos, considero insuperable como lo hizo también aquel importante mandatario usaniano que, para describir a no sé quien, lo dijo de una manera que, para él también, era absolutamente necesaria: es realmente un auténtico hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta. No pongo comillas porque, como siempre, estoy citando de memoria y tengo la seguridad de que la cita no es rigurosamente textual.

 Estoy seguro, totalmente seguro, de que la madre de Rajoy era una santa. Porque suelen serlo todas estas señoras de firmes creencias religiosas ya que las conozco muy bien pues no en vano soy hijo de una de ellas y marido de otra, y ello se debe a que, como decíamos ayer, todas han sido formadas en el seno de la Santa Madre Iglesia, cuya normativa no permite otra cosa, por eso, todos los católicos rigurosos, cuando quieren disfrutar de las inmensas posibilidades que brinda el sexo, no tienen más remedio que buscarlas fuera del matrimonio porque allí, sus santas esposas, jamás se las permitirán.

 -Bueno, sí, me dirán, su razonamiento en este aspecto parece correcto, pero también podía haber utilizado usted otro adjetivo peyorativo que no fuera éste tan decididamente malsonante y grosero.

 -Pues, no, señor,contestaré yo, precisamente porque este adjetivo en esta nuestra lengua como en otras muchas es absolutamente insuperable tanto que daña incluso al oído, es por lo que yo he decidido usarlo de una manera definitiva.

 Que Rajoy es un cínico sinvergüenza y, además, un perfecto canalla es  últimamente de dominio público tanto que incluso ya resulta extraordinariamente difícil encontrar fuera del círculo de su guardia pretoriana entre la que se hallan los directores de todos los periódicos españoles, una sola persona que no lo reconozca.

 Pero es que el tío ha llevado su soberbia hasta el punto de lanzarle al aborregado pueblo español ese canallesco y cruelísimo desafío: el desempleo seguirá creciendo, porque a mi me sale de los cojones, ni más ni menos que hasta 2.015, que es precisamente el año en que se tienen que celebrar nuevas elecciones legislativas.

 Como es lógico, eso de “porque a mi me sale de los cojones” él no lo ha dicho, entre otras cosas porque no hacía falta, después de la insuperable exhibición que ha hecho del dominio total de la situación con gestos inauditos tales como dar ruedas de prensa a través de una pantalla de televisión, sin que todos los representantes de todos los diarios de este acojonado país le hubieran tirado los blocks y bolígrafos a la cara a través de la dichosa pantalla, porque tamaño insulto a la libertad de prensa no creo que vaya a repetirse nunca en ningún otro sitio.

 Pero apuntábamos al principio que aquí íbamos a escribir también un poco de la forja de un hijo de puta y casi no nos va quedando ya espacio para ello: Rajoy era un predestinado a esta situación, primero, por ser hijo de quien era, ni más ni menos del magistrado que presidió el tribunal que enjuició el caso del aceite de Redondela, en el que desaparecieron miles de millones de litros de aceite no como por arte de magia sino precisamente así, como entonces, bajo la égida del Caudillo, ocurrían todas las cosas, dejando de paso una serie de cadáveres absolutamente inexplicables por el camino; segundo, por su especialísima formación intelectual que ya puso él en evidencia en cuanto pudo con sus 2 famosos artículos sobre la igualdad de los seres humanos en El Faro de Vigo; tercero por el explícito padrinazgo que de él hizo el forjador “intelectual”, así, entre comillas, de la España actual, el hombre cuyo apellido es el que más se repite en todos los escalafones de todos los ministerios de España, el único, el grande, el irrepetible, gracias a Dios, Manuel Fraga, que incluso llegó a a exigirle la necesidad imperiosa de afrontar de una puñetera vez su tan retardado matrimonio; cuarto, pero, sobre todo, cuando el tercero de los hombres de Irak decidió encargarle el que es quizá, y en más de un sentido, uno de los asuntos más negros de este país, que supera incluso a aquel del aceite de Redondela, el hundimiento del Prestige; Aznar pudo, es evidente, designar a cualquier otro, pero lo eligió a él, con preferencia por ejemplo a Paco Alvarez Cascos, que ya es decir; y el tío desempeñó su función de tal manera que ha pasado a la historia su descripción de lo que entonces sucedía, que una marea negra que manchó para siempre de petroleo las costas de su tierra, se convirtió en unos mínimos hilillos de plastilina, así que échale tú ahora a este tío unos seis millones doscientos mil parados, ja, ja, ja, a estos tíos él los va a tener sin empleo hasta que Sam Juan baje el dedo, es decir, como afirmábamos al principio, hasta que a él, a Rajoy, le salga de sus puñeteros cojones.

 Porque él sabe mejor que nadie, dada su completa, larguísima y total experiencia, que este pueblo de irredimibles cabrones va a aguantar todo lo que le echen, él y la Santa Iglesia Católica y Apostólica.

Ensayo sobre el pensamiento rudimentario (V). El desafío. La forja de un hijo de puta

     El caso del aceite de Redondela

     Los efectos del naufragio del Prestige

A veces, cuando me dispongo a utilizar expresiones como ésta de “hijo de  puta”, prohibidas por el común de las reglas del buen escribir, pienso que realmente no hay ninguna necesidad esencial de usarlas, que lo que se quiere decir podría muy bien expresarse de otra manera.

  Y, después de haberlo meditado suficientemente, he llegado a la conclusión de que no, de que, por lo menos para mi, estas expresiones son absolutamente necesarias para expresar lo que se debate en el fondo de mi cabeza, porque yo, en este caso concreto del post de hoy, no encuentro en todo el diccionario de esta jodida lengua española, alguna otra que sustituya a esta expresión que yo, al menos, considero insuperable como lo hizo también aquel importante mandatario usaniano que, para describir a no sé quien, lo dijo de una manera que, para él también, era absolutamente necesaria: es realmente un auténtico hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta. No pongo comillas porque, como siempre, estoy citando de memoria y tengo la seguridad de que la cita no es rigurosamente textual.

  Estoy seguro, totalmente seguro, de que la madre de Rajoy era una santa. Porque suelen serlo todas estas señoras de firmes creencias religiosas ya que las conozco muy bien pues no en vano soy hijo de una de ellas y marido de otra, y ello se debe a que, como decíamos ayer, todas han sido formadas en el seno de la Santa Madre Iglesia, cuya normativa no permite otra cosa, por eso, todos los católicos rigurosos, cuando quieren disfrutar de las inmensas posibilidades que brinda el sexo, no tienen más remedio que buscarlas fuera del matrimonio porque allí, sus santas esposas, jamás se las permitirán.

 -Bueno, sí, me dirán, su razonamiento en este aspecto parece correcto, pero también podía haber utilizado usted otro adjetivo peyorativo que no fuera éste tan decididamente malsonante y grosero.

  -Pues, no, señor, contestaré yo, precisamente porque este adjetivo en esta nuestra lengua como en otras muchas es absolutamente insuperable tanto que daña incluso al oído, es por lo que yo he decidido usarlo de una manera definitiva.

 Que Rajoy es un cínico sinvergüenza y, además, un perfecto canalla es  últimamente de dominio público tanto que incluso ya resulta extraordinariamente difícil encontrar fuera del círculo de su guardia pretoriana entre la que se hallan los directores de todos los periódicos españoles, una sola persona que no lo reconozca.

  Pero es que el tío ha llevado su soberbia hasta el punto de lanzarle al aborregado pueblo español ese canallesco y cruelísimo desafío: el desempleo seguirá creciendo, porque a mi me sale de los cojones, ni más ni menos que hasta 2.015, que es precisamente el año en que se tienen que celebrar nuevas elecciones legislativas.

 Como es lógico, eso de “porque a mi me sale de los cojones” él no lo ha dicho, entre otras cosas porque no hacía falta, después de la insuperable exhibición que ha hecho del dominio total de la situación con gestos inauditos tales como dar ruedas de prensa a través de una pantalla de televisión, sin que todos los representantes de todos los diarios de este acojonado país le hubieran tirado los blocks y bolígrafos a la cara a través de la dichosa pantalla, porque tamaño insulto a la libertad de prensa no creo que vaya a repetirse nunca en ningún otro sitio.

 Pero apuntábamos al principio que aquí íbamos a escribir también un poco de la forja de un hijo de puta y casi no nos va quedando ya espacio para ello: Rajoy era un predestinado a esta situación, primero, por ser hijo de quien era, ni más ni menos del magistrado que presidió el tribunal que enjuició el caso del aceite de Redondela, en el que desaparecieron miles de millones de litros de aceite no como por arte de magia sino precisamente así, como entonces, bajo la égida del Caudillo, ocurrían todas las cosas, dejando de paso una serie de cadáveres absolutamente inexplicables por el camino; segundo, por su especialísima formación intelectual que ya puso él en evidencia en cuanto pudo con sus 2 famosos artículos sobre la igualdad de los seres humanos en El Faro de Vigo; tercero por el explícito padrinazgo que de él hizo el forjador “intelectual”, así, entre comillas, de la España actual, el hombre cuyo apellido es el que más se repite en todos los escalafones de todos los ministerios de España, el único, el grande, el irrepetible, gracias a Dios, Manuel Fraga, que incluso llegó a a exigirle la necesidad imperiosa de afrontar de una puñetera vez su tan retardado matrimonio; cuarto, pero, sobre todo, cuando el tercero de los hombres de Irak decidió encargarle el que es quizá, y en más de un sentido, uno de los asuntos más negros de este país, que supera incluso a aquel del aceite de Redondela, el hundimiento del Prestige; Aznar pudo, es evidente, designar a cualquier otro, pero lo eligió a él, con preferencia por ejemplo a Paco Alvarez Cascos, que ya es decir; y el tío desempeñó su función de tal manera que ha pasado a la historia su descripción de lo que entonces sucedía, que una marea negra que manchó para siempre de petróleo las costas de su tierra, se convirtió en unos mínimos hilillos de plastilina, así que échale tú ahora a este tío unos seis millones doscientos mil parados, ja, ja, ja, a estos tíos él los va a tener sin empleo hasta que Sam Juan baje el dedo, es decir, como afirmábamos al principio, hasta que a él, a Rajoy, le salga de sus puñeteros cojones.

  Porque él sabe mejor que nadie, dada su completa, larguísima y total experiencia, que este pueblo de irredimibles cabrones va a aguantar todo lo que le echen, él y la Santa Iglesia Católica y Apostólica.

Ensayo sobre el pensamiento rudimentario (IV)

El PP considera que el asedio al Congreso fracasó por la “solidez” de las instituciones

El presidente del Congreso sugiere medidas judiciales contra los que causan incidentes. (El País, 27-o4-13)

 Ayer decía yo, en mi post, que había sido un fracaso el asedio al Congreso y una noticia ratificaba que habían sido más los antidisturbios que los manifestantes y Fernando Mora preguntaba dónde coño estaban los 700.000 parados censados en Madrid.

 Yo lo sé desde hace mucho tiempo. En sus puñeteras casas, los que todavía las tengan. Que inventen ellos, decían los intelectuales españoles cuando se le reprochaba a España su falta de investigación científica, que protesten ellos, decían seguramente todos los parados.

 Forma parte de nuestra idiosincrasia esta desgana vital por todo lo que realmente interesa y la obsesión igualmente poderosa por las cosas absolutamente banales, el fútbol y la telebasura.
 En otro país con el 27% de parados, todo habría saltado ya por los aires, aquí, eso no sucederá nunca y siento en lo más profundo de mi corazón que los hechos me den la razón en mi polémica de hacen tan poco contra ese sabio historiador que es Xavier Traité y ese agudísimo observador de la realidad que es futbolín.

 Y no sucederá nunca porque nuestras clases dirigentes llevan siglos, sí, han leído ustedes bien, siglos, preparando las mentes de los españoles para que no pueda haber nunca en ellas un atisbo de rebelión por muchas cosas que pasen, por muchas tragedias que los aflijan, por mucho que sus gobernantes abusen criminalmente de ellos, porque nos han imbuido hasta lo más profundo de nuestra sangre eso que ellos llaman resignación cristiana: bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos, bienaventurados los  MANSOS porque ellos poseerán la Tierra.

 Coño, ¿cómo quieren ustedes que se rebelen los que creen a pie juntillas todo esto, si consideran que su probreza, que su miseria sólo es un síntoma irrebatible de su predestinación gloriosa?

 Y los listillos de siempre me objetarán: “pero, ¿de verdad, piensa usted que son las famosas bienaventuranzas las que tienen la culpa de todo lo que nos ocurre?”.

 Éste es precisamente el problema: la suprema ignorancia a que nos  han sometido los culpables de nuestro pensamiento rudimentario.

 Cualquier persona medianamente consciente de cómo funciona el cerebro humano sabe que todo lo que de niño se introduce en él se queda allí impreso, indeleble, para siempre, de modo que si tus padres, tus abuelos, tus maestros y tus profesores, te han repetido una y otra vez hasta que la consigna ha pasado a ser parte de tu propia naturaleza, que la pobreza, que la miseria, es un signo de predestinación a la bienaventuranza, ¿cómo coño ahora, si Rouco y Rajoy te repiten lo mismo, tú no te lo vas a creer?

 Ayer, ante el asediado Congreso, habían 1.500 manifestantes. De los 40 millones de habitantes largos que tiene España, el porcentaje es de 0’003, una infinitésima parte de todos nosotros.

 Y esto lo saben muy bien no sólo el mefistofélico Arriola, el consejero áulico de Rajoy, sino hasta esas analfabetas integrales que son Fátima Báñez y Ana Jaguar Mato.

 Entonces ¿de qué coño se va a preocupar Rajoy, a qué le van a tener miedo estos peperos que están arrasando el país para siempre, acabando con todo lo que se mueve sea cual fuere al área en el que esto suceda?

 Así que, amigos Traité y futbolín, os felicito sinceramente por vuestros magníficos razonamientos, sobre todo por ese, tan extendido, omnipresente, universal, de que cuanto peor, mejor.

 Esto, con la gente muriéndose a chorros por la calle, arrojándose por las ventanas y otras cosas que no se han visto nunca y que probablemente nunca más se verán, es un espectáculo dantesco realmente insuperable, tanto que su causante ya no tiene el valor suficiente para enfrentarse directamente a esa prensa tan canallesca y domesticada, y lo hace a través de una televisión de plasma, sentando así un precedente que tengo una inmensa curiosidad por comprobar si algún otro pueblo, alguna otra manada de castrados periodistas, lo verá alguna otra vez.

 Y, mientras, las páginas de todos los periódicos, las pantallas de todos los televisores y las sintonías de todas las radios pendientes con el alma en vilo de si el Madrid y el Barça serán capaces de remontar sus tanteos adversos ante los superequipos alemanes y de si es cierto o no que Belén Esteban ha abandonado para siempre Telecinco.

 Lo dicho, nuestro pensamiento es esencialmente rudimentario porque ELLOS se han preocupado desde siglos de que sea así.

Ensayo sobre el pensamiento rudimentario (IV)

El PP considera que el asedio al Congreso fracasó por la “solidez” de las instituciones

El presidente del Congreso sugiere medidas judiciales contra los que causan incidentes. (El País, 27-o4-13)

 Ayer decía yo, en mi post, que había sido un fracaso el asedio al Congreso y una noticia ratificaba que habían sido más los antidisturbios que los manifestantes y Fernando Mora preguntaba dónde coño estaban los 700.000 parados censados en Madrid.

 Yo lo sé desde hace mucho tiempo. En sus puñeteras casas, los que todavía las tengan. Que inventen ellos, decían los intelectuales españoles cuando se le reprochaba a España su falta de investigación científica, que protesten ellos, decían seguramente todos los parados.

 Forma parte de nuestra idiosincrasia esta desgana vital por todo lo que realmente interesa y la obsesión igualmente poderosa por las cosas absolutamente banales, el fútbol y la telebasura.

 En otro país con el 27% de parados, todo habría saltado ya por los aires, aquí, eso no sucederá nunca y siento en lo más profundo de mi corazón que los hechos me den la razón en mi polémica de hacen tan poco contra ese sabio historiador que es Xavier Traité y ese agudísimo observador de la realidad que es futbolín.

 Y no sucederá nunca porque nuestras clases dirigentes llevan siglos, sí, han leído ustedes bien, siglos, preparando las mentes de los españoles para que no pueda haber nunca en ellas un atisbo de rebelión por muchas cosas que pasen, por muchas tragedias que los aflijan, por mucho que sus gobernantes abusen criminalmente de ellos, porque nos han imbuido hasta lo más profundo de nuestra sangre eso que ellos llaman resignación cristiana: bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos, bienaventurados los  MANSOS porque ellos poseerán la Tierra.

 Coño, ¿cómo quieren ustedes que se rebelen los que creen a pie juntillas todo esto, si consideran que su probreza, que su miseria sólo es un síntoma irrebatible de su predestinación gloriosa?

 Y los listillos de siempre me objetarán: “pero, ¿de verdad, piensa usted que son las famosas bienaventuranzas las que tienen la culpa de todo lo que nos ocurre?”.

 Éste es precisamente el problema: la suprema ignorancia a que nos  han sometido los culpables de nuestro pensamiento rudimentario.

 Cualquier persona medianamente consciente de cómo funciona el cerebro humano sabe que todo lo que de niño se introduce en él se queda allí impreso, indeleble, para siempre, de modo que si tus padres, tus abuelos, tus maestros y tus profesores, te han repetido una y otra vez hasta que la consigna ha pasado a ser parte de tu propia naturaleza, que la pobreza, que la miseria, es un signo de predestinación a la bienaventuranza, ¿cómo coño ahora, si Rouco y Rajoy te repiten lo mismo, tú no te lo vas a creer?

 Ayer, ante el asediado Congreso, habían 1.500 manifestantes. De los 40 millones de habitantes largos que tiene España, el porcentaje es de 0’003, una infinitésima parte de todos nosotros.

 Y esto lo saben muy bien no sólo el mefistofélico Arriola, el consejero áulico de Rajoy, sino hasta esas analfabetas integrales que son Fátima Báñez y Ana Jaguar Mato.

 Entonces ¿de qué coño se va a preocupar Rajoy, a qué le van a tener miedo estos peperos que están arrasando el país para siempre, acabando con todo lo que se mueve sea cual fuere al área en el que esto suceda?

 Así que, amigos Traité y futbolín, os felicito sinceramente por vuestros magníficos razonamientos, sobre todo por ese, tan extendido, omnipresente, universal, de que cuanto peor, mejor.

 Esto, con la gente muriéndose a chorros por la calle, arrojándose por las ventanas y otras cosas que no se han visto nunca y que probablemente nunca más se verán, es un espectáculo dantesco realmente insuperable, tanto que su causante ya no tiene el valor suficiente para enfrentarse directamente a esa prensa tan canallesca y domesticada, y lo hace a través de una televisión de plasma, sentando así un precedente que tengo una inmensa curiosidad por comprobar si algún otro pueblo, alguna otra manada de castrados periodistas, lo verá alguna otra vez.

 Y, mientras, las páginas de todos los periódicos, las pantallas de todos los televisores y las sintonías de todas las radios pendientes con el alma en vilo de si el Madrid y el Barça serán capaces de remontar sus tanteos adversos ante los superequipos alemanes y de si es cierto o no que Belén Esteban ha abandonado para siempre Telecinco.

 Lo dicho, nuestro pensamiento es esencialmente rudimentario porque ELLOS se han preocupado desde siglos de que sea así.