Francia, mayo del 68; España, abril del 2.013.

 La estructura de las revoluciones políticas.
¿Hasta qué punto un pueblo puede aguantar los abusos de una clase que lo esclaviza?
María Antonieta dijo: “si no tienen pan, que coman pasteles” y el pueblo entero se levantó como una sola persona.
La hija de Fabra, ése que se ha hecho construir un aeródromo que nunca será visitado por aviones de línea regular pero en el que se halla instalada ¿para siempre? la efigie imperecedera, está hecha, creo, de bronce de este hombre no ya tuerto sino tan ciego de poder que le hizo creer que era un invulnerable legal de modo que cometía delito tras delito, mientras le tocaba todos los días la lotería, la hija de este hombre, digo, ¿o es un dios?, se atrevió a decir en ese sucio Parlamento español algo que reflejaba, aún más que la frase de la reina francesa, su total desprecio por los españoles que sufren: “que se jodan, coño, que se jodan”, y esto dicho por alguien que seguramente cree en el Dios de los católicos, aquel que dijo que es más difícil que un rico se salve que un camello pase por el ojo de una aguja, no significa sino que el pueblo español se merece totalmente ser despreciado por esa casta canallesca que lo gobierna.
 “Que se jodan, coño, que se jodan” porque los muy cobardes no se merecen otra cosa y lo triste es que esta desvergonzada princesa tiene toda la razón porque no sé por qué acuden a mi puñetera cabeza aquellos infernales ripios que me hicieron aprender en mi horrible infancia, en la que todo mi tiempo se repartía entre las clases de religión y las de formación del espiritu nacional: “que no puede esclavo ser pueblo que sabe morir”.
 De modo que parece evidente que nosotros, estas generaciones españolas de ahora, no sólo no sabemos vivir sino que tampoco conocemos el arte de morir con dignidad.
 Pero yo quería escribir hoy sobre el famoso mayo del 68 francés y las posibles concomitancias sociopolíticas con la España de hoy, abril del 2.013.
 “Se conoce como Mayo francés o Mayo del 68 la cadena de protestas que se llevaron a cabo en Francia y, especialmente, en París durante los meses de mayo y junio de 1968. Esta serie de protestas fue iniciada por grupos estudiantiles de izquierdas contrarios a la sociedad de consumo, a los que posteriormente se unieron grupos de obreros industriales y, finalmente y de forma menos entusiasta, los sindicatos y el Partido Comunista Francés.1 Como resultado, tuvo lugar la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia, y posiblemente de Europa occidental, secundada por más de nueve millones de trabajadores”. (Wikipedia).
 Qué hermosura, coño, y qué envidia. ¡Nueve millones de trabajadores en huelga contra el imperio de la sociedad de consumo! Y realizado contra un tipo, De Gaulle, que los había liberado de la zarpa hitleriana y no contra un tipo que lo más heroíco que ha hecho es ver cómo España le ganaba un partido de fútbol a Francia.
 Pero España no es Francia ni lo será nunca porque: 1º) allí, la enseñanza pública es sagrada, más sagrada que ningún otra cosa del mundo; 2º) porque el lema nacional es igualdad, fraternidad, libertad; 3º) porque allí un registrador de la propiedad no sería nunca jefe del Estado o del Gobierno porque estaría contaminado para siempre por su canallesca función; 4º) porque allí un tipo como el tal Wert no sólo no hubiera llegado nunca a ministro sino que hubiera sido corrido a gorrazos incluso en su comunidad de vecinos; 5º) porque el pueblo francés es tan digno que se ha cargado ya a varios jefes de Estado y de Gobierno.
 Las condiciones sociopolíticas que hoy concurren en España, 1º, allí no hubieran llegado a producirse nunca, porque el pueblo, formado desde las escuelas en la consciencia de su propia dignidad no hubiera consentido nunca que una patulea de individuos como la que ahora nos gobierna se hubiera acercado siquiera al menor de sus ayuntamientos. En Francia, es imposible que gente como Montoro, De Guindos, Wert, Mato y la tal Báñez pasaran siquiera por la puerta de uno de sus ministerios, no sólo porque los hubiera rechazado el pueblo muy violentamente sino porque tampoco ellos se hubieran atrevido siquiera a soñarlo.
 Pero aquí, sí, aquí un pueblo tan famoso como el de Madrid toleró impàvidamente que una tía como la Aguirre comprara a dos consejeros de otro partido para acceder al Gobierno de la Comunidad, pero, lo que aún es mucho peor, todo el pueblo español no sólo ha elegido para que lo gobierne a la mayor cuadrilla de ladrones de la historia universal de la infamia sino que ahora que Bárcenas nos lo ha mostrado a todos con su terrible y escandalosa desnudez, el pueblo entero continúa soportando vergonzosamente que tal pandilla de cuatreros siga ahí.
 Por eso, el abril español de 2.013 no se parece, no se puede parecer en nada a aquel glorioso mayo del 68 francés.

Ada Colau, el PP y la aritmética o "sed razonables, pedid lo imposible"

 Este país se divide en dos grandes grupos, los ignorantes y los sinvergüenzas. Y como éstos no son tontos llevan a aquéllos al puñetero huerto y así nos va.
  Estoy cansado de que todos los días intenten lavarme el cerebro poniéndome delante el trampantojo de Bárcenas, pero, oigan, si Bárcenas no es el caso y sus papeles, menos.
 El caso, el auténtico caso, es el PP, que es la entidad para la que trabajaba Bárcenas.
 Este país es tan estúpido, tan ignorante que a mi este asunto me recuerda forzosamente al del tonto al que le señalan la luna y él sólo ve el dedo, la punta del dedo, que en este caso es la punta del iceberg.
 Porque Bárcenas no es más que la jodida punta del puto iceberg.
 Voy a demostrarlo,
 Hace más de 60 años yo ingresé, mediante oposición, en lo que entonces se llamaba Compañía Telefónica Nacional de España y fui tan tonto que por no salir de la ciudad donde vivía mi novia, entonces, hoy, mi mujer, elegí el peor de los Departamentos de dicha cía. que se llamaba Conservación y que realizaba las funciones que su nombre indica. Al año, me di cuenta de que me había equivocado y entonces no tuve más remedio que irme a Alicante donde salió una plaza en el Departamento Comercial, en el que, además del sueldo, te daban el 15 por ciento de todo lo que vendías.
 El 15%. Dudo mucho de que Bárcenas devengara un porcentaje superior, entonces, la operación es muy sencilla: una proporción simple y directa: si los 38 millones de euros que, por ahora, Bárcenas confiesa que tiene, el capital que él como gestor-tesorero le proporcionó al PP es de tres mil ochocientos millones de euros, lo que, en pesetas son seiscientos treinta mil ochocientos millones de pesetas que multiplicados por los 4 tesoreros que ha tenido el PP arroja la despreciable cifra de veinticinco mil doscientos tres millones de pesetas, lo pondremos en cifras porque así resulta mucho más bonito: 25.203.000.000 de pesetas, que, se obtuvieron no por la explotación de unas minas de diamantes en el África central sino vendiéndole a las mayores compañías españolas todo tipo de concesiones administrativas, o sea, cohechos puros y duros: el más gigantesco y sucio de todos los negocios que cualquier partido político haya realizado a lo largo de la Historia, presuntamente, desde luego, y ahí están mis modestos cálculos para que todo el que quiera los repase, teniendo en cuenta que, como dijo Lapuerta, el patrimonio de Bárcenas es mucho menor que el suyo.
 La pregunta que yo, modesta e ingenuamente, hago es: ¿se puede tolerar que el gobierno de España esté en manos de un partido semejante?
 Y, si esto no es en modo alguno tolerable ¿a qué esperamos para fletar a miles de Adas Colau para que invadan toda España dirigiendo a  esos 6 millones de parados y a esos otros 14 millones de españoles que viven bajo el nivel de la pobreza, para que se planten delante de los domicilios de todos los diputados y políticos españoles con esas pegatinas y pancartas que rezan “ojo, vecinos, aquí vive un asesino” y otras semejantes y no se vayan de allí, pase lo que pase, aunque ese ministro que no se sabe de qué es más si de Interior o del Opus, lance contra todos ellos miles de cipayos porque éstos no serán nunca suficientes para obligar a callar y retirarse a esos 20 millones largos de españoles que han empezado ya a morirse de hambre en plena calle porque los están desahuciando esos malditos Bancos a los que nosotros, todos los españoles, estamos financiando con nuestros impuestos y demás gabelas?
 Y esto que yo pido, copiando el eslogan del Mayo del 68 francés, es absolutamente razonable porque no es imposible.

La rebelión de los cipayos

 Ésta sí que es una buena noticia, que los cipayos comiencen a pensar por su cuenta, que dejen de ser los perros del amo, esos que ayer paseaba Aznar por las playas de Marbella sin correas ni bozales, seguramente en la mejor alegoría de su concepto de la situación, porque él, ya se sabe, es partidario de la fuerza, de la fuerza bruta, de toda la fuerza, Irak, de modo que los perros deben, en su concepto, comenzar a actuar ya.
 Pero los perros, los cipayos, esos privilegiados agentes de orden público que cobran prácticamente por no hacer nada, sólo por asustar al pueblo, parece como si comenzaran a pensar sobre quiénes son, de dónde vienen, hacia dónde van y que es lo que realmente hacen, para qué sirven y su primera respuesta, hoy, es que no están de acuerdo con esa orden que el ministro del Opus les ha dado de comenzar a aplastar a los simples ciudadanos que sólo piden un poco de justicia, no la justicia, toda la justicia, porque esto último saben que ya es imposible dado lo avanzado de la enfermedad social.
 De modo que sólo se han limitado a decir que consideran injusto que les hagan perseguir a los desahuciados.
 Poco es realmente, pero por algo se empieza.
 Si ellos se negaran radicalmente a cumplir las órdenes del Opus, a este gobierno de canallescos meapilas sólo le quedaría el ejército que ciertamente no es poco, pero ¿cómo sonaría internacionalmente que un gobierno que se autotitula democrático echara su tanques a la calle en una especie de plaza de Tiahnamen liberal?
 Pero esto que estoy escribiendo ahora yo sé muy bien que no es más que el ansioso sueño de una noche de primavera lluviosa, que es muy difícil, si no imposible, que los cipayos hagan algo más que protestar un poco porque a algunos de sus hermanos, de sus vecinos, de sus amigos, de sus conciudadanos se les esté echando a rastras a la puta calle.
 Es más, estoy seguro porque he conocido a lo largo de toda mi puñetera vida a algunos de ellos, que los hay también que están deseando cumplir las órdenes del Opus con más ferocidad incluso que la que estos usuarios del cilicio desearían porque el Opus no es una orden mendicante sino todo lo contrario, furiosamente seguidora del becerro de oro, porque piensa que, con éste, es mucho más fácil obtener esa deseada santidad que ninguno de ellos alcanzará nunca.
 Porque sólo es de santos realmente, colocar la otra mejilla si te golpean en ésta, si nos atenemos al mensaje del verdadero fundador, y el Opus, hasta ahora, hace precisamente todo lo contrario, golpea bien fuerte en donde más le duele al pueblo.
 De modo que son muy pocas, yo diría ninguna, las verdaderas esperanzas de que la rebelión nos venga por este camino de los auténticos cipayos, de esos que han conseguido un lugar en el sol persiguiendo duramente a sus iguales.
 Y del ejército, no me atrevo ni a hablar porque son muy capaces de fusilarme al amanecer o de pegarme un tiro entre ceja y ceja como decía el marido de una de las amigas de mi mujer, que todo el mundo tiene amistades peligrosas.
 De modo que, una vez más, concluyo con mi eterno canto a la desesperanza porque, como decíamos ayer, hay más de 11 millones de patriotas españoles que están de acuerdo en que esta gente acabe hasta con la última posibilidad de una auténtica salvación.

Escraches o el árbol del ahorcado

 Toda la prensa de la derecha se ha levantado como un sólo hombre contra los escraches que el pueblo está colgando en las fachadas de las casas de los asesinos.
 Y yo, todo lo humildemente que puedo, pregunto:
¿Qué derechos tienen los asesinos? 
 Por favor, díganmelo ustedes. ¿El derecho a la santidad intangible de sus domicilios? Por favor, si lo 1º que se hace es privarles radicalmente de ese su pretendido derecho, no ya porque se los allane y confisque todo lo que pueda hallar allí la justicia sino que incluso se les recluye en la cárcel alguna veces para toda su puñetera vida.
 Y, por favor, no vengan por aquí a decirme eso tan manido, tan gastado, tan sucio ya de tanto manosearlo, de que todo el mundo tiene derecho a la presunción de inocencia porque eso, sencillamente, no es verdad, no se puede exculpar, o sea, decir que no son asesinos aquellos tipos que son cogidos “in fraganti”, que, dicho en español, quiere decir con las manos en la masa, o sea, coño, yendo por el centro de la puñetera calle con el carrito del helado.
 Aquí es donde la ultraderecha no es que nos esté ganando la partida, es que ya hace años y años que nos la ganó. 
 En la catequesis de las malditas parroquias, en las clases de religión, en las escuelas de 1ª enseñanza, en los malditos institutos e incluso en esas jodidas universidades que el Opus está extendiendo por todo el país, se nos está vendiendo al burra coja de que hay derechos que no se pueden siquiera rozar si no lo hacen ellos, los del Opus, por supuesto.
 La presunción de inocencia, nadie puede ser condenado sin ser oído, previa la correspondiente defensa, pero yo, entonces, vuelvo a preguntar: ¿pero, coño, entonces cómo vamos a perseguir a estos auténticos asesinos que forman parte del “corpus” social en el que se incluyen ni más ni menos que todos ellos mismos, los abogados, los fiscales y los jueces, porque da risa siquiera pensar que a González Pons, ése que pedía hace 4 días, cuando aún gobernaba Zp, que el pueblo se echara de una puñetera vez a la calle, como si toda España fuera una plaza Tahrir cualquiera, y, ahora, pide protección policial no porque nadie le haya parado en la calle para llamarle por su nombre, sinvergüenza, no, no, sino porque unos cuantos ciudadanos, desesperados de toda desesperación, al comprobar que los tribunales no son sino el peor de los simulacros sociales, han dicho pues el derecho al pataleo, a llamar a esta gente por su verdadero nombre, no me lo va a quitar nadie, y van hasta la casa del amo de toda la justicia (?) de España, d. Alberto Ruiz Gallardón y le llenan la puerta y las paredes con una somera descripción de su actual conducta.
 ¿Es que, en España, no se puede decir la verdad, no son asesinos los que atan la soga al cuello de ese pobre hombre al que mañana van a desahuciar los cipayos de este Régimen, porque esto no es un gobierno sino un régimen, y no pudiendo soportar la idea de que van a arrojarle a la puta calle, usando la más física de todas las fuerzas, delante de sus propios hijos, de su propia mujer y de sus ancianos padres no se siente con fuerza para ello y se cuelga de un árbol?
Esto ¿no es un asesinato, por qué no, porque ha sido el futuro cadáver que el juez, luego, levantará, el mismo que se ha atado la soga al cuello, ha subido a la silla y le ha dado una patada, quién ha empujado materialmente a este hombre a atarse la soga al cuello y a patear la silla, los mengues, el anónimo destino, o han sido los legisladores, o sea, los diputados, dos de los cuales son el tal González Pons y el no menos tal Gallardón los que no han hecho nada, no han querido hacer nada, todo lo contrario les han gritado a estos pobre hombres que no ven otra salida digna a su desamparo que suicidarse, “que se jodan, coño, que se jodan”, sra. Fabra dixit, entre el inmenso jolgorio de todos estos canallas?
 Yo, particularmente, creo, desde el fondo de mi corazón, que esto no es un suicidio sino un asesinato porque a este hombre se le ha empujado materialmente a darse muerte para escapar de la trampa que los jodidos diputados le han tendido.
 Y, si no voy con mi pegatina en el pecho, con el bote de pegamento y con la brocha hasta las casas de Gonzáles y de Gallardón para colgar en sus paredes ese cartel que dice: “Cuidado, vecino, aquí vive un asesino”, es sencillamente porque ya no puedo andar, si no, claro que iría y arrostraría la posibilidad de que ese señor del Opus que, ahora, es el ministro de Interior mandara a sus perros de presa a que me detuvieran ¿por qué? Por hacer lo mismo que esos tipos a los que él defiende de esta manera: no matar directamente con sus propias manos a nadie pero tal vez incitar a otros para que indirectamente lo hagan. 
 O sea, que yo también soy un asesino, igual que ellos, como ese pobre suicida también lo era, para ellos, porque quería vivir, tener una casa donde cobijar a su mujer, a sus hijos y a sus padres, porque creyó en lo que al respecto dice la puta Constitución: que todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y que éste es un Estado social y de Derecho, si tendrán cara, coño.
 Pero a Fraga se le olvidó decir, era tan olvidadizo, que la vivienda en cuestión era una fosa común en el cementerio.

La desesperación puede ser el inicio de la esperanza si no se alzan los pies del suelo

 El otro día escribía yo por aquí que hubiera dado mi brazo derecho y parte del izquierdo por haber escrito un artículo que eddie nos trajo de un tal Itulaide (?).
 Hoy voy a da un paso más, estoy dispuesto a dar todo mi cuerpo el día que sea capaz de escribir un artículo como éste de hoy de Gallego, titulado “Escrache”.
 Entre lo que él escribió ayer y lo que yo pergeñé por aquí, el otro día, no hay más que una pequeña coincidencia que, también, juega a su favor: la referencia que él hace a Niemeyer y que yo hacía a Bertold Brecht, que, en realidad, es la misma referencia porque creo que el propio Brecht reconoció en su día que él había recogido de Niemeier el poema que nos aportaba.
 Hasta aquí mis admiradas coincidencias: no hay una sola línea del artículo que hoy nos ha traído futbolín, desde “eldiario.es”, que yo no suscriba hasta con la última gota de mi sangre, pero qué lástima que sólo sea la mejor descripción que yo he leído hasta ahora de todas las cínicas canalladas que nos está haciendo esta gentuza.
 Porque no es más que una descripción y un ferviente deseo. ¿Nada más, dice usted, le parece poco?
 No, no, no me parece poco, ni tampoco mucho, me parece algo mucho mejor, me parece estrictamente lo justo, pero….
 Sé que estoy bordeando la delgada línea roja de lo imperdonable desde el punto de vista de la izquierda, de la progresión, no obstante, voy a hacer una pregunta porque lo considero absolutamente exigible: si queremos que nuestros deseos lleguen al gún día a ser una realidad: ¿se puede terminar un tan maravilloso artículo con ese entusiasmo, con la expresión de la absoluta seguridad de que lo que va a suceder es lo que nosotros tanto deseamos?
 Que nadie dude de que lo más cómodo para mí sería aplaudir, como lo he hecho, al principio, el magnífico artículo que comento, y ponerme a escribir sobre otro de los muchos temas que la triste realidad actual nos ofrece, pero es que, coño, resulta que las conclusiones a que llega Gallego, en su maravilloso post son exactamente las contrarias a las que llegaba yo el otro día, en mi post “Salomé o la cabeza del Bautista”:
“Pero ¿qué es lo que esta pasando? Que 2 profesores universitarios, mi hija doctora en informática, tentada por los Usa para que fuera trabajar con ellos, vicedecana de su facultad, piense seriamente que la culpa de que a ellos les rebajen el sueldo la tengo yo porque de algún sitio hay que sacar para pagarme a mi la pensión es alucinante ¿o es que el imbécil soy yo que no sabe qué es lo que está ocurriendo realmente en este puto país?
 O sea que no hay nada que hacer, lo afirmo una vez más, porque hay en este asqueroso país once millones de personas que piensan seriamente que lo que esta gente está haciendo es todavía poco, que lo que hay que hacer es lo que propugnaba ese ministro japonés, liquidar como sea a viejos y enfermos y terminar de una vez con esa lacra de la Seguridad Social, y, entonces, sí, entonces todo resurgirá de las cenizas de este volcán cuya erupción ha provocado esta crisis que está a punto de engullirnos a todos, a ellos, coño, también, sólo que ellos no lo ven, con lo inteligentes que son, el poema, el maravilloso poema de Beltord Brecht: primero, vinieron a por el vecino del tercero porque era judío y yo dije, bueno, sí, qué lástima, pero yo no soy judío; después, vinieron a por el del segundo, porque era católico y yo dije qué pena, Dios mío, qué pena, pero yo no soy católico, y, después, vinieron a por el del primero porque era comunista y yo dije, por Dios, hombre, por qué, qué ha hecho este buen hombre, pero yo no soy comunista, y, de pronto, un día vinieron a por mí, a por mí, por qué, si yo no soy judío, ni católico, ni comunista, si yo no soy nada, no hago nada, no me he metido con nadie, ¿por qué, Señor, por que? 
 De modo que mis propios hijos piden mi cabeza, quieren que Rajoy me la corte y se las ofrezca en una bandeja como si yo fuera una especie de Juan Bautista y ellos unos descendientes de Salomé, de modo que ya estoy completamente seguro de que Julian Benda y toda esa interminable serie de genios que vienen quejándose de la traición de los intelectuales se han quedado cortos, muy cortos, insuperablemente cortos, alguien, no sé qué demonio entripado, halló, al fin la fórmula para anestesiar definitivamente las conciencias y convertirnos en esta especie de seres infrahumanos que ya no sienten compasión siquiera entre padres e hijos.
 Joder que puto y asqueroso mundo hemos hecho entre todos”.
Esta canallesca gentuza, estos criminales, utilizando todas las tácticas, estrategias y técnicas de persuasión que el progreso científico les ha proporcionado (atención Xavier Traité), los ha usado para confeccionar, científicamente, unos invencibles anticuerpos que actúan implacablemente, con una auténtica seguridad científica de manera que es imposible absolutamente luchar contra ellos con las antiguas y desfasadas técnicas tradicionalmente revolucionarias, hoy no es posible gritar “proletarios de todos los paises del mundo, uníos”, porque esa unión, si pudiera realmente producirse, no serviría sino para llevarlos inicuamente hasta el matadero nuclear, desgraciadamente, ellos y sus mercenarios científicos han llevado la guerra a su terreno, en el que ya no sirven las algaradas por importantes que fueren, hoy, la lucha ha de producirse sí, en las jodidas urnas, pero allí, aunque parezca imposible, se les puede ganar como lo han hecho el difunto Chávez, Lula da Silva, Evo Morales, y otros, y, entonces, realizar la revolución desde arriba, que ni siquiera así estoy yo muy seguro de que nos la dejen hacer.
Soy plenamente consciente de que esto es un desolador jarro de agua fría pero creo que es mi deber hacerlo porque, si no se parte del mejor conocimiento de la realidad contra la que se quiere luchar, es absolutamente imposible lograr revertirla.  
 Ahora bien, estoy contento porque, al fin, este pueblo que parecía aborregado para siempre, ha dmostrado que no, haciendo esos escraches, coño, ante las casas del jodido González Pons y ante el mucho más jodido cabrón ese de Gallardón.

Réquien por el juez Gómez Bermúdez

Recuerdo que, cuando empezaba el caso Garzón, pronostiqué lo que iba ocurrir en sendos posts titulados “Réquiem por Garzón” y “Garzón, ese iluso”, creo.
 Un amigo mío, siempre bien orientado,  estaba tan convencido de que los jueces españoles no se iban a atrever a echar de la profesión al mejor valorado de todos ellos a nivel internacional porque esto significaría su desprestigio mundial, que no tuvo inconveniente en desafiarme con una apuesta que yo acepté inmediatamente porque YO SABIA CIERTAMENTE lo que iba a ocurrir porque él, que es un economista extraordinario y también licenciado en Derecho, no había invertido casi 50 años de su existencia en convivir, día a día, con los jueces.
 Un juez es un hombre especial, muy especial, quizás el más especial de todos los hombres, un juez es un tipo capaz de reconocerme a mí, personalmente, en su despacho, en una discusión profesional de un asunto que yo tramitaba ante él, que se había equivocado, y eran varios millones de aquellas pesetas, que lo sentía mucho pero que no podía hacer nada, lo que yo le dije entonces era constitutivo de un delito, de cuya comisión me he arrepentido muchas veces desde entonces, totalmente indignado por su actitud, cegada totalmente mi capacidad de raciocinio, le dije a aquel juez, uno de los mejores que he conocido en toda mi vida profesional, ni más ni menos que la siguiente imperdonable locura: “a ustedes los únicos que los saben tratar son los etarras, cuando les disparan un tiro en la nuca”.
 Si sería bueno, no sólo como persona sino también como juez, aquél, que me dijo: “creo, don José, que se ha vuelto usted loco, ande, váyase, salga usted de mi despacho antes de que me arrepienta, llame al agente de guardia y lo mande a usted a la cárcel, ande, váyase, por favor”. Y me fui, y le estaré toda mi vida agradecido porque cosas como aquella que yo le dije a aquel excelente juez no sólo no se deben pensar cuanto menos decir.
 Aquel juez fue uno de los que me impulsó a mi a titular este blog “arcángeles”, porque se tiene que ser muy buena persona para tener todo el poder del mundo en tus manos y que un viejo loco venga a tu despacho y te insulte de la peor de las maneras y tú contenerte y perdonarlo, seguramente pensando que yo era ya demasiado viejo y estaba ya también demasiado loco para tomarme en cuenta lo que decía. Lo dicho, un arcángel, no sólo porque se había equivocado y lo admitió allí, en el profundo secreto de su despacho, sino también porque supo comprender y perdonar el exabrupto de un viejo que había visto cómo se esfumaba que su hija, como letrada de un pleito, perdía la posibilidad de cobrar más de un par de millones de pesetas de honorarios, que había ganado honradamente.
 De modo que un juez es un tipo capaz de arruinarte para siempre o de meterte en la cárcel para siempre también y, luego, seguir viviendo tranquilamente como si nada y que si tú entonces te cagas en su padre y llamas lo que sea a su madre, se controla perfectamente y no te hace nada, pudiéndote hacer mucho.
 Arcángeles, coño, arcángeles. O sea, gente que está por encima del bien y del mal, que hace en cada momento lo que cree que debe de hacer y que, luego, si comprueba que se ha equivocado, lo asume internamente y seguramente piensa “sí, muy bien, me he equivocado, pero vaya por todas esas veces en las que acerté”.
 Me he pasado toda mi vida diciendo que el hombre o es desfalleciente, como decía el Doctor Angélico, o es un “homini lupus”, un lobo para el hombre, como decia sir Thomas Hobbes, o una puñetera mierda pinchada en un palo, como creo que soy yo y todos los demás hombres, incluso ese pobre hombre al que acaban de nombrar Papa en el Vaticano, porque, para mí, lo dijo el poeta a quien más quiero y admiro, al que más respeto, porque dio su vida por lo que creía y pensaba, dejándose morir de tuberculosis en una cárcel de Alicante antes que bajarse del burro, desde el que nos dijo aquello de “me llamo barro aunque miguel me llame, barro es mi vocación y mi destino que mancha con su lengua cuanto lame”.
 Y los jueces españoles como yo, como tú, como aquél, no son más que puñetero barro, Miguel tenía mucho mejor gusto que yo y aunque parezca increíble en un simple pastor de cabras estaba mucho mejor educado que yo porque había pasado toda su vida entre éstas y Góngora, de modo que ni siquiera conocía todos estos tacos con los que yo salpico mis posts.
 De modo que, como íbamos diciendo, los jueces son también seres arcangélicos, que, por definición, se hallan fuera del campo de actuación de los hombres corrientes, se mueven bajo otros parámetros, se consideran depositarios de un poder que sólo cede ante el de Dios, con el que, en cierto modo, se consideran emparentados, por eso Franco los eligió cuidadosamente para que fueran celosos albaceas de su legado.
 Franco, como Aznar y como Rajoy, creía que los hombres somos esencialmente desiguales y que es una suprema injusticia tratarlos como si fueran todos hijos del mismo padre y de la misma madre.
Que unos, ellos, han nacido para mandar, porque son mucho mejores que los otros, que han nacido sólo para obedecer, y que hay que cuidar para que se mantenga este orden preestablecido por Dios, por los siglos de los siglos, amén.
 Tal vez muchos de vosotros, los que me leéis, pensáis que esto que acabo de decir es una exageración, nada de eso, Franco consintió, y durante su mandato no se movía ni un hoja de un árbol sin su consentimiento, que se acuñaran monedas en las que se podía leer: “Franco, Caudillo de España, por la gracia de Dios”. 
 O sea que el Reino de Dios, o sea, el de Franco, como su intermediario, debe de preservarse de cualquier ataque maligno, el peor de los cuales es indudablemente aquél que atente contra el principio de autoridad, de manera que, ahora, machos, démosnos por jodidos, los jueces orientarán el caso Bárcenas, como hicieron con el caso Naseiro, otro tesorero del PP, de tal modo que no pase nada, nunca pasa nada, en el mejor de los países posibles, porque la idea de la organización de la vida y del mundo para todos estos señores la expuso tácita pero suficientemente uno de sus representantes más genuinos cuando dijo aquello de que, bajo el mandato de Franco, España disfrutó de una extraordinaria placidez (Mayor Oreja).
 Eso, placidez, orden, paz, de justicia, que es precisamente su profesión, ninguno de ellos quiere saber nunca nada, de manera que expulsaron de la carrera a Garzón y ahora han apartado del caso Bárcenas a Gómez Bermúndez, porque éste ha acreditado ya con el caso del 11M que es muy capaz, como lo era aquél, de encausar no sólo a Bárcenas sino a todo el PP.

Salomé y la cabeza del Bautista

 Leo, todos los días, lúcidos análisis sobre las causas de la tragedia que padecemos. Hipotecas subprime, sobrexposición bancaria, locura inversora de las clases trabajadores, boom inmobiliario, etc., pero nadie habla ni una sola palabra, que yo sepa, de lo que se halla en el meollo mismo de la cuestión, de la causa que hace que estos hijos de puta manden como lo están haciendo, pasándose por los cojones todos los límites divinos y humanos, porque estos tíos son peores que Videla y Massera, peor que Pinochet, peores que Hitler y que Mussolini, peores que Franco, no, porque ellos son el mismo espíritu de Franco redivivo.
 Ahora, comprendo al fin la expresión revolución conservadora en toda su extensión, en toda su profundidad.
 Frente a esa lentísima revolución progresista que ha tardado cientos de años en ir desde la argolla del puñetero esclavo en el tobillo hasta la condición del tío que atornilla la misma pieza miles de veces en la misma jornada pero que, al fin, veía reconocida su dignidad como ser humano de alguna manera, con derechos laborales que parecían intocables, se ha ido forjando en la trastienda de los partidos conservadores la idea de que había que acabar con esa pequeña marea de insignificantes conquistas no por lo que eran en sí mismas, que no valían la pena, sino por la relevancia que otorgaban al trabajador como un sujeto de la relación laboral capaz de exigir un trato acorde con su naturaleza humana.
 Estas fiestas de Semana Santa han venido a casa  mis hijos.
Es un matrimonio de profesores titulados de universidad. Son propietarios de dos pisos, tienen un mercedes y un land rover, entre los dos ganan más de seis mil euros, pero se consideran trabajadores explotados ¿por quién? No os la vais a creer, por mí, coño, por mí, tal como lo leéis porque soy un jodido pensionista que cobra 1.499 euros  al mes QUE SE LOS SACAN A ELLOS DE SU JODIDO BOLSILLO.
 Se me ha caído el alma a los pies y una ira ciega me ha subido a la cabeza.
 Pero ¿qué es lo que esta pasando? Que 2 profesores universitarios, mi hija doctora en informática, tentada por los Usa para que fuera trabajar con ellos, vicedecana de su facultad, piense seriamente que la culpa de que a ellos les rebajen el sueldo la tengo yo porque de algún sitio hay que sacar para pagarme a mi la pensión es alucinante ¿o es que el imbécil soy yo que no sabe qué es lo que está ocurriendo realmente en este puto país?
 O sea que no hay nada que hacer, lo afirmo una vez más, porque hay en este asqueroso país once millones de personas que piensan seriamente que lo que esta gente está haciendo es todavía poco, que lo que hay que hacer es lo que propugnaba ese ministro japonés, liquidar como sea a viejos y enfermos y terminar de una vez con esa lacra de la Seguridad Social, y, entonces, sí, entonces todo resurgirá de las cenizas de este volcán cuya erupción ha provocado esta crisis que está a punto de engullirnos a todos, a ellos, coño, también, sólo que ellos no lo ven, con lo inteligentes que son, el poema, el maravilloso poema de Beltord Brecht: primero, vinieron a por el vecino del tercero porque era judío y yo dije, bueno, sí, qué lástima, pero yo no soy judío; después, vinieron a por el del segundo, porque era católico y yo dije qué pena, Dios mío, qué pena, pero yo no soy católico, y, después, vinieron a por el del primero porque era comunista y yo dije, por Dios, hombre, por qué, qué ha hecho este buen hombre, pero yo no soy comunista, y, de pronto, un día vinieron a por mí, a por mí, por qué, si yo no soy judío, ni católico, ni comunista, si yo no soy nada, no hago nada, no me he metido con nadie, ¿por qué, Señor, por que? 
 De modo que mis propios hijos piden mi cabeza, quieren que Rajoy me la corte y se las ofrezca en una bandeja como si yo fuera una especie de Juan Bautista y ellos unos descendientes de Salomé, de modo que ya estoy completamente seguro de que Julian Benda y toda esa interminable serie de genios que vienen quejándose de la traición de los intelectuales se han quedado cortos, muy cortos, insuperablemente cortos, alguien, no sé qué demonio entripado, halló, al fin la fórmula para anestesiar definitivamente las conciencias y convertirnos en esta especie de seres infrahumanos que ya no sienten compasión siquiera entre padres e hijos.
 Joder que puto y asqueroso mundo hemos hecho entre todos.