Catalunya, tierra de "outsiders" y "losers"

He dicho algunas veces, que Lluis Bassets es uno de mis articulistas preferidos.

 

Ve las cosas con una claridad meridiana y las expone aún mejor.

 

No es fácil en estos tiempos convulsos, en los que todos estamos buscando la luz en medio de tantas tinieblas, hallar un tipo que tiene los conceptos tan claros.

 

El problema catalán, o el problema español, depende del ángulo en que se mire, no es fácil de enjuiciar y mucho menos aún de resolver porque en él intervienen, sobre todo, los sentimientos y éstos no son nunca razonables.

 

Es un poco lo que me sucede a mí: soy catalanista, es decir, acérrimo partidario de la libertad de un país, creo   que Catalunya tiene muchos más motivos que nosotros, los que nos llamamos españoles, para considerarse a  sí misma como constitutiva de una nación, de un país, que se siente no sólo explotado por la metrópoli sino, lo  que es mucho peor,  despreciado, odiado, vilipendiado por nosotros.

 

En estas condiciones, no veo por qué intentamos obligarles a que se queden con nosotros si tanto desean marcharse, ello contraría la esencia de la libertad no ya sólo como pueblo, yo creo en los pueblos, sino también a  nivel de sus componentes individuales.

 

Es lo que yo he pensado siempre y, ahora, me encuentro con que Bassets, con su artículo, como casi siempre,  ilumina mi pensamiento ¿o es mi sentimiento?

 Siempre he pensado que soy esencialmente dos cosas: un “outsider” y un “loser”, un fuera de juego y, además, un perdedor, no resulta, pues, demasiado extraño que me sitúe junto a los que se siente fuera de juego en España y, además, son indiscutiblemente unos perdedores:

 “Cataluña ya está en el mapa. Era uno de los primeros objetivos. Artur Mas ya no es un desconocido. La eventualidad de que España se rompa en dos está en estudio en las embajadas y cancillerías. Todos aquellos que saben algo del asunto, en Pekín y en Londres, en Washington y en Brasilia, son requeridos con urgencia por sus superiores para que lo expliquen.
Contribuyó y mucho la Diada. No es frecuente la noticia de una manifestación tan multitudinaria, pacífica y tranquila, pero también clara e inequívoca en su petición. Ha remachado el clavo esta semana la disolución anticipada, los mismos días en que aumenta la presión sobre Rajoy, en la calle contra los recortes sociales y en el escenario internacional para que pida de una vez el rescate. No nos hagamos los olvidadizos: Cataluña ya estaba en el foco de atención internacional desde finales de julio, cuando Andreu Mas-Colell se adelantó en la BBC a pedir el rescate.
El razonamiento que sitúa a Cataluña en el eje decisivo es su peso y tamaño respecto a la economía española. Si Cataluña cae, cae España, y si España cae, cae el euro. Ahora tras la Diada, el órdago de Mas y la convocatoria de elecciones con intenciones plebiscitarias y constituyentes, la cadena adquiere una energía política demoledora. Cataluña es la Alemania de España pero está en la situación de Grecia: tiene su lógica que busque un lugar en el norte riguroso cuando se halla anclada en el sur malgastador.
La disolución parlamentaria es un fracaso político sin paliativos. Para Rajoy, claro. Estamos hablando de una amenaza a la integridad del país de la que Rajoy es responsable y de un socio parlamentario del PP que le hace la cama en el peor momento posible. No lo es para Artur Mas, al contrario, aunque difícilmente se le puede atribuir otra virtud política que no sea un sutil y educado maquiavelismo. Tiene las arcas vacías, bajo perfusión directa desde Madrid. Se halla propiamente con su administración intervenida. Ha efectuado los recortes más drásticos y rápidos de toda España. No se le conoce balance de sus dos años de Gobierno. Y ha conseguido imponer, en cambio, la agenda nacionalista sobre la agenda social y económica que las circunstancias exigen. Estos milagros políticos son infrecuentes.
La apuesta es muy alta. Una auténtica aventura. Para evitar equívocos ya ha tomado la vacuna: una vez cumplida la misión abandonará. Creo que fue Jean-Pierre Vernant quien definió al emperador como un aventurero que ha triunfado. Mas ya ha dicho que no quiere ser emperador. También lo ha dicho para convencer a quienes temen a los caudillos: se irá en cuanto toque el cielo. Con la fuerza que tiene detrás es inevitable que piense en este momento sublime y que aleje, en cambio, la idea y la imagen de la derrota. Sabemos muy bien cuál es el destino de los aventureros derrotados”.
 Cataluña internacional

 

Justicia futbolística inmanente

Mateu Lahoz, el árbitro que hasta ayer, el día en que no consiguió, por más que lo intentara, la derrota del Barça, era el mejor del mundo según toda la prensa madrileña y el propio Mourinho.
 Pues resulta que, a veces, muy pocas, se produce eso que yo no me canso de llamar justicia inmanente.
Ayer, todo estaba preparado para que se produjera la clásica encerrona contra el Barça. Esos genios maléficos que dirigidos por la mano invisible del liberalismo conservador que arrasa España, han puesto al frente del Comité de árbitros español, para suceder al inefable Plaza, aquel tipo que no tuvo reparo en afirmar “mientras yo sea el presidente de los árbitros el Barça jamás ganará una Liga”,  ni más ni menos que a Sánchez Arminio y a Díaz Vega, los hombres que junto a ese otro inefable, el tal Blázquez, [juez único de competición que se atrevió a decir que para que él abriese expediente disciplinario a Pepe, el central asesino del del Real Madrid, RM, éste tenía que haberle arrancado por lo menos 2 dedos a Messi, cuando le pisó la mano, estando el juego detenido], sienten el odio más cerrado contra el equipo catalán, decidieron elegir para dirigir el partido contra el Sevilla, que acababa de cargarse al RM, ni más ni menos que a Mateu Lahoz,  uno de los árbitros de cámara de éste, el 1º en el escalafón, si atendemos al criterio del hombre que, según Flo y resto de los madridistas, más sabe de fútbol del mundo, no ya el “The special one”, sino el “Unico”, a secas, según él mismo, porque el tal Mateu no sólo permite sino que promueve el juego no ya duro sino criminal, con lo que los macarras, chulos y matones siempre tendrán toda la ventaja;
 Con esto, este sibilino Comité arbitral, [que el año pasado ordenó a sus muchachos, que, como es lógico, cumplieron a rajatabla su mandato, que no le pitarán jamás un sólo penalti en contra al RM, que cumplió un año, ni más ni menos que 365 días de vellón, sin que los paniaguados de Flo, ése que está realizando una campaña para convertirse en el eterno presidente del RM, exigiendo para aspirar a ello no sólo tener 20 años de antigüedad como socio sino también la insuperable capacidad económica que supone avalar con 80 millones de euros su condición de miembro de su junta directiva, lo que confirma nuestra opinión de que este equipo es el más genuino exponente del liberalcapitalismo nazifascista], pretendía: esquivar el supremo ridículo, el total rechazo que su actuación provocó en todo el universo deportivo, intentando de esta sofisticada forma lograr los mismos e inconfesables objetivos pero cubriendo las apariencias, ya que si el tal Mateu arbitraba el partido tal como lo hace siempre que juega el RM, la dureza implacable del Sevilla no sólo acojonaría a los azulgranas sino que también podía producir ese efecto devastador que hasta ahora ha conseguido esa dureza total con la que sus contrarios se emplean: fractura del pómulo de Pujol por un alevoso codazo que ni siquiera fue sancionado y mucho menos comentado por la prensa madridista, rotura de no sé qué de Iniesta, lesión de Piqué, etc., lo que efectivamente se produjo, afectación del ligamento interno de la rodilla de Thiago;con todo esto, como con el acojonamiento total de los árbitros, juega también ese genio maléfico que es el “Unico” porque lo tiene muy bien experimentado en sus largos años de robar partidos y trofeos;
 Así las cosas, que el Barça esté donde está y que todavía le queden algunos jugadores para  alinear, es un auténtico milagro porque explicación natural no tiene, ya que, frente a todas estas agresiones, lo que él hace es, tal como escribe Ramón Besa, cronista nada sospechoso del El País, hoy: El Barça “no cometió una falta hasta la hora de partido, apenas ganó un balón dividido y nuevamente no supo anular las transiciones del rival”.
 La verdadera cuestión es: ¿hasta cuándo la grey arbitral, a la que Arminio y Diaz Vega han dado las instrucciones oportunas para que los robos al Barça y los favores al RM no sean tan escandalosos, resistirá las insoportables acometidas de la prensa madrileña, que supera cada día los límites de su canallesca sumisión a los intereses del RM, que no son otros que los de Florentino Pérz, el mandamás directo o indirecto de todas las empresas españolas, dueñas y señoras de toda la publicidad comercial, y no se echen metafóricamente a la calle exigiéndoles que hagan lo que sea preciso, como lo hicieron el año pasado, para que el RM gane todo lo que tenga que ganar?
 O sea que este auténtico milagro que representa que el Barça encabece invicto la clasificación de una Liga como es la española no puede durar mucho más sin que toda la prensa capitalina haga lo que tiene que hacer: exigirles inapelablemente a los árbitros que se dejen de pamplinas y de disimulos y que hagan exactamente lo mismo que hicieron el año pasado: favorecer siempre, en todo momento, los intereses del RM en todos los partidos que se jueguen en España, intervenga él o no en ellos, si es preciso no pitandole al RM un sólo penalti en contra en todo el año y todos los penaltis a favor que sean necearios y al Barça exactamente todo lo contrario.
 Lo veremos.

Simulacros: Administración y Justicia

 Si uno se detiene a pensar lo suficiente, acaba por dar toda la razón a A. Massanet: no hay más solución que el anarquismo, pero resulta que anarquismo se deriva de “an”=sin y “arjos”=poder, o sea, sin poder, contra el poder, fuera el poder.
 Pero sin un jodido poder que ponga algo de orden en nuestra convivencia, no se puede no ya sólo vivir sino tan siquiera estar.
 Y esto a propósito de que mi condenado pleito con el Ayuntamiento de Cartagena ha dado un paso más escamoteándome una de las más importantes garantías de las que teóricamente yo disponía.
 La Administración pública es ese monstruo que teóricamente se creo para ayudarnos a vivir mejor y que ahora no es sino ese formidable obstáculo que tenemos que saltar todos los días para seguir malviviendo.
 Los más inteligentes de entre nosotros, los pobres ciudadanos, han dicho, hace ya mucho tiempo, que toda la Administración se creo con el único y exclusivo objeto de oprimirnos mejor a nosotros, los pobres ciudadanos frente a la propia Administración.
 Decía el conde de Romanones, un ministro que entonces se llamaba de Gobernación y hoy de Interior, hasta en esto de la denominación de las cosas, nos tratan de engañar estos desalmados, que algunos comparaban con el maquiavélico Fouché, “dejad que ellos, los diputados, hagan las leyes que yo haré los reglamentos”.
 Este jodido aristócrata, al menos, era sincero, las puñeteras Cortes, ésas que ahora con toda razón cercan y acosan los honrados ciudadanos, hacen unas leyes absurdas, repugnantes, absolutamente asquerosas, pero que, al menos, llevan ese falso marchamo de la legalidad, pero, luego, cuando interviene la propia Administración y se autolegisla, resulta que todo lo que dicen las leyes es absolutamente inaplicable de modo que un recurso del que yo disponía para atacar la resolución de una especie de fantoche lusitano que se salta la ley a la torera y me ha impuesto 50 multas absolutamente improcedentes por aparcar en la propia puerta de mi casa poseyendo  la correspondiente licencia, y que, como es lógico, ha fallado en contra del primer recurso que yo interpuse contra esto, está ahí, en la ley general que regula el procedimiento administrativo sancionador, pero el puñetero Ayuntamiento, utilizando sus facultades normativas, lo ha suprimido de un plumazo, con el mayor de los silencios posibles, de tal manera que ahora yo utilizo dicho recurso sin saber que ya no existe, diga lo que diga la Ley, así con mayúsculas, porque el jodido, el puñetero, el canallesco Ayuntamiento lo ha suprimido mediante una norma que sólo él conoce, de manera que el sufrido ciudadano, al que no se le ha notificado la resolución enviándosela en pleno mes de Agosto, cuando él está de vacaciones, resulta que interpone contra la resolución presunta, un recurso que ya no existe porque el propio y jodido Ayuntamiento se lo ha cargado.
 Esto, jurídicamente se llama “indefensión” pero sólo se puede alegar antes los tribunales ordinarios de justicia que teóricamente no tienen otra función que aplicar la Ley, pero, “oiga, v. ¿qué dice, aplicar la Ley, darle la razón frente al Ayuntamiento sólo porque v. la tiene?, pero entonces esos miles de ciudadanos oprimidos, aplastados por esos asquerosos cipayos municipales vendrán a aquí, a mi juzgado, a millares, con lo que mi trabajo personal se elevará exponencialmente y yo no tendré tiempo ni para cagar”.
 De modo que a mí, por arte de birlibirloque, no sólo se me habrá privado de un recurso que, según la Ley general del procedimiento administrativo, (votada por esos maravillosos diputados que ahora se esconden no sólo detrás de los gruesos muros del edificio de las Cortes, sino de esos 1.300, sí, han leído bien, 1.300 policías, 5 por cada uno de ellos), tenía sino que además se me echa en manos de un señor cuyos intereses personales como individuo se oponen frontalmente a los míos.
 Entonces, ¿hay alguien por ahí que pueda explicarme qué coño de Estado de Derecho, democrático y social, es éste que consagra el artículo 1º de nuestra asquerosa Constitución, que sólo sirve, como estamos viendo, para que ni los vascos ni los catalanes puedan salir corriendo de un país, de un Estado, en el que se permiten toda esta clase de cosas, dada la redacción que el ínclito Fraga y sus compinches le dieron a este asqueroso panfleto?
 Y esto no son abstrusas teorías sino las cotidianas vivencias, las crudas realidades, de un pobre ciudadano, licenciado en Derecho, abogado en ejercicio, me he vuelto a dar de alta otras vez para intentar defenderme, inútilmente si lo sabré yo, de esta serie de atropellos que están cometiendo esos funcionarios administrativos que, teóricamente, no tienen otra misión que la de protegerme y defenderme de toda clase de abusos.
 Así que éste es el Estado de Derecho que todos los políticos no se cansan de decirnos  que tanto disfrutamos.
 Si serán canallas.

De la plaza de Tiamnament, China, a la del Congreso, España, o de como la dialéctica se manifiesta como el motor de la historia

La dialéctica histórica es imparable ya sea a través de los puños y las pistolas, como proponía José Antonio, o con una larga marcha desde los campos infinitos hasta la fábrica inmensa en la que hoy se ha convertido la nación más poblada del mundo.
Pero ¿se puede llamar a esto materialismo dialéctico, basado como está ni más ni menos que en la dialéctica hegeliana de tesis, antítesis y una conclusión que incorporaba como solución parte de las dos proposiciones en conflicto?
 El caso es que la larga marcha del gran timonel concluyó con un muchacho desesperado haciendo frente con su camisa y dos bolsas,  una en cada mano, a un espantoso tanque erizado de armamento, de la misma manera que la España del ínclito Rajoy, ése que se fumaba un puro mientras paseaba como un turista cualquiera por Nueva York, seguido por su fidelísimo perro de la agreste melena, riéndose, encima de todos nosotros, que nos agolpábamos ante los televisores inquietos por los acontecimientos frente al Congreso, porque el tipejo pensaba, con toda la razón del mundo que a él, Rajoy, hijo de presidente de Audiencia, opositor triunfante a registrador eterno de la propiedad de Santapola, que tiene a un sustituto guardándole la plaza para cuando a él lo echen, al fin, de la política, irse teóricamente porque no vivirá nunca en Santapola, a su fabuloso enchufe a seguir cobrando varios millones de pesetas mensuales, un hombre de mediana edad, con barba y vaqueros que se arrodillaba inerme frente a sus asquerosos cipayos sólo Dios sabe, si es que lo sabe, qué le habrá pasado por atreverse a desafiar la ira de un dios baboso.
 Pero el registrador, como el gran Mao, no ha salido tan indemne como parece, la dialéctica histórica ha hecho su trabajo y hay mucha gente que sabe ya, si es que todavía no lo sabía, qué es lo que puede esperar del más genuino de los apóstoles de la desigualdad, ése tipo esencialmente repugnante, que piensa sinceramente que los hombres nacemos desiguales por naturaleza, si será ceporro, y, por tanto, debemos seguir siéndolo eternamente, incluso cuando estemos en el seno de Abraham, será canalla el tipo.
 O sea que una infinitésima parte de la dialéctica operó antes de ayer cuando un desesperado, hay que estarlo para ofrecer tu propia e inerme cabeza a las porras de los más repugnantes esbirros, que no hicieron como los de Portugal, que se pusieron del lado de los manifestantes, el Portugal de los claveles rojos en la punta de sus fusiles y del Grándola, villa morena, y obligó al registrador a mentir cínicamente una vez más haciendo como que realmente creía que hay más gente en este país que tolera que él se fume suculentos habanos mientras pasea, con su melenudo escudero, por las grandes avenidas de N. York, mientras millones de sus compatriotas, desiguales, se mueren de hambre, como dijo muy bien el New York Times, por los suburbios de nuestras ciudades.
 Lo crea él o no su paseo por N. York, habano incluido, tendrá resultados catastróficos no por nada sino por la propia inercia de la historia, ésa que hizo que incluso un tío como Mao, que casi llegó a igualar a Marx y a Lenin, acabó arrastrándose por los sumideros de la historia porque, ya lo dijimos ayer, el poder corrompe y, si es absoluto, corrompe absolutamente.
 Entonces, me preguntarán, algunos de ustedes, ¿es igual la historia de Mao que la de este gusarapo baboso?
 Y yo, que tengo más valor que el Guerra, contestaré:
 -En resumidas cuentas, sí. Porque los clásicos por algo son, los puñeteros, los clásicos: cuando los dioses quieren perder a los hombres, antes, les hacen beber y comer los mejores manjares, jabugo del de 190′- euros el kilo y beber los mejores caldos del mundo, según  dicen los encargados del catering del avión presidencial, esto, sin contar los jodidos habanos, que tanto han ennegrecido la otrora blanquísima dentadura de nuestro prócer.
 O sea que, como decíamos el otro día, a cada puerco le llega, más tarde o más temprano, su Tiamnamen.
 Esperemos que a nuestro Mariano le llegue muy pronto, no por nada sino porque en Santapola, lo digo por experiencia, sobre todo en verano, se vive muy bien.

Del Tiamnamen chino al Congreso español, la dialéctica como motor de la historia.

 Un muchacho chino le ofrece a un poderoso tanque de la misma nacionalidad su escuálida anatomía como pasto a su terrible potencia y la bestia supermortífera se detiene.
Un hombre español de mediana edad se arrodilla, con los brazos en cruz, ante la formidable potencia policial desatada por los pacíficos seguidores de monseñor Escrivá de Balaguer, esos cínicos chupacirios que dudan al elegir su CAMINO, entre el poder y el dinero, si es que no son la misma cosa.
Deberíamos de fijarnos bien si queremos llegar al fondo del problema. En uno y otro caso, la fuerza intenta prolongar el poder mucho más allá de sus límites naturales. Mao, el gran timonel, ha decretado una revolución cultural que no tiene otra finalidad que acabar de infectar la mentalidad de su pueblo y un pobre hombre, quizá un loco, logra detener a una columna de tanques situándose ante el 1º de ellos, cerrándole el paso cada vez que el artefacto intenta sortearle, después, cuando el tanque se detiene, se aupa a él y le dice a su conductor: “¿Por qué están aquí? Mi ciudad es un caos por su culpa”; “Retrocedan, den la vuelta y dejen de matar a mi gente”; “Váyanse”.
 Luego, la grabación muestra cómo varios civiles empujaron al hombre entre la multitud, mientras los tanques seguían su camino. Muchos sospechan que eran, en realidad, fuerzas de la ley sin uniforme. Como ayer aquí.
Las similitudes son enormes entre ambas fotografías. En el fondo político que las provoca lo son todavía más. Decía lord Acton que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.
¿Por qué corrompe el poder? Aquí, no tengo más remedio que enviar un cariñoso saludo a mi amigo Adrián Massanet, notable pensador y escritor, que se declara anarquista, el poder corrompe porque lo lleva implícito en su propia naturaleza. Para mí, poder es sinónimo de fuerza, de capacidad de actuar sobre el mundo y las cosas forzándolas a discurrir de una determinada manera.
Mao había hecho que en su pueblo pasara, en una generación, la tasa de alfabetización del 15% en 1949 al 80-90% a mediados de los años 70. Entre 1949 y 1976 China, el “enfermo de Asia”, se transformó en una potencia industrial importante, con una tasa de desarrollo igualada solamente por los grandes auges de crecimiento de la historia.
 Las revoluciones suelen hacerse siempre a base de sangre, sudor y lágrimas porque el poder se resiste a ceder siquiera una milésima de su capacidad sin luchar a muerte, aquí, ayer o antes de ayer, la sangre si no abundante sí que estuvo presente, en esos hombres y mujeres con sus cabezas abiertas por la ferocidad de unos cipayos que nunca saben realmente lo que hacen puesto que actúan siempre en contra de sus propios intereses y no como aquel tanquista de Pekín que se negó a aplastar con su máquina a aquel testarudo que le impedía el paso haciendo inútiles todos sus intentos para sortearle, el sudor hace ya demasiado tiempo que inunda las frentes de todos los trabajadores españoles y las lágrimas han abierto surcos en los rostros de sus mujeres y sus hijos, o sea que concurren ya todos los elementos requeridos para que la dialéctica obligue a un cambio.
 Los hay profundamente convencidos de que esto se va a producir indefectiblemente. Yo no estoy tan seguro porque las fuerzas represivas han infectado a fondo todo el tejido de una sociedad que actualmente se halla radicalmente podrida. El “panem et circenses” está funcionado a toda marcha, de una manera que parece incontenible, Belén Esteban y el tal Ronaldo son los únicos temas que parecen interesar realmente a unos individuos que han cambiado su capacidad de ser auténticas personas, seres humanos capaces de intervenir en la construcción de su propia historia, por ese repugnante plato de lentejas que supone la telebasura, en la que, por cierto, predomina la deportiva.
 Y una prensa, absolutamente venal, más podrida aún que la sociedad que pastorea, se ha erigido en la punta de lanza de la corrupción más generalizada que ha visto la historia.
 Los tiempos son pésimos no para la lírica sino para la épica, que se ha visto degradada a lo que sucede en esos repugnantes campos de fútbol en los que la gente, iletrada y totalmente alienada, es incapaz de comprender que le están dando gato por liebre cuando le ofrecen la posibilidad de que sus ansias de propia realización se concreten en que un equipo de mercenarios que en modo alguno la representa compita con otro de su propia naturaleza, transustanciando así sus legítimos intereses sociales que atañen a su propia vida y a la de sus hijos en un estúpido y barriobajero simulacro.

Una nueva plaza de Tiananmen, La cobarde brutalidad de la peor canalla del mundo o la historia nacional de nuestra infamia

 Es la misma historia que se repite eternamente. Decía Hobbes, sin gritar demasiado, al fin y al cabo, era un filósofo, que “homo homini lupus”, que el hombre es un lobo para el hombre y que la vida no es sino la historia de una guerra de todos contra todos.
  Y esta frase tira de esta otra shakespeariana: la vida es una historia llena de ruido y de furia, narrada por un idiota, que el maravilloso William Fualkner hizo suya como título de la que, a lo mejor, es la más de todas sus novelas, que ya es decir, tratándose del autor del Villorio y Santuario.
 El  otro día, escribía yo, por aquí, que este asesinato que se está realizando con España, con los españoles, con todos nosotros, sí, incluso con ellos mismos, quedará absolutamente impune.
 Porque el más sangriento de todos los asesinatos, el más vil, el más canallesco, el más ruin, el más detestable, el imperdonable, el insoportable, el más repugnante, el más alevoso, el más premeditado, es éste que se está cometiendo ahora mismo con todos nosotros, cuando se nos silencia, cunado se nos oprime, cuando se nos extrae hasta la última de gota de sangre desde ese poder ostentoso, canalla y cobarde, que no sólo extermina sino que además hace la más clamorosa ostentación de todo ello.
Hay ingenuos, almas cándidas, que todavía creen que las fotografías de la infamia difundidas en primera plana por toda la prensa mundial, al propio tiempo que las 2 cabezas más visibles de nuestro Estado visitan la capital del imperio, donde el New York Times titula algo así como el hambre y la miseria de España, van a avergonzar a nadie como si fuera posible que se avergüencen los que carecen de cualquier tipo de esta capacidad, cómo va a avergonzarse el que se va de caza de elefantes, porque ya no hay otro animal más grande, con la amiga, mientras el que él llama su pueblo pasa las peores hambres, cómo va a sentir eso un tipo baboso, cuyos hilos de baba no son sino la más perfecta expresión de toda la inmundicia que llena su corazón, si es que lo tiene porque no es posible que lo tenga un tipo que no sólo teoriza torpemente sobre esa perfecta justicia que supone la desigualdad sino que se empeña, con todas las fuerzas de su canallesco corazón, en que todo el universo sepa  cómo tratamos aquí a ese pueblo que no sólo es desigual sino también canalla.
 Esta mañana, con el desayuno, se les ha servido por su lacayos a esta manada de hienas cobardes, las mejores fotografías que han visto en su vida puesto que representan la consagración mundial no ya de su ignominia sino de su espantoso poderío. No sólo tienen el poder teórico, ése que dicen que dan unas urnas convenientemente amañadas, porque el amaño puede ser no sólo físico sino todavía aún más ruin, jurídico, aprobando, en su día, con nocturnidad y alevosía una Constitución que impedirá para siempre que el pueblo llegue a ellas en condiciones de igualdad porque ésta, ya lo hemos dicho, repugna esencialmente a estos canallescos esbirros del peor de los emperadores de la historia.
 Ya no hay varias clases sociales sino sólo dos: explotadores y esclavos, explotadores vampíricos que nunca se saciarán de sangre y esclavos anémicos que ni siquiera tendrán fuerza ya para respirar de tanto como se les ha oprimido.
 Todo esto es gigantescamente doloroso, tanto que se me antoja una blasfemia intentar reflejarlo aquí, con palabras que no sean una continua maldición, sé que ellos también van a morir y que su muerte será como la nuestra, espantosa y terrible, aunque suceda en los mejores sanatorios, pero no me consuela que esta gente canalla muerda también el polvo sin haber sufrido nunca una infinitésima parte de todo lo que hemos padecido nosotros, los que habitamos este infierno que ellos cuidan tan amorosamente para que no tengamos nunca un sólo instante de paz, de ahí, esa feroz sentencia pronunciada por una de los suyos cuando se votó en esa infame asamblea una ley que condenaba al hambre a sus odiados siervos: “que se jodan”, porque nos odian como el más canalla de los asesinos aborrece al que es víctima del más espantoso de sus crímenes, porque no aceptamos resignadamente nuestra crucifixión y tratamos de llegar hasta allí, en donde ellos fingen que legislan y gobiernan cuando sólo tratan de oprimirnos, de exterminarnos de la peor manera.
 Ojalá que se ahoguen con sus propias lenguas, con esas con las que mienten tan descaradamente, con las que saborean los mayores placeres y que ese momento desesperado en el que les falta el aire se eternice para que así sufran eternamente lo que nos hacen sufrir a nosotros.
 Malditos sean por asesinos, cobardes y canallas, por victimarios sin atisbo de ninguna clase de compasión, por ser peores que las peores bestias, malditos sean sin ninguna clase de posibilidad de perdón.

Replicando a Adrián Massanet sobre el elitismo y el comunismo

 De vez en cuando, uno comete sus grandes errores y uno de ellos es el que acabo de cometer yo: ni más ni menos que despertar a la bestia.
 Y la bestia, en este puñetero caso no es ni más ni menos que un genio.
 Un genio es un tipo que ve muchasmás cosas que los otros y que además las ve de otra manera que, qué jodidos tipos que son, da la puñetera circunstancia que es como las asquerosas cosas son de verdad, o sea, coño, que te da hostias por todas partes menos por una que se llama ismo. Y, si no te las da también por aquí es porque no quiere, porque el jodido tipo además es generoso.
 El caso es que yo, envalentonado con otros pequeños diálogos que he tenido con él, el otro día fui y le llamé un par de cosas, elitista, y anarquista, por lo menos.
 Y él, cuando ha tenido tiempo, me ha contestado: http://cuadernoaudiovisual.wordpress.com/2012/09/20/elitismo/ dejándome a la altura que yo merezco.
 Entre otras cosas el jodido Adrián dice:
 “Me gustaría responderle a mi QJC (Querido Jodido Cascarrabias) que una simple debilidad, una tendencia o una pasión no definen a ninguna persona. Tanto en el hecho de que a cualquiera le guste el tenis como que algún despistado sea forofo del Real Madrid. Estoy completamente de acuerdo en que el club de Florentino Pérez ( y Palazón es responsable en gran parte de que finalmente este pensamiento se haya adueñado de mí) sí define en gran medida a la sociedad española. Y estoy de acuerdo, ya lo he dicho, en que el tenis es un deporte para niños mimados. Pero no hay que pecar de excesivo romanticismo. No hay que aspirar a la perfección o en su defecto a la Nada. El mismo Thoreau, al que antes aludía, probablemente uno de los escritores más admirables, tanto en lo humano como en lo estético, de los últimos doscientos años, presumía mucho de haberse ido dos años, dos meses y dos días a vivir en plena naturaleza, decisión que luego inmortalizaría en su obligado ‘Walden’, pero en realidad ocupó una punta del terreno enorme que poseía su amigo filósofo Emerson, y recibió bastantes visitas en su exilio. Terrence Malick, uno de los poetas más eminentes del cine, y por cierto que gran parte de su obra está inspirada sin duda por el espíritu de Thoreau, viene de familia de ricos petroleros y tuvo la suerte de no sufrir en sus carnes muchas de las vicisitudes que por ejemplo sí sufren sus protagonistas de ‘Días del cielo’.
 ¿Esto les convierte en falsos, en traidores, en engañifas? No. Un hombre es aquello que persigue. Aquello que sueña, que anhela.
 Que Rafa Nadal, en su vida cotidiana, sea seguidor del Real Madrid es propio de un chaval y de sus intrincados placeres. A mí, la verdad, me parece que carece por completo de importancia. Por mí como si los fines de semana se va de putas. Me trae sin cuidado. Es su aportación al deporte de este miserable país lo que a mí más me interesa. Lo único, en realidad, que me interesa de él. No creo que las millones de personas que le siguen sean elitistas, aunque habrá muchos que quizá lo sean sin saberlo. Simplemente disfrutan con un espectáculo único cuando este chaval extraordinario sale a competir en una pista de tenis. Cuando gana y también cuando pierde. Sí, probablemente sea un niño mimado que no sabe lo que es la vida y que está más guapo calladito, pero es que él habla con su cuerpo, con su raqueta y con su lucha. Lo mismo sucede con Thoreau, el padre de todos los anarquistas del mundo. Me trae sin cuidado el elevado concepto que tenía, a menudo erróneo, de sí mismo. Me enamoran ‘Walden’ o ‘Desobediencia civil’. Me la suda que Malick sea un snob que vive en su mundo, porque luego dirige ‘La delgada línea roja’ o ‘El nuevo mundo’”.
 Todo esto está tan bien escrito y es tan fácil de leer que corremos el peligro, sus lectores, de creer que es verdad lo que leemos y no es así:
 No es verdad, ni mucho menos que:
 A) “¿Esto les convierte en falsos, en traidores, en engañifas? No. Un hombre es aquello que persigue. Aquello que sueña, que anhela…….El comunismo, como el socialismo, parte de una enorme falacia. Que además es muy aburrida. Que todos somos iguales. Ni lo somos ni lo seremos nunca. Esto puede parecer una enorme crueldad, pero es así. No es malo ni bueno. Es. A todos nos iguala el sufrimiento y la enfermedad y la muerte. Esto sí que es una gran verdad. Pero en nuestras capacidades y, lo que es más importante, en nuestros méritos, somos brutalmente diferentes. Todos y cada uno de los seres humanos que habitamos este desgraciado planeta Tierra. No significa, sin embargo, que una trágica desigualdad condene a unos al hambre y a la desesperación y a otros al lujo y a la vida fácil. Ni mucho menos. Siempre he creído, aún cuando ni siquiera sabía que lo creía, que el sufrimiento es injusto. Tanto en una persona humilde y honesta como en una abyecta y destructiva (que seguramente lo es porque sufre o ha sufrido mucho más). De todos los trillones de quintillones de copos de nieve que han caído desde el principio de los tiempos no hay ni uno solo que comparta con otro la misma forma geométrica…”.
 Me lo temía. Este concepto no es más que idealismo puro y duro. A todos nos gustaría venir, “en el cinto la espada y en la mano el azor” como el feliz caballero que adora a la bella durmiente sin verla y “que viene de lejos, vencedor de la muerte, a encenderle los labios con un beso de amor” como expresara ese romántico incurable,  esencial, empedernido que fue Rubén Darío en sus Prosas profanas.
 Pero, coño, es que ya no hay, no puede haberlas, bellas durmientes y caballeros mucho menos porque han tenido que vender todos sus sueños, todos sus anhelos, solamente para poder sobrevivir, de modo que si reducimos la esencia de cada uno de los hombres, de todos los hombres a lo que soñaban o anhelaban ser, se jodió el invento y todos no somos sino esta jodida, puñetera mierda que somos, o, por lo menos, que soy yo.
 Porque yo quería, anhelaba ser Shakespeare o Cervantes y sólo soy este emborrona pantallas que, como decía el otro día Futbolín, apenas si puedo hacer una o con un canuto.
 ¿Entonces?
 No sé quién es Malick ni he visto sus películas porque hace ya mucho años que no voy al cine, estoy ya en otra realidad más real, en la que ya no hay tiempo que perder si quieres hacer algo realmente aunque sólo sea para ti mismo, aunque sólo sea mascullar para ti mismo en la casi absoluta soledad ese concepto tan denostado que hemos dado en llamar comunismo, de algún modo había que llamarlo, y que ha venido a ser para los malintencionados una especie de excusado ideal en el que se vierten todas la frustraciones humanas, siendo, como yo lo veo, todo lo contrario: un desideratum ideal.
 Porque el comunismo no es más que dos sencillísimos preceptos: entrega a la sociedad todo lo que tienes, incluso eso que guardas en lo más íntimo de tu corazón, lo mejor de ti mismo, y sólo exige a la sociedad aquello que realmente necesitas.
 Éste que yo llamo el imperativo comunista, similar al famoso imperativo categórico kantiano, es el auténtico comunismo y no tiene que ver con ninguna de sus aberrantes concreciones históricas: Stalin,  Mao Tse Tun, Pol Pot, etc.
 No sé si con este simple enunciado es suficiente para derivar de él consecuencias tales como la de que, bajo ese imperio, el caso de Rafa Nadal no se hubiera dado porque en China, Rusia y Cuba, todo los jodidos hijos de vecino son eso que a tí, Adrián, parece que te repugna tanto, iguales, de manera que el vedettismo, el elitismo, el narcisismo, no pueden prosperar porque allí, la selección de los atletas no se lleva a cabo por el jodido dinero que tienen sus puñeteras familias sino por la aptitud y la actitud demostrada por el atleta.
 En el mundo no comunista, no, todo lo que cada individuo va a ser se halla absolutamente determinado por lo que su familia, su circunstancia, ya es.
 De modo que en la familia de Rajoy, nuestro querido presidente, hay, creo, otros dos registradores de la propiedad más y otro tipo que es notario por lo menos, mientras que en los suburbios de Madrid y de Barcelona, estoy absolutamente seguro de que no hay una familia que pueda ofrecer un ranking semejante.
 B) “El elitismo, además, es un concepto engañoso, que induce a error. Un elitista puede parecer un individuo que mira hacia abajo con desprecio. Que se cree distinto a los demás porque su talento, su inteligencia o su físico le colocan a otro nivel. Pero no estoy muy seguro de que tal apreciación sea justa. Al menos en todas las ocasiones…..
 En la vida salvaje, un clan o familia está gobernado por la fuerza y el carisma, porque es la única forma de sobrevivir. En la sociedad “civilizada” hemos aprendido que podemos sobrevivir sin emplear necesariamente la fuerza o el carisma. Esto no establece una superioridad moral. Lo bueno y lo malo son conceptos morales, hipócritas. Ahora sabemos que tenemos la capacidad de lograr lo mismo sin despedazarnos unos a otros, aunque raramente no lo hagamos. Tenemos una nueva capacidad”.
 De modo, Adrián, que lo bueno y lo malo son conceptos morales, hipócritas.
 Macho, acabas de cargarte, de un teclazo, ni más ni menos que lo mejor que ha creado el espíritu humano.
 Si lo bueno y lo malo son conceptos morales, hipócritas, apaga y vámonos, porque no hay otra cosa en el mundo que pueda justificar nuestra jodida existencia.
 El bien y el mal son los conceptos básicos de toda la convivencia humana, si los apartáramos de un manotazo, cosa que no se ha atrevido a hacer todavía nadie, despojaríamos al ser humano de ésta su propia condición y el aforismo hobbessiano, “homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre, se haría aún más realidad de lo que es.
  Y el nazifascismo de Aznar, Rajoy, Aguirre, Oreja, Mas, Florentino “et alteri” se impondría sin obstáculos, al menos formales, sobra la faz de la Tierra y la vida perdería para siempre su apariencia y condición humana, mientras Rafa Nadal, Fernando Alonso, Contador y Gassol servirían de coartada, canallesca coartada, para que el siniestro espolio y el consiguiente exterminio siguieran perpetrándose sobre este asqueroso planeta. 
 Es por eso que yo no tengo tiempo que perder en ir al cine o ver los partidos de Nadal y Gassol, ni las carreras de Contador y Alonso, los falsos ídolos justificantes de una civilización tan embrutecedora como la neroniana y sus circenses.
 C) “Los artistas son elitistas por definición…. Es decir, todos somos en verdad anarquistas, un espíritu que no alimenta absolutismos como sí lo hace el comunismo, porque el segundo parte de una gran idea, falsa en el fondo, pero tremendamente ingenua y quebradiza, voluntariosa, con lo cual es cultivo para el control de los fanáticos, de los controladores de lo ajeno. Sin embargo lo primero, el anarquismo, mucho mas antiguo que el comunismo, tan antiguo como la propia Grecia, donde no había bombas con las que destruir lo que no te gusta, es devolver al hombre el lugar que merece.
 Lo bello se halla encerrado en lo terrible, y lo terrible en lo bello. Las buenas intenciones, la ingenuidad, la inocencia, es lo que puede corromperse. Y por eso se corrompe siempre. Lo tremendo y lo hermoso siempre caminan unidos, y no pueden corromperse, porque participan de lo eterno. Del eterno círculo de lo ambivalente. No hay absolutos. Ni dogmas. No hay moral. No hay buenos ni malos. Todos somos buenos y malos, y todos disponemos de eternas oportunidades. Porque no hay un final, ni un objetivo. En el espejo está la deformada respuesta a las preguntas que nunca hicimos. Y el principio es el final es el principio. Porque no hay principio ni final. No hay victoria posible. Ni redención. Ni paz. Ni conquista”.
Este último párrafo es uno de esos que a mí me hubiera gustado escribir porque en él hallo la sublime remembranza del mejor Rilke, aquel que nos decía aquello de “todo ángel es horroroso”, otros lo traducen precisamene por “terrible”.
No en vano antes Adrián ha citado a Wilde, aunque él prescinde, seguramente por su condición de heterosexual del blandismo del gran Oscar, hay un nihilismo moral absoluto, todo se reduce al imperio de la estética, y la ética, lo más excelso del ser humano, la envía de un puñetero raquetazo a la puñetera mierda, dice que “ No hay absolutos. Ni dogmas. No hay moral. No hay buenos ni malos. Todos somos buenos y malos, y todos disponemos de eternas oportunidades. Porque no hay un final, ni un objetivo. En el espejo está la deformada respuesta a las preguntas que nunca hicimos. Y el principio es el final es el principio. Porque no hay principio ni final. No hay victoria posible. Ni redención. Ni paz. Ni conquista”.
 Pero Adrián da un paso más que Wilde que se atrevió física, biológica, social y políticamente con todo, pero que siguió admitiendo el imperio de la ética cuando, en El retrato de Dorian Gray, realiza esa genial transposición de su vida a la de la figura del cuadro, que va asumiendo la desintegración moral del personaje hasta provocar su ira ciega, su destrucción y por lo tanto su propia muerte.
 De modo que Adrián se ha situado más allá del bien y del mal, en un espacio intemporal, sin principio ni fin, en el que no hay victoria posible, dice él, ni redención, ni paz, ni conquista. Nihilismo total, del más puro.
 O sea que, tal como le acusábamos nosotros, su elitismo llega hasta el paroxismo: no se puede ir más allá.