Bestiario

 Lo siento mucho, pero me niego a renunciar a mis clásicos, de los que tanto he aprendido: “vivorum memini, nec tamen Epicuri licet oblivisci”, decía el suavísimo CICERO en “De los fines de los buenos y de los malos”: “recuerdo a los vivos pero no me parece lícito olvidar a Epicuro” y tal vez fuera por esto que Cicerón murió asesinado.
 Epicuro, coño, el tío que más hizo por enseñarnos a vivir decentemente, a los buenos y a los malos, hasta tal punto que al que le gusta vivir bien se le denomina “epicúreo”.
 Pero todo lo que he vivido, todo lo que he sufrido y lo poco, poquísimo, que he disfrutado, me ha llevado a la más triste de las conclusiones: todos lo sitios en los que se reúnen los hombres no son sino bestiarios, una especie de zoológicos, en los que suele habitar lo peor del género humano y lo digo a propósito de lo que está ocurriendo con todos esos ilustres receptáculos de autenticas bestias zoológicas en los que se han convertido, por ejemplo, el FMI y la Telefónica, por citar 2 ilustres ejemplos.
 Decía otros de mis clásicos, Lutero, después de revolverse airadamente ante la Dieta de Worms, y crear una de las religiones más fuertes de la Historia, el protestantismo, “peca y hazlo fuertemente”, y, por eso, a pesar de ser monje, o sea, cura, se ayuntó con una buena fembra, monja, por supuesto, joder, con el tío, y aunque ello, paradójicamente, indujera a Max Weber a fundamentar su teoría de la superioridad de la civilización protestante sobre la católica a la hora encontrar el éxito económico, dado que los discípulos del rebelde ante la Dieta de Worms, piensan firmemente que es la posibilidad del perdón de todos nuestros pecados simplemente con el acto de confesarlos en secreto, lo que nos hace mucho más débiles a la hora de trabajar, y entregarnos a la molicie, lo cierto es que todas y cada una de las grandes instituciones mundiales de uno u otro signo están siendo ocupadas por los más famosos de nuestros empedernidos pecadores.
 La Onu, coño, ¿quién está en la Onu?, un tal Ban-ki-mon, joder, pero ¿quién es este tío y qué ha hecho para estar ahí? Es surcoreano, sí, porque nació allí pero todo lo demás lo ha hecho en los Usa, de modo que siempre barrerá para la Casa, Blanca, por supuesto.
 El Fondo Monetario Internacional, FMI, no es más que un zoológico, en el que parece que sólo pueden ingresar los tarados. He ahí, si no, a los penúltimos, Dominique Strauss Kahn, un obseso sexual al que Sarkozy, buen “amigo” suyo, le aconsejaba que no entrara nunca en un ascensor en el que hubiera una mujer, y que ha terminado indemnizando con 4 millones de dólares a la mujer que dice que nunca agredió sexualmente.
 Y nuestro ínclito RR, Rodrigo Rato, el tío que, después de hundir la economía familiar, fue encargado por Aznar de dirigir la española, consiguiendo el milagro de la burbuja inmobiliaria, cuyo estallido sufrimos todos en este momento, de manera que, para quitárselo de encima, lo enviaron al FMI, afirmando las malas lenguas que, desde allí, organizó la actual crisis mundial que padecemos en el breve lapso que ocupó su dirección antes de que huyera, asustado, al ver el lío que había organizado, de manera que llegó a aquí y, para que se entretuviera en algo, le dieron la Caja de Madrid, que dicen que era la mejor de España, la que ha transformado en Bankia, un agujero financiero que amenaza con tragarse toda la ayuda que sea capaz de darnos Europa.
 Por todo ello parece que un juez se ha equivocado imputándolo, de manera que ha tenido que venir en su ayuda otro imputado también, el célebre Alierta, aquel que encausaron por haber utilizado su cargo de presidente de Tabacalera para hacerse de mala manera con acciones de su propia compañía, sobrino interpuesto, pero cuya acción penal prescribió como suele suceder con las que existen en contra de estos que alguien ha llamado delincuentes de cuello blanco y conciencias negras.
 De esta manera, el Consejo de la décima cía. del mundo premia la carrera del hombre que la privatizó, haciendo honor a aquello de que es de bien nacidos ser agradecidos, pero lo de bestiario lo decimos porque allí han terminado yendo ni más ni menos que tipos como Zaplana, aquel tío tan sincero que dijo que él estaba en política para forrarse y Undargarín, ese yerno del Rey, que no lo ha dicho pero que lo ha hecho, aparte, claro, del marido de la gentil Soraya, nuestra actual vicepresidenta, aquélla de la portada de El Mundo, bestiario, coño, bestiario.
 Como también lo son el Consejo de Estado, donde paran todos los que salen de las altas instancias de la Administración pública, presidencia y vicepresidencia del Gobierno, últimos, por ejemplo y donde también estuvieron González y Aznar, antes de hallar mejores refugios para su transitoria pobreza.

8 comentarios en “Bestiario

  1. Del amigo Joan otro ratito de lectura irónica de muy buena factura:ENTRE PILLOS ANDA EL JUEGO: TELEFÓNICA “FICHA” A RODRIGO RATO. (TAL VEZ PARA QUE ACABE CON ELLA..)http://joanmarti.wordpress.com/2013/01/06/entre-pillos-anda-el-juego-telefonica-ficha-a-rodrigo-rato-tal-vez-para-que-acabe-con-ella/#comment-894

  2. LA ESPAÑA INSOSTENIBLE DE MR. RATOSi es verdad, como decía Caballero Bonald, que “somos el tiempo que nos queda”, es muy probable que España se esté convirtiendo es un país insostenible. No es un derrotismo fácil basado en una percepción subjetiva. Ni un juicio de intenciones. Es la constatación empírica de una realidad compleja y demoledora que se manifiesta en una comparación clarificadora. Hacienda ha revelado que en 2011 -últimos datos disponibles- existían en España apenas 12,5 millones de asalariados ‘puros’. Es decir, trabajadores por cuenta ajena que no tienen otra fuente de ingresos más que su empleo.La cifra es significativa, pero lo que es realmente impactante es que, a la luz del IRPF, existen 9,1 millones de españoles que o bien son pensionistas ‘puros’ -sólo perciben rentas de su pensión- o son parados con algún ingreso. La proporción es aterradora -casi el 73% entre unos y otros- , y muestra las dificultades históricas de este país para crear puestos de trabajo (más allá de la burbuja inmobiliaria) para una población que supera ya ampliamente los 46 millones de habitantes. Pero es todavía más llamativo comprobar que en 1999 -al arrancar la unión monetaria- España contaba con 11,9 millones de asalariados ‘puros’, mientras que había 7,3 millones de pensionistas y parados con una sola fuente renta.Eso quiere decir que mientras el número de asalariados ha crecido apenas un 0,5% en una docena de años, el número de pensionistas y parados ha aumentado casi un 25%. La relación no sería tan mala si no fuera porque en ese mismo periodo tanto la prestación de servicios públicos -sanidad, educación o asistencia social- como las inversiones del sector público (que conllevan gasto corriente) no hubiera crecido de forma exponencial, pero sucede justamente lo contrario, y eso explica que este país comienza a ser insostenible si no cambian las cosas. Y no parece que vayan por ahí los tiros.El país sigue viviendo -al menos es lo que se intenta transmitir- como si se tratara de una crisis económica más a la que se le puede hacer frente con soluciones pacatas y de subsecretario. La consigna parece ser ganar tiempo como sea a la espera de que escampe en Europa. Y el fichaje de Rodrigo Rato por Telefónica va en esa dirección. Es más de lo mismo. Forma parte de la modorra nacional. De la inercia que conduce al abismo. De la España de la escopeta nacional.Sólo muestra la pervivencia de algunas élites políticas y empresariales incapaces de entender el tiempo que les ha tocado vivir. Y que campan a sus anchas absolutamente desconectadas de una opinión pública (que otra cosa es la democracia) a la que desprecian, amparadas en esa sensación de impunidad que da el poder (Alierta está sobrado, asegura un fino economista). Probablemente, porque esas mismas élites viven instaladas en un hedor conformista que les impide comprender la dimensión del problema.

  3. Esta realidad ‘de toda la vida’ es la que explica que el bueno de Don Rodrigo se haya pasado por Moncloa en busca de árnica de la fiscalía. Incluso, en busca de algún consejo de administración como el de Repsol, a lo que Rajoy respondió con una larga cambiada.Y es que Rato necesita cariño, reconocimiento. Pero como le sucedía al coronel de García Márquez, no tiene quien le escriba. Él no lo hace por dinero, sino que lo suyo es enredar (por eso se volvió de Washington), como en los viejos tiempos de Hernández Mancha. Rato sólo pide ahora favores a los viejos amigos de esa aristocracia económica que él amamantó en la segunda mitad de los años 90 tras la retirada del sector público de la actividad empresarial. Los barandas de los antiguos monopolios que hoy presumen de estar en medio mundo. Pero que siguen comportándose como en los tiempos del INI o del Patrimonio del Estado.Que se sepa, ningún alto ejecutivo del Ibex ha hecho mutis por el foro desde que estallara la crisis, como si el alto endeudamiento de muchas empresas cotizadas -léase la propia Telefónica- o algunas inversiones ruinosas en el exterior fueran culpa del empedrado. Como si la escasa internacionalización de la empresa española fuera responsabilidad de una maldición bíblica. Claro está, siempre hay un Gobierno al que echarle la culpa. O siempre hay una buena campaña de imagen para lavar malas conciencias. Los pecados de soberbia, como es el nombramiento de Rato, se pagan así. Con oraciones pecuniarias.Detrás de este comportamiento se encuentra, sin duda, la escasa movilidad empresarial existente en España, donde hay presidentes de grandes compañías que llevan años y años al frente de los consejos de administración de sus empresas sin apenas tener representación accionarial. Simplemente por haber sido capaces de tejer a su alrededor una guardia pretoriana de fieles dispuesta a matar por el jefe y sus honorarios. O un comité de nombramientos, retribuciones y buen gobierno, que así se llama, que elige a Rato miembro de un fantasmal consejo asesor porque sabe que en ningún país civilizado podría ser elegido para formar parte del consejo de administración. Ningún regulador lo hubiera aceptado en EEUU. Como dice un avezado empresario: ‘’que mal debe estar Rato para aceptar un puesto tan inútil’. Y qué poco le interesa la opinión pública a compañías que viven de millones de clientes.Estamos ante esa misma España añeja que sale en los publirreportajes sobre el Rey, donde sólo se habla de pasado, pero nada de futuro. Y que desconoce aquella frase célebre de Ortega recogida por Julián Marías en sus Memorias, dicha en los primeros años de la República, cuando las Cortes comenzaban su actividad legislativa: “Hay tres cosas”, decía Ortega, “que no podemos venir a hacer aquí: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí”, pero, como decía Marías, hubo bastantes representantes de las tres categorías.Y en eso estamos. Una España insostenible en lo macroeconómico que se empobrece día a día y que convive con la España adocenada que desprecia cuanto ignora, que decía Machado de los castellanos. La España incapaz de dialogar en manos de un puñado de altos ejecutivos que controlan el Ibex a su antojo. Mucha atención se ha prestado en los últimos años a la crisis del sector público, sin duda por razones obvias y en coherencia con tan irresponsable gestión. Pero poco se ha dicho del buen gobierno en las empresas cotizadas, donde el amiguismo y hasta el fulanismo forman parte de sus señas de identidad. Ignorando que todas las economías de mercado que funcionan de manera correcta son una mezcla de Estado y de mercado, pero sin inconfesables vasos comunicantes.http://www.elconfidencial.com/opinion/mientras-tanto/2013/01/06/la-espana-insostenible-de-mr-rato-10506/

  4. CHÁVEZ Y LA METÁSTASIS (INFORMATIVA)Por Pablo IglesiasNadie con dos dedos de frente se chupa el dedo y cualquiera sabe que los medios de comunicación son, en última instancia, la voz de sus dueños y de los intereses económicos y políticos de estos. No lo digo yo, el periódico El País reconocía hace poco que se debe a sus accionistas. Pero incluso en esas circunstancias dadas, cabría pensar que uno puede encontrarse con algo de periodismo digno de respeto y, sobre todo, con información, en los periódicos que se venden en los quioscos y en los informativos televisados. Si me siento en un bar a tomar un café leyendo La Razón o ABC o mirando el telediario de TVE soy consciente de lo que leo y de lo que veo pero no pierdo la esperanza, a pesar de las líneas editoriales, de enterarme de algo de lo que pasa en mi país y en el mundo.Pero una cosa son las “líneas editoriales” (conservadoras en el caso de El País o abiertamente ultraderechistas en el caso de La Razón cuando se trata de América Latina) y otra la desvergüenza y la falta de ética de los profesionales de la información.En estos días, la enfermedad del presidente de Venezuela nos está dando la oportunidad de ver a verdaderos miserables que se autodenominan periodistas. Son, créanme, el peor cáncer contra la democracia. Son el cáncer Berlusconi.Que el periódico La Razón, con un director a la cabeza que encarna en cuerpo y alma la indignidad, se permita llamar dictador al presidente de Venezuela y que ABC describa con una inverosímil precisión un parte médico de Chávez citando “fuentes de inteligencia” al tiempo que TVE lleva a Jesús Hermida a hacerle un publirreportaje al Rey de España, revela hasta qué punto se ha extendido la metástasis berlusconiana en los medios españoles. Chávez podrá morir de cáncer o no, según fracase o tenga éxito su tratamiento, pero a buena parte de los medios españoles no hay quimioterapia que los salve.Todos los que nos dedicamos a la comunicación sabemos que los medios son armas para hacer política pero incluso en política, como en la guerra, hay reglas que deben respetarse y límites que no deben traspasarse. En lo que respecta a Venezuela, en nuestro país la ética periodística ha brillado por su ausencia, desde aquel infame editorial golpista de El País en 2002, pasando por el cierre de filas de connotaciones franquistas que ejercieron los medios tras el impresentable “por qué no te callas” que le espetó un rey (heredero de un dictador) a un presidente elegido, hasta las noticias de estos días.Sin embargo el despliegue desmesurado de indecencia mediática al que estamos asistiendo es el recordatorio de uno de mejores legados que dejará el presidente de Venezuela viva o muera, a saber, la apuesta inequívoca de su gobierno por la democratización de la información. Ello no es otra cosa que transferir el poder mediático de las corporaciones y las empresas privadas a las organizaciones sociales y a las instituciones públicas. Los demócratas no deberíamos olvidarlo.http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/166/chavez-y-la-metastasis-informativa/

  5. Gracias D. José por escribir tan rotundamente con conocimiento y sabiduría. Siempre es un placer abrevar en su prosa. http://www.diario-octubre.com/2013/01/06/espana-alternativa-de-ee-uu-para-desestabilizar-venezuela/ España, alternativa de EE.UU. para desestabilizar Venezuela in España, Latinoamérica, Media / by TeleSUR / on 6 enero, 2013 at 14:19 / El periodista y escritor argentino Luis Bilbao, el escritor venezolano Luis Britto García, y el analista político Juan Carlos Monedero, hablaron sobre el comportamiento que han tenido los medios de comunicación y las redes sociales en torno al estado de salud del presidente venezolano Hugo Chávez. Luis Bilbao consideró que a partir de que los partidos que tradicionalmente le respondían a Estados Unidos en América Latina “no tienen ya ninguna credibilidad”, se está creando “una nueva estructura partidaria a partir de España” que busca desestabilizar a Venezuela. El país Ibérico ha jugado un papel frente a la Revolución Bolivariana, y es ahí donde se formó el Partido Popular Iberoamericano, que utiliza al diario ABC para promover una organización internacional fascista en América Latina. teleSUR

  6. CON EL DEBIDO RESPETORuth ToledanoCon motivo del 75 cumpleaños de Juan Carlos de Borbón, la televisión pública española trató, supuestamente, de agasajar al monarca con un programa panegírico que falló de forma estrepitosa (ya se sabe que, con frecuencia, los sonidos del silencio son más estruendosos que los de la algarabía; se sabe que el volumen de la nada suele ser más evidente que el de cualquier contenido). No extraña que la intentona fuera fallida, pues es lo que pasa cuando lo que se hace persigue un objetivo distinto al anunciado: no era una fiesta de cumpleaños, sino el aprovechar, a la desesperada, la circunstancia del aniversario para generar unos réditos ya imposibles: la defensa a ultranza de la Corona, su inútil acercamiento a un pueblo que nunca la quiso o ya no la quiere, no se la cree.Sobre la entrevista de Jesús Hermida al Rey queda poco que añadir. Un Rey que no sabe que decir, al que se le ven las costuras torcidas de un pobre guión que es obvio que tampoco él se cree. Un Rey sin el carisma de los grandes hombres. Sin capacidad ni para la seducción, sin inteligencia ni para la manipulación. Sin ninguna fuerza, ni la del poder ni la de la verdad. Sin la campechanía que se le atribuyó, siquiera. Un Rey pillado en falta, fuera de juego, desconcertado, agónico, más muerto que vivo.Por su parte, la bochornosa actuación de Hermida ha hecho correr ríos de tinta sonrojada: el envaramiento de su actitud, la servidumbre ante el personaje, la ranciedad del tratamiento, la vacuidad de sus preguntas, la reiteración inane. Qué necesidad tendría este periodista septuagenario de echar por la borda una carrera profesional que, gustase más o menos, le hacía merecedor de respeto. Supongo que la vanidad. Imaginar un broche regio para tu trayectoria, un colofón incomparable, la traca final: entrevistar al Rey… De traca ha sido, desde luego, pero de otra naturaleza. Estoy segura de que Hermida lo lamenta. O quizá no, la ceguera puede ser total. En cualquier caso, poco importa: asuntos entre monarcas y lacayos.Me importa mucho más lo que vino después: esa especie de monográfico sobre la Transición en el que participaron distintos personajes de la época, desde banqueros como Francisco González hasta periodistas como Iñaki Gabilondo, desde empresarios como César Alierta hasta escritores como Antonio Gala. Lola Herrera, Concha Velasco, Nuria Espert. Santana, Ángel Nieto. Nájera, Dexeus, Punset. Ansón, Cebrián. Lo que el Rey había llamado antes “generación de la libertad”. Y lo que contaron fue bastante patético. Lo que recordaron, pobre. Lo que transmitieron, poco. Lo digo con el respeto debido porque soy de las que creen que los mayores merecen consideración: a su experiencia, a la sabiduría aprendida en el camino. La palabra generación se repitió como si fuera la última palabra y como si fuera la ultima generación. Como si no hubiera habido otra. Como si la historia de España fueran solo ellos. Es una fea sensación que nos transmite siempre la generación de la transición. Fea por soberbia y fea por egoísta.

  7. La generación de la transición nos tiene un poco hartos porque ha ido muy sobrada, si se me permite la expresión. Se creen que hicieron milagros y lo que hicieron fue unos pactos más que discutibles. No se hizo justicia, no se pidió perdón. Se heredó lo que quiso Franco (el que murió en la cama), empezando por el Rey. Se permitió la permanencia de los fascistas en el poder, se reservó un lugar privilegiado para la Iglesia Católica. No fue para tanto, señoras y señores de la transición. Quizá hicieron lo que pudieron y no podían hacer más, de acuerdo, pero sería de agradecer la humildad de reconocerlo. Personalmente, yo reconozco que el miedo es libre, que la miseria moral deja muy poco margen, que la falta de músculo democrático puede llevar a tragar lo que sea. Pero ustedes deberían ser los primeros que dijeran: es lo poco que podíamos hacer, apenas preparar el camino, agostado por décadas de dictadura militar, para los que vinieran después. Lejos de eso, se les llena la boca con su componenda. Yo lo digo con todos los respetos. Pero reclamo el respeto debido a las generaciones posteriores, a las que todos estos señores y señoras, intelectualmente muy mayores, emocionalmente esclerotizados, ningunean, minusvaloran y hasta desprecian. Forges, cuya presencia en esa hagiografía televisiva me sorprendió, llegó a decir que no veía nada, nadie que le convenciera en la actualidad. Qué poca vista. Y, sobre todo, qué poca generosidad.¿Es que los de la “generación de la libertad” no ven lo que han dejado, lo que han hecho, la que han liado sus banqueros, sus empresarios, sus presidentes, sus consejeros delegados, su Rey? ¿Es que no les queda un poco de dignidad? La suficiente para acercarse a los jóvenes, analizar juntos los errores, intercambiar aptitudes, perspectivas, ideas. Respetar. Luego dicen del respeto a los mayores. Un respeto debido, por supuesto, pero que hay que merecer. Como merecen respeto las generaciones posteriores, los jóvenes que están tratando de superar las trampas de aquella supuesta libertad de su generación. Que se ha demostrado libertinaje.http://www.eldiario.es/zonacritica/debido-respeto_6_87551250.html

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